José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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jueves, 11 de enero de 2024

SIERVO DE DIOS MONSEÑOR RAMON IBARRA Y GONZALEZ Y LA COSTA DE ACAPULCO

 


SIERVO DE DIOS MONSEÑOR RAMON IBARRA Y GONZALEZ Y LA COSTA DE DE ACAPULCO

 

EL SIERVO DE DIOS MONSEÑOR RAMON IBARRA Y GONZALEZ.

 

         El Siervo de Dios Monseñor Ramón Ibarra y González, nació el 22 de Octubre de 1853 en Olinalá, Estado de Guerrero, México. Sus padres: Miguel Ibarra y María del Refugio González.

         El 24 de Octubre de 1953 es bautizado en la iglesia parroquial de san Francisco. Se le imponen los nombres de JOSE RAMON MARIA SALOME.

En 1860 Recibe la primera comunión en la misma Parroquia.

El 20 de Enero de 1861 Recibe la Confirmación.

En 1868, a los quince años de edad, ingresa al seminario Palafoxiano de Puebla.

         El 20 de Junio de 1877 llega a Roma, se aloja en el colegio Pio Latino Americano en donde permanecerá 5 años y 4 meses. Y el 22 de Julio de 1879 se gradúa en teología en la Universidad Gregoriana.

El 21 de Febrero de 1880 es ordenado presbítero en la basílica de san Juan de Letrán, en Roma.

En 1881 se gradúa en la Universidad Gregoriana en Derecho Canónico y en el Instituto Jurídico de san Apolinar en Derecho Civil.

En 1882 se gradúa en filosofía en la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás de Aquino.

De 1883 a 1889 desarrolla su ministerio presbiteral en Puebla; es nombrado canónigo de la catedral (1885); es electo vicario capitular a la muerte del obispo (1887); es admitido al noviciado de la Compañía de Jesús.

El 5 de Enero de 1890 es consagrado Obispo en la Capilla del Pontificio Colegio Pio Latinoamericano en Roma, por el Cardenal Parochi, a los 36 años de edad; nombramiento que le fue comunicado precedentemente mientras hacia los ejercicios espirituales para pasar a la Compañía de Jesús.

Toma Posesión de su diócesis por apoderado, el 8 de mayo de 1990, en la persona del Presbítero Pedro María Moctezuma, quien a la postre era el Párroco del Sagrario de Chilapa. Llega a Chilapa hasta el 18 de Junio de ese mismo año.

Ejerce su ministerio episcopal en Chilapa de 1890 a 1901, con numerosas fundaciones, apertura de colegios, visitas pastorales, atención a los indígenas, al clero y seminaristas, obras sociales, construcción de la catedral, etc.

El 6 de julio de 1902 llega a Puebla a cuya diócesis es transferido por el Papa León XIII. Para el 9 de Noviembre de 1903 la diócesis de Puebla es elevada a arquidiócesis y Monseñor Ibarra se convierte en su primer arzobispo.

De 1902 a 1913, realiza un intenso Apostolado en Puebla. Construye el nuevo Hospital del Sagrado Corazón de Jesús para los pobres (1904-1909), funda la Universidad Católica Angelopolitana (1907); emprende numerosas visitas pastorales, reorganiza el seminario, abre escuelas para niños y niñas; funda los círculos y asociaciones para los obreros.

El 15 de agosto de 1909 emite los votos religiosos privados como religioso de la cruz. Y el 19 de Octubre 1910 se ofrece como víctima al Señor por la Iglesia y sus sacerdotes.

El 27 de Agosto de 1913 Viaje a Tierra Santa y Roma donde obtiene la autorización para la fundación de los misioneros del Espíritu Santo (16 de diciembre de 1913). El 13 de Marzo de 1914 regresa a su sede arzobispal de Puebla mientras se desarrolla la revolución mexicana.

En Agosto de 1914, enfermo y perseguido por los movimientos revolucionarios antirreligiosos, es obligado a esconderse en la ciudad de México, donde debe cambiar varias veces de habitación.

1917 Muere el 1 de Febrero de 1917, a las 19. 50 en fama de santidad. Después de los funerales es sepultado en el cementerio del Tepeyac. Sus restos son trasladados el 19 de febrero de 1931.

El 9 de Abril de 1990 en presencia del Papa Juan Pablo II es leído el Decreto de la promulgación de virtudes heroicas de los siervos de Dios RAMON IBARRA Y GONZALEZ y JUAN DIEGO siendo declarados venerables.

 

EL EJERCICIO DE SU MINISTERIO EPISCOPAL COMO CUARTO OBISPO DE CHILAPA EN RELACIÓN CON LA COSTA DE ACAPULCO.

