José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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domingo, 13 de septiembre de 2020

14 DE SEPTIEMBRE DE 1813. PROCLAMACION DE LOS SENTIMIENTOS DE LA NACION


Transcripción de "Los Sentimientos de la Nación"
SENTIMIENTOS DE LA NACIÓN.
Tomado del Portal Oficial del Gobierno Federal


1º Que la América es libre independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.

2º Que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra.

3º Que todos sus ministros se sustenten de todos y solos los diezmos y primicias, y el pueblo no tenga que pagar más obvenciones que las de su devoción y ofrenda.

4º Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas, porque se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur. Mat. Cap. XV:

5º Que la Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en el Supremo Congreso Nacional Americano, compuesto de representantes de las provincias de números.

6º Que los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos.

7º Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose, saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.

8º La dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.

9º Que los empleos sólo los americanos los obtengan.

10º Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir y libres de toda sospecha.

11º Que los Estados mudan costumbres y, por consiguiente, la Patria no será del todo libre y nuestra mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, substituyendo el liberal, e igualmente echando fuera de nuestro suelo al enemigo español, que tanto se ha declarado contra nuestra Patria.

12º Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.

13º Que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados; y que éstos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio.

14º Que para dictar una ley se haga junta de sabios en el número posible, para que proceda con más acierto y exonere de algunos cargos que pudieran resultarles.

15º Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.

16º Que nuestros puertos se franqueen a las naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al Reino por más amigas que sean, y sólo habrá puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarque en todos los demás, señalando el diez por ciento.

17º Que a cada uno se le guarden sus propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado, señalando penas a los infractores.

18º Que en la nueva legislación no se admita la tortura.

19º Que en la misma se establezca por Ley Constitucional la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la Patrona de nuestra Libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos, la devoción mensual.

20º Que las tropas extranjeras o de otro Reino no pisen nuestro suelo, y si fuere en ayuda, no estarán donde la Suprema Junta.

21º Que no hagan expediciones fuera de los límites del Reino, especialmente ultramarinas; pero (se autorizan las) que no son de esta clase, (para) propagar la fe a nuestros hermanos de Tierra dentro.

22º Que se quite la infinidad de tributos, pechos e imposiciones que nos agobian, y se señale a cada individuo un cinco por ciento de semillas y demás efectos u otra carga igual, ligera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el Tributo y otros; pues con esta ligera contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo, podrá llevarse el peso de la guerra y honorarios de empleados.

Chilpancingo, 14 de septiembre de 1813.José María Morelos.(Rúbrica)

23º Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída; recordando siempre el mérito del grande héroe, el señor Dn. Miguel Hidalgo y su compañero Dn.Ignacio Allende.


Repuestas en 21 de noviembre de 1813. Y por tanto, quedan abolidas éstas, quedando siempre sujetos al parecer de S.A.S

sábado, 12 de septiembre de 2020

EL SIGLO XIX DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO: DE LOS SANTOS REYES A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD.

EL SIGLO XIX DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO, DE LOS SANTOS REYES A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD.
 Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Cabe abrir un espacio particular para tratar de determinar uno de los aspectos más importantes de la historia de la Parroquia de Acapulco. Los titulares originales de la Parroquia de Acapulco, los que dieron nombre a la Parroquia original, y origen a la pretensión de la Ciudad y Puerto de Acapulco al uso del título pomposo de “Ciudad de los Reyes”, los SANTOS REYES MAGOS, se verán desplazados en el Siglo XIX, por una nueva denominación: NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD. ¿Cuáles son las razones? ¿Qué sucedió y en qué momento?


Ahora hemos tenido la oportunidad de confirmar esta noticia, por el análisis reciente de los libros históricos de la Parroquia de Acapulco: El cambio de título de la Parroquia de SANTOS REYES, a NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD, se consolida precisamente en la primera quincena de 1838, como lo hemos explicado en otro capítulo.

 Parece ser que el cambio paulatino se va dando en el contexto de la revolución de Independencia, en medio de una lucha ideológica entre dos bandos encontrados.

 Por una parte los REALISTAS, partidarios a ultranza de la conservación de la monarquía, que en el Siglo XIX provocarán el deseo por la Independencia de la Nueva España, ante las instituciones borbónicas, que se encontraban imbuidas de una mentalidad anticlerical, que logró entre otras cosas la expulsión de los jesuitas de todo el reino español, y que en términos religiosos expresaban su cultura católica en devociones como la Virgen de los Remedios (en la Ciudad de México); y serán los que proclaman a la Virgen de la Soledad como Patrona de las Tropas Realistas y del Puerto, el 8 de Diciembre de 1812, en presencia de la oficialidad y el vecindario, con toda la tropa sobre las armas. Ceremonia en la que el Gobernador interino de la Plaza D. Pedro Vélez, le puso a la Santísima Imagen de la Soledad, la Banda de General y un bastón en las manos con puño de oro. (Cfr. Revista “Catedral”, Chilapa, Gro. 20 de Septiembre de 1953, p. 74). Los actos incluyeron una procesión por las calles del puerto siendo escoltada la Sagrada Imagen de la Soledad por una guardia especial que rindió pleitesía de acuerdo con la ordenanza militar (Cfr. Tomás Oteiza, Acapulco, la ciudad de las naos de oriente y de las sirenas modernas, Ed. Diana, pp. 191-192).

 Y por otra parte los INSURGENTES, partidarios de una autonomía de la colonia -de la Nueva España-, primero desde posturas que promovían la restauración en el trono de la dinastía de los Austria -más fiel a las directrices católicas-, y en un segundo momento promovieron la total independencia del país, y tomaron como bandera la devoción a la Virgen de Guadalupe. El Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, quien el 20 de Octubre de 1810 recibe del Don Miguel Hidalgo y Costilla el encargo de insurreccionar la costa del sur, promoverá la devoción a la Guadalupana por todos los medios. El 11 de Marzo de 1813 proclama en Ometepec: “todos los mayores de diez años traigan en su sombrero la ‘cucarda’ y una cinta en la que se declare ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su religión y su patria... reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que, reconvenido por tercera vez, no usare de la cucarda nacional o no diese culto el 10 de Septiembre de 1811 castiga al puerto por su falta de colaboración con la lucha, ordena: QUE LA POBLACIÓN DEL MISMO PUERTO NOMBRADA CIUDAD DE LOS REYES, PIERDA POR AHORA ESTE NOMBRE...

