José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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martes, 20 de febrero de 2024

LA DEVOCION CUARESMAL A JESUS NAZARENO EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO

 


LA DEVOCION CUARESMAL A JESUS NAZARENO EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO

Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

 

         En nuestros días, una constante en la devoción popular de nuestra costa guerrerense, surge en torno a procesiones cuaresmales con imágenes de Jesús Nazareno, que están siendo retomadas en muchas parroquias de la Arquidiócesis de Acapulco.

         ¿Desde cuándo este pueblo guerrerense ha expresado esta devoción particular a las imágenes de Jesús Nazareno? ¿cuándo surge?

         Documentalmente, no se ha tenido oportunidad de dar una respuesta documentada a estas preguntas. Falta la difícil y tediosa investigación de archivos. Pero es un hecho innegable que nuestra costa está fuertemente imbuida de la devoción en torno a dos imágenes que imbrican la devoción a cristos en su pasión dolorosa, de costa a costa: Padre Jesús de Petatlán y el Santo Señor del Perdón de Igualapa.

         En nuestro auxilio viene ahora un interesante artículo presentado por Raffaele MORO ROMERO, del Centre d' Etudes Mexicaines et Centroamericaines, bajo el título: ¿UNA PRÁCTICA POCO VISIBLE? LA DEMANDA DE LIMOSNAS “INDÍGENA" EN LA NUEVA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII (ARZOBISPADO DE MÉXICO.

         En la que sale a relucir el tema de imágenes itinerantes de Jesús Nazareno, que podrían servir de importantes puntos para una posterior investigación sobre los orígenes de las devociones en torno a las imágenes costeñas antes señaladas. La popularidad actual de estas imágenes contrasta fuertemente con el olvido de que padecen en la historiografía.

         El artículo aborda el tema, desde la descripción y comentario de un cierto número de giras de colecta durante la época novohispana; la presentación de los actores humanos de las demandas; una reflexión sobre la movilidad de las imágenes sagradas; la influencia que tuvo la demanda itinerante en las relaciones intercomunitarias, donde aparece nuestra región costeña.

Las limosnas han sido también utilizadas para financiar la construcción de capillas y también de iglesias. Gracias a las giras de los demandantes (organizadores), las imágenes no han sido sólo veneradas en las iglesias o durante las procesiones citadinas, sino también durante los viajes que efectuaban. La demanda ha sido el medio que les ha permitido circular (bajo la forma de "peregrinas") a través las ciudades, los pueblos y las campañas de la Nueva España.

 

Los fieles que, de esta forma tomaban el camino, iban acompañados por mozos, y a veces por mujeres, los demandantes efectuaban giras que podían durar varios meses. Para inducir a la gente a dar la limosna, transportaban la imagen de la "peregrina" o "demandita" (una pequeña reproducción de la imagen "original" por la cual se recolectaba) al interior de un altar portátil. Además, disponían de objetos piadosos (pequeñas estampas, milagritos, rosarios) que "daban" a los donantes. En el transcurso de las giras, pedían la autorización para colectar a los curas de las diferentes localidades a donde iban. En esta ocasión, aquellos escribían en la vuelta de la licencia la fecha de llegada y el nombre del pueblo, circunstancia que permite reconstruir los itinerarios seguidos por los demandantes.

Esta práctica devocional, recibirá un duro embate bajo el cambio en la casa reinante española, al entrar los Borbones imbuidos por influencias protestantes; se trata del cambio de actitud de la Corona española en cuanto a las formas tradicionales de religiosidad, el contexto en el cual se origina la intervención de Revillagigedo, el virrey ilustrado por antonomasia, que empezó alrededor de 1770. Por encima de esta embestida, los demandantes y las "imágenes peregrinas" no desaparecieron del paisaje mexicano, a pesar incluso, de la pobreza generalizada de la población rural.

Uno de los rasgos principales de estas giras de los demandantes es la amplitud de su movilidad.  Aquí el autor menciona algunos casos de los demandantes de San Antonio venerado en San Francisco Quautitlisca (Tecamac) y de los demandantes de la Virgen de Guadalupe de la parroquia de Santa Ana (ciudad de México). En 1780, los primeros llegan hasta Pánuco, a más o menos 270 kilómetros de distancia (en línea recta). Por su parte, en mayo de 1794, los segundos llegan hasta Zumpango del Río, a lo largo del camino de Acapulco, a más de 200 kilómetros al sur de la ciudad de México.

Cabe decir aquí que, en esos siglos no era fácil para las comunidades, hacerse de imágenes religiosas, que eran más bien escasas y costosas, esto explica en parte el éxito de este tipo de imágenes que peregrinaban ampliamente.

 

EL CASO DE LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO.

 

(El Mapa es presentado por Raffaele MORO ROMERO, del Centre d' Etudes Mexicaines et Centroamericaines, en el artículo: ¿UNA PRÁCTICA POCO VISIBLE? LA DEMANDA DE LIMOSNAS “INDÍGENA" EN LA NUEVA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII (ARZOBISPADO DE MÉXICO.)