 

         El 5 de Noviembre de 1891, proclama en el 4o Edicto: Anuncia la visita pastoral para la parroquia de Acapulco en fecha 8 de enero de 1892. Ruega que se preparen debidamente a ella.

         Del 9 de Enero al 7 de Marzo de 1992, realiza la Visita Pastoral a las parroquias de Mochitlán, Hacienda de la Imagen, Dos Caminos, Rio del Papagayo, Dos Arroyos, Ejido Viejo, Acapulco, Ejido Nuevo, Aguas Blancas, Coyuca de Benítez, Zacualpan, Atoyac, San Gerónimo y Tecpan.

         Para el 14 de Marzo de 1897 realiza Visita Pastoral, que duró hasta el día 21 del mismo mes a la Parroquia de Ayutla.

El día 27 de Marzo del mismo año 1897, realiza Visita Pastoral que duró hasta el 30 de marzo a las parroquias de Ometepec, Tlacoachistlahuaca, Azoyú, Cuautepec y San Marcos.

         Para el 8 de Septiembre de 1900 proclama la Circular No 284: Un tal Agustín Miller se ha presentado en varios puntos de la Diócesis Celebrando Misa y administrando algunos sacramentos; no consta que sea sacerdote y, por no presentar documentos, se le ha negado la licencia que solicitó. Se ruega a los fieles: No solicitar auxilios espirituales de persona alguna que no tenga autorización de la Mitra. A los eclesiásticos no aceptar a las celebraciones a personas que no muestren documentos.

         Esta situación se dio en la costa de Acapulco. “A solicitud del párroco de Acapulco Don Antonio Hernández, el Ilustrísimo Señor Obispo diocesano Doctor Ramón Ibarra y González, organizó una misión de sacerdotes de la diócesis para que dieran misiones en varios pueblos que habían apostatado adhiriéndose a un falso sacerdote norteamericano llamado Carlos Agustín Miller. Quien con grande astucia e hipocresía atraía a los fieles incautos, predicando contra la autoridad eclesiástica, tanto parroquial como episcopal y hasta contra el Papa y de un modo muy insolente contra los derechos de la administración parroquial y contra los diezmos”.

         Nuevamente, el 12 de Septiembre de 1901, proclama la Circular N. 295. Dirigida al Vicario Foráneo de Acapulco, Pbro. Antonio Hernández: Se le hace saber que no obstante la Circular expedida el 8 de septiembre de 1900 (cfr. Circular No 284) algunos pueblos de esa Foranía han continuado recibiendo los auxilios espirituales del supuesto sacerdote Agustín Miller. Dado que éste no se acreditó jamás ante la Mitra y por sus hechos y palabras ha demostrado que es más bien un ministro protestante, por lo tanto, se ordena al Vicario Hernández, que sin pérdida de tiempo advierta a los fieles: -Que no les es licito ni recibir ni solicitar del Sr. Miller ningún auxilio espiritual, -Que deben evitar toda clase de relaciones con él. - Que si a pesar de esta advertencia continúan solicitando y recibiendo auxilios espirituales de dicho señor, se procederá a clausurar los templos y capillas profanados por el ministerio del señor Miller.

         Para el año 1902. Del 18 de enero, y hasta los últimos días de Febrero, tiene lugar, una de sus últimas Visitas Pastorales, y fue a la costa de Acapulco. Visitó las parroquias de Acapulco, Coyuca de Benítez, Atoyac, San Jerónimo, Tecpan, Petatlán y La Unión .

 

EL FINAL DE SU MINISTERIO EPISCOPAL EN CHILAPA.

 

         Al iniciar el año de 1902, Monseñor Ibarra se encontraba visitando una vez más la diócesis cuando a las seis de la tarde el día 16 de enero, se abatió un terrible terremoto sobre el estado de Guerrero. El fenómeno natural dejó casi en ruinas la mayoría de iglesias del obispado.

         Ante tal prueba Monseñor Ibarra no regresó a Chilapa sino que continuó hacia Acapulco en donde el terremoto había sido particularmente intenso. Quiso prestar ayuda al párroco de ese lugar. (Pbro. Antonio Hernández, después obispo de Tabasco. En HC, vol. VIII, p. 202.)

         Estando en Acapulco recibió la noticia que el Papa León XIII lo trasladaba a la diócesis de Puebla.