 En el medio de estas dos tendencias, se encontraba EL PUEBLO LLANO de Acapulco, que nunca recibió con entusiasmo el movimiento de Independencia; pues Acapulco siempre ha vivido de los forasteros, y por lo tanto, romper el ritmo de la vida con una guerra -así fuera la más justa- significaba la ruina del comercio y el intercambio que ello conlleva.

 Pero Acapulco era un pueblo católico, de manera que vivió con ambigüedad la lucha militar e ideológica que se venía encima. La lucha ideológica que incluía símbolos religiosos, en la que por un lado había una “Virgen de los realistas”, Nuestra Señora de la Soledad, y por el otro lado la “Virgen de los Insurgentes”, Nuestra Señora de Guadalupe.

 Lo cierto es que en medio de esta refriega ideológica, los Santos Reyes perdieron lugar por partida triple: los REALISTAS, aunque defendían las instituciones monárquicas, provistos de ideologías más afines al anticlericalismo borbónico, y se sintieron más identificados en la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Y por otra parte los INSURGENTES, que propugnaban por la Independencia de la Nueva España, nada querían saber de Reyes, así fueran Santos u orientales no españoles. Y los ACAPULQUEÑOS, que impactados de alguna manera por la nueva propuesta de independencia, simplemente fueron dejando de lado a los Santos Reyes Magos; pero tampoco se sintieron totalmente identificados en la devoción a Nuestra Señora de la Soledad por el solo hecho de haber sido proclamada por los Realistas.

 No obstante, hasta la década de los sesenta del siglo XX, la fiesta de los Reyes Magos estaba fuertemente arraigada en el Puerto.

 En este choque ideológico podemos encontrar, por una parte el origen del guadalupanismo tan acendrado de los acapulqueños, que se manifiesta con júbilo explosivo cada año, y por otra parte la poca o nula devoción existente en torno a Nuestra Señora de la Soledad, que incluso hasta hoy (2005), no había sido confirmada formalmente como Patrona del nuevo ente eclesial que ha surgido de la anterior Iglesia Madre de Acapulco: primero la Diócesis y después la Arquidiócesis de Acapulco.

 De cualquier manera, y con todo y la proclamación hecha de Nuestra Señora de la Soledad como Patrona de las Tropas Realistas y del Puerto en 1812, todavía para este tiempo no ocupaba el centro de la devoción del Puerto, pues para entronizarla se tuvo que ocupar una CAPILLA, no el centro del altar de la Parroquia, y la ceremonia final de entronización se tuvo que realizar todavía un 6 de Enero de 1820, en la Fiesta patronal de la Parroquia, la Fiesta de los Reyes Magos, aprovechando el concurso natural de las gentes a la Parroquia.

 Otro dato curioso es, que la actual Imagen que preside el Templo Parroquial -hoy Sagrario-Catedral y Santuario Diocesano-, no fue la misma proclamada en aquél entonces y ceñida como Generala, tuvo que ser una imagen anterior cuyo paradero se desconoce, pues la Imagen actual primero fue elaborada la Cabeza, y posteriormente, el cuerpo. El 17 de Marzo de 1841 se estrenó la Cabeza de la actual Imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco, conforme con un documento encontrado en la misma que trascribimos: “Esta cabeza se hizo en México, costó 30 pesos, Se estrenó el día 17 de Marzo de 1841. La bendijo el I. S. D. D. Manuel Posada y Garduño, primer Arzobispo mexicano. Fue hecha a solicitud del Lic. D. José María Gómez Daza, cura propio de esta Parroquia de Acapulco, a expensas de varias devotas señoras hijas de este Puerto, entre ellas Dña. Feliciana Indúa; Dña. Teodora Alen; y Dña. Eleuteria Tellechea. Siendo Prefecto D. Manuel Dublán; Comandante principal D. Tomás Moreno; Juez Primero de la Paz D. José Sierra y este mismo supliendo la mayordomía de la Virgen, por falta de propietario D. Pedro Bita. En este mismo día estrenó la Santísima Virgen un vestido de seda que costó 160 pesos, colectados por las mismas devotas en todo el vecindario” (Revista “Catedral”, Chilapa, Gro. 20 de Septiembre de 1953, pp. 73-74). Y será hasta 1943 cuando el Párroco de Acapulco Don Florentino Díaz, mandó que se le colocara Cuerpo a la actual Imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco. –antes solo era un busto colocado en un bastidor que sosteniendo el vestido simulaba un cuerpo-, encontrándosele en una cavidad ex profeso abierta, el documento que ya ha sido trascrito antes.

 De cualquier manera, mentiríamos, si decimos que no se conocía y veneraba ya antes la advocación de Nuestra Señora de la Soledad, pues para el 21 de Octubre de 1743 encontramos la primera mención que se hace de la Virgen de la Soledad en Acapulco, en una copia del Inventario del Convento de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, Título de Santa María de Guía de la Ciudad y Puerto de Acapulco, formado por Fray Francisco de Santa Bárbara Guillén, Vicario; y que se encuentra en el Archivo del Museo de Antropología e Historia de México, Fondo Franciscano, Volumen 167, fols. 143-52. Firmado por: Fray Francisco de Santa Bárbara Guillén; Fray Juan Bautista Pinna; Miguel Ramírez, Síndico; José de Bidagaín; Francisco Anselmo Aguado; Francisco Monroy. En el dicho Inventario se da capítulo particular al: “ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD. Que contenía un cuadro de Nuestra Señora de la Soledad con su marco sobredorado, y es de tres varas y media. Contiene cuatro candeleros de cobre. Una Cruz de palo. Y un Ara de dicho altar.” Esta descripción se refiere a un altar lateral de la Iglesia del Convento, que estaba abierta al culto público, pero que no era la Parroquia. Una vara equivale 835 milímetros y 9 décimas.

