José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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jueves, 5 de mayo de 2011

EL VENERABLE AGUSTINO FRAY JUAN BAUTISTA MOYA, APOSTOL DE TIERRA CALIENTE.


EL VENERABLE FRAY JUAN BAUTISTA MOYA Y VALENZUELA, AGUSTINO. 
APÓSTOL DE TIERRA CALIENTE.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Juan Bautista Moya y Valenzuela, nació en Jaén, España, el 24 de Junio de 1504 y muere en Valladolid (hoy Morelia), Virreinato de Nueva España (actual Michoacán, México), el 20 de diciembre de 1567, a los pies de la Virgen del Socorro. Fue un fraile y misionero agustino español, reconocido por su labor evangelizadora en la región de la Tierra Caliente (concepto que no coincide, pues era más amplio en el siglo, con el concepto actual de Tierra Caliente). Es conocido por sus méritos milagrosos y religiosos como el “Apóstol de Tierra Caliente”. Estudió en el Convento agustino de Salamanca, donde realizó su noviciado de 1522 a 1523 profesando en la Navidad de éste último año y toma el nombre religioso de Juan Bautista. Obtuvo grados de filosofía y teología así como cátedras por oposición.Ungido Sacerdote en 1528.
Misionero a América en 1536, en un segundo grupo conformado por doce misioneros agustinos hacía la Nueva España, encabezados por Fray Francisco de la Cruz.
Bautista Moya es enviado hacia el sur de la Nueva España y se establece en la región que cubre las poblaciones de Chilapa y Tlapa (en el actual estado de Guerrero) que formaban parte de la Provincia de Puebla, aprendiendo el idioma Náhuatl. Recibe el nombramiento de Prior del Convento de agustinos de la Ciudad de México, cargo que deja en muy poco tiempo para trasladarse a la región de Tierra Caliente, en la provincia de Michoacán. Evangeliza en Guayangareo (después Valladolid, hoy Morelia), Tiripetío y Tacámbaro, Tuzantla, Huetamo, Turipécuaro (hoy San Lucas) y Pungarabato (hoy Ciudad Altamirano) en donde se establece para formar su centro de operaciones. Recorrió la Huacana, Atoyac, Tecpan, Petatlán, Zacatula y Coahuayutla. Recorrido este último, saliendo de Tacámbaro, que lo llevó hasta la costa de Zacatula (que abarca la actual Costa Grande del Estado de Guerrero) que, según Americana Thebaida, el Apóstol de Tierra Caliente realizó en dos años de 1538 a 1540.
Su piedad y su celo eran tan grandes, que todavía hoy se le recuerda con veneración, y ha sido abierta su causa de canonización por la Diócesis de Ciudad Altamirano, quien no obstante que el calor sofocante de muchos lugares era más que suficiente para agotarlo, daba a los pobres el escaso sustento que para él disponía por el goce que le causaba hacer una obra de caridad.

Entre sus actividades fue la inculcarles la fe a los pobladores de la región haciendo a un lado las prácticas de idolatría. Establecer a pobladores dispersos en lugares más adecuados para vivir. A su vez, levantó edificios que serían templos e iglesias y construcciones que albergarían a hospitales y escuelas. Permaneció en Pungarabato hasta 1567, año en que enferma y es trasladado a Valladolid (hoy Morelia) donde muere el día 20 de diciembre. Sus restos descansan en el Convento de la Orden de los Agustinos en la ciudad de Morelia, Michoacán.
Milagros: se le atribuyen a Bautista Moya una serie de actos milagrosos mientras éste se encaminaba en su labor evangelizadora. En Tacámbaro, al plantar un báculo de una rama seca asentó sus raíces, floreció y fructificó en en tan sólo unos minutos. En Pungarabato (hoy Ciudad Altamirano) enterró su báculo dentro del atrio de la iglesia, donde más tarde se construiría en ese mismo sitio la Cruz de Mayo, prometiendo que nunca se inundaría la población, dado al riesgo que representan las crecientes de los ríos Balsas y Cutzamala en tiempo de lluvias. En Coyuca de Catalán, mientras se celebraba una misa, Bautista Moya dejó su báculo junto a la entrada del templo e hizo enraizar una gran Parota, la cual fructificó y permaneció junto al templo por mucho tiempo. En esa misma población, cruzaría las crecidas aguas del río Balsas sobre un caimán hacia el otro lado donde realizaría una extremaunción.
En Zirándaro invitó a comer al encomendero y al ofrecerle unas pobres tortillas, que eran su alimento, las oprimió entre sus manos y salió sangre, y el fraile le dijo al encomendero: “Estas tortillas están hechas con sangre de indios pobres”.
Varias personas afirmaban haberlo visto en levitación, y que oficiaba misas en tres lugares distantes a la misma hora.