         En la décima y última Carta Pastoral de su episcopado en Chilapa, fechado el 1 de junio de 1902, Monseñor Ibarra describe sus sentimientos: “Al estar practicando la Santa Visita Pastoral en las costas del Pacífico, se nos comunicó de una manera oficial que Nuestro Santísimo Padre el Papa León XIII había determinado trasladarnos a la Diócesis de Puebla… Al saber que por disposición superior tenemos que dejaros, nuestro corazón se ve sumergido en la más honda amargura… A pesar de las penalidades propias de esta Diócesis, hemos vivido once años a vuestro lado muy contentos y felices, soportando las inclemencias del tiempo, la aspereza de los caminos y la pobreza, pues todo esto nos ha parecido poco, por la grandeza del amor que os profesamos”.

 

“Cuando era obispo de Chilapa Don Ramón Ibarra, llegó la peste bubónica a Acapulco, traída de la India por un barco chino, y rápidamente se propagó por toda la ciudad y casi por todo el Estado de Guerrero”.

 

1904 - LA DIÓCESIS DE PUEBLA ES ELEVADA A ARQUIDIOCESIS. 1917 - MUERE EL ARZOBISPO DE PUEBLA, MONS. RAMON IBARRA Y GONZALEZ.

lunes, 17 de diciembre de 2018

18 DE DICIEMBRE DE 2018: 60 ANIVERSARIO DE LA PRECONIZACION DEL PRIMER OBISPO DE ACAPULCO


18 DE DICIEMBRE 60 ANIVERSARIO DE LA PRECONIZACION DEL PRIMER OBISPO DE ACAPULCO
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         El próximo martes 18 de diciembre de 2018, se cumplen 60 años de la preconización (nombramiento) como Primer Obispo de Acapulco del Siervo de Dios, Monseñor José Pilar Quezada Valdés, propuesto por el Santo Padre Juan XXIII, el “Papa bueno”. Antes de esto, la erección canónica de la Diócesis había tenido lugar nueve meses antes, un 18 de Marzo de 1958, cuando el Papa Pío XII promulga la Bulla “Quo aptiori” (Para una mejor atención de todos los fieles), con la cual se creaba la nueva Diócesis de Acapulco, designando el Templo Parroquial de Nuestra Señora de la Soledad como nueva Sede Catedral. Nueve meses, como adecuada gestación de la nueva realidad eclesial para la costa del Estado de Guerrero. Monseñor Quezada, era en ese entonces Párroco de San Andrés, en Tlaquepaque, de la Arquidiócesis de Guadalajara, Jalisco.
José Pilar Quezada Valdés, nació el 12 de octubre de 1900, en la finca de Acaspoles, en las inmediaciones del pueblo de Totatiche, Estado de Jalisco. Tal vez como una santa premonición, que liga al Siervo de Dios, pues Acapulco y Acaspoles tienen la misma raíz náhuatl: Acatl=carrizo; y poloa=destruír. Sus estudios eclesiásticos los realizó en: el Seminario Auxiliar de Totatiche, tres años de filosofía; Primero y Segundo de Teología (1919-1921) en el Seminario de San José, de la Perla Tapatía; y Tercero y Cuarto de Teología, así como Doctorado y Licenciatura, los realizó en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1921-1926). Alcanzando tres títulos académicos: Doctorado en Teología y Derecho Canónico, y Licenciatura en Sagrada Escritura.

Su Ordenación Presbiteral tuvo lugar el 21 de diciembre de 1923, en la capilla del antiguo Colegio Pio Latinoamericano de Roma. Su Cantamisa (Primera Eucaristía), la celebró en la Capilla ubicada bajo el altar papal de la Basílica de Santa María La Mayor, ante las reliquias del pesebre de nuestro Señor Jesucristo. Le fue conseguida una Audiencia con el Papa Pío XI, y éste con cariño paterno le dio la infausta noticia de que su padre había fallecido recientemente. Como buen sacerdote recibió la noticia con serenidad.
En plena persecución religiosa callista retornó a su Patria en julio de 1926. Su primer destino para él fue el de Vicario Auxiliar de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, y profesor de algunas asignaturas en el Seminario Auxiliar de Totatiche. Al ser sacrificado el Señor Cura San Cristóbal Magallanes Jara, quien había sido su tutor, le encomendaron la Parroquia del lugar, a la que sirvió con cuidados verdaderamente paternales hasta 1942. A partir de este año lo llamaron a colaborar al Seminario de San José en la Ciudad de Guadalajara; le encomiendan la Dirección Espiritual, profesor de algunas asignaturas, amén de Secretario de la Mitra. En 1947 es nombrado Vicario Coadjutor del anciano Párroco de Zacoalco; en 1949 es trasladado, como Párroco, a San Andrés, antiguo suburbio de Guadalajara. Aquí le sorprende la preconización como primer Obispo de la recién creada Diócesis de Acapulco.
ANTECEDENTES: A raíz de un fuerte movimiento telúrico que sacudió el Estado de Guerrero el 28 de julio de 1957, que afectó seriamente muchas poblaciones y derribó algunos templos, el Delegado Apostólico en México Monseñor Luigi di Raimondi, visitó parte del Obispado de Chilapa, entregando a los damnificados la ayuda pecuniaria en nombre del Santo Padre el Papa Pío XII. Ya entonces, al reconocer el estado de la región, se vio la necesidad de crear una nueva Diócesis para la mejor atención de los pueblos de la costa del Estado.
         Se tomaba, para la creación de esta nueva Diócesis, 20 parroquias, 6 Vicarías Fijas y una Capellanía, todas del Obispado de Chilapa: Coahuayutla, La Unión, Zihuatanejo, Petatlán, San Luis de La Loma, Tecpan, San Jerónimo, Atoyac, Coyuca, El Carmen (Barrio del Hueso), Nuestra Señora de la Soledad (Centro), Capellanía de la Colonia Progreso, La Sabana, Dos Arroyos, Vicaría del Fracc. Costa Azul, San Marcos, Vicaría de Las Mesas (Mpio. de San Marcos), Cuautepec, Ayutla, Vicaría de Tecoanapa, Vicaría de San Luis Acatlán, Azoyú, Ometepec, Igualapa, Xochistlahuaca, Vicaría de Tlacoachistlahuaca, Vicaría de Cuajinicuilapa. Con una población aproximada para aquél entonces de 294, 240 habitantes; distribuidos en una área aproximada de 25 000 kilómetros cuadrados.