 Cabe señalar que este Inventario no menciona la existencia de ninguna Imagen de Nuestra Señora de Guía, sino que indica que en el altar mayor presidía: “Una Imagen de bulto de vara y media de Nuestro Padre San Francisco con su Santísimo Cristo en la mano, de madera; una diadema de plata con su tornillo, pesa todo diez onzas; una mesita de China, que sirve al Santo de peana”... ¿Existió alguna imagen de los Reyes Magos? Es posible que no, o si la hubo, fue de tan baja calidad, que ni siquiera aparece mencionada, ni en los cronistas de los primeros siglos, ni en los posteriores inventarios de la Parroquia que han llegado hasta nosotros. El historiador Edmundo O’Gorman, en su libro “Destierro de sombras”, explica esto de alguna manera, indicando que en los siglos XVI y XVII no fue fácil poseer imágenes religiosas de gran calidad, en parte por el gran precio, y en parte las dificultades propias de inseguridad en estas tierras de la Nueva España.

 Por otra parte cabría preguntarse: ¿Dónde quedó aquella bellísima Imagen de Nuestra Señora de Guía, de marfil, traída de las Islas Filipinas, y que aparece inventariada en el Convento Franciscano a finales del Siglo XVIII?

viernes, 11 de septiembre de 2020

LA INDEPENDENCIA Y LA PARROQUIA DE ACAPULCO

LA INDEPENDENCIA Y LA PARROQUIA DE ACAPULCO.
 Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

En términos generales, debemos decir que si la historia del siglo XVIII de la Iglesia de Acapulco estuvo marcada por los movimientos de la naturaleza, el siglo XIX estará marcado por otros movimientos de naturaleza mucho más impredecibles, los movimientos humanos: la revolución de independencia.

 Sin faltar claro está la naturaleza que nunca deja de moverse. El investigador y perito en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México PETER GERHARD en su obra: Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821, nos dice que Acapulco, para inicios del Siglo XIX no era más que una humilde población: El padrón de 1792 muestra en total de 5679 no indios (individuos), formado por 122 españoles, 19 castizos, 122 mestizos, 5307 “pardos” (incluyendo filipinos) y 109 morenos; en ese año había en la jurisdicción dos haciendas y 32 ranchos.

La Parroquia de Acapulco inicia el Siglo XIX siendo Párroco Don FERNANDO DE LA VEGA, quien aparece como Cura de Acapulco desde 1799.

 Eclesiásticamente, sabemos, este vecindario se encontraba ocupado en dos procesos que corrían paralelos: uno, que inicia en los años 1800-1805, consultas para la creación de un Obispado en la Provincia del Mar del Sur o de Acapulco (expediente en AGN); y otro, el 28 de Junio de 1809, cuando el cura y el vecindario de Acapulco solicitan licencia para construir y trasladar nueva capilla de Nuestra Señora de la Soledad, y para formar la Cofradía correspondiente (expediente en AGN).

Para 1806, asume como Párroco Don JOSE MARIA DE LA TORRE..

En 1809 Don JUAN JOSE VILLANISAN. Aparece como Párroco de Acapulco (AGN. Negocios Eclesiásticos. Justicia E, vol. 11, Exp. 1, f. 181). Tocará a este Ilustre Bachiller, como Cura y Juez Eclesiástico, solicitar al Soeberano Fernando VII, licencia para construir y trasladar nueva Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, el 28 de Junio de 1809. Explica en la solicitud, que la Virgen de la Soledad se venera especialmente por los navegantes, quienes han entregado limosnas importantes para este fin, pero sobre todo, porque la Capilla actual, de modestas dimensiones, se encuentra en lugar indecente, junto a una pulpería. Firman con el Señor Cura, los principales del Puerto: Manuel de Orozón, Joaquín Aguiñiga, Francisco de Yrure, Simón de Adrián, Joaquín Doria, Juan Puyol, Nicolás Molina y Chico, Pedro de Jesús Piza, Francisco Suárez, Blas Pablo de Vidal, José María Vergara, Mariano Miguel de la Parra, y José Dimayuga (expediente en AGN).

Mientras tanto, en ese misma fecha, el Arzobispo de México Don Francisco Javier De Lizana, concede licencias eclesiásticas para el establecimiento de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad. Y el 16 de Julio del mismo año el Virrey Gobernador Don Pedro Garibay, junto con el Arzobispo de México, conceden licencia para construir la Capilla.

 En Agosto de 1810 un fuerte huracán hizo levantar el mar hasta bañar con sus olas las paredes del Templo Parroquial. Inmediatamente se comienza la Construcción de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, que quedará interrumpida por la Guerra de Independencia. 

Parecía una premonición, pues ese mismo año la Feria de la Nao de China fue suspendida, en el horizonte se avistaban ya los nubarrones de la guerra de Independencia. El 20 de Octubre de 1810 Morelos recibe la orden de apoderarse de Acapulco por parte de Don Miguel Hidalgo y Costilla.

El 11 de noviembre de 1810, Morelos acampa en Pie de la Cuesta. El 13 de Noviembre de 1810, Ocurre el primer enfrentamiento entre las fuerzas de Morelos y las de Luis Calatayud en El Veladero. El 14 y 15 de Noviembre de 1810, Morelos acampa en el Aguacatillo y ocupa el Paso Real de la Sabana. El 17 de noviembre de 1810, Morelos expide un bando en el Aguacatillo por el que se suprimen la esclavitud y las castas.

Entre tanto, el 8 de Enero de 1811, El Virrey de Nueva España resuelve favorablemente su voto sobre la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco.

 El 3 de Mayo de 1811. Morelos nombra a Hermenegildo Galeana su Lugarteniente cuando se encuentran en la Sabana.

