José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.

lunes, 25 de noviembre de 2019

14 DE FEBRERO DE 1909: LA GRAN TRAGEDIA DEL TEATRO FLORES. AÑO: 1909. Por Alfredo Hernández Fuentes



La gran tragedia del Teatro Flores
1909


Alfredo Hernández Fuentes




LA GRAN TRAGEDIA DEL TEATRO FLORES

AÑO: 1909

Por Alfredo Hernández Fuentes

Iniciaba el año 1909 en México con grandes expectativas para quienes deseaban ingresar por primera ocasión a la política, ya que supuestamente se realizarían elecciones intermedias tras un largo vacío electoral de 30 años para determinar los relevos a las diputaciones federales y las gubernaturas en el país se contemplaron para celebrarse el 5 de julio de ese año.

El detonador en todo ello fue el propio presidente Porfirio de la Cruz Díaz Mori quien habría declarado a la sociedad que se retiraría definitivamente de la política para el próximo 1910 después de entregar la presidencia, y que también estaría de acuerdo con la formación de un partido opositor.

Casi de inmediato empezaron a surgir los famosos Clubes Políticos por todo el país, y la clase media urbana alejada del poder se dio a la búsqueda de un candidato viable. Se iniciaba pues, la mayor efervescencia social del siglo 20 y una vez que el general Bernardo Reyes – el reformador del ejército mexicano--prácticamente declinaba su postulación al aceptar una encomienda obligada en Europa, emerge la figura de Francisco I. Madero adquiriendo una relevancia que parecía inexplicable e inaudita: el de la democracia.

Se vivía en medio de la llamada “paz porfiriana” en donde no había lugar para sublevaciones, ni reproches de ningún tipo. El régimen mostraba sus dualidades, por un parte casi pudo reprimir toda forma de protesta, y en el sentido positivo había limpiado los caminos de bandoleros que atracaban y llegaban a asesinar a familias completas de viajeros a lo largo y ancho del país. En 1909, los principales protagonistas de la revolución en ciernes aún tenían mucho por andar para el futuro estallamiento de las luchas intestinas por el poder: Venustiano Carranza tenía 50 años, Madero 36, Villa 31, y Zapata 30.

Para esto, en Guerrero el tiempo parecía haberse detenido, se transitaba dentro de los obligados “rieles de la estabilidad” aunque tampoco nada parecía que pudiera contener el anhelado cambio de régimen. Durante esta etapa, los rudos gobernadores del estado eran seleccionados y enviados uno tras otro a la entidad por el recio régimen de Díaz, la mayoría seleccionados personalmente por cuestiones de afecto dentro de las filas del ejército regular, manteniéndose similar panorama para todas las entidades federadas. 

Así se encontraba Guerrero entonces, gobernado por el coronel Damián Flores, nativo de Tetipac, Gro. Individuo implacable, ambicioso, de mirada despiadada y porte mefistofélico al que nadie osaba oponérsele, y que había sucedido en el cargo a Manuel Guillén. Díaz Mori lo escoge y el Congreso de Guerrero confirma sus designios al erigirlo como gobernador interino, y después lo ratifican con calidad constitucional el día 5 de febrero de 1908.

Sobre el espacio territorial acapulqueño se tiene también la designación de nuevas autoridades municipales que habían iniciado su encargo ante el Prefecto Político, señor Manuel García quien les tomó la protesta el primer día del mes de enero de 1909.

El ayuntamiento designado se integró como sigue:

Regidor 1º : Antonio Pintos Sierra (Presidente Municipal) 
Regidor 2º: Coronel Amado Olivar 
Regidor 3º: Juan H. Luz 
Regidor 4º: Francisco Martínez García 
Regidor 5º : Pedro F. Bello 
Regidor 6º: Rosendo Reina 
Síndico: Ygnacio R. Fernández 
2º. Supernumerario: Herlindo Liquidano 
Juez 1º Menor: Tomás Véjar y Ángeles 
Juez 2º Menor: Santiago Solano 

Una vez que entraron en funciones los nuevos regidores y las autoridades secundarias, con fundamento en el artículo 18 de la Ley Política y Municipal que se encontraba vigente, el día 2 de enero en reunión de cabildo procedieron a otorgar los siguientes nombramientos:

Tesorero municipal: Manuel E. Revilla 
Escribiente: Cleto Trujillo 
Comandante de policía: José Casarrubias 
Alcaide de cárceles: Bonifacio Pérez 

Para esto y de alguna manera, el señor Matías Flores –hermano del gobernador Damián, a quien jamás antes se le había conocido en Acapulco-- había logrado desde un año antes apropiarse de un terreno en el centro del casco de la ciudad, exactamente atrás de la Parroquia de La Soledad entre las calles de Guerrero e Independencia. Allí proyectaron los ambiciosos hermanos Flores edificar un excelente negocio, y por tal se inclinaron por la novísima aparición en México de la cinematografía.