En 1799, los responsables de la cofradía de Jesús Nazareno de Petatlán, pueblo de la Costa Grande de Guerrero, pidieron la autorización de colectar limosna “en todos los lugares de la costa de Zacatula hasta Xicayan" (AGN, CRS, v. 27, exp. 9). Zacatula se encuentra al este de Lázaro Cárdenas y Xicayan está localizada en la Costa Chica, cerca de la frontera con el actual estado de Oaxaca. Zacatula pertenecía a la diócesis de Michoacán y Xicayan a la de Oaxaca. Los demandantes de Petatlán no se limitaban entonces a desplazarse al interior de la diócesis de México, si no que viajaban también a lo largo de la costa por centenares de kilómetros. El factor geográfico —la costa como espacio de desplazamiento— se revela más fuerte que los límites jurisdiccionales.

A pesar de los pocos datos que se poseen sobre como los demandantes (organizadores) ejercían su actividad, es muy probable que, debido a su estatus no eclesiástico, éstos se hayan limitado a recitar oraciones (responsos) en honor de las "imágenes peregrinas" que transportaban y a narrar las historias de los milagros que las imágenes originales habían cumplido (esto vale sobre todo para los demandantes de grandes santuarios). En el caso de los individuos que han trabajado por mucho tiempo como demandantes, es muy probable que la práctica les haya incitado a elaborar combinaciones de palabras y de gestos capaces de estimular la devoción hacia las imágenes que "acompañaban". Sin faltar, claro está, abusos deshonestos en todo caso, asociados a la colecta. “Ellos fingen milagros, aparentan indulgencias, suponen reliquias, reciben limosnas de misas y finalmente usan de otras supercherías y artificios para alucinar a la gente incauta” (AGN, CRS, v. 116, exp. 13, f. 190, 192r-v, marzo de 1793).

El culto de las imágenes sagradas tiene una importancia fundamental para el catolicismo de todos los tiempos, a la vez por su valor pedagógico y por su carga emocional. Así, las imágenes sagradas permiten a los fieles vivir de manera intensa, casi física, la relación con lo sobrenatural. Lejos de la supuesta idolatría, cuando va acompañada de una intensa y profunda evangelización.

Sobre todo, la capacidad de las imágenes de proteger a las comunidades de los peligros que amenazaban a los individuos y las colectividades. Las imágenes sagradas eran de alguna manera el eje alrededor del cual giraba la mayoría de los rituales: ceremonias litúrgicas, fiestas y actividades de las cofradías. Su presencia se volvía particularmente fuerte en los momentos críticos tales como sequías, epidemias, terremotos o inundaciones.

Ante esto, el insigne y bien recordado párroco de Petatlán se preguntaba: ¿Porqué nuestro Estado de Guerrero hace girar su devoción en torno a tres imágenes de la pasión? Se refería en uno de sus apuntes personales al Divino Redentor de Alzozauca, al Santo Señor del Perdón de Igualapa, y al Padre Jesús de Petatlán. Sin duda por el interminable viacrucis que ha vivido nuestra patria guerrerense, en la cual, el pueblo fiel, en su pasión, se siente identificado con el sufrimiento y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Pero también sostenía la tesis de la superposición de cultos, con la finalidad de borrar de los pueblos, el culto sangriento de los ídolos.


Las imágenes sagradas siendo consideradas como dotadas de vida eran por lo tanto capaces de llorar, sangrar, moverse y también de "renovarse". Las imágenes que cambiaban de lugar señalaban de esta manera que no estaban satisfechas del culto que se le rendía o del lugar donde se encontraban. Más en general la movilidad de las imágenes estaba presente en muchos rituales: procesiones, peregrinaciones durante las cuales los habitantes de una comunidad transportaban las imágenes en visitas periódicas de las comunidades vecinas al fin de rendirles homenajes durante sus fiestas. Se podría casi decir que los fieles tenían la necesidad de ver las imágenes sagradas. Muy a pesar de la cólera en la que montaban algunos curas ante esta religiosidad muy ingenua.

Daniele Dehouve en su historia de las comunidades indígenas de Guerrero (Entre el caimán y el jaguar. Los pueblos indios de Guerrero, México, CIESAS, 1994, 210 p., p. 162), hace mención de una leyenda de aparición de un santo en un pueblo, difundida hasta hoy en Guerrero, es la de la imagen que, al pasar en un lugar se pone pesada [...] Esa leyenda es típica del camino Real y se encuentra en muchos de los pueblos indios o mestizos que se encuentran cerca de él.