         En el ínterin entre la promulgación de la Bulla Quo aptiori y la ejecución de la misma, y a escasos cinco días antes de la preconización del obispo, un gran acontecimiento, providencial, marcó al puerto de Acapulco y su región, cuando la Santísima Virgen de Guadalupe, es proclamada Reina de los Mares, y colocada en un altar submarino el 12 de Diciembre de 1958, en el Islote yermo de la Yerbabuena, frente a la Isla de la Roqueta. La ejecución de la Bulla “Quo aptiori”, verá momentos igualmente emotivos el 24 de Enero de 1959, y al día siguiente, Mons. Quezada era Ordenado Obispo en su nueva Catedral. Su lema: In ómnibus Christus (en todo Cristo).

viernes, 25 de agosto de 2017

“Pacífico he venido a ser inmolado”: YA UN LEOPOLDO SIRVIO A LA IGLESIA EN LA COSTA DE ACAPULCO.




“Pacífico he venido a ser inmolado”: YA UN LEOPOLDO SIRVIO A LA IGLESIA EN LA COSTA DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

         En el contexto de la llegada de un nuevo Arzobispo a la Arquidiócesis de Acapulco, que la Divina Providencia a determinado en la persona de Monseñor Leopoldo González González, es oportuno recordar que ya un Leopoldo sirvió a la Iglesia en la costa de Acapulco: el Siervo de Dios Monseñor Leopoldo Díaz Escudero, quien sirviera primero como presbítero en tres puntos de nuestra agreste geografía costera guerrerense, y posteriormente como Obispo de Chilapa, diócesis a la que pertenecía nuestra costa de Acapulco.
Leopoldo Díaz nació el 16 de septiembre de 1880 en Alcozauca, Guerrero. Sus estudios eclesiásticos los realizo en el seminario de Chilapa. Ordenado sacerdote el 21 de septiembre de 1903 por el Excmo. Sr. Don José Homobono Anaya y Gutiérrez. Como Presbítero, inició su ministerio como Vicario cooperador en la Parroquia (hoy Catedral) de la Asunción en Chilpancingo y en Santa Prisca en Taxco.
Pasó a la Costa, como Párroco de San Felipe de Jesús en La Unión, Gro. (de 1906 hasta abril de 1908). Poco sabemos de su estancia en la Unión, en aquél entonces un pueblo en la parte más extrema de la diócesis. Solo sabemos que sus Superiores, teniendo en cuenta su espíritu de iniciativa así como su obediencia, lo envían a La Unión, lugar distante y difícil de llegar, donde pronto se captó el respeto y cariño de sus nuevos feligreses.
En Marzo de 1907, teniendo que asistir a los Santos Ejercicios, pasó a San Marcos para unirse a su hermano el Sr. Cura José Díaz Escudero e irse juntos a Chilapa, pero cuál no sería su sorpresa encontrarlo gravemente enfermo de fiebre fulminante. Por de malas en esa noche se produjo un fuerte terremoto que hizo grandes estragos en toda la región. El Padre Leopoldo y su hermana Fulgencia, en vez de huir se acercaron al enfermo para defenderlo de los escombros que caían del techo. Al día siguiente murió el Padre José. En los primeros días del mes de Abril de 1908 regresaría el Padre Leopoldo Díaz a substituir a su hermano, haciéndose cargo de la Parroquia de San Marcos por cuatro años.
En 1912 pasó a la Vicaría Foránea de Acapulco donde por ocho años trabajó incansablemente en bien de las almas, atendiendo hasta las últimas comunidades de la extensa Parroquia, que atendía a caballo, ya que la Cabecera Parroquial no pasaría de unos dos mil habitantes.
Firma del Pbro. Leopoldo Díaz Escudero, Cura encargado de la Parroquia de Acapulco 1913