La campaña militar que el Generalísimo Don José María Morelos y Pavón lanzó contra el Puerto y el Castillo ha quedado magníficamente plasmada en crónicas cuyo realismo nos hacen recordar las grandes batallas de todos los tiempos, los heroísmos inmensos de parte de ilustres personajes, de tropas que sostienen con rigor militar la lucha, pero sobre todo pueblos que resisten con dignidad sostenidos por sus ideales.

 Ante la incertidumbre en que se encontraban los habitantes de Acapulco, así como también las tropas que la guarnecían, las autoridades y vecinos elevaron plegarias para que volviera la paz en la Nueva España y puestos de acuerdo, celebraron con toda solemnidad funciones religiosas en honor de la Virgen Nuestra Señora de la Soledad. El 8 de Diciembre de 1812 se juró en el Castillo de San Diego por Generala de las Tropas Realistas de Acapulco y Patrona de la Ciudad, a Nuestra Señora de la Soledad, en presencia de la oficialidad y el vecindario, con toda la tropa sobre las armas; y en señal de tan devoto acto, el Gobernador interino de la Plaza D. Pedro Vélez, le puso a la Santísima Imagen la Banda de General y un bastón en las manos con puño de oro. Esta ceremonia tuvo lugar un día martes. (Cfr. Revista “Catedral”, Chilapa. 20.Sept.1953). Los actos incluyeron una procesión por las calles del puerto siendo escoltada la sagrada imagen por una guardia especial que rindió pleitesía de acuerdo con la ordenanza militar (Cfr. Tomás Oteiza, Acapulco, la ciudad de las naos de oriente y de las sirenas modernas, Ed. Diana, pp. 191-192).

 El 12 de Abril de 1813, el Generalísimo Morelos ataca y entra en la ciudad de Acapulco; la ciudad fue saqueada e incendiada; Morelos se apoderó del Curato, que no contaba todavía de Templo, ni altar, ni urna; entre las perdidas se cuenta el Archivo de la Parroquia.

 En medio del fragor de la batalla la fe, que incipiente se muestra informando estos momentos de crisis. Por ejemplo durante el sitio que los insurgentes sostienen contra el Fuerte de San Diego en 1813, Tomás Oteiza nos transmite una descripción dantesca: “Un cuadro de horror era el que se contemplaba en los patios y corredores del Castillo; niños famélicos por falta de alimentos sanos y de agua no podían resistir la deshidratación que el calor canicular les causaba, morían casi a diario; de igual manera muchas mujeres que no soportaban aquella tragedia que cada día pasaba se hacía más amarga al ver perecer de hambre y de sed a sus hijos tomaban también el camino de la madre tierra”,... Pero en medio del dolor, se imponían sesgos de humanidad: “Casi todos los días había una tregua, cuando el sacerdote llegaba al Castillo para ayudar a bien morir y administrar los últimos sacramentos a las víctimas de aquella lucha sin cuartel, víctimas inocentes la mayoría. Las avanzadas insurgentes suspendían sus movimientos bélicos, santiguándose reverentes ante al paso del Santo Viático (la Eucaristía) que era llevado en aquel entonces al toque de campanillas por las calles a veces a pie y otras en carreta. Eran aquellos momentos de expectación aún en aquella lucha sin cuartel, por el respeto que guardaban unos y otros a la Religión Católica que profesaban. Cuando sacaban los cadáveres por el puente levadizo para enterrarlos en la fosa que circunda a la ciudadela, precedidos por la cruz alzada de la parroquia, seguidos por el sacerdote que rezaba los salmos del “miserere” pidiendo a Dios clemencia por el difunto, un completo silencio dominaba, escuchándose sólo los lastimeros “ayes” de una madre y de sus familiares, mitigados por el susurro del viento al rozar el follaje de los bocotes cercanos.
 Tal era el escenario de aquél tétrico lugar, donde se conjugaba el valor con la abnegación, ante el corazón inconmovible con temple de acero del Gobernador del castillo, que firme en sus decisiones soportaba estoico y sin inmutarse aquél cuadro de dolor, aquellas escenas desgarradoras, rompiendo el fuego en cuanto el sacerdote había cumplido su misión”.

La Fortaleza de San Diego capitula el 20 de Agosto de 1813. Termina la Cuarta campaña de Morelos.

Para 1814 entra en escena Don FELIPE CLAVIJO, Párroco de Acapulco de 1814 hasta 1830.

El 9 de Abril de 1814, Morelos ordena a Isidoro Montes de Oca incendiar Acapulco. Y el 12 de Abril de 1814, Morelos se dirige a Tecpan, mientras Hermenegildo Galeana permanece en el Veladero y Juan Alvarez en Pie de la Cuesta y el Bejuco.

El 13 de Enero de 1816 tiene lugar la Protocolización de las Constituciones provisionales de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco, hechas en Junta por el Señor Gobernador Interino de esta plaza Primer Teniente de Castellano de su Real Fuerza Capitán Don Pablo Francisco Ruvido, con asistencia del Señor Cura Párroco de esta doctrina Bachiller Don Felipe Clavijo y los tres vecinos promotores de esta piadosa fundación y como lo son Don Manuel de Oronoz, Don Juan Molina, y Don Blas Pablo de Vidal.

En este testimonio, se distingue que la Imagen de la Santísima Virgen de la Soledad no estaba en el Templo Parroquial, y que éste último era distinto a la Capilla de la Virgen. Cláusula 12: “Celebrará cada año esta devota Cofradía la fiesta de Dolores de Nuestra Señora en su día, en que se deberá celebrar de cuenta de ella, en la Iglesia Parroquial de este Puerto, mientras no se concluya la Capilla que se está fabricando a la Santísima Virgen, el número de las Misas Rezadas que se pueda por la intención de los Cofrades vivos, y almas de los ya difuntos, también deberá costear los Viernes Santo por la noche el Pésame a Nuestra Señora de cuyos gastos llevará exacta cuenta el Mayordomo Tesorero” (AGN. Negocios Eclesiásticos. Justicia E. vol. 11, Exp. 1, f. 164).