La difusión de esta leyenda en los pueblos cercanos al camino de Acapulco se debe muy probablemente al hecho que estas localidades eran visitadas regularmente por los demandantes (mendicantes y laicos) que se encaminaban a Acapulco en ocasión de la feria que se celebraba luego de la llegada de la Nao de China, transportando en muchos casos una imagen "peregrina". Además de esto, es muy probable que los curas y los frailes instalados en estos pueblos hayan conscientemente difundido la historia de la imagen viajera que se vuelve pesada. Por estas razones los habitantes de los pueblos cercanos al camino de Acapulco han sido “propensos” a adoptar este relato para explicar los orígenes de sus “santos”. Daniele Dehouve ha analizado más en detalle el caso de San Nicolás Tolentino de Zitlala.

Además de la leyenda de la estatua que se vuelve pesada, los habitantes de los pueblos cercanos al camino de Acapulco pudieron también asociar las "peregrinas" al mito prehispánico de la migración originaria de una población bajo la dirección de su dios protector. Numerosos códices pintados en diferentes regiones de México poco después de la Conquista muestran a un grupo de migrantes encabezados por cuatro teomama (portador de dios) que llevan en sus hombros el tlaquimilolli (paquete ceremonial) divino. Después de haber viajado durante varios años y haberse parado en diferentes lugares, un día, a través de una señal prodigiosa, la divinidad había hecho saber a su pueblo que había(n) llegado donde podía(n) instalarse. Las semejanzas entre los teomama y los demandantes, y entre el tlaquimilolli y la imagen “peregrina” han probablemente incitado a los habitantes de algunas comunidades a “mezclar” los mitos sobre sus migraciones originarias con los relatos de los viajes de los santos católicos. Por todo esto, para la memoria colectiva de las comunidades, esta práctica venía de un tiempo que se confundía prácticamente con sus orígenes prehispánicos. Por esto se habla de traspolación de cultos.

Para el final de sus apuntes, Raffaele MORO ROMERO, ilustra tres ejemplos que sugieren, sin embargo, que la represión de la demanda itinerante por el gobierno ilustrado borbónico,

no parece haber sido suficiente para cortar los lazos tejidos por los viajes de los demandantes. El primer ejemplo es el de los demandantes de Jesús Nazareno de Petatlán, en la hoy Costa Grande de Guerrero, que, en el siglo XVIII, viajaban regularmente hasta Xicayan, a más de trescientos kilómetros de distancia. El segundo es el de los viajes realizados a lo largo de la costa por los demandantes de San Nicolás Tolentino de Zitlala. Ahora bien, como ya se ha dicho, todavía al principio de los años 1940 los habitantes de Petatlán iban en "peregrinación" a Igualapa, cerca de Xicayan y aún en la segunda mitad del siglo XX los habitantes de dos pueblos costeños iban en peregrinación hasta Zitlala. Como vemos, en el caso de Petatlán los viajes de los demandantes se habían transformado en una peregrinación comunitaria, y en el caso de Zitlala los viajes de los demandantes hicieron nacer una tradición "externa" de peregrinación. La transformación de la demanda en peregrinación se debe muy probablemente al hecho que la duración anual del cargo de demandante hacía que cada año diferentes personas viajaban al lado de la "peregrina" de Jesús Nazareno venerada en Petatlán. Esta experiencia compartida favoreció la transformación de los viajes de los demandantes de Petatlán en peregrinación comunitaria, una vez que la ofensiva ilustrada había logrado fragilizar la práctica de la demanda. En el caso de la demanda de Zitlala, la peregrinación de los costeños, que es anterior a la represión de la demanda, testimonia de la fuerza de los lazos que esta práctica pudo crear entre los pueblos "receptores" y las comunidades que enviaban las "peregrinas".

Las imágenes del Cristo no son solo capaces de mover a las comunidades, sino también conmover el corazón y las conciencias (conversión), recordemos el caso de la gran maestra de oración Santa Teresa de Jesús, quien fue precisamente en una cuaresma cuando experimenta vivamente la conversión, “ante una imagen de Cristo muy llagada”, que le hace exclamar: “Sólo pido que le miren”.




lunes, 25 de enero de 2021

CUADRO DE PARROQUIAS DEL SIGLO XVIII EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO



CONCURRENCIA ANIVERSARIOS EN 2019
PARROQUIAS DEL SIGLO XVIII EN LA
COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO

1720 Parroquia San Miguel Arcángel.
Coyuca (hoy de Benítez).
         301 aniversario.

1720 San Pedro Cacahuatepec, “el pueblo”, en el municipio de Acapulco.
Efímera, suprimida en 1800 por no ser “congrua”.

1738 Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Juan Antonio Vizarrón y Eguarrieta a la Parroquia de Acapulco;

1767 Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Antonio de Lorenzana a la Parroquia de Acapulco.

1773 Convento de Nuestra Señora de Guía de Acapulco cambia de propietarios, pasando de la Observancia franciscana a la Orden Hospitalaria de los Hipólitos o Hermanos de la Caridad.

