José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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viernes, 24 de abril de 2009

LA CAUSA DE CANONIZACION DEL SIERVO DE DIOS MONSEÑOR JOSE PILAR QUEZADA VALDES, OBISPO Y CONFESOR.

LA CAUSA DE CANONIZACION DEL SIERVO DE DIOS MONSEÑOR JOSE PILAR QUEZADA VALDES, OBISPO Y CONFESOR.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Siervo de Dios, es el título que la Iglesia otorga a un fiel cristiano, que muere en olor (fama) de santidad, habiéndose realizado una primera investigación, en la que se concluye que nada obstruye el inicio de un Proceso de Canonización. Es como dar luz verde a un camino que lo llevará a los altares. Por el género de vida que llevó Monseñor José Pilar Quezada, y habiéndose realizado una primera investigación “de entrada”, con el consenso de la Santa Sede Apostólica, ha alcanzado ya ese título de SIERVO DE DIOS.
Un proceso de canonización, debe ser iniciado por el Obispo del lugar donde el Siervo de Dios murió. Para el caso de Monseñor Quezada, al Cardenal Arzobispo de Guadalajara, el Eminentísimo Señor Don Juan Sandoval Iñiguez, correspondía el honor. Pero, el Arzobispo de Acapulco Monseñor Rafael Bello Ruiz, previa consulta a sus diocesanos, pidió competencia de foro (el traslado de la Causa) a la Arquidiócesis de Guadalajara, y anuencia a la Congregación para las Causas de los Santos, de El Vaticano, para que en la Arquidiócesis de Acapulco, iniciara el Proceso de beatificación y canonización de Mons. JOSE PILAR QUEZADA VALDES, primer Obispo de Acapulco.
La Congregación para las Causas de los Santos, dio respuesta pronta con fecha del 30 junio de 1995; con la anuencia del Cardenal Arzobispo de Guadalajara. Con tal autorización, Monseñor Bello, proclamó con su firma la Circular 589, dirigida a sus diocesanos y que a la letra dice: “Con alegría y esperanza comunico a todo el Pueblo de Dios que la Congregación para las Causa de los Santos, ha tenido a bien conceder la gracia de iniciar en esta Arquidiócesis de Acapulco, el proceso de (beatificación) y canonización de Excmo. Sr. JOSE PILAR QUEZADA VALDÉS, primer Obispo de esta Iglesia Particular. Tengo la seguridad de que este acontecimiento será de abundantes gracias y bendiciones en el caminar de cada uno de ustedes, queridos hermanos en Cristo Jesús, a quienes pido iniciar un tiempo de especial oración, para pedir a nuestro Padre Dios, la gracia de poder tener nuestro primer santo, quien dedico todo su ministerio episcopal a favor de esta amada diócesis. Deseo pedir la colaboración de todas aquellas personas que pueden dar testimonio de la santidad de Mons. Quezada. Por medio de un escrito, puede hacer llegar a las Oficinas del Arzobispado dichos testimonios, así como documentos (cartas, etc.), que hayan recibido del Siervo de Dios Que la Santísima Virgen de Guadalupe siga protegiendo con su maternal protección a cada uno de ustedes. Acapulco, Gro. A 17 de junio de 1985 Sello episcopal + Rafael Bello Ruiz, Arzobispo de Acapulco. Marcelino Canales Rodríguez Pbro. Secretario”
Dados estos pasos, el Sr. Arzobispo constituye un primer Tribunal que llevara este proceso: Postulador: Pbro. Lic. Pedro Torres García; Juez: Pbro. Ángel Bustos Castillo; Teólogo: Pbro. Lic. José Jesús Mendoza Zaragoza; Notario: Pbro. Marcelino Canales Rodríguez; Promotor de Justicia: Pbro. Serafín Arzate Silva; Historiadores: Pbro. Blandino Bárcenas Agatón y C. P. José Guillermo Navarrete Magdaleno.
Se recabaron los datos particulares del Siervo de Dios, de su terruño, de su estancia en el Seminario donde él estudió, de las parroquias donde prestó sus servicios, y testimonios escritos de personas que en la Arquidiócesis de Guadalajara trataron a Monseñor Quezada Valdés. El señor Arzobispo Don Rafael Bello Ruiz, aprobó una oración para solicitar favores por intercesión del Siervo de Dios, Don José Pilar Quezada Valdés, esta se distribuyo a profusión entre esta porción del Pueblo de Dios que le toco apacentar.