Dejará la costa en 1920, al ser llamado al servicio de la Curia Diocesana como Secretario de cámara y gobierno y Vicario general de la diócesis de Chilapa, por el Sr. Obispo Campos y Ángeles a fin de premiar sus méritos que hasta esa fecha había alcanzado con su labor apostólica, dándole una Canonjía en el Cabildo Catedral, donde por diez años desempeñó los cargos de Canónigo Lectoral, Profesor del Seminario, y en las vacantes, Vicario Capitular.
Preconizado como obispo de Chilapa, por el Papa Pío XI, el 4 de noviembre de 1929, su consagración episcopal tuvo efecto el 9 de febrero de 1930 en la basílica de Guadalupe de la Ciudad de México, conferida por el señor arzobispo don Pascual Díaz y Barreto. Tomando posesión de su obispado el 4 de marzo. El lema que ostentaba su escudo pastoral fue: "Pacificus Ad Inmolandum Veni" ("PACIFICO HE VENIDO A SER INMOLADO"). Falleció en su sede episcopal, el 24 de noviembre de 1955 a la edad de 75 años. A los 26 años, 264 días de gobierno. Fue sepultado el 26 de noviembre bajo el altar de la concatedral en Chilapa.

Ya como obispo de Chilapa, procuró en todo la atención de sus fieles costeños, creando el 25 de Agosto de 1948, la Parroquia de San José Patriarca en Las Mesas, Municipio de San Marcos; y el 20 de Septiembre de 1948 la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y el Sacratísimo Corazón de Jesús, en el Barrio del Hueso en Acapulco, Gro. El 3 de Noviembre de 1951 erige canónicamente la Parroquia de San Luis Rey de Francia en el poblado de San Luis La Loma, Gro. Y el 30 de Septiembre de 1954, erige canónicamente la Parroquia de San Isidro Labrador en el Poblado de La Sabana, Gro. El 4 de Noviembre de 1951, Monseñor Leopoldo Díaz celebra en la Parroquia de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco un Solemne Pontifical en memoria del Beato Mártir acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel. A quien nombró como Patrón del Catecismo en la Diócesis de Chilapa.
El pueblo costeño recuerda Monseñor Leopoldo Díaz con múltiples anécdotas, que la cortedad de espacio nos impide poner, Ahora recibimos como quinto Obispo a Monseñor Leopoldo González, no cabe duda que no hay Leopoldo malo.
¡Bienvenido Monseñor Leopoldo González, quinto Obispo y cuarto Arzobispo de Acapulco!