HORTUS EREMITARUM: UN IDEAL MISTICO. 

Desde que fundaron su orden mendicante, los agustinos consideraron que la vida eremítica sería su carácter más distintivo. El mismo nombre que tomaron, “ermitaños de San Agustín”, marcaba la vocación por la vida retirada, aunque muy pronto sus actividades en las ciudades los obligaron a convertir ese ideario en un mero recurso retórico. Sin embargo, el tema del eremitismo fue un tópico recurrente en la espiritualidad de esta Orden religiosa a lo largo de los siglos. De hecho el eremitismo fue la piedra de toque en las reformas que la orden sufrió a lo largo de los siglos XIV y XV, durante los cuales el retiro del mundo se asimilaba a la observancia, sin dejar de lado la actividad erudita y universitaria, pues consideraban que los estudios eran un elemento fundamental del espíritu de su patrono san Agustín.
Cuando los agustinos llegaron a la Nueva España reprodujeron en estas tierras ambas tendencias: la de carácter eremítico, representada por hombres como fray Juan Bautista Moya y fray Antonio de Roa, y la que insistía en promover los estudios, que tuvo su mayor defensor en fray Alonso de la Veracruz, uno de los fundadores de la Universidad de México y de varios colegios en la orden.
Ambas tendencias, sin embargo, resultaron afectadas por una peculiaridad del territorio novohispano: en él era muy difícil compaginar la vida contemplativa del ermitaño o del estudioso con la actividad misionera: “las mismas dificultades tuvo antiguamente nuestra religión para salir de las soledades al poblado, pareciéndoles que por el bien de otros no debían arriesgar el propio”. Por ello, en los primeros años de actividad de los misioneros agustinos terminó por imponerse la vida activa, aunque el gusto por las soledades produjo continuos brotes eremíticos entre ellos, al mismo tiempo que se volvía un tópico literario de sus cronistas hasta bien entrado el siglo XVIII.
La anacoresis individual se mencionó constantemente al hablar de los misioneros que se lanzaban a la evangelización de los indios de las sierras. Los agustinos se encargaron de misionar en territorios con una población muy dispersa, lo que les daba, según el cronista, las posibilidades de pasar solitarios largas temporadas. Así, tanto fray Antonio de Roa, evangelizador de la Sierra Alta, como fray Juan Bautista Moya, el apóstol de la tierra caliente de Michoacán, fueron considerados anacoretas por su biógrafo.
Para la Biografía de Fray Juan Bautista Moya, referencia obligada es la obra de fray Matías de Escobar, “Americana Tebaida, Vitas Patrum de los religiosos hermitaños de Nuestro Padre San Agustín de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, México”.
El término hortus eremitarum, hacía referencia a un contenido casi místico (que algunos estudiosos no dudarían en calificar de “milenarismo”), a imbuía a los misioneros del momento de la primera evangelización de un impulso evangelizador casi sobrenatural, que los hacía recorrer a pie grandes distancias, y a hablar del tema del desierto eremítico, habitado por el Demonio; la práctica de ayunos y oraciones para vencerlo permitía comparar a estos misioneros itinerantes con los anacoretas de las tebaidas primitivas. El tema era ciertamente un recurso retórico, pues para realizar sus trabajos misionales los religiosos necesitaban séquitos de cargadores, de intérpretes que les facilitaran el contacto con los pueblos aborígenes y de guías que los condujeran por los mejores caminos; el fraile real, que quería vivir temporadas en soledad, debió tener poco tiempo disponible para ello y una constante compañía. En la hagiografía de las crónicas era preciso, sin embargo, mostrar las hazañas personales de sus “padres fundadores” junto con su eremitismo individual, pues ello era prueba de la continuidad del ideario agustiniano en América.