1777 Parroquia San Nicolás Soyatlán.
         Efímera, hoy es pueblo de la jurisdicción de Marquelia.

1791 Parroquia San Miguel Arcángel Azoyú.
300 años.

1795 Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Alonso Núñez de Haro a la Parroquia de Acapulco.

1799 Rey de España Carlos IV, a solicitud del vecindario, confirma el título que Acapulco ya venía usando, de “Ciudad de los Reyes”, con protocolo firmado en el Palacio de San Lorenzo de El Escorial.

222 años con el título de ciudad.

PARROQUIAS DEL SIGLO XVIII EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO


PARROQUIAS DEL SIGLO XVIII
 EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         La gran mayoría de referencias a este siglo, las encontramos en Peter Gerard, Descripciones Geographicas, obra publicada por la UNAM.

En 1720 tiene lugar la primera desmembración del territorio de la Parroquia de Acapulco, cuando San Miguel Arcángel, en Coyuca (hoy de Benítez) se transforma en parroquia secular separada, separándose algo más que un tercio del territorio parroquial. Igual sucedió con Cacaguatepec (Actualmente San Pedro Cacahuatepec, vulgo “el pueblo”, en el municipio de Acapulco) algunos años después. Esta última parroquia será suprimida en 1800 por no ser “congrua”.

 De forma que San Miguel Coyuca está cumpliendo en este 2021, 301 años.

En apuntes transcritos por Mons. Bello Ruiz, nos transmite que en este siglo XVIII tienen lugar Visitas Pastorales que los Arzobispos de México realizan al Puerto de Acapulco:
 1738 Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Juan Antonio Vizarrón y Eguarrieta;
 1767 Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Antonio de Lorenzana;
 1795 Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Alonso Núñez de Haro. 

Aunque encontramos la opinión contraria en la Consulta realizada a principios del Siglo XIX para la creación de un Obispado en la Costa del Mar del Sur o de Acapulco, documentos en Archivo General de la Nación.

Para el 21 de Octubre de 1743 encontramos la primera mención que se hace de la Virgen de la Soledad en Acapulco, en una copia del Inventario del Convento de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, Título de Santa María de Guía de la Ciudad y Puerto de Acapulco, formado por Fray Francisco de Santa Bárbara Guillén, Vicario; y que se encuentra en el Archivo del Museo de Antropología e Historia de México (Fondo Franciscano, Volumen 167, fols. 143-52). Firmado por: Fray Francisco de Santa Bárbara Guillén; Fray Juan Bautista Pinna; Miguel Ramírez, Síndico; José de Bidagaín; Francisco Anselmo Aguado; Francisco Monroy.

 En el dicho Inventario se da capítulo particular al: “ALTAR DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD. Que contenía un cuadro de Nuestra Señora de la Soledad con su marco sobredorado, y es de tres varas y media.

La Obra: Theatro Americano, a mediados del siglo XVIII nos dejará una descripción de Acapulco: “tiene Iglesia Parroquial con Cura clérigo y dos Vicarios, que ministran el pasto espiritual a su feligresía, y dos conventos, uno de San Francisco, y otro de San Hipólito, de la Caridad, que es Hospital Real”.

En 1773 el Convento de Nuestra Señora de Guía de Acapulco cambia de propietarios, pasando de la Observancia franciscana a la Orden Hospitalaria de los Hipólitos o Hermanos de la Caridad.

Para 1777, en la Alcaldía de Tlapa, encontramos parroquias adicionales entre ellas… San Nicolás Soyatlán, parroquia efímera, hoy es pueblo de la jurisdicción de Marquelia. Existen censos de dos parroquias, Coautepec y Ometepec, de 1777.

En 1791 se menciona una parroquia más, Azoyú. Que para este 2021 está cumpliendo 300 años.

Para Julio de 1794 el Gobernador Ramón de Horse, ordenó la demolición de la Parroquia de Acapulco, por encontrarse deteriorada a consecuencia de los sismos. (Alejandro Martínez Carvajal, Historia de Acapulco, S/E, Acapulco, 2005. p. 121).

En 1795 un fuerte temblor destruye la Capilla de San Nicolás de Tolentino, emplazada en la parte más alta de la actual Calle de La Quebrada.

El año 1799, el Rey de España Carlos IV, a solicitud del vecindario, confirma el título que Acapulco ya venía usando, de “Ciudad de los Reyes”, con protocolo firmado en el Palacio de San Lorenzo de El Escorial.

 Acapulco está cumpliendo 222 años con el título de ciudad en este 2021.

jueves, 14 de enero de 2021

CUADRO PARROQUIAS DEL SIGLO XVII COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO



CONCURRENCIA DE ANIVERSARIOS 2021
          PARROQUIAS DEL SIGLO XVII
COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO


1604 Parroquia San Miguel Arcángel Xochistlahuaca.
                  Diócesis de origen Antequera-Oaxaca.
                  417 años.