Las Causas de Canonización son procesos lentos, pero permiten a la Iglesia alcanzar la certeza moral sobre la vida de un creyente, de modo que pueda ser propuesto ante todo el pueblo de Dios como modelo seguro de vida cristiana.
Para el 12 de Octubre del año 200, se constituye un nuevo Tribunal: Postulador es el Presbítero Lic. Juan Carlos Flores Rivas: Juez Delegado el PBro. Lic. Adolfo Silva Pita; Promotor de Justicia el Pbro. Blandino Bárcenas Agatón; Notario el Sr. Miguel Tello Marín; Censores Teólogos Pbro. Lic. José Jesús Mendoza Zaragoza y Pbro. Lic. Pedro Torres García; Perito en Historia y Archivística Pbro. Pedro Rumbo Alejandri.
Una cosa es cierta, que los santos se hacen en íntima amistad con otros santos, que la santidad es fruto de una fecunda vida comunitaria, en el pueblo de Dios, la Iglesia Santa y Católica. Y en el Caso del Siervo de Dios José Pilar Quezada Valdés, podemos ver por sus datos biográficos expuestos ampliamente en los artículos anteriores, que el Padre Quezada era hechura del Santo Párroco de Totatiche Cristóbal Magallanes Jara; pues fue conducido por él desde su infancia en el proceso de formación para el sacerdocio, cuidado, impulsado, animado en el celo apostólico, en el servicio ministerial, en la santificación, la pureza, y el encendido amor que signó el perfil sacerdotal del Señor Cura Magallanes, vivió y sintió vibrar dentro de sí la respuesta que convenía al servicio del honor de Dios y al bien de los hermanos. Es heredero fiel del Párroco mártir sacrificado por la fe. Tan íntima fue la relación del Padre José Pillar con el Señor Cura Magallanes, tan hondo el avenimiento y sentimiento en que enlazaron sus almas, que pudo conocer como nadie los pasos del Párroco Magallanes en el calvario que fue recorriendo día a día hasta llegar al altar del holocausto. El Señor cura Magallanes tuvo presentimiento de su sacrificio y el Padre José Pilar atisbó, entendió y estuvo midiendo los latidos que prenunciaban el desenlace sangriento. En su vida, el Señor Obispo José Pilar, llevaría consigo los destellos de aquél ejemplo, de aquellos consejos, de aquella sangre derramada por Cristo del Señor Cura Magallanes. Y es precisamente el Santo Cristóbal Magallanes Jara, quien dejó la nota más laudatoria de José Pilar, elogio expresado por ameritado Párroco víctima por el odio a la fe cristiana, y hoy incluido en el coro de los mártires aclamados por la Iglesia. Un Santo da cuenta, hace referencia de los fulgores de santidad que atisba, entonces, en uno de los alumnos de su modesta escuela parroquial: “… tengo el honor de rendir el siguiente informe acerca de la vida y costumbres (de José Pilar)… de costumbres cristianas y sencillas, … distinguiéndose por su aplicación y obediencia… cuando éste tenía diez u once años,… en los momentos en que los demás niños se ocupaban aún de jugar en las calles,…él hacía oración… quise hacer constar estas circunstancias a fin de que se vea que el joven Quezada no cedió en los tiempos más aciagos de la revolución. Respecto de su conducta, ha sido siempre ejemplar entre los estudiantes y en todo el pueblo, por su porte virtuoso y obediente, por la frecuencia en recibir casi diariamente los Santos Sacramentos y por sus modales siempre atentos y finos para con toda clase de personas; y porque siempre se le ha visto amante de la oración”. San Cristóbal Magallanes Jara, escribe esto en febrero de 1923.
Otro testimonio se lo debemos a San Agustín Caloca Cortés, testigo en el momento en que José Pilar se preparaba para recibir la ordenación presbiteral, escribe en abril de 1922: “tuve ocasión de tratar al interesado (José Pilar) por seis años como compañero de estudios… sabe que tenía buena fama como católico y de buenas costumbres; … que es estudioso, obediente, cumplido con sus deberes y con la frecuencia de Sacramentos… y cree que no hay ningún fin humano o inconveniente al solicitar la ordenación, sino al contrario, lo cree muy digno y que será buen sacerdote”.