En las tebaidas americanas agustinas no parece haber contradicción entre la vida activa de la evangelización y la vida contemplativa de los solitarios. El trabajo de los frailes en América se consideraba parte de la tarea de recuperar el paraíso perdido, edén habitado por frailes y por indios, y según tal concepción los religiosos fundaron sus pueblos.
En Michoacán, recién creada la provincia de San Nicolás Tolentino, que exaltaba por un lado la vida solitaria y por el otro los requisitos de participar en actividades comunitarias: las representaciones de los yermos (espacios no institucionalizados abiertos a la naturaleza) se encuentran enmarcadas por recintos cerrados e institucionales.
Durante la Edad Media, el claustro representaba un jardín cerrado, paraíso terrenal que servía para la contemplación y la oración. El pozo de agua que se encontraba en el centro de ese espacio, así como las plantas del huerto monacal, simbolizaban la fuente de donde salían los ríos de la gracia y las virtudes que adornaban la vida de los monjes. En contraste, el desierto eremítico, relacionado con la naturaleza salvaje e indómita, estaba en el extremo contrario del jardín monacal y su naturaleza domesticada. Mientras éste recordaba el locus amoenus, el otro se vinculaba con las meditaciones virgilianas y melancólicas del bosque sagrado (sacro bosco) donde el hombre confrontaba en la soledad su pequeñez con la grandeza divina manifestada en la naturaleza. Por otro lado, mientras que en los huertos la mano ordenadora del hombre estaba siempre presente y los productos eran obtenidos por el trabajo, en el yermo el hombre obtenía su alimento de la providencia, de cuya mano dependía en absoluto.
La tipología de las tebaidas novohispanas, en la que se representan espacios abiertos, fue al parecer la más socorrida. En ella aparece generalmente un paisaje desértico con escasa vegetación que representa la vida de austeridad y abandono de los placeres de los sentidos. A menudo en ese paisaje están representados los animales emblemáticos de la vida eremítica: el león, símbolo paradigmático de la fortaleza espiritual de los ermitaños; el ciervo, cuya habilidad para cazar serpientes en sus cuevas lo asocia con quienes luchan contra el maligno.
Hortus eremitarum es una lucha contra el Demonio y lo vencen; habla de la castidad triunfante sobre la lujuria, la tentación demoniaca es vencida por las labores de los frailes eremitas: la oración, actividad fundamental de la vida del religioso; la lectura de la Biblia, cuyo estudio exhaustivo formaba parte esencial de la espiritualidad de san Agustín; el trabajo manual, principal antídoto contra la acidia y recurso para no caer en tentación; la conversación espiritual esporádica como un medio de acercarse a Dios a través del prójimo, y la flagelación como instrumento para someter el cuerpo a los dictados del espíritu.
Los ermitaños restituían a la naturaleza su armonía primigenia, representada por la convivencia con esos seres salvajes.
El tema de las tebaidas agustinas estaba enmarcado por la construcción de esa Edad Dorada que se remitía a los primeros cuarenta años de la evangelización, etapa en que los religiosos vivieron como en los tiempos apostólicos, consagrados a la predicación y el eremitismo.