En 1816, se conoce la Proclamación de la Bula “Universi Domici Gregis”, del Papa Pío VII, con la que se erige canónicamente la nueva Diócesis de Chilapa, pero esta no se pudo ejecutar por la revolución de independencia.

El 6 de Febrero de 1816, el Doctor Sánchez, solicita al Arzobispo de México, a nombre de los vecinos del Puerto de Acapulco movidos de la devoción que profesan a María Santísima Señora Nuestra en el paso de su Soledad, que apruebe las constituciones, por lo que toca a su jurisdicción ordinaria, y el 8 de Febrero de 1816, El Provisor y Vicario General del Arzobispado de México Don Félix Flores Allaforri, aprueba las constituciones. Refrenda el documento con su Firma y rúbrica Juan Mariano Díaz, Notario Oficial Mayor (AGN. Negocios Eclesiásticos. Justicia E. vol. 11, Exp. 1, fs. 166-167).

Otro documento de particular importancia es el expedido el 31 de Mayo de 1816. En 14 folios, voto razonado de Sagarzurrieta, con un análisis exhaustivo sobre la petición, constituciones, y aprobación eclesiástica en torno a la Cofradía de la Virgen de la Soledad. Presenta objeciones, entre las cuales: “Que aunque en la constitución 12, se señala por lugar de la Cofradía la Iglesia Parroquial de Acapulco, se añade que esto sea mientras no se construya a Capilla que se le está fabricando a la Santísima Virgen, sin explicarse dónde y con qué autoridad se ha emprendido esa fábrica, lo que conviene que se aclare por los disturbios que luego suelen experimentarse sobre el uso y gobierno de tales capillas destinadas a cofradías, de que el Fiscal ha viso exemplar en la Cofradía del Rosario del Pueblo de Acapulco”.

El 28 de Junio de 1816, el Virrey de Nueva España resuelve favorablemente su voto sobre la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco. aparece como Agente de este negocio eclesiástico con amplios poderes Don Vicente Garviso, apoyado por el Capitán Don Pablo Francisco Ruvido, Capitán de la Compañía Veterana Fija, Primer Teniente de Castellano y Gobernador Interino de la Plaza; el Cura Bachiller de esta Ciudad Don Felipe Clavijo; Don Manuel de Oronoz, Administrador de Correos; Don Blas Pablo de Vivall, Administrador de Tabacos; Don Juan Antonio de Rivas, Guarda Mayor y garita; Don José Miguel de Nava, Capitán de la Tercera Compañía de Milicias de la Quarta División; Don Joaquín Zenón de Doria, Teniente retirado de la misma; Don José María Vergara, igualmente Subteniente retirado Don José de la Peña y Brena; Don José María Oteiza, Don Elías de Avila, Don Rafael Eslava.

El documento signado el 25 de Septiembre de 1818 nos confirma la devastación eclesial en la que se encontraba el Puerto de Acapulco. El Apoderado Garviso pide se agilice el trámite dado que: “…los fondos cortos con que entonces contaba, se han invertido, parte en la conclusión de la Capilla, y parte se ha arruinado por los acontecimientos del día; y la deboción que era ferborosa, se ha entibiado notablemente, asi por la suspensión que ocacionó lo resuelto por ésta Superioridad, como por que faltando la corporación o gobierno económico, que debía sistemar la colecta e inverción de las limosnas, con que manifiestan su generosa caridad aquellos vecinos, se retraen los sematos de continuar la temiendo, con fundamento, que no llegue a verificarse el loable objeto que los anima. El resultado debe ser, que amortiguada enteramente su intención, quede aquella Soberana Imagen sin el culto que merece, y el Pueblo todo de Acapulco sin los auxilios espirituales con que contaba, y de que tanto necesita; pues a causa de la penuria de los tiempos, y de las consecuencias de la funesta insurrección que lamentamos, tienen que oir Misa en la plaza pública, por no haber allí un templo en que puedan elevar sus votos al Altísimo con el recogimiento y decoro que es indispensable”.

La respuesta de la Corona llegará tarde, pues está fechada el 10 de Diciembre de 1819. No obstante, la devoción se impone. El 6 de Enero de 1820 es instalada la Imagen de Nuestra Señora de la Soledad, al terminarse la reconstrucción del Templo. Se cantó Misa Solemne, el Sermón lo predicó el Señor Cura D. Felipe Clavijo. Hubo salvas de artillería y repique de campanas, con asistencia del Ayuntamiento y de la población y del Gobernador D. Nicolás Gándara y de toda la oficialidad, así militar como de oficina; toda la tropa de la guarnición sobre las armas, hizo sus descargas de ordenanza. (Cfr. Revista “Catedral”, Chilapa. 20.Sept.1953).

Todavía para el 6 de Enero de 1821, conforme a los protocolos vigentes novohispanos, el Ayuntamiento de Acapulco en pleno, en cuerpo de Cabildo y bajo mazas de plata, asiste a la Misa de Función, de la Parroquia de Acapulco, siendo Alcalde Don José María Egeo.

En 1821, Consumación de la Independencia. El concierto de naciones comienza a reconocer la existencia de un nuevo país: México. Comienza un nuevo proceso que fastidiará la consolidación de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, y todos los asuntos eclesiásticos: la cuestión del Patronato.

Todavía para el 20 de Febrero de 1822, Don Vicente Garbiso por el vecindario de Acapulco, pide a Su Alteza Serenísima, Don Agustín de Iturbide, se digne ratificar la Real aprobación de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, y mandar expedir a fabor de sus partes, la constancia o Rescripto necesario para conseguir el fin de sus Misas. Pero los tiempos son adversos, y la iniciativa fuera de lugar, el 22 de Febrero de 1822, la Regencia del Imperio Gobernadora Interina por falta de Emperador, decreta: Que se suspenda este asunto (la erección de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad en Acapulco) hasta que se resuelva sobre Patronato. Firma: José Domínguez. Al margen, una leyenda: Habilitado por el Imperio Mexicano para el año de 1821. Primero de su Independencia. Segundo sello, dice: Rúbrica. Habilitado por el Imperio Mexicano para el bienio de 1822 y 1823. Segundo y tercero de su independencia (AGN. Negocios Eclesiásticos. Justicia E. vol. 11, Exp. 1, f. 157).