1606 Convento franciscano de Nuestra Señora de Guía en Acapulco.
                   Hoy desaparecido.
                   Provincia descalza franciscana de San Diego de México.

1610-1611  Visita Pastoral del Obispo de Tlaxcala Fray Alonso de la Mota y           Escobar O. P. a las Alcaldías Mayores de Igualapa y Tlapa.

           1611 Parroquia Santiago Cuauhtepec.
                  Diócesis de Origen Tlaxcala-Puebla.
                  410 años.

1617 Enero. Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Juan Pérez de la Serna a la Parroquia de Acapulco.

           1619 Parroquia San Agustín Coahuayutla.
                   Perteneció en los orígenes de la Diócesis de Acapulco.
                   Diócesis Tzintunzan-Valladolid-Morelia.
                   412 años.

          1611 Parroquia San Miguel Apuzahualcos.
                   Cercana a Atoyac, efímera.

           1632 Hospital de San Hipólito en Acapulco.


1634 Capillas en Acapulco: San José, San Nicolás, y Santa Cruz “Del Bosque”.

PARROQUIAS DEL SIGLO XVII EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO

Parroquia San Miguel Arcángel, Xochistlahuaca, Gro.

PARROQUIAS DEL SIGLO XVII DE LA IGLESIA DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

         Para el siglo XVII la Iglesia en la Costa del Mar del Sur o de Acapulco conocerá un modesto crecimiento.

En 1606 los padres Descalzos franciscanos de la Provincia de San Diego de México, inician la construcción del Convento de Nuestra Señora de Guía en Acapulco, de donde surgirá la vocación religiosa del Beato Bartolomé Días-Laurel. En el año de 1609 fue instituida la guardianía con título de Nuestra Señora de Guía hasta el año de 1614 cuando se fusionan todas las ramas de los franciscanos y los descalzos son absorbidos por los Menores.

Este siglo XVII conocerá al Beato Bartolomé Días-Laurel, quien ejerció su apostolado misionero como enfermero, catequista y servicial en México de 1617 a 1619; en Manila y su región, Filipinas, de 1620 a 1623; y en Nagasaki, Japón, de 1623 hasta el momento de su muerte en 1627.

En Enero de 1617 tiene lugar la Visita Pastoral del Arzobispo de México Don Juan Pérez de la Serna a la Parroquia de Acapulco, siendo éste el Primer Arzobispo en Visitar el Puerto.

Mientras tanto, el 14 de Septiembre de 1627, el papa Urbano VIII procedía a la beatificación de los veintiséis Protomártires del Japón -entre los cuales San Felipe de Jesús- en la Patriarcal Basílica de San Pedro en Roma.

Para 1632 tiene lugar Fundación del Hospital de San Hipólito, situado por un cronista en el Barrio del Tecomate, en la actual Calle de 5 de Mayo.


       Sabemos que en 1634 la Parroquia de Acapulco tenía tres capillas sufragáneas en su territorio: la de San José, fundada en 1634 por el sargento de milicias Don Francisco Rincón y situada en la Calzada que conducía al Castillo. La de San Nicolás de Tolentino, emplazada en la parte alta de la actual calle de La Quebrada, y que fue derribada por un fuerte temblor en 1795. Y la Capilla de la Santa Cruz o “Del Bosque”, edificada frente a la tienda del español Don José de la Peña, en la Calle Real.

LA ALCALDIA MAYOR Y PROVINCIA DE ZACATULA. No presenta datos significativos para el Siglo XVII, lo que quiere decir que su realidad se conserva inalterada.

Para 1619 San Agustín Coaguayutla, se convirtió en nuevo centro parroquial; en 1619-1639 hubo un cura en San Miguel Apuzagualcos, hacienda próxima a Atoyac, pero diez años después se había retirado. Asunción Atoyac, visita de Tecpan por mucho tiempo, era parroquia aparte para 1684. Las parroquias pertenecían a la diócesis de Michoacán. Cabe recordar, que al crearse la Diócesis de Acapulco, San Agustín Coahuayutla perteneció a la Diócesis.

 De modo que en este 2021, la Parroquia de Coahuayutla cumple 402 años. Y Asunción Atoyac, cumple 337 años.

LA ALCALDIA MAYOR DE TLAPA: Al oeste, el curato de Xocutla se trasladó a Santiago Ayutla antes de 1611. Existía también una doctrina auxiliar basada en Santiago Coautepec (algunas veces en San Agustín Cuilutla). Los indios de Acatlan se trasladaron a San Luis, fuera de la jurisdicción, después de 1611.

De modo que en este año 2021, la parroquia de Santiago Apóstol Cuautepec, cumple 410 años.

LA ALCALDIA MAYOR Y PROVINCIA DE IGUALAPA. Las necesidades religiosos de la Provincia se vieron favorecidas con el establecimiento de un centro parroquial más próximo en San Miguel Suchistlaguaca (c. 1604).