jueves, 19 de febrero de 2009

HISTORIA DE LA IGLESIA COSTA GRANDE

APUNTES PARA UNA HISTORIA DE IGLESIA EN LA REGION COSTA GRANDE DE LA ARQUIDIÓCESIS DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Desconocemos el origen del término Costa Grande, que puede estar referido al hecho de que supera en tamaño, importancia, y dotes, a la Región Costa Chica.
Civilmente, se llama Costa Grande a la franja costera del estado de Guerrero, comprendida entre el Puerto de Acapulco y el límite con el Estado de Michoacán, marcado por el Río Balsas. A la llegada de los españoles la región quedó comprendida en la provincia de Zacatula, con sede en la Villa de la Concepción de Zacatula, ubicada en la Costa, en las inmediaciones del Río Balsas.
Originalmente, a la creación de la Diócesis de Acapulco, toda la Costa Grande quedaba comprendida en ésta, pero, con la creación de la Diócesis de Ciudad Altamirano en 27 de Octubre de 1964, se desprenden de la Diócesis de Acapulco las parroquias de Zihuatanejo, la Unión y Coahuayutla.
Eclesiásticamente, en sus orígenes quedaba comprendida dentro del Obispado de Michoacán a partir de 1538 (primero con sede en Tzintzuntzan, sede original de Don Vasco de Quiroga –1538-1580-, después en Pátzcuaro y a partir de 1580 en Valladolid –hoy Morelia-), que tenía como límites en la Costa Grande con el Arzobispado de México el río de Coyuca.
Las primeras referencias históricas califican como doctrinas seculares (sedes encargadas a religiosos) a Concepción en Zacatula, San Pedro en Petatlán y Asunción en Tecpan. Para 1619 el Cura de Zacatula se traslada a San Agustín Coahuayutla, que se convirtió así en nuevo centro parroquial; en 1619-1639 hubo un cura en San Miguel Apuzahualcos, hacienda próxima a Atoyac, pero diez años después se había retirado. Asunción Atoyac, visita de Tecpan por mucho tiempo, era parroquia aparte para 1684.
La Primera Evangelización estuvo presidida en la Costa Grande fundamentalmente por los agustinos de la Provincia de San Nicolás de Tolentino con sede en Tzintzuntzán desde 1533; pero también le siguieron de cerca los franciscanos de la Provincia de San Pedro y San Pablo a partir de 1565, con sede en Valladolid, donde realizó su noviciado nuestro Beato Mártir acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel. La magnífica Crónica de la Provincia Agustiniana de Michoacán Americana Thebaida, terminada en 1740, por Fray Matías de Escobar, nos transmite datos históricos fieles de esta región en sus páginas. Insignes evangelizadores agustinos de esta costa, “senda del infierno”, donde “estaba el demonio en quieta y pacífica posesión”, que bien podrían ser llamados Padres de la Iglesia en la Costa Grande son: Fray Juan de San Román y Fray Diego de Chávez, posteriormente los venerables Fray Juan Bautista y Fray Francisco de Villafuerte.
En 1749, una orden real estableció que todas las parroquias regulares (en manos de religiosos) debían ser secularizadas (pasar al clero diocesano) a la muerte del fraile encargado.
Un excelente trabajo de novela histórica que recoge este momento, realizado magistralmente por Oscar Mazín, del Colegio de Michoacán, titulado Entre dos majestades, nos ubica bajo el episcopado de Don Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, Obispo de Michoacán entre 1758 y 1772, y nos presenta en la lista de Parroquias y doctrinas del Obispado a: Santiago de Zacatula, de la Alcaldía de Zacatula/León, con pueblo sujeto San Agustín Coahuayutla, de lengua náhuatl; Atoyac, de la misma alcaldía, sin pueblos sujetos, de lengua náhuatl; San Pedro Petatlán, de la misma alcaldía, sin pueblos sujetos, de lengua castellana.