Otros testimonios más se tienen levantados, listos para ser enviados a la Santa Sede, en esta Causa de Canonización.

EL SIERVO DE DIOS MONSEÑOR JOSE PILAR QUEZADA VALDES.

EL SIERVO DE DIOS MONSEÑOR JOSE PILAR QUEZADA VALDES.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

¿Quién era JOSÉ PILAR QUEZADA VALDÉS?
El 12 de octubre de 1900, a las 10 de la noche, vino al mundo un robusto primogénito de Teresa Valdés y Tiburcio Quezada, en la finca de Acaspoles, en las inmediaciones del pueblo de Totatiche, Estado de Jalisco. Tal ves como una santa premonición, que liga al Siervo de Dios, pues Acapulco y Acaspoles tienen la misma raíz náhuatl: Acatl=carrizo; y poloa=destruír.
A los 10 días de nacido fue llevado a bautizar a la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en Totatiche. Así consta en el Libro de Bautismos número 32, de hijos legítimos, página 160. El Acta, a la letra, dice:
“En la Parroquia de Totatiche, Jal. a veintiuno de octubre de 1900 mil novecientos, el Presbítero Román Aguilar, ministro de esta Parroquia, bautizó solemnemente, puso Santo Óleo y Sagrado Crisma a J. PILAR que nació el 12 del corriente en Acaspol. Es hijo legítimo de Tiburcio Quezada y Teresa Valdés; abuelos paternos: Domingo Quezada y Rufa Gaeta; abuelos maternos: Julio Valdés y Zeferina Ureña; padrinos: Tomas Gómez e Irinea Ramírez, a quienes dige sus obligaciones y parentesco espiritual. Y para constancia firmo: Román Aguilar. Una rúbrica.”
Don Tiburcio como buen ciudadano, llevó al Registro Civil a su hijo, según consta el Archivo del Registro Civil de Totatiche; en el Libro de Actas correspondiente al año de 1900, a foja 96 vuelta, y bajo el número 276, el día 22 de octubre de ese mismo año.
Las familias cristianas de nuestro México, por centenaria costumbre, confirmaban a sus hijos siendo pequeños. La familia Quezada Valdés no fue la excepción. En efecto, en la misma Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Totatiche, se encuentra un testimonio de San Cristóbal Magallanes, que fue Cura Párroco de ese lugar, que a la letra dice:
“Certifico: que en Libro numero 3 de Confirmaciones de esta Parroquia, en las que hizo el ilustrísimo y Reverendísimo Señor Obispo Pablo Pellet, en este lugar, el mes de octubre de 1901, al folio 15 vuelta, y bajo el numero 1062, se encuentra la de J. PILAR, hijo legitimo de Tiburcio Quezada y Teresa Valdés; fue su padrino Feliciano Ureña”.
Por el curriculum vitae que existe en su expediente, en la Curia Diocesana de Acapulco, sabemos que hizo Primera Comunión a los 8 años de edad, terminando así de recibir los Sacramentos de Iniciación Cristiana.
En cuanto a sus primeras letras y estudios primarios hay que decir que los realizo en la Escuela Primaria Parroquial, fundada en Totatiche por el Señor Cura, Mártir de Cristo Rey, San Cristóbal Magallanes, declarado santo por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo del Año Santo 2000.
Del propio Señor Cura Magallanes hay un valioso informe rendido al Doctor y Maestro Don Francisco Orozco y Jiménez, cuando el clérigo José Pilar Quezada solicitó el subdiaconado:
“El que esto escribe empezó a fijar en el niño Quezada, cuando éste tenía diez u once años, con motivo de haberlo encontrado en el Templo Parroquial, al pie del Sagrado Corazón, a las doce del día, por dos veces, acabando de salir de la escuela… y en el tiempo que el niño cursaba el segundo año escolar. Desde aquella época no se le perdió de vista, y como se le viera continuar bien sus estudios y en su conducta, el propio Párroco lo envíó a estudiar al Seminario Auxiliar de Colotlán, Zacatecas, en noviembre de 1913,… en donde permaneció el niño Quezada cinco meses … Vuelto a su pueblo natal, al lado de sus padres, el que esto escribe lo llamó a su lado, ocupándolo a veces a estudiar gramática, a veces en copiar algunos documentos, y las más veces en acompañarlo por los cerros y barrancas, huyendo de la persecución. Así transcurrieron algunos meses del año de 1914 y los primeros de 1915… el día primero de diciembre siguiente se abrió el primer año completo del Seminario Auxiliar en esta Parroquia de mi cargo, con la asistencia de siete alumnos más; aumentándo el año de 1916… y solamente quise hacer constar circunstancias, a de que que sea vea que el joven Quezada no cedió en los tiempos mas aciagos de la revolución”.