En base a los recuerdos de Harry Wright, su padre, el ingeniero estadounidense Bo Wright de 23 años y su colega Kenneth Littlejohn que se encontraban en Acapulco en 1909 tratando de adquirir desechos de maquinaria y partes metálicas por todos los puertos del pacífico americano, habrían aprovechado la ocasión para firmar un contrato de construcción de dicho Teatro con los hermanos Flores.

Acordaron que se prefabricaría el edificio en San Francisco, Estado de California en la Unión Americana bajo un modelo constructivo de esa ciudad, pero con las estrictas especificaciones operativas y funcionales de los hermanos Flores. El material primordial lo constituían gruesos tablones de madera petrolizada. 

Una vez integrada la obra base en su nuevo domicilio, se instaló la pantalla hecha de manta para la proyección correspondiente; el plafón que estaba constituido por maderos cruzados, soportaban láminas delgadas de una aleación frágil y combustible que contenía zinc y plomo; las uniones eran metálicas y estaban remachadas. Para entender las dimensiones del terreno cabe señalar que el rectángulo del solar contaba con una superficie superior en un 50 % al de la parroquia de La Soledad.

La estructura estaba ordenada en dos niveles: al exterior de la planta baja se ubicaba un corredor a manera de sala de espera, la taquilla y un pequeño bar con asientos; al interior se entraba por pesadas puertas corredizas, constando el espacio de la luneta para cerca de 1,000 personas. Al segundo nivel se accedía por dos puertas laterales con hojas que se abatían hacia dentro, y tenían que subir por una estrecha escalera con pasamanos; constaba esta sección con capacidad instalada para 500 personas aproximadamente y se integraba por palcos de lujo, la galería general y la caseta de proyección que se situaba justamente sobre las puertas de acceso. 

Pero en todo esto se carecía ventilación apropiada y en lo absoluto de medidas de seguridad; situación que, cabe decir, resulta obvio que jamás se concertó ninguna forma para otorgar seguridad por parte de los señores Flores.

Tremendas serían las expectativas de la población regional cuando se anunció la ansiada fecha de la inauguración. Se corrió la voz por toda la entidad y, para ese efecto se prepararon sendos grupos familiares con la debida anticipación; entusiasmados coterráneos procedentes de todos los rincones de Guerrero, principalmente de nuestras costas y de Chilpancingo.

Hablamos de una época en que la cultura popular y las diversiones de sus escasos 4 mil habitantes estaban acotadas por el escrutinio extremo de autoridades cerradas e inflexibles, que en ese mismo año habían prohibido que los “paseos nocturnos” o “gallos” se prolongaran más allá de las 12 de la noche, cuando la juventud del nuevo siglo ansiaba cambios interesantes en el espacio urbano y nuevos temas de esparcimiento. Los acapulqueños pues, deseaban sanar las heridas del reciente sismo ocurrido en 1907 y que enlutó a varias familias, destruyó decenas de casas y dejó inservibles otras tantas.

Se trataba de una sociedad alegre y dinámica que demandaba recrear su glorioso pasado festivo, el de colores, alegrías y formas luminosas mil, el de la famosa Feria de Acapulco, precursora de las ferias internacionales y que en su tiempo fue la más grande del mundo. Feria que conmovió todo el conglomerado novohispano por un largo periodo de 244 años en que se recibían miles de visitantes por periodos de 3 a 4 meses para realizar enormes transacciones comerciales y gozar de los encantos terrenales de un Acapulco virginal.

Pensábase en la posibilidad de que esta obra de desarrollo le daría un nuevo atractivo al puerto al cobrarse una dimensión distinta por el atractivo que fuera, mismo que además impulsara la celebración del Carnaval que figura en nuestra historia local, con todo derecho, como el primero en tierras americanas al celebrarse desde el siglo XVII. Así debió pensar la sociedad porteña, cuando se enteró de que el capital privado --¿privado?—invertiría una cuantiosa fortuna para dotar a esta demarcación de una formidable construcción del entonces “primer mundo” dedicada al entretenimiento de la gente. 