viernes, 14 de diciembre de 2012

ACAPULCO, TIERRA SANTA, Y EL VATICANO II


Monseñor Quezada el primero de izquierda a derecha de pie


ACAPULCO, TIERRA SANTA, Y EL VATICANO II.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         Hemos dado cuenta en un artículo anterior, que la Iglesia de Acapulco, recién creada en 1958, estuvo presente en la solemne apertura del Concilio Vaticano II, conmemoración que ha dado lugar al actual Año de la Fe, convocado por el actual Papa Benedicto XVI, ya que el primer Obispo de Acapulco, el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés, participó activamente en la Primera etapa del Concilio, y “donde está el Obispo, allí está la Iglesia”.
         Se dice que durante esa Primera Sesión del Concilio (11.Octubre-8 de Diciembre de 1962), surgió una tensa confrontación entre fuerzas que algunos dan en llamar “conservadoreas” y “progresistas”, pero que realmente reflejan la vitalidad de la Iglesia, Santa y Católica, como organismo vivo y actuante. El consenso eclesial, fruto de la presencia del Espíritu, se manifestó de manera que la mayoría de los padres conciliares se adhirió al objetivo pastoral que el Beato Papa Juan XXIII había propuesto al Concilio Vaticano II. El Papa bueno, Juan XXIII, no llegaría a la segunda Etapa, murió el 3 de Junio de 1963.
         El Papa Paulo VI, elegido el 21 de Junio de 1963, después de un Cónclave que duró sólo dos días, manifestó su firme determinación de continuar el Concilio. Y agregó un acontecimiento de grande y fuerte significación: concluida la Segunda Sesión del Concilio, realizó una visita a Tierra Santa, entre el 4 y el 6 de Enero de 1964.
         Con este gesto, el Papa que había heredado el Concilio Vaticano II, frente a las tensiones saludables en el interior del mismo, indicaba la urgencia de que la Iglesia volviese a sus fuentes, a las raíces de donde había nacido: Tierra Santa, tierra del pueblo elegido y tierra de Jesucristo, de María, de los Apóstoles, de donde nació la Iglesia Apostólica.
         En el discurso de despedida, ante el Presidente de Italia, Antonio Segni, el 4 de Enero de 1964, en el aeropuerto, expresó el motivo de su peregrinación a Tierra Santa:
“Se ha dicho justamente que el Sucesor del primero de los Apóstoles retorna, tras veinte siglos de historia, allá de donde Pedro salió llevando el mensaje cristiano. Y de hecho quiere ser un retorno a la cuna del cristianismo, de donde el grano de mostaza  de la parábola evangélica echó las primeras raíces extendiéndose como árbol frondoso que ya cubre con su sombra todo el mundo (cfr. Mt 13, 31s), una visita de oración a los lugares santificados por la vida, pasión y resurrección de Nuestro Señor.
Es una peregrinación de plegaria y de penitencia para una participación más íntima y vital en los misterios de la redención y para proclamar cada vez más alto ante los hombres, como anunciamos en nuestro primer mensaje Urbi et Orbi, que “sólo en el Evangelio de Jesús está la salvación esperada y deseada; porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cal hayan de ser salvados” (Hech 4, 12).
Presentaremos a Cristo su Iglesia Universal, en su propósito de fidelidad al Mandamiento del amor y de la unión que nos dejó como su último mandato”.
Con esta peregrinación, el Papa Paulo VI retomaba la experiencia de muchos de los Obispos, que aprovechando su estancia en Roma con motivo de su participación al Concilio Vaticano II, realizaron su tan anhelada PEREGRINACION A TIERRA SANTA, entre ellos nuestro pastor acapulqueño Monseñor José Pilar Quezada Valdés. Visita y objetivos espirituales que siguen vigentes para todos y cada uno de los creyentes.
¿Y tu? ¿Cuándo quieres realizar esa Peregrinación? Contáctanos, la siguiente propuesta es para abril-mayo de 2013. Infórmate con el Ingeniero Adrián Franco Noriega al 7444497918. O en Facebook con el grupo Acapulco Amigo de Tierra Santa.