 De manera que la Parroquia de San Miguel Arcángel Xochistlahuaca, para este 2021 está cumpliendo 417 años.

El obispo dominico de Tlaxcala, Mota y Escobar realizó Visita Pastoral en 1610-1611 (Fray Alonso de la Mota y Escobar. o. p. MEMORIALES DEL OBISPO DE TLAXCALA. UN RECORRIDO POR EL CENTRO DE MEXICO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVII. Introducción y notas: Alba González Jácome. SEP México, 1987, pp. 106-115), visitando: al Pueblo de Tlazcalixtlahuaca (Tlacochistlahuaca, 7.enero); San Luis (Antigua villa de S. Luis de los Yopes, 8.enero); el pueblo de Acatlán, el 11 de enero de 1611. Xuchitonala (13 Enero) pueblo, sujeto de Ayutla. Ayotlan. Cabecera (14 Enero).

sábado, 12 de septiembre de 2020

LA INDEPENDENCIA Y LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO.

LA INDEPENDENCIA Y LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO. Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

  La revolución de independencia es el movimiento social y político más importante de la historia de nuestra patria mexicana.

 Miguel Hidalgo, sacerdote católico (dato que muchos parecen olvidar en los ambientes oficialistas), figura real y mítica, marca la dinámica independentista. Hablar de la independencia es hablar de una historia recia, rica en logros materiales y espirituales, con figuras grandiosas, de elevada estatura moral y cultura católica.

 Es una historia que nos pertenece. Se ha escrito, y mucho, sobre la historia general pero en los últimos tiempos han tenido lugar excelentes trabajos de investigación en torno a las regiones, de los cuales presentamos estos apuntes de nuestra costa guerrerense, ahora ubicada en lo que es la Arquidiócesis de Acapulco. Particularmente retomamos apuntes elaborados en el volumen: “La Independencia en el Sur de México”, trabajo coordinado por Ana Carolina Ibarra, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que recomendamos ampliamente.

 Lo que hoy llamamos la costa de Guerrero fue una región decisiva para el movimiento insurgente. Como sabemos, desde sus primeras campañas Morelos se desplazó continuamente por estos lugares. En parte por el interés que tuvo el Puerto de Acapulco como objetivo, en parte por el gran apoyo que el caudillo recibió de las poblaciones sureñas.

 A pesar de que las poblaciones no eran precisamente “revolucionaras” –todo quieren menos revueltas quienes han vivido de la feria de la nao de China-. Recordemos que los insurgentes primero fueron realistas –luchaban por el Rey no contra el Rey- y al final dejaron de luchar porque se instauró un Rey en 1821: Iturbide.

 En panfletos que circularon en la costa se decía que el rey estaba escondido tierra adentro y que el señor Cura Morelos lo traería a gobernar. Desde entonces hasta el final de la lucha familias enteras de las región como la de los Bravo y la de los Galeana se unieron incondicionalmente a la insurgencia que algunos investigadores han dado en llamar “la revolución de los rancheros”, o sea de caciques-terratenientes cuyo objetivo era más bien: que cambie todo para que no cambie nada. La costa en masa se entregó a la insurgencia.

 A finales de 1810 Morelos había conquistado toda la costa “sin la más ligera resistencia” y logró tener presencia en ella hasta 1814 cuando el ejército español tuvo que realzar un enorme esfuerzo para abatir a los rebeldes. Se sabe que después de esa fecha, los costeños resistieron el domino realista mediante una guerra de guerrillas que logró sostener hasta el final a las menguadas fuerzas insurgentes. El ejército rebelde logró integrar la formación social costera, retomando el malestar generado en la estructura socio racial baja por los tributos y las alcabalas que generó un odio racial costeño contra los gachupines, con las ideas abstractas de los insurgentes.

 Cargas simbólicas y psicológicas en las que tenían un papel primordial los curas del pueblo –quienes frecuentemente elaboraban los discursos a los insurgentes-. La costa del mar del sur o de Acapulco, estaba organizada eclesiásticamente en distintas diócesis: Tlaxcala-Puebla y Oaxaca para la Costa Chica; arzobispado de México para el puerto de Acapulco; Valladolid para la Costa Grande. En general clero pobre, dada la complejidad que tuvo la recaudación del diezmo en la zona atendida por escasas parroquias sumidas en dificultades climáticas y geográficas. Clero tropical con tenue presencia, falta de aprecio y el relativo abandono de las poblaciones en prácticas rituales a veces ajenas a la ortodoxia católica.

 Costa Grande: en 1810 había sólo cuatro párrocos (Atoyac, Tecpan, Petatlán y Coahuayutla. Sólo el de Petatlán tenía Vicario total cinco clérigos. Ninguno con papel destacado. Mariano Salgado de Coahuayutla y Manuel Díaz de Petatlán participaron como electores en el Congreso de Chilpancingo en 1813. El P. Terán de Tecpan fungió como Capellán de los insurgentes en 1811. Miguel Gómez de Petatlán fungió como confesor de Morelos hasta su ejecución en 1813. El único que tomó las armas fue José Soria interno de Petatlán en 1811 parece llegó a ostentar el grado de coronel.