Nada más para aclarar invenciones raras sobre el teatro en cuestión, señalo que: No se trató de un jacalón, como algunos creen saber; tampoco nadie reparó hasta entonces quién fuera el dueño o dueños del inmueble, de dónde provinieran los recursos, ni siquiera se habló oficialmente de que la edificación necesitaría de permiso alguno para el desarrollo constructivo y mucho menos de obligatorias medidas de seguridad, que aún en nuestro tiempo no se observan a cabalidad.

Además debe recordarse que, si la obra estaba autorizada por el gobernador, pues quién entonces se atrevería a exigirle al influyente hermano Matías los permisos de obra. Para entonces nadie se ajustaba rigurosamente a la alineación de la calle para proyectar su vivienda o negocio, porque no existía una dependencia para regular las obras, y por supuesto que nadie pagaba derechos por licencia de construcción porque la vigente Ley de Arbitrios Municipales de 1891 no los contemplaba. Hemos leído tantas fantasías y leyendas urbanas sobre el particular, que no vale la pena comentar más.

El poderoso gobernador Damián Flores había llegado desde el día 9 de febrero para estar presente en la inauguración del negocito; empero, en esos 6 días y para justificar oficialmente su estancia se hizo acompañar de algunos miembros del cabildo para pasar revista a las tropas emplazadas en la fortaleza de San Diego, inspeccionar el estado de algunas instalaciones públicas; también solicitó informes a su prefecto político para conocer la conducta y apoyos que pudiera haber recibido del ayuntamiento acapulqueño. Todo ello envuelto en un paquete de abundantes y suculentas comidas a cargo del cajón de los recursos municipales, que al final tendría que cubrir a los restauranteros $ 450 pesos. Como no sabían los regidores qué hacer para sufragar la desproporcionada deuda se tuvieron que reunir después en sesión de cabildo para tomar decisiones.

Aquí es oportuno comentar con la finalidad de establecer un parámetro económico respecto del gasto antes referido que, en esa época el mismo ayuntamiento habría valorado la propiedad del señor L.C. Vucanovich en $ 1,500 pesos; tal bien raíz se localiza en el mismo zócalo, siendo para ese tiempo sus locales comerciales los mejor ubicados comercialmente y de más alta rentabilidad de la ciudad, por lo que el dispendio de Damián Flores fue excesivo y altamente ofensivo para el pueblo.

Regresando al motivo de este importante cuan trágico suceso tenemos que, la ocasión se ofrecía como el percutor de una moderna y creciente sociabilidad popular, el inicio de un cambio de tendencias, así como de nacientes y firmes relaciones humanas. Allí se entrelazarían y fundirían las distintas caracterizaciones de las principales instancias y formas de sociabilidad popular, específicamente aquellas relacionadas con la diversión y el esparcimiento. 

Grandes caravanas familiares llegaron pues a Acapulco desde los días previos. Niños, adultos, hermosas damas y apuestos caballeros que se hospedaron con sus familiares locales, para posar sus plantas por las cálidas arenas de las playas y después lucir sus galas por el Jardín Álvarez con el propósito de exponer su condición social y construir nuevas relaciones.

En ese esplendoroso marco de fiesta el gran imaginario popular se entregó al concurso de las cucañas, regatas en canoas, regatas en tinas, peleas de gallos y al juego de cartas, con una compleja y muy propia riqueza de elementos que la distinguen de otras culturas de nuestro territorio nacional.

Por fin se llegó la tarde de la inauguración del teatro en cuestión; fue el domingo 14 de febrero de 1909. La primera sorpresa la tuvieron los asistentes cuando advirtieron que los empresarios sobrevendieron el cupo permitido, y no me refiero a lo que les pudiera haber señalado la nulificada autoridad local, sino por la capacidad instalada. Las más de 2 mil personas que se encontraban al interior soportaban un calor extremo, pero nadie se movía de su lugar. La inauguración se programó para las 19:00 horas pero tuvo un retrasó por algún error técnico o quizás porque el gobernador estaría embelesado en otros menesteres. Más adelante y sin ceremonia alguna se inició la proyección de la primera película de una serie de 8 anunciadas.