 Así se queda la solicitud de la Cofradía, y con ello la devoción a la Virgen de la Soledad, pero no así la recién terminada Capilla, que pasará a ser en adelante el nuevo Templo Parroquial. Oficialmente, la guerra de Independencia termina en 1821, no así las revueltas, de modo que en 1830,  más de 100 sacerdotes son confinados al Castillo de San Diego por el Gobierno Republicano, para ser deportados después por vía marítima.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

LA INDEPENDENCIA EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR Y LA IGLESIA DE ACAPULCO




LA INDEPENDENCIA EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR Y LA IGLESIA DE ACAPULCO
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

Miguel Hidalgo, sacerdote católico (dato que muchos parecen olvidar en los ambientes oficialistas), figura real y mítica, marca la dinámica independentista. Hablar de la independencia es hablar de una historia recia, rica en logros materiales y espirituales, con figuras grandiosas, de elevada estatura moral y cultura católica. Es una historia que nos pertenece.
A propósito del Grito de independencia, y la postura de algunos pseudo intelectuales que sostienen en redes que no hay nada que celebrar, debemos recordar que el grito tiene una gran carga subversiva, de hecho se realizó en el contexto de una situación opresiva, no en tiempos de jauja, por eso no solo podemos, sino debemos preparar el verdadero grito de independencia: ¡Viva la Virgen de Guadalupe, Patrona de nuestra libertad! ¡Muera el mal gobierno!. Y no olvidemos que el grito lo dio un cura, y en una iglesia. La figura del cura revolucionario nunca ha dejado de estar presente en el imaginario popular.
En las elaboraciones simbólicas y psicológicas en las revueltas de independencia, tenían un papel primordial los curas del pueblo –quienes frecuentemente elaboraban los discursos a los insurgentes-. En general clero pobre, en la zona atendida por escasas parroquias sumidas en dificultades climáticas y geográficas. Clero tropical con tenue presencia, falto de aprecio y con relativo abandono de las poblaciones en prácticas rituales a veces ajenas a la ortodoxia católica.
La costa del mar del sur o de Acapulco, estaba organizada eclesiásticamente en distintas diócesis: Tlaxcala-Puebla y Oaxaca para la Costa Chica; arzobispado de México para el puerto de Acapulco; Valladolid para la Costa Grande.
Costa Grande: en 1810 había sólo cuatro párrocos (Atoyac, Tecpan, Petatlán y Coahuayutla. Sólo el de Petatlán tenía Vicario total cinco clérigos. Ninguno con papel destacado. Mariano Salgado de Coahuayutla y Manuel Díaz de Petatlán participaron como electores en el Congreso de Chilpancingo en 1813. El P. Terán de Tecpan fungió como Capellán de los insurgentes en 1811. Miguel Gómez de Petatlán fungió como confesor de Morelos hasta su ejecución en 1813. El único que tomó las armas fue José Soria interno de Petatlán en 1811 parece llegó a ostentar el grado de coronel.
Costa Chica: opuso más resistencia a los insurgentes. El cura de Ayutla Carlos Márquez y José Torreblanca cura de San Luis Acatlán fueron hechos prisioneros por predicar contra los insurgentes el segundo obligado a fungir como capellán.

El puerto de Acapulco: En 1810 había cinco sacerdotes quienes apoyaron la causa de forma modesta. Sólo uno de ellos se distinguió: el fraile agustino Pedro Ramírez. Este suplió la muerte del párroco Juan José Villanisán y la indisposición del sucesor José María de la Torre. El informe que dejó el mismo por escrito –actualmente en el Archivo General de la Nación- habla de una situación caótica con gran falta de irreverencia hacia los clérigos y la liturgia. Cuatro atendían el hospital de los Hipólitos.
En una espléndida entrevista al Profesor de Oxford, John H. Elliott, publicada en el número 137 de la Revista Letras Libres, le preguntan: “¿Que Hidalgo y Morelos hayan sido sacerdotes católicos es en verdad importante?... En cuanto al papel de los curas y la gran insurrección de Hidalgo y Morelos, el hecho de que fueran sacerdotes fue importantísimo. La religión rural tenía mucha fuerza y estos curas eran muy cercanos a sus feligreses, conocían bien a los campesinos y su mundo. Hidalgo acertó al proclamar su rebelión bajo el estandarte de la Virgen de Guadalupe, elevando así una guerra al mismo tiempo santa y patriótica; movilizó grupos muy distintos dentro de la sociedad del Bajío, el norte de México, a algunos criollos, a muchos indios y mestizos también, a los pobres”…
Los clérigos de la época conocían todos el “Itinerario para párrocos de indios”, donde se lee que los clérigos pueden lícitamente tomar las armas “cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de la república”. Y bajo esta premisa fue la participación consciente y decidida de muchos de ellos, principalmente, cuando Hidalgo Comisiona a Morelos para la conquista del sur, especialmente del puerto de Acapulco. La convicción del Cura Morelos por la Independencia era tan profunda, que se inscribía más allá de su oficio, y él mismo lo escribe a propósito de la famosa encomienda que recibe: “Siempre conté con la justicia de la causa, en que habría entrado, aunque no hubiera sido sacerdote”.
Así mismo, en este estado general de las cosas, surgirá con fuerza la incontenible devoción guadalupana. Ya que la fe nace de la predicación, en el caso del guadalupanismo particular de la Costa del Mar del Sur, tuvo a un entusiasta promotor: Don José María Morelos y Pavón, quien debe ser tenido como “Apóstol guadalupano del Estado de Guerrero”.
El 16 de marzo de 1811 Morelos con sus tropas se apoderan de Tecpan y el 18 de Abril decreta el establecimiento de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan… Toda persona, a manera de identidad, a la pregunta: “¿Quién vive?”, debería responder entonces: “La América”, “La Virgen de Guadalupe”. El 11 de Marzo de 1813, la Proclama de Ometepec, en la que manda que en todos los pueblos celebren misa el día 12 de cada mes y que el mismo día los vecinos de los pueblos expongan la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casa… deverá todo hombre generalmente de diez años arriba traer en el sombrero la cucarda de los colores nacionales, esto es, de azul y blanco, una divisa de listón, lienzo o papel, en que declara ser devoto de Guadalupe, soldado y defensor de su culto, y al mismo tiempo defensor de la religión y su patria. Lo mismo promoverá, cuando en 1813, en la ciudad de Chilpancingo se instaló el Congreso de Anáhuac, y proclama a María Santísima de Guadalupe, Patrona de nuestra libertad, en el documento titulado: Los sentimientos de la Nación: “Que en la misma legislación se establezca por ley constitucional la celebración del día doce de diciembre en todos los pueblos, y la devoción mensual”.
Otros pseudo intelectuales más, han sostenido el supuesto fusilamiento de la Virgen de Guadalupe, dato meramente legendario, carente de sustento real, moralmente inverosímil en un pueblo altamente católico. Hoy eso si sería posible, en la actualidad, cuando abundad posiciones iconoclastas, ateas y anticatólicas de todo rubro. Pero no en ese siglo.
Por eso es importante que preparemos y realizamos correctamente el VERDADERO GRITO DE INDEPENDENCIA: ¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE, PATRONA DE NUESTRA LIBERTAD! ¡MUERA EL MAL GOBIERNO!