 Costa Chica: opuso más resistencia a los insurgentes. El cura de Ayutla Carlos Márquez y José Torreblanca cura de San Luis Acatlán fueron hechos prisioneros por predicar contra los insurgentes el segundo obligado a fungir como capellán.

 El puerto de Acapulco: En 1810 había cinco sacerdotes quienes apoyaron la causa de forma modesta. Sólo uno de ellos se distinguió: el fraile agustino Pedro Ramírez. Este suplió la muerte del párroco Juan José Villanisán y la indisposición del sucesor José María de la Torre. El informe que dejó el mismo por escrito –actualmente en el Archivo General de la Nación- habla de una situación caótica con gran falta de irreverencia hacia los clérigos y la liturgia. Cuatro atendían el hospital de los Hipólitos.

 En una espléndida entrevista al Profesor de Oxford, John H. Elliott, publicada en el número 137 de la Revista Letras Libres, le preguntan: “¿Que Hidalgo y Morelos hayan sido sacerdotes católicos es en verdad importante?... En cuanto al papel de los curas y la gran insurrección de Hidalgo y Morelos, el hecho de que fueran sacerdotes fue importantísimo. La religión rural tenía mucha fuerza y estos curas eran muy cercanos a sus feligreses, conocían bien a los campesinos y su mundo. Hidalgo acertó al proclamar su rebelión bajo el estandarte de la Virgen de Guadalupe, elevando así una guerra al mismo tiempo santa y patriótica; movilizó grupos muy distintos dentro de la sociedad del Bajío, el norte de México, a algunos criollos, a muchos indios y mestizos también, a los pobres”…

 Los clérigos de la época conocían todos el “Itinerario para párrocos de indios”, donde se lee que los clérigos pueden lícitamente tomar las armas “cuando hay alguna grave necesidad en utilidad grande de la república”. Y bajo esta premisa fue la participación consciente y decidida de muchos de ellos, principalmente, cuando Hidalgo Comisiona a Morelos para la conquista del sur, especialmente del puerto de Acapulco. La convicción del Cura Morelos por la Independencia era tan profunda, que se inscribía más allá de su oficio, y él mismo lo escribe a propósito de la famosa encomienda que recibe: “Siempre conté con la justicia de la causa, en que habría entrado, aunque no hubiera sido sacerdote”.

 Con sagacidad Morelos fue dominando el occidente del actual Estado de Guerrero y, en noviembre de 1810, desde el Aguacatillo escribió sus primeras providencias: cuidar los bienes de la Iglesia; no atacar con fuerzas inferiores al enemigo; castigar cualquier intento de guerra de castas y los pecados públicos; observar el escalafón militar por méritos, y obrar en armonía consultando en casos difíciles. Y por otra parte reiteró las disposiciones de Hidalgo: se establece nuevo gobierno en manos de los americanos, que o son todos los nacidos en Nueva España, sin distinciones de indios ni castas; se suprimen el tributo, la esclavitud, las cajas de comunidad, las deudas a peninsulares y el monopolio de la pólvora.

lunes, 4 de febrero de 2019

CUADRO DE PARROQUIAS DEL SIGLO XVI PROVINCIA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO

PARROQUIAS DEL SIGLO XVI
PROVINCIA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO

1530 Parroquia San Luis Rey de Francia.
San Luis-Acatlán-San Luis Acatlán.
Diócesis de origen Tlaxcala-Puebla.
589 años.

1545 Parroquia Nuestra Señora de la Soledad.
         Santos Reyes hasta agosto de 1838.
         Nuestra Señora de la soledad 1838.
         Acapulco
         Diócesis de Origen México-Tenochtitlán.
         474 años (181 años cambio título).

1550 Parroquia San Pedro Apóstol.
         Petatlán.
         Diócesis de origen Tzintzunzan-Valladolid-Morelia.
         469 años.

1553 Parroquia Santiago Apostol.
         Xocutla-Ayutla-Ayutla de los Libres.
Diócesis de Origen Tlaxcala-Puebla.
         466 años.

1568 Parroquia San Bartolomé Apóstol.
         Tecpan de Galeana.
         Diócesis de origen Tzintzunzan-Valladolid-Morelia.
         451 años.

1568 Parroquia Asunción de María
         Atoyac de Alvarez.
         Diócesis de origen Tzintzunzan-Valladolid-Morelia.
         451 años.