El gobernador y su hermano Matías salieron del teatro disimuladamente casi de inmediato. Bo Wright, reseña en sus memorias que él también salió a fumarse un cigarro puro al exterior, porque no soportaba el calor. Al filo de las 20:10 horas se escuchó una detonación y un flamazo salió desde la cabina del operador, justo arriba de donde se encontraba el Ingeniero Bo. Se había incendiado el celuloide que se proyectaba y prontamente pasó a incendiar las maderas petrolizadas.

Las personas que se encontraban en luneta salieron corriendo despavoridas y muchas de ellas con quemaduras. Pero la gente del piso superior se apretujó en las estrechas escaleras de descenso porque las hojas de las puertas se habían trabado al intentar abrirlas a fuerza de empujones; hacinándose unos sobre otros, pisándose, empujándose, asfixiándose, y después quemándose en una gran pira humana; así sucumbió la mayor parte de los asistentes que se encontraban en galería.

El plafón metálico ardía y se desplomó en pedazos sobre la gente para dar lugar a que se les incendiara la ropa y después se les pegara al cuerpo. Los adultos huían veloces hacia el mar. Otros en la impotencia de no poder salir se aferraron a sus hijos. Muchos murieron en el intento; otros no lograron llegar al mar, algunos fallecieron cuando el agua tocó sus cuerpos flameantes, y otros más en días posteriores al despellejarse por las quemaduras recibidas.

Dos personajes valerosos e inolvidables ayudaron a muchos del segundo piso a escapar, la "güera" Leandra y Fructuoso “ Tocho” Tabares. La primera habría salido por una ventana que se encontraba al fondo, pero regresó por todos aquellos que su frágil humanidad le permitió. Fructuoso estuvo en luneta, pero fue a su casa por un hacha y derribó la puerta trabada, pero la cabina de proyección que se encontraba ardiendo cayó exactamente abajo como una bola de fuego imposibilitando el paso por las puertas de salida. Después abrió un boquete por un costado por donde lograron evadirse varios, algunos de ellos ya estaban en llamas.

El resto de la población se enteró de inmediato por las grandes llamaradas que se elevaban al cielo, por el tañido de las campanas de La Soledad y por los gritos de terror de los que se quemaban. El macabro espectáculo era advertido por los que habían logrado salir, mismos que distinguían con terror como se iban consumiendo los que quedaron atrapados. 

Al lugar de los hechos llegaron las fuerzas federales, los policías municipales, la policía del estado y la gente del pueblo. Para esa época no existía todavía ningún medio apropiado contra el fuego, un cuerpo de bomberos, ni la cultura necesaria para abatir un incendio.

El instinto general los llevó a integrar una gran fila humana que se aprestó para formarse con latas vacías de petróleo que rellenaron con agua de mar para de apagar el fuego y salvar vidas. Todo resultó en vano, la rapidez del fuego consumió los cuerpos en cuestión de minutos. Más tarde, el paroxismo, el horrendo y constante dolor por los seres queridos que se consumieron en el fuego. No existe una cifra exacta de los muertos, porque no se conocieron los nombres de todos los visitantes, llegados de muchas partes del estado y quizás de otras entidades.

El ayuntamiento de la época, quizás traumatizado por la inmensa tragedia, no acertó a levantar ni siquiera una acta sobre lo ocurrido; empero, un grupo de personas se dedicó a realizar un recorrido por todas las casas para saber quienes faltaban. En esa labor pudieron determinar que familias completas habían concluido su paso por la vida. Por gritos y llantos de niños, así como animales aullando por la ausencia de sus amos, lograron ubicar a casi todos los acapulqueños que perecieron. Esas personas que se solidarizaron con el dolor de la gente, integraron una lista de 390 personas de Acapulco que ya no aparecieron con vida.

Las labores de separación de los cuerpos calcinados y fundidos entre sí, se manifestó dantesca. La gente convulsionada por el sufrimiento de reconocer partes de los cuerpos de los suyos. Ayes de dolor marcaban el ambiente y el aire estaba impregnado por la grasa humana requemada. Se habilitaron los 4 vehículos de la limpieza, que tirados por mulas sirvieron para transportar la pesada carga carbonizada. Los días que pasaron para que se concluyeran las embarazosas labores dan idea de la cantidad de víctimas inocentes.