Para 1720 tiene lugar la fundación de la Parroquia de San Miguel Arcángel en Coyuca de Benítez. (Peter Gherard, Geografía Histórica de la Nueva España 1519-1821, UNAM, México, 2000).
Para 1811, tiene lugar la fundación de la Parroquia de San Bartolomé Apóstol en Tecpan de Galeana, Gro.
De estos pocos datos se desprende pues que, la región, hasta el S. XVIII, era una periferia y muy lejos del apelativo de Grande con el que ahora se le conoce, como nos la describe Fray Matías de Escobar en su Americana Thebaida: ... “tierra más fresca de aguas por no ir tan profundos sus ríos, pero muy caliente, muy llena de mosquitos y otras mil ponzoñosas sabandijas; tierra tan áspera y desigual en sus suelos, que una sierras parece que abollan con sus puntas los cielos, en que parece elevan tanto para encender en el sol sus árboles; y otros que con sus profundidades tocan las puertas de los abismos, para que éstos les respondan con lenguas de fuego, tales son los ardores que se sienten, pues de los montes parece que bajan llamas, y de las profundas faldas, que suben fuegos, motivos porque es una tierra que no se trajina, ni los naturales buscan a los de afuera, porque se destiemplan con el frío, ni los de afuera comunican porque se abrasan con el fuego.” (p. 96).
En algo se vendrá un cambio cuando en el S. XIX se pasa a la creación del nuevo estado de Guerrero, por instancias del General Don Juan Alvarez, proceso que culminó el 27 de Octubre de 1849. Y posteriormente cuando se da lugar a la creación del Obispado de Chilapa, acto ejecutado el 8 de Marzo de 1864 en Iguala. A la creación de la nueva diócesis de Chilapa la región quedaba como sufragánea de la Foranía de Acapulco, conformada por Coyuca, Atoyac y Tecpan. Pero la vida cotidiana no daba mucho que desear, como nos transmite el Cura de Acapulco Don Pascual Apresa en su Directorio Parroquial de 1886: ... “en la mayor parte de la Costa Grande se encuentran ya amancebados o ya casados solamente por el civil; por qué sea tan poco lo que se junta por diezmos y primicias, y el por qué esté en una inmoralidad completa.
Parece que nada hubiera que agregar a esto, si cosas nuevas hubiera palpado en estos días en todo el rumbo de la Costa; pero permítaseme hablar con palabras claras: en Acapulco entregado a la embriaguez y a la desenvoltura: un San Jerónimo en donde no podía salir una joven sin que la bola de libertinos no la arrebatase para burlarla públicamente; un Atoyac y un Tecpan entregados de tal manera al ladronismo que los propietarios de fincas se vieron obligados a refugiarse a las poblaciones vecinas para salvar su vida; y lo que es más, lo ávidos de sangre que han estado estos pueblos, las pequeñas injurias las han castigado por su propia mano por la mutilación o la muerte, confirmando después sus venganzas, los aviados hasta acabarse familias enteras sin excepción de mujeres y niños.
Y en tanto desorden, encontrándome solo, visitando los pueblos de Atoyac, Tecpan y Petatlán, no me quedaba más consuelo que levantar las manos al Ser Eterno que nos mandara un remedio para tantos males; y ese Dios que no se hace sordo para quien de veras lo invoca no obstante mi indignidad nos manda la fiebre amarilla a Acapulco y Tecpan para que esos hombres que habían bebido como agua la indignidad la vomitaban a boca llena. Público ha sido que esta enfermedad les ha pegado principalmente a los forasteros y a los criollos que han observado una conducta pésima.