jueves, 11 de octubre de 2012

LA DIOCESIS DE ACAPULCO: PRESENTE EN LA APERTURA Y PRIMERA SESION DEL CONCILIO VATICANO II




LA DIOCESIS DE ACAPULCO PRESENTE EN LA APERTURA  Y PRIMERA SESION DEL CONCILIO VATICANO II.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         El Jueves 11 de Octubre de 2012, el orbe cristiano estará de fiesta celebrando los 50 años de la Solemne Inauguración del Concilio Vaticano II. Acontecimiento que marcó la historia, no solo de la Iglesia Santa y Católica, con su “aggiornamento” (puesta al día), sino la historia universal, pues nadie puede pasar indiferente ante el acontecimiento cristiano.
         Y Acapulco no es en modo alguno la menor entre todas las Iglesias locales, pues la Divina Providencia dispuso que esta comunidad eclesial diocesana naciera en 1958-1959, bajo la egida de ese acontecimiento espiritual, inspirado bajo el soplo del Espíritu Santo.
          La imbricacion de la historia de la Diócesis de Acapulco es tal con la del Concilio Vaticano II, que su creador, el Beato Papa Juan XXIII, surge al mismo tiempo que el Primer Obispo de Acapulco, el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés. Este Papa que, apenas tres meses antes había sido elegido por un Cónclave, en Octubre de 1958. Este mismo Papa, sería quien Preconiza el 13 de Diciembre del mismo año, al Señor Cura de San Andrés, en Guadalajara, Jalisco, Monseñor José Pilar Quezada Valdés, como Primer Obispo de la recién creada Diócesis de Acapulco.
              Durante la celebración de la fiesta de la Conversión de san Pablo el 25 de enero de 1959, en un consistorio que el Papa Juan XXIII tuvo con los cardenales tras la celebración en la basílica de san Pablo Extramuros, anunció1 su intención de convocar un concilio ecuménico. El anuncio causó una gran sorpresa en todos.
               Mientras tanto, ese mismo día, en Acapulco era Ordenado el Primer Obispo, Monseñor José Pilar Quezada Valdés, en la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad, de manos del Eminentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Guadalajara Monseñor José Garibi Rivera, siendo co-consagrantes los Obispos Francisco Javier Nuño, Alfonso Toriz Cobián y Alfredo Galindo Mendoza, ante la presencia del Delegado Apostólico en México, Monseñor Luigi Raimondi.
             Desde febrero de 1959 a noviembre de 1962 tuvo lugar la etapa de preparación del Concilio, bajo la responsabilidad de la Curia Romana.
             En sus discursos posteriores, el Papa fue poco a poco delineando los objetivos del concilio y recalcando especialmente que se trata de un concilio pastoral y ecuménico. Aunque el propósito de Juan XXIII encontró muchas formas de manifestarse durante los tres años siguientes, una de sus expresiones más conocidas fue aquella que, preguntado por los motivos, presentó al tiempo que abría una ventana: «Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior».
         Sin duda, una de esas ventanas abiertas era la recién creada Diócesis de Acapulco, y en ella su Obispo: ventana abierta hacia el Pacífico, ventana abierta hacia el extremo Oriente.
         El Primer Obispo de Acapulco, el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés, apenas a dos años de haber llegado a la Ciudad y Puerto, recibió el mandato de prepararse para estar presente en la Primera parte de esa importante Asamblea eclesial universal.
         La Circular Número 75 enviada el 20 de Septiembre de 1962, a los sacerdotes de la Diócesis de Acapulco, explicaba cómo: “Desde los tiempos apostólicos la gran Familia Cristiana alcanza todo de Dios por medio de la oración: Un ángel abre las puertas de la cárcel a Pedro, y la Iglesia estaba en oración (“Oratioautemfiebat sine intermissione ad Ecclesia ad Deum”. Cfr. Act 12, 5)” Y movidos por esa fe, pedía a toda la Diócesis de Acapulco, que desde ese momento se hiciera oración, unidos al Vicario de Cristo, por la feliz realización del Concilio Vaticano II: En la Misa darán los sacerdotes, como imperada, la oración del Espíritu Santo; sacerdotes y fieles en todas las oraciones, haciendo especial frecuencia en todos los sacramentos, y si es posible la comunión diaria; actos colectivos, como comunión general en el día de la Apertura del Concilio; misas sabatinas los niños en las escuelas, y horas santas, etc. Monseñor Quezada aprovechaba la misma circular para despedirse de sacerdotes y fieles, dándoles a conocer que durante su ausencia, el Gobierno de la Diócesis quedaba en manos del Muy Ilustre Señor Canónigo Gabriel Ocampo.
              Monseñor Quezada se trasladó a Roma Para Participar en el Concilio, sin duda con una grande emoción personal, pues participó en la Solemne Apertura del mismo, y un día después, cumplía en ese mismo contexto, 62 años de vida.
         Monseñor Quezada fue al Concilio, y durante toda su estancia en Roma, se hospedó en el venerable Colegio Pio Latinoamericano, ubicado en ese entonces en la Vía Aurelia Número 677.
              La primera sesión del Concilio Vaticano II (1962)
            La primera sesión se inició con la inauguración solemne en la basílica de San Pedro el 11 de octubre de 1962.
          La primera sesión partió con la inauguración solemne en la Basílica de san Pedro el 11 de octubre de 1962. Juan XXIII presidió la Misa y ofreció un discurso programático, el Gaudet Mater Ecclesia, donde habló del puesto de los concilios en la historia de la Iglesia, de la situación del mundo y de algunos aspectos generales que debían tenerse en cuenta durante el concilio: se trata de custodiar el depósito de la fe católica enseñarlo de una manera adecuada a los tiempos empleando para ello los métodos más eficaces. También recordó que no era una actitud de condena de los errores sino de misericordia, lo que se esperaba del concilio. Alude al tema del ecumenismo que era uno de los que habían causado mayor expectativa en los medios de comunicación. Allí estuvo presente nuestro Primer Obispo de Acapulco.