Y en otro párrafo añade:
“Respecto a su conducta ha sido siempre ejemplar entre los estudiantes y en todo el pueblo, por su conducta virtuosa y obediente, por la frecuencia en recibir casi diariamente los Santos Sacramentos y por sus modales atentos y finos con roda clase de personas; y porque siempre se le ha visto amante de la oración”.
Tres años de filosofía los hizo Auxiliar de Totatiche; Primero y Segundo de Teología (1919-1921) en el Seminario de San José, de la Perla Tapatía; y Tercero y Cuarto de Teología, así como Doctorado y Licenciatura, los realizó en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1921-1926).
Los tres títulos académicos fueron: el Doctorado en Teología y Derecho Canónico, y Licenciatura en Sagrada Escritura.
Su Ordenación Presbiteral tuvo lugar el 21 de diciembre de 1923. Le fue conseguida una Audiencia con el Papa Pío XI, y éste con cariño paterno le dio la infausta noticia de que su padre había muerto. Como buen sacerdote recibió la noticia con serenidad.
En plena persecución religiosa callista retornó a su Patria en julio de 1926.
Un primer destino para él fue el de Vicario Auxiliar de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, y profesor de algunas asignaturas en el Seminario Auxiliar de Totatiche.
Al ser sacrificado el Señor Cura Magallanes, le encomendaron la Parroquia del lugar, a la que sirvió con cuidados verdaderamente paternales hasta 1942. A partir de este año lo llamaron a colaborar al Seminario de San José en la Ciudad de Guadalajara; le encomiendan la Dirección Espiritual, profesor de algunas asignaturas, amén de Secretario de la Mitra.
En 1947 es nombrado Vicario Coadjutor del anciano Párroco de Zacoalco; en 1949 es trasladado, como Párroco, a San Andrés, antiguo suburbio de Guadalajara.
Aquí le sorprende la preconización como primer Obispo de la recién creada Diócesis de Acapulco.
ORDENACION EPISCOPAL DE MONSEÑOR QUEZADA.
Al día siguiente el 25 de enero, siguiendo el Pontifical Romano y utilizando la Misa Ritual de Ordenación Episcopal, y el Cardenal Garibi como celebrante principal, confiere la Ordenación Episcopal al Canónigo JOSE PILAR QUEZADA VALDÉS. Fueron co consagrantes: El Delegado Apostólico Don Luigi Raimondi, el Arzobispo Coadjutor ad personam del Cardenal Garibi, los obispos Alfonso Toríz Cobián, y Alfredo Galindo Mendoza, que tuvo a su cargo la homilía.
A propósito de la homilía, ésta versó sobre el significado de la divisa: In omnibus Christus = Chisto en todo (col. 3, 11).
Su divisa:
Monseñor Galindo, que conocía bien al recién Ordenado Obispo dijo que ese lema lo cumpliría en toda su labor pastoral. Y, en efecto, así fue.
El centro de su evangelización y catequesis, fue siempre cristo en todo.
Su Escudo:
La parte superior de su escudo estaba dividido en dos cantones.
El cantón diestro tiene una cruz, que simboliza a Cristo, objeto primario de su servicio pastoral, acorde con su divisa.
El cantón siniestro, tiene una estrella de cinco picos: simboliza a María, y en especial, bajo su advocación de Guadalupe, Estrella que guiaría su evangelización.
La parte inferior tiene a su derecha, sobre un promontorio de tierra, un faro para significar que quería que su Diócesis fuera Puerto de salvación.