Comienza en segunda la revolución en Tecpan y Atoyac, y Dios Nuestro Señor supo sacar de los senos de su justicia hombres que vengasen sus injurias. Ya vimos con mucha frecuencia hombres que quitasen la vida por los filos de la espada a sus propios compañeros. Vinieron después fuerzas federales, ya se miraban los hombres de estos pueblos tirados en los campos de batalla, otros en duras prisiones y otros en fin con una compañía de fusileros mareando a su retaguardia con mi compañía para conducirlos al sepulcro. Diariamente se veían por espacio de dos meses; y todo esto me servía para otra cosa, más que para agradecer a la justicia del Señor, cada día más y más, pues tal vez unos pasan solamente por perversos, y puedo asegurar que ningún hombre de sentimientos religiosos, fue víctima de esta revolución. Alabemos a Dios Nuestro Señor y démosle las gracias de que ha sabido aplicar unas purgas tan saludables a la sociedad y ha sabido sacar la inmundicia del cuerpo social”.
La evangelización se consolidará lentamente con la creación de las nuevas parroquias:
1. 3 de Diciembre de 1901. Erección Canónica de la Parroquia de San Jerónimo, en el Poblado de San Jerónimo, Gro. por Ramón Ibarra y González, Obispo de Chilapa.
2. 3 de Noviembre de 1951. Erección Canónica de la Parroquia de San Luis Rey de Francia en el poblado de San Luis La Loma, Gro. por Leopoldo Díaz Escudero, Obispo de Chilapa.
3. 15 de Enero de 1962. Erección Canónica de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Las Mesas, Municipio de Petatlán, Gro. José Pilar Quezada Valdés, Obispo de Acapulco.
4. 20 de Diciembre de 1976. Erección Canónica de la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria en El Espinalillo, Gro. por Rafael Bello Ruiz, Obispo de Acapulco.
5. 29 de Junio de 1989. Erección Canónica de la Parroquia de San José Patriarca en Los Bajos del Ejido, Gro. por Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco.
6. 30 de Septiembre de 1992. Erección Canónica de la Parroquia del Espíritu Santo en San Jeronimito, Gro. por Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco.
7. 2 de Junio de 1994. Erección canónica de la Parroquia de San Pedro Apóstol en San Luis San Pedro, Gro. por Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco.
8. 1 de Enero de 1995. Erección Canónica de la Parroquia solidaria de San José y de la Virgen de Guadalupe en Pie de la Cuesta y Santo Domingo. Sede en Pie de la Cuesta, por Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco.
9. 1 de Diciembre de 1995. Erección Canónica de la Parroquia del Inmaculado Corazón de María en Papanoa, Gro. por Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco.
10. 24 de Enero del 2001. Erección Canónica de la Administración Parroquial de San Isidro Labrador en Los Bajos del Balsamar, Gro. por Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco.
11. 13 de Febrero del 2003. Erección Canónica de la Parroquia de Santa María de Guadalupe en El Paraíso, Municipio de Atoyac de Alvarez, Gro. Felipe Aguirre Franco, Arzobispo de Acapulco.
12. Hasta llegar a la Erección Canónica de la Parroquia de San Isidro Labrador en Zacualpan, Municipio de Atoyac de Alvarez, a realizarse próximamente.
También con la llegada en 1960 de comunidades religiosas en Petatlán, para apoyar la fundación de colegios; y en Tecpan de Galeana.