martes, 15 de enero de 2008

EL SIGLO XIX DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO: DE LOS SANTOS REYES A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD.

EL SIGLO XIX DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO, DE LOS SANTOS REYES A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Cabe abrir un espacio particular para tratar de determinar uno de los aspectos más importantes de la historia de la Parroquia de Acapulco.
Los titulares originales de la Parroquia de Acapulco, los que dieron nombre a la Parroquia original, y origen a la pretensión de la Ciudad y Puerto de Acapulco al uso del título pomposo de “Ciudad de los Reyes”, los SANTOS REYES MAGOS, se verán desplazados en el Siglo XIX, por una nueva denominación: NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD. ¿Cuáles son las razones? ¿Qué sucedió y en qué momento?
Parece ser que el cambio paulatino se va dando en el contexto de la revolución de Independencia, en medio de una lucha ideológica entre dos bandos encontrados.
Por una parte los REALISTAS, partidarios a ultranza de la conservación de la monarquía, que en el Siglo XIX provocarán el deseo por la Independencia de la Nueva España, ante las instituciones borbónicas, que se encontraban imbuidas de una mentalidad anticlerical, que logró entre otras cosas la expulsión de los jesuitas de todo el reino español, y que en términos religiosos expresaban su cultura católica en devociones como la Virgen de los Remedios (en la Ciudad de México); y serán los que proclaman a la Virgen de la Soledad como Patrona de las Tropas Realistas y del Puerto, el 8 de Diciembre de 1812, en presencia de la oficialidad y el vecindario, con toda la tropa sobre las armas. Ceremonia en la que el Gobernador interino de la Plaza D. Pedro Vélez, le puso a la Santísima Imagen de la Soledad, la Banda de General y un bastón en las manos con puño de oro. (Cfr. Revista “Catedral”, Chilapa, Gro. 20 de Septiembre de 1953, p. 74). Los actos incluyeron una procesión por las calles del puerto siendo escoltada la Sagrada Imagen de la Soledad por una guardia especial que rindió pleitesía de acuerdo con la ordenanza militar (Cfr. Tomás Oteiza, Acapulco, la ciudad de las naos de oriente y de las sirenas modernas, Ed. Diana, pp. 191-192).
Y por otra parte los INSURGENTES, partidarios de una autonomía de la colonia -de la Nueva España-, primero desde posturas que promovían la restauración en el trono de la dinastía de los Austria -más fiel a las directrices católicas-, y en un segundo momento promovieron la total independencia del país, y tomaron como bandera la devoción a la Virgen de Guadalupe.
El Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, quien el 20 de Octubre de 1810 recibe del Don Miguel Hidalgo y Costilla el encargo de insurreccionar la costa del sur, promoverá la devoción a la Guadalupana por todos los medios. El 11 de Marzo de 1813 proclama en Ometepec: “todos los mayores de diez años traigan en su sombrero la ‘cucarda’ y una cinta en la que se declare ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su religión y su patria... reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que, reconvenido por tercera vez, no usare de la cucarda nacional o no diese culto el 10 de Septiembre de 1811 castiga al puerto por su falta de colaboración con la lucha, ordena: QUE LA POBLACIÓN DEL MISMO PUERTO NOMBRADA CIUDAD DE LOS REYES, PIERDA POR AHORA ESTE NOMBRE...
En el medio de estas dos tendencias, se encontraba el pueblo llano de Acapulco, que nunca recibió con entusiasmo el movimiento de Independencia; pues Acapulco siempre ha vivido de los forasteros, y por lo tanto, romper el ritmo de la vida con una guerra -así fuera la más justa- significaba la ruina del comercio y el intercambio que ello conlleva.
Pero Acapulco era un pueblo católico, de manera que vivió con ambigüedad la lucha militar e ideológica que se venía encima. La lucha ideológica que incluía símbolos religiosos, en la que por un lado había una “Virgen de los realistas”, Nuestra Señora de la Soledad, y por el otro lado la “Virgen de los Insurgentes”, Nuestra Señora de Guadalupe.
Lo cierto es que en medio de esta refriega ideológica, los Santos Reyes perdieron lugar por partida triple: los REALISTAS, aunque defendían las instituciones monárquicas, provistos de ideologías más afines al anticlericalismo borbónico, y se sintieron más identificados en la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Y por otra parte los INSURGENTES, que propugnaban por la Independencia de la Nueva España, nada querían saber de Reyes, así fueran Santos u orientales no españoles. Y los ACAPULQUEÑOS, que impactados de alguna manera por la nueva propuesta de independencia, simplemente fueron dejando de lado a los Santos Reyes Magos; pero tampoco se sintieron totalmente identificados en la devoción a Nuestra Señora de la Soledad por el solo hecho de haber sido proclamada por los Realistas. No obstante, hasta la década de los sesenta del siglo XX, la fiesta de los Reyes Magos estaba fuertemente arraigada en el Puerto.