En el centro el mar azul y a la derecha una palmera para indiciar la región costanera de 500 Kilómetros que tendría bajo sus cuidados.
Se le asigno como residencia provisional la Vicaria Fija del Sagrado Corazón de Jesús en el Fraccionamiento Costa Azul, donde permaneció algunos años, hasta que finalmente el clero cooperó para que comprara una casa en la calle Nao N. 4, en el Fraccionamiento Magallanes, donde finalmente vivió, hasta su retiro a Totatiche.
Una de las primeras providencias que tomó, ya como Obispo, fue la de nombrar a sus inmediatos colaboradores. Como no conocía a fondo a su presbiterio, pidió al mismo, sugerencias para estos nombramientos.
En base a ello, quedó como Vicario General el Señor Cura Don Jorge Parra Martínez, quien era Párroco de Nuestra Señora de la Soledad; Secretario: Juvenal Porcayo Uribe, quien era Vicario Fijo del Sagrado Corazón de Jesús, en el Fraccionamiento Costa Azul; Tesorero: Moisés Carmona, quien era Vicario Fijo de la Divina Providencia, en el Barrio de Dominguillo; Consultores los señores vicarios foráneos Gabriel Ocampo García, Justino Figueroa, Gregorio Bello y Alfonso Díaz Miranda.
Otra actividad que creyó primordial fue la fundación del Seminario, para el que eligió el título de el Buen Pastor, con la siguiente divisa: Spes mesis in semine est = la esperanza de la mies está en la semilla.
Esta institución comenzó su primer lectivo con 65 alumnos llegados de ambas costas y del propio puerto, el 1º de septiembre de 1959, pero oficialmente se inauguró un mes después, el 1º de octubre (Revista Seminario de Acapulco, N. 1, 1959).
El Seminario tuvo como primer Rector a Rafael Bello Ruiz; fungió como Padre Espiritual el Presbítero Antonio Jiménez Abarca; como Ecónomo el Presbítero Juvenal Porcayo Uribe; como confesores ordinarios Ángel Martínez Galeana y Jesús Jiménez Abarca; profesores de inglés y matemáticas los laicos Miguel de la Mora y Rafael Chávez Orozco, respectivamente, ambos fallecidos.
El plantel estuvo ubicado en una casa de tres plantas, propiedad del General Gilberto Limón, en una colina de la calle Horacio Nelson donde posteriormente estuvo el Hotel el Tropicano, en el Fraccionamiento Costa Azul.
Vistas las necesidades pastorales, creó en períodos cortos, nuevas parroquias, seis en el Puerto (1959 – 1963), y cuatro en la Costa Chica (1959 – 1962) (cfr. Archivo Diocesano, Quebrada N. 16 2ª planta).
Percibiendo las apremiantes necesidades de los indígenas mixtecos y amuzgos, fundó las misiones diocesanas de la Santa Cruz en La Concordia, del Municipio de Ayutla de Los Libres (mixtecos) en 1964, y casi diez años después, la de Nuestra Señora de Guadalupe, en Xochistlahuaca (amuzgos) (10 de mayo de 1972). Ambas, puestas bajo el cuidado de sus respectivos párrocos y de la Congregación de Misioneras Catequistas Guadalupanas del Espíritu Santo.
Después de ser ordenado Obispo en 1959, se dio a la tarea de impulsar la pastoral que ya había, a través de las Asociaciones piadosas, las hermandades, la Acción Católica; en su segunda Circular, se refiere a las vocaciones misioneras, ejercicios espirituales de su clero (Circular n. 4, 5.mayo.1959) Asociaciones de Sacerdotes Adoradores (Circular n. 5, 7.Mayo.1959); promovió las Ejercitaciones Por un Mundo Mejor , trayendo al Equipo Nacional a su Diócesis (Circular n. 8, 25.julio.1959); el 12 de septiembre de 1959 constituyó el Consejo Diocesano de la Legión de María, que recomienda se funde en cada una de las parroquias de su Diócesis.
Para mejor conocer a sus inmediatos colaboradores los párrocos, inició las llamadas “Visitas Pastorales”. En ellas platicaba con sus sacerdotes, revisaba los libros parroquiales, conversaba con los feligreses que deseaban entrevistarse con él, escuchaba sus inquietudes y, más de una vez, sus denuncias.