martes, 12 de febrero de 2008

RECORRIDO JUBILAR DE LA REINA DE LOS MARES 1

RECORRIDO JUBILAR DE LA REINA DE LOS MARES 1
COSTA GRANDE (DICIEMBRE 2007-ABRIL DE 2008)
Pbro. Juan Carlos Flores Rivas.

Con la finalidad de enmarcar los cincuenta años de la Reina de los Mares, dentro del Jubileo de la Diócesis de Acapulco, y para dar a conocer a todo el pueblo de Dios de la Costa guerrerense, a la Reina de los Mares, comenzó un recorrido de una réplica de la misma. Se trata de una reproducción al tamaño natural, en fibra de vidrio, de 2 y medio metros de alto, con un peso aproximado de 50 kilos.
El programa en un primer momento incluye en el recorrido por todas las Parroquias y el mayor numero de pueblos de la Region Pastoral Costa Grande y es como sigue:
1. Parroquia de San Luis Rey de Francia, en San Luis La Loma, Municipio de Tecpan de Galeana, Gro. Inició el recorrido el 14 de diciembre y culmino el 17 de diciembre de 2007, incluyendo los pueblos de El Llano, y la Colonia Guadalupe. Siendo recibida por el Párroco Don Miguel Angel Contreras Ontiveros.
2. Parroquia de San Pedro Apóstol, en San Luis San Pedro, Municipio de Tecpan de Galeana, Gro. Del 18 al 29 de Diciembre de 2007. Siendo recibida por el Párroco Don Angel Valente Vital.
3. Parroquia del Espíritu Santo, en San Jeronimito, Municipio de Petatlán, Gro. Del 29 de Diciembre de 2007 al 5 de Enero de 2008. Incluyendo los pueblos de La Soledad de Maciel, Barra de Potosí, Palos Blancos, y dos capillas en San Jeronimito: San Judas Tadeo y Santisima Trinidad-Acapulquito. Siendo recibida por el Párroco Don Gustavo Sánchez García.
4. Parroquia de San Pedro Apóstol, en Petatlán, Gro. Donde fue recibida el sábado 5 al medio día, en solemne concelebración Eucarística en el Santuario del Santo Señor de Petatlán, por Monseñor Juan Navarro Castellanos, Obispo Auxiliar de Acapulco, y el Párroco Emanuel Jesús Villalobos Luna. En esta parroquia estuvo del 5 al 11 de Enero de 2008.
5. Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en Las Mesas, Municipio de Petatlán, Gro. Del 12 al 19 de Enero de 2008. Donde fue recibida por el Párroco Don Mardonio Blanco Juárez, de la Confraternidad de Operarios del Reino de Cristo.
6. Administración Parroquial de San Isidro Labrador, en Bajos de Balsamar, Municipio de Tecpan de Galeana, Gro. Del 19 al 26 de Enero de 2008. Siendo recibida por el Administrador Parroquial Don Miguel Rodolfo Núñez Fernández.
7. Parroquia del Corazón Inmaculado de María, en Papanoa, Municipio de Tecpan de Galeana, Gro. Del 26 de Enero al 2 de Febrero de 2008. Donde fue recibida por el Párroco Don Rafael Paz Cantera, de la Confraternidad de Operarios del Reino de Cristo.
8. Parroquia de San Juan Bautista, en Tenexpa, Municipio de Tecpan de Galeana, Gro. Del 2 al 9 de Febrero de 2008. Donde fue recibida por el Párroco Don Serafín Casiano Salado.
9. Parroquia de San Bartolomé Apóstol, en Tecpan de Galeana, Gro. Del 9 al 16 de Febrero de 2008. Donde fue recibida por el Párroco Don Mariano Núñez Soberanis.
10. Parroquia de San Jerónimo, en San Jerónimo de Juárez, Gro. Del 16 al 23 de Febrero de 2008. donde será recibida por el Administrador Parroquial Don Rogaciano Zárate Brito.
11. Parroquia de la Asunción de María, en Atoyac de Alvarez, Gro. Del 23 de Febrero al 1 de Marzo de 2008. Donde será recibida por el Párroco y Vicario Episcopal para la Costa Grande Don Rafael Valencia González.
12. Parroquia de Santa María de Guadalupe, en El Paraíso, Municipio de Atoyac de Alvarez, Gro.
Del 1 al 8 de Marzo de 2008. Donde será recibida por el Párroco Don Salvador Salmerón Salmerón.
13. Parroquia de San Isidro Labrador, en Zacualpan, Municipio de Atoyac de Alvarez, Gro. Del 8 al 15 de Marzo de 2008. Donde será recibida por el Párroco Don Estanislado Rodríguez Chino.
14. Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria, en Espinalillo, Municipio de Coyuca de Benítez, Gro. Del 15 al 22 de Marzo de 2008. donde será recibida por el Párroco Don Cornelio Onofre Melo.
15. Parroquia de San Miguel Arcángel en Coyuca de Benítez, Gro. Del 22 al 29 de Marzo de 2008. Donde será recibida por el Párroco Don Juvenal Aponte González.
16. Parroquia de Santa María de Guadalupe, en Tepetixtla, Municipio de Coyuca de Benítez, Gro. Del 29 de Marzo al 5 de Abril de 2008. Donde será recibida por el Párroco Don Juan Rodríguez Cruz.
17. Parroquia de San José Patriarca, en Bajos del Ejido, Municipio de Coyuca de Benítez, Gro. Del 5 al 12 de Abril de 2008. Donde será recibida por el Párroco Don Aristeo Garibay Romero.