         La experiencia mayor de gracia, sin duda, para Monseñor Quezada, estar en el corazón de la Cristiandad, en el centro de un acontecimiento de primer orden para la vida de la Iglesia y del mundo, precisamente el día de su cumpleaños numero 62, el 12 de Octubre de 1962.
         Desde Roma, Monseñor Quezada enviará a su amada Diócesis la Circular Número 78, el 15 de Octubre de 1962, Fiesta de Santa Teresa de Jesús, pidiendo a todos: “Ofrezcan en todas las parroquias de la Diócesis, por el éxito del Concilio Ecuménico Vaticano II, una novena al Espíritu Santo, la comunión a ser posible diaria, y se coloque en todos los templos un cepo donde se recoja el Tesoro Espiritual por el Concilio, por el tiempo que este dure”. Terminaba diciendo: “Encarecidamente les suplico una oración especial por el más indigno de sus hermanos en el sacerdocio que, a pesar de su ineptitud, se le ha señalado cargo tan grande”.
         El 20 de octubre, tomando en cuenta el interés mostrado por algunos padres conciliares de ofrecer un mensaje de parte del concilio al mundo, se votó rápidamente una propuesta que obtuvo la mayoría necesaria y fue asumida como Mensaje de los padres conciliares a todos los hombres. Luego comenzó la discusión del esquema sobre la liturgia (De sacra liturgia que luego se llamará Sacrosanctum concilium), que fue aprobada el 14 de noviembre, y ese mismo día, se presentó el esquema De fontibus revelationis (que luego será el Dei Verbum).
         El 23 de noviembre se entregó a los padres conciliares dos esquemas para su estudio antes de la discusión en aula: era el De Ecclesia (luego la constitución dogmática Lumen Gentium) y un apéndice con un esquema sobre la Virgen María (De beata Maria Virgine). Ese mismo día se comienza a discutir y es aprobada la constitución sobre los medios de comunicación social (que luego será el decreto Inter mirifica).
            Para el 27 de noviembre inició la discusión del esquema sobre la unidad de los cristianos, Ut omnes sint, documento reelaborado por una comisión mixta y aprobado.
           El 1 de diciembre se comenzó a discutir el esquema De ecclesia. En él, era el tema del episcopado el que más discusión generaba. El debate no llega a puerto y las discusiones se concluyen el 7 de diciembre, víspera de la clausura de la primera sesión conciliar.
            El 8 de diciembre se concluye oficialmente la primera sesión con un discurso del Papa. Y nuestro Primer Obispo de Acapulco, habiendo participado en esa emotiva ceremonia, se prepara para regresar a su amada Diócesis.
         Una Circular más enviará Monseñor Quezada desde Roma, la Número 83, del 9 de Diciembre de 1962, con su grande satisfacción por el feliz término de la Primera Parte del Concilio Vaticano II. En la misma Circular, anunciaba que le había sido concedido “Coronar a la Virgen de la Soledad, Patrona de la Diócesis, en el sesquicentenario de su Patronato, tocándonos pedirle, ser de los primeros realizadores de esa esperanza de la Iglesia que ha sido el Concilio Vaticano II”. Añadía: “Servir a Dios en nuestro prójimo, caridad y justicia para nuestros hermanos, amor y paz en las familias y en los pueblos a lo largo de nuestra Diócesis, será la preparación más indicada, y señalará la hora de poner en la frente de la Madre de Dios, una corona que signifique que el Reino de Dios está entre nosotros”.
         Monseñor Quezada aprovechó su estancia en Roma, para ir en peregrinación a Tierra Santa. Y la Circular Número 84, del 18 de Diciembre de 1962, signada por el Canónigo Honorario Gabriel Ocampo, como Vicario General, y por el Presbítero Juvenal Porcayo Uribe como Secretario, invitaban a preparar su regreso a la Diócesis de Acapulco, celebrando una Misa de Acción de Gracias con comunión general, y enviando telegramas de adhesión con motivo de la Navidad, pues regresaría en plena fiesta natalicia. Una comisión de sacerdotes se trasladó a recibirlo a la Ciudad de México, y toda la feligresía salió a encontrarlo en automóviles y camionetas hasta el Río Papagayo; donde un miembro del Movimiento Familiar Cristiano le dirigió unas palabras. Frente al Templo de La Garita, lo recibieron los ciclistas, y unas palabras de bienvenida por un miembro de Acción Católica Mexicana. En el Hotel Ritz lo esperaba la Asociación de Charros de Acapulco y toda la caballería del Puerto, y en nombre de todos, un saludo de un miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Fuera de la Santa Iglesia Catedral, en el Jardín Alvarez, lo esperaban con uniformes de gala las agrupaciones de todos los círculos sociales, haciendo vallas los Colegios; ya dentro de la Catedral, los sacerdotes con sotana y sobrepelliz, los religiosos y religiosas y seminaristas, todos con sus respectivos hábitos; Asociaciones, catequistas con estandartes y banderas. Se cantó un Solemne Te Deum, acompañado por el Coro del Seminario, y se dio la Bendición con el Santísimo Sacramento.
              Monseñor Quezada, presente en la Primera Sesión del Concilio Vaticano II, no quiso que sus constituciones, derechos y declaraciones fueran letra muerta en su Diócesis. En Retiros y Ejercicios Espirituales, en conferencias, en pláticas que sostenía con sus sacerdotes y seglares, procuraba ir dando a conocer las disposiciones del Concilio.