En los libros parroquiales, en especial en el Libro de Providencias Diocesanas, aparece con la leyenda: Visita Pastoral, su firma y el consabido Auto con su firma. Si lo creía conveniente, además de algunas alabanzas, aparecía alguna recomendación que creía oportuno consignar.
Entre tanto, hubo un acontecimiento de alcance universal, el Concilio Vaticano II, cuya primera etapa comenzó en octubre de 1962, y la clausura, en la cual estuvo nuestro señor Obispo, el 8 de diciembre de 1965.
Al volver del Concilio, no quiso que las constituciones, decretos y declaraciones fueran en su Diócesis letra muerta y se dio de lleno a la aplicación práctica de las mismas. Por eso dio impulso a organismos seglares, como la Acción Católica, el Movimiento Familiar Cristiano, Cursillos de Cristiandad, de donde por cierto salieron los primeros candidatos a lectores, acólitos y diáconos permanentes.
Ya para 1965, al crearse la Diócesis de Ciudad Altamirano, desmembrando de la de Acapulco, los municipios de Zihuatanejo, La Unión, y Coahuayutla; alguna explicación que nos dio, de por qué le habían quitado Zihuatanejo, era: para que Ciudad Altamirano tuviera salida al mar.
En 1968, siguiendo líneas trazadas por el Concilio Vaticano II, fundan las diócesis de Acapulco, Chilapa y Ciudad Altamirano un Equipo Regional de Pastoral. A raíz de una serie de conferencias que dio a los señores obispos el Canónigo francés Boulard, en 1970, la República se dividió en Regiones. Las tres diócesis del Estado de Guerrero formaron la Región Sur.
Creado el Equipo Regional de Pastoral, se pensó desde un principio que fuera eclesial, esto es, que conjuntara inicios, religiosas (sos) y sacerdotes.
Los obispos que lo iniciaron fueron: Monseñor Quezada, de Acapulco; Fidel Cortés Pérez, de Chilapa; y Juan Navarro Ramírez de Ciudad Altamirano.
Las reuniones del Equipo persisten hasta nuestros días, y se hacen alternando, ahora, en cada una de las cuatro diócesis.
Hay, de los primeros XX años de trabajo pastoral de conjunto, una SINTESIS HISTORICA elaborada por un miembro de este equipo, el Padre Humberto Cervantes, en la que se “presenta una visión panorámica de la región pastoral sur. ... Una breve reseña del Equipo Regional y mensajes a la Región Sur”. (Síntesis Histórica 1968-1988, abril de 1989, México).
En 1974 la Santa Sede le asignó un Obispo Auxiliar en la persona del Presbítero Doctor, Párroco de la Sagrada Familia, Don Rafael Bello Ruiz, quien le aligeró la carga pastoral.
Monseñor Quezada cumplió 75 años el 12 de Octubre de 1975, y conforme a la ley canónica (canon 401, 1) “El Obispo Diocesano que haya cumplido 75 años, se le ruega que presente la renuncia de su oficio al Sumo Pontífice”, presentó su renuncia, la que le fue aceptada el 1º de junio de 1976.
Después de haber servido a su Diócesis durante diecisiete años, seis meses y cinco días, hizo entrega de la misma, el 29 de junio de 1976, a su sucesor el Excelentísimo Señor Don. Rafael Bello Ruiz.
Monseñor Quezada, como Obispo Emérito, siguió viviendo en su casa de Nao n. 4 fraccionamiento Magallanes, hasta el 15 de junio de 1981, fecha en la que, el que el Padre Blandino Bárcenas Agatón y Ramón Celis Nevaire, lo trasladaron a su casa de Totatiche en una combi. Le acompañaba su hermana Guadalupe (+).
El Señor le llamó a gozar de la Pascua eterna el 25 de noviembre de 1985; sus restos esperan la resurrección universal, junto al sitio del Sagrado Corazón en la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Totatiche, que fuera su primera Parroquia.
Tenía, al morir, 85 años de edad, 62 de sacerdote, y 26 de obispo.
Por el género de vida que llevó, se ha introducido su Causa de Canonización, habiéndose solicitado la debida competencia de foro a Roma y a Guadalajara. Su proceso está en fase diocesana.