Posteriormente, en los meses de Abril a Agosto recorrerá la Costa Chica, en una segunda etapa del recorrido jubilar.

¡EN ACAPULCO, TODOS SOMOS JUAN DIEGO!
¡PORQUE SANTA MARÍA DE GUADALUPE, ES REINA DE LOS MARES!

jueves, 20 de diciembre de 2007

HACIA LOS 50 AÑOS DE LA REINA DE LOS MARES

INICIA RECORRIDO POR COSTA GRANDE LA REINA DE LOS MARES
Pbro. Juan Carlos Flores Rivas

En el marco del trienio de preparación al Jubileo de la diócesis en 2009, en junta ordinaria del Consejo Presbiteral se tomó nota a la indicación de que todos los aniversarios que coincidieran dentro de este importante jubileo, deberían insertarse pastoralmente.
Es el caso de la Reina de los Mares, la escultura de Santa María de Guadalupe que fue colocada en el fondo marino de Acapulco en el islote yermo de la Hierba Buena, frente a la Isla de La Roqueta, un 12 de diciembre de 1958, un mes justamente, antes de la erección canónica de la Diócesis. Esto quiere decir que primero llegó la Madre de Dios, y después llegó el primer Obispo de Acapulco.
La Reina de los Mares es una escultura en bronce, de la virgen Santa María de Guadalupe, de 2 metros y medio de alto, con un peso de 450 kilos. Colocada sobre un pedestal en forma de pirámide en el fondo marino.
Corresponde a una imagen votiva, es decir, que fue colocada como fruto de un voto de acción de gracias por favores recibidos, el 12 de diciembre de 1958.
El esbozo definitivo fue elaborado por el arquitecto Hector Mestre, y realizada la obra por el escultor Armando Quezada. Conjugando ambos en la escultura el más refinado clasicismo y al mismo tiempo el más religioso sentido de la modernidad, resultando una peculiar estilización de la imagen guadalupana, que permite que su volumen presente la menor resistencia a la fuerza tremenda de las corrientes marinas, así como evitar -en la medida de lo posible-, la adherencia de la fauna y la flora submarina: erizos, ostras, y algas marinas.
La imagen se modeló buscando la representación de una doncella indígena de rostro amable y sonriente, de manos juntas y en actitud orante, de bruñido manto y sin arabescos, y de una postura mística que resulta ser una imagen sin plural en la universal inconografía guadalupana.
Para el año 2002, ante el lamentable estado en que se encontraba la imagen, y en el marco del Año Jubilar para la Arquidiócesis de Acapulco por el 375 Aniversario del Martirio del Beato acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel, un amplio grupo de fieles entre los que participaron el Arzobispo de Acapulco Felipe Aguirre Franco, la Secretaria de Turismo del Estado de Guerrero Guadalupe Gómez Maganda, así como buzos de Acapulco y muchos ciudadanos, recuperaron la escultura creando una nueva con reformas realizada por el escultor Alberto Chessal. Bendecida por el Papa Juan Pablo II, durante la Canonización de San Juan Diego en la Basílica de Guadalupe.Y fue colocada nuevamente ante el Nuncio Apostólico en México Monseñor Giuseppe Bertello, y la Primera Autoridad Municipal, así como representantes del Gobierno del Estado de Guerrero.
Con motivo de los 50 años de la colocación de la primera Imagen, una réplica de la misma ha iniciado un nuevo recorrido de cuatro meses (diciembre 2007 a Abril de 2008) por la Costa grande, iniciando el 14 de Diciembre en San Luis La Loma; el 19 pasa a San Luis San Pedro; el 26 pasará a San Jeronimito y el 5 de Enero estará en el Santuario de Padre Jesús de Petatlán. Posteriormente recorrerá la Costa Chica (Abril-Agosto), y la zona pastoral Acapulco (Agosto-diciembre).
El motivo es reapropiarnos de uno de los símbolos de Acapulco, que ha marcado la vida espiritual del Puerto, y que ahora se proyecta sobre toda la Arquidiócesis.

jueves, 29 de noviembre de 2007

DESDE GUERRERO UNA HERMOSA MAÑANA 3

COSTA GRANDE:
PROVINCIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE.
Pbro. Juan Carlos flores Rivas.

Nos aproximamos cada ves más a las fiestas anuales en las que nuestra costa guerrerense celebra con regocijo las Apariciones de Santa María de Guadalupe al bienaventurado San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, feliz Acontecimiento Guadalupano, en el cual la costa guerrerense “en modo ninguno es menor entre todos los pueblos”, ya que ha tenido un lugar muy original en la devoción general Guadalupana en México.
El 16 de marzo de 1811 las tropas al mando del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón se apoderan de Tecpan –hoy de Galeana-, frustrados los intentos de apoderarse de Acapulco por una traición. Morelos se concentra en Tecpan, población que elevó al rango de Ciudad cabecera de Provincia, donde se hacen los primeros intentos de organizar un gobierno en las zonas dominadas por sus ejércitos. Hacia el 18 de Abril decreta el establecimiento de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan y la entrega de tierras a los pueblos. Marcándose con este hecho el despegue de la devoción Guadalupana en nuestra costa guerrerense, que se consolidará posteriormente con la Proclama de Ometepec del 11 de Marzo de 1813, que ya transcribimos en el artículo de la semana pasada en nuestro Mar Adentro con el título: Costa Chica Guadalupana. La Suprema Junta Nacional Americana adoptó en su sello, bajo el águila mexicana, la mención, con la iniciales en latín (NFTON=Non Fecit Taliter Omni Nationi), de que la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación. Los símbolos fundadores de nuestra nacionalidad quedaban hermanados. Toda persona, a manera de identidad, a la pregunta: “¿Quién vive?”, debería responder entonces: “La América”, “La Virgen de Guadalupe”.
Don José María Morelos y Pavón, creyente implacable, sacerdote de compañerismo solidario, genio militar y caudillo patriota, personalidad popular y gran sentido de justicia, de profunda religiosidad Guadalupana, sin duda alguna, se encuentra en el origen del entusiasmo Guadalupano de nuestra costa guerrerense, festivo, explosivo, lleno de entusiasmo y profundo.