Entre los extranjeros que asistieron al terrible teatro de la muerte tenemos al hispano Francisco Medrano, un tipo de más de 1.80 mts. de estatura, su esposa, una hija pequeña y su sobrino Víctor Medrano de 4 años. El menor Víctor fue arrojado por una ventana por su tío y salvó la vida. El pequeño guardó muchas cicatrices de aquel suceso, sobre todo en las piernas. Este señor Francisco Medrano, quedó a salvo pero perdió a su primera mujer y a una hija pequeña a las que no pudo liberar de las llamas.


Rn esta imagen proveniente de España se encuentra el sobreviviente, Francisco Medrano Escudero posando en un salón de estudio con su segunda esposa, Rosario Conde Lagos. La primera esposa y su niña fallecieron en el incendio. 

Independientemente de la incompleta lista de desaparecidos que antes se menciona, quedaron asentados oficialmente en libros los nombres de algunos de ellos, partida que el Prefecto del Distrito solicitó que se abriera mediante oficio 116 de fecha 16 de marzo del mismo año 1909, con la intención de que se registraran algunos de los nombres y la edad de las victimas en el libro de defunciones dentro de una sola acta común; a saber:

1. Enrique Neri, 12 años

2. Cesário Pástenes

3. Eustolio Arizmendi, 17 años

4. Gervasia Martínez, 27

5. Isabel Velarde, 54

6. Gregoria Roque García, 42

7. Josefa Jiménez, 35

8. Apolinar Pérez, 20

9. Luisa Roque, 10

10. Gabriel Leyva, 11

11. Justo Martínez, 10

12. Serafín Vidal, 30

13. Isabel Vidal, 8

14. Jesús Velarde, 15

15. Isabel Román, 20

16. Ángel Cruz, 39

17. Pablo Cruz, 19

18. Ponciano Cruz, 17

19. Anastasia Valderrama, 29

20. Antonio Carrera, 20

21. Martina Morales, niña

22. Juan Rivera, 18

23. Herlindo Navarrete, 16

24. Alejandro Ramírez López, 37

25. Serapio Pérez, 45

26. Daniel Pérez Godínez, 16

27. Teodulo Avilés, 34

28. Rodolfo Martínez Otero, 34

29. Tomás Pérez Jacinto, 23

30. Nicolás Pérez Pérez, 17

31. Teofilo Godínez, 5

32. Paula Miranda Gómez, 25

33. Francisco Terán Flores, 14

34. Manuel Alcaraz, 10

35. Romana Ramírez, 8

36. Lucía Recendiz, 20

37. Maximino Leyva, 35

38. Susana Leyva, 6

39. Daniel Díaz, 16

40. Benito Liquidano, 9

41. Porfirio Moreno, 16

42. Guadalupe Radilla, 18

43. Anita Andalón, 9 meses

44. Silvestre Radilla, 48

45. Fermina Sánchez, 45

46. Fernanda Radilla, 13

47. C. Valdeolivar, 18

48. Daría M. de Moreno, 41

49. Guillermo Yrra, 20

50. Agustín Herrera, 16

51. Paz Diego, 25

52. Elena Torres, 22

53. Paula Guerrero de Ramos, 25

54. María Esparza, 

55. Mauro Olivar, 20

56. Rubén Souza

57. David Cabrera, 18

58. Manuel Ureña

59. Tombsab Saulam (Extranjero)

60. Pilar Galeana

61. Elena Valdez

62. Secundino Escobar, 15

63. Rafael Romero, 27

64. María Rangel, 8

65. Sergio Delgado, 27

66. Fernando Flores, 9

67. Elías Nava, 8

68. Rafael Ortíz, 10

69. Genaro Leyva

70. Patricia B. de Leyva

71. Engracia Leyva, 14

72. Manuela Leyva, 8

73. Juan de la Rosa, 40

74. Otilia Reyes, 30

75. Juan Castro, 30

76. Dionicia Olvera, 21

77. Emilia Olvera, 4

78. César Hernández, 11

79. Andrés Martínez, 18

80. Miguel Salinas, 14

81. Aurelia Mellín, 30

82. Guillermo Bernal, 25

83. Arcadio Viramontes, 18

84. Francisco Muñoz, 14

85. Ana Anaya, 30

86. Calixto Maya, 11

87. Reyes Viuda de Medina, 65

88. Reyes Medina, 35

89. Fabricia Medina, 31

90. Humberto Muñuzuri, 10

91. Genoveva Mayo, 30