1570 Parroquia San Juan Bautista.
         Igualapa.
         Diócesis de Origen Antequera-Oaxaca
         449 años.

1570 Parroquia Santiago Apóstol
         Ometepec.
         Diócesis de origen Antequera-Oaxaca.

         449 años.

jueves, 23 de noviembre de 2017

FRAY JUAN BAUTISTA MOYA: PADRE DE LA IGLESIA EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO




FRAY JUAN BAUTISTA MOYA: PADRE DE LA IGLESIA EN LA COSTA DEL MAR DEL SUR O DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         La obra Americana Thebaida nos transmite el título de gloria de Fray Juan Bautista Moya: legítimo Padre, recordado por los indios, y venerado hoy como casi santo. Lo que hoy llamamos Costa Grande, era llamada en el siglo XVI costa del mar del sur o de Acapulco, y más específicamente, Provincia de Zacatula.
         ¿Qué impactaba de la vida de este venerable? La forma como se presentaba: “Sin más ajuar que los alimentos del espíritu, un breviario, una cruz y una disciplina, a pie y descalzo, sin admitir para el dilatado camino cosa alguna, fiando el sustento de la bolsa del Señor, despensa inagotable”.
         Su gran penitencia y mortificación personal con la que acompañaba su actividad evangelizadora, tuvo, en la Costa del Sur, su máxima expresión. Su hábito era de la más tosca tela que se podía encontrar, y a esto le agregaba el cilicio, con el cual se flagelaba, derramando su sangre. Esta púrpura vertida, fue como la sangre del Cordero con que ablandó los diamantinos corazones de los bárbaros tarascos y mexicanos de la Costa del Sur. Tanta sangre vertía, tan crueles eran los azotes, que los mismos indios, se suyo nada compasivos, le arrebataban de las manos el cilicio para que no siguiera mortificándose, para que se introdujera en sus venas la nobilísima sangre de Cristo crucificado.
         El hábito religioso, fue convertido en cilicio vivo, esto, conociendo lo ardiente de la Costa del Sur, procuró estrecharlo tanto, que a fuerza casi introducía en él su mortificado cuerpo. Siendo este de la más áspera jerga. Intolerable en la tierra caliente, donde más bien los suelen usar amplios y de tela delgada, para que el viento pueda refrescar los cuerpos.
         Es un suelo el de la Costa del Sur, que los montes vomitaban fuego, el medio lo habitaban fieros leones, y las faldas de las serranías las habitaban multiplicados venenosos animales. Al sumo calor que en aquellos lugares existía, quiso el Supremo Hacedor, añadirle para hacer más inhabitable aquél infierno. Una innumerable multitud de mosquitos, tantos y tan varios, que sólo los que han transitado por éste país, darán alguna noticia de su crecida muchedumbre, que llegan incluso a impedir la luz del sol, e impiden incluso que se pueda cultivar la tierra por ser tantos. Plagas de mosquitos que no impedían a Fray Juan Bautista Moya caminar por los parajes, soportando estoicamente el tormento, ofreciéndolo por las almas de los fieles. Incluso, en las soledades, ponía cruces, y se colocaba en ellas, para sentirse de aquél modo crucificado, y sentir los tormentos que padeció Cristo en el afrentoso leño.
         Era tanta su entrega, incansable caminar por esas tierras inclementes, los peñascos de aquél suelo, que recorría esos caminos descalzo, vino a quedar sin los extremos de los dedos de los pies y de las manos.
         Oración intensa, era la fuente de donde este Juan Bautista Moya sacaba sus fuerzas, con éxtasis y arrobamientos. Testigos dan fe, haberlo visto elevarse en oración profunda. Como compendio de su mucha oración mental, se dice que caminando o durmiendo, oraba. Agregando al Oficio (Liturgia de las Horas), innumerables jaculatorias, sobre todo invocando los dulces nombres de Jesús y de María, vivas saetas salían de aquél corazón abrasado de amor. Inmensa devoción era, como de esperarse, la manera con que celebraba la Santa Misa.
         Sólo un sentimiento expresó Fray Juan Bautista Moya a sus hermanos religiosos antes de morir: que no había merecido por sus culpas, que el Señor le concediese el haber entregado su vida en el servicio, pues sus continuos anhelos siempre habían sido derramar su sangre en el martirio por su amado. Dicho esto, puso su mejilla sobre su diestra, y recogido en oración, entregó en ósculo de paz su espíritu al Señor. Expiró como quien se duerme en un suave sueño, con tan grande sosiego, que por gran rato se dudó de su tránsito; pensando que era uno más de sus innumerables éxtasis o arrobos que experimentaba en su oración. Fue el día 20 de diciembre de 1567. Contaba de su dichosa edad cuando murió, 63 años. 46 años de religioso agustino. En olor de santidad, fue sepultado a escondidas, para evitar que el pueblo pudiera profanarlo.
         Venerable Padre Fray Juan Bautista Moya: asiduo en la meditación, exactísimo en la obediencia, admirable en la penitencia, sublime en la humildad, adictísimo en la práctica de la pobreza, estrictísimo en la observancia de la disciplina, purísimo en la castidad, perpetuo en la Caridad, Precursor rápido en la conversión de los indios, solícito y fecundo.