En este choque ideológico podemos encontrar, por una parte el origen del guadalupanismo tan acendrado de los acapulqueños, que se manifiesta con júbilo explosivo cada año, y por otra parte la poca o nula devoción existente en torno a Nuestra Señora de la Soledad, que incluso hasta hoy (2005), no ha sido confirmada formalmente como Patrona del nuevo ente eclesial que ha surgido de la anterior Iglesia Madre de Acapulco: primero la Diócesis y después la Arquidiócesis de Acapulco.
De cualquier manera, y con todo y la proclamación hecha de Nuestra Señora de la Soledad como Patrona de las Tropas Realistas y del Puerto en 1812, todavía para este tiempo no ocupaba el centro de la devoción del Puerto, pues para entronizarla se tuvo que ocupar una CAPILLA, no el centro del altar de la Parroquia, y la ceremonia final de entronización se tuvo que realizar todavía un 6 de Enero de 1820, en la Fiesta patronal de la Parroquia, la Fiesta de los Reyes Magos, aprovechando el concurso natural de las gentes a la Parroquia.
Otro dato curioso es, que la actual Imagen que preside el Templo Parroquial -hoy Sagrario-Catedral y Santuario Diocesano-, no fue la misma proclamada en aquél entonces y ceñida como Generala, tuvo que ser una imagen anterior cuyo paradero se desconoce, pues la Imagen actual primero fue elaborada la Cabeza, y posteriormente, el cuerpo.
El 17 de Marzo de 1841 se estrenó la Cabeza de la actual Imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco, conforme con un documento encontrado en la misma que trascribimos: “Esta cabeza se hizo en México, costó 30 pesos, Se estrenó el día 17 de Marzo de 1841. La bendijo el I. S. D. D. Manuel Posada y Garduño, primer Arzobispo mexicano. Fue hecha a solicitud del Lic. D. José María Gómez Daza, cura propio de esta Parroquia de Acapulco, a expensas de varias devotas señoras hijas de este Puerto, entre ellas Dña. Feliciana Indúa; Dña. Teodora Alen; y Dña. Eleuteria Tellechea. Siendo Prefecto D. Manuel Dublán; Comandante principal D. Tomás Moreno; Juez Primero de la Paz D. José Sierra y este mismo supliendo la mayordomía de la Virgen, por falta de propietario D. Pedro Bita. En este mismo día estrenó la Santísima Virgen un vestido de seda que costó 160 pesos, colectados por las mismas devotas en todo el vecindario” (Revista “Catedral”, Chilapa, Gro. 20 de Septiembre de 1953, pp. 73-74). Y será hasta 1943 cuando el Párroco de Acapulco Don Florentino Díaz, mandó que se le colocara Cuerpo a la actual Imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Acapulco. –antes solo era un busto colocado en un bastidor que sosteniendo el vestido simulaba un cuerpo-, encontrándosele en una cavidad ex profeso abierta, el documento que ya ha sido trascrito antes.
De cualquier manera, mentiríamos, si decimos que no se conocía y veneraba ya antes la advocación de Nuestra Señora de la Soledad, pues para el 21 de Octubre de 1743 encontramos la primera mención que se hace de la Virgen de la Soledad en Acapulco, en una copia del Inventario del Convento de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, Título de Santa María de Guía de la Ciudad y Puerto de Acapulco, formado por Fray Francisco de Santa Bárbara Guillén, Vicario; y que se encuentra en el Archivo del Museo de Antropología e Historia de México, Fondo Franciscano, Volumen 167, fols. 143-52. Firmado por: Fray Francisco de Santa Bárbara Guillén; Fray Juan Bautista Pinna; Miguel Ramírez, Síndico; José de Bidagaín; Francisco Anselmo Aguado; Francisco Monroy. En el dicho Inventario se da capítulo particular al: “ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD. Que contenía un cuadro de Nuestra Señora de la Soledad con su marco sobredorado, y es de tres varas y media. Contiene cuatro candeleros de cobre. Una Cruz de palo. Y un Ara de dicho altar.” Esta descripción se refiere a un altar lateral de la Iglesia del Convento, que estaba abierta al culto público, pero que no era la Parroquia. Una vara equivale 835 milímetros y 9 décimas. Cabe señalar que este Inventario no menciona la existencia de ninguna Imagen de Nuestra Señora de Guía, sino que indica que en el altar mayor presidía: “Una Imagen de bulto de vara y media de Nuestro Padre San Francisco con su Santísimo Cristo en la mano, de madera; una diadema de plata con su tornillo, pesa todo diez onzas; una mesita de China, que sirve al Santo de peana”...
¿Existió alguna imagen de los Reyes Magos? Es posible que no, o si la hubo, fue de tan baja calidad, que ni siquiera aparece mencionada, ni en los cronistas de los primeros siglos, ni en los posteriores inventarios de la Parroquia que han llegado hasta nosotros. El historiador Edmundo O’Gorman, en su libro “Destierro de sombras”, explica esto de alguna manera, indicando que en los siglos XVI y XVII no fue fácil poseer imágenes religiosas de gran calidad, en parte por el gran precio, y en parte las dificultades propias de inseguridad en estas tierras de la Nueva España.
Por otra parte cabría preguntarse: ¿Dónde quedó aquella bellísima Imagen de Nuestra Señora de Guía, de marfil, traída de las Islas Filipinas, y que aparece inventariada en el Convento Franciscano a finales del Siglo XVIII?