92. Elodia Flores, 26

93. Paula Nandi, 15

94. José Félix Hernández, 10

95. Navor López, 30

96. Braulio N. Valenzuela, 40

97. Antonio Morey, niño

98. Carlos Morey, niño

99. Eva Vargas, niña

100. Evodio Barrios, 15

101. Rodolfo Martín, 33

102. Leonardo Pérez, 10

103. A. Aronet, 25

104. Francisco Godoy

105. Gustavo Martínez, 25

106. Serapio Pérez, 46

107. Tomás Pérez, 22

108. Daniel Pérez, 19

109. Nicolás Pérez, 41

110. Teofilo Pérez, 5

111. Rafael Ríos, 19

112. Agustín Radilla, 12

113. Manuel Lozano

114. Jesús Díaz, 

115. Cliserio Castillo

116. Cirila Valle

117. Francisco galeana

118. Valerio Galeana, 12

119. Jacinta Galeana, 3

120. Francisca Galeana, 4

121. Amado Aguilar, 30

122. Aurelia Flores, 21

123. Josefa Flores, 14

124. Manuel Flores, 10

125. Anacleto Rosas, 30

126. Natividad Carmona, 60

127. Temis Carmona, 13

128. David Sánchez, 19

129. Amalia Galeana, 17

130. José Bello, 20

131. Ysabel castro, 16

132. Francisco Pérez, 14

133. Rufino Torres, 14

134. Ascención Vicencio, 10

135. Ysabel Martínez, 14

136. Ysabel parra, 32

137. Anita Parra, 28

138. Roberto Parra, 15

139. Manuela Parra, 1

140. Antonia Parra, 9

141. Francisco de los Ángeles, 30

142. Apolinar C. de Ángeles, 28

143. Josefa Pérez, 8

144. Teodulo Ramírez, 45

145. Andrea Efigenia, 25

146. Severiana Hernández, 20

147. Leonor García, 12

148. Teresa Bello, 20

149. Ysabel Ledezma, 22

150. Cornelia Ledezma, 18

151. Hortensia Ledezma, 15

152. Adulfa Gudiño, 20

153. Maximina Caamaño

154. Luz Castro, 18

155. Ezequiel Alvarado, 26

156. Luz Cruz, 18

157. Matilde Abarca, 18

158. Francisca Carrera, 20

159. Severiano Téllez, 16

160. Pánfilo Guerrero, 30

161. Sabino Bahena, 12

162. Josefa Ramírez, 35

163. Ireneo Valderrama, 30

164. Martín Guerrero, 28

165. Juan Rivera, 19

166. Timoteo Magaña, 25

167. Julián de la O, 15

168. Teodulo Avilés, 40

169. Áurea Gutiérrez, 20

170. Cristo de la Cruz, 20

171. Norberto Urias, 25

172. Francisco Mejía, 40

173. Valeria Mejía, 10

174. Jacinta Mejía, 12

175. Francisca Mejía, 5

176. Simona Correa, 30

177. Catalina Salgado, 26

178. Carlos Cisneros, 18

179. Mericucirana Arciniega

En la sección de San Esteban del Panteón de San Francisco se excavó una gran fosa común en donde se depositaron los restos de las víctimas del incendio del Teatro Flores. Un monumento en forma de obelisco señala el lugar concreto en que se inhumaron.


1909, el año de la tragedia más grande que registra nuestra historia local 

Terminó de transcurrir a jalones y empujones en medio de una relativa paz social, tras lo cual Acapulco ya no sería el mismo jamás. Asimismo, el gobernador Damián Flores, generalazo impuesto en Guerrero; gobernante déspota, renunció en marzo de 1911 por el empuje de las fuerzas revolucionarias que hicieron su aparición en el estado para mayo de ese año. 

Todas las demandas presentadas ante el General Díaz Mori en contra de los hermanos Flores fueron infructuosas ya que el coronel Damián era uno de sus amigos cercanos, siendo uno de los militares que se confeccionó a la medida de sus deseos. Matias Flores, el propietario se suicidó al siguiente año.

Algo que también parece inconcebible es que, tuvieron que pasar 100 años para que mediante esta crónica se pudieran conocer los nombres de algunas inocentes victimas que sucumbieron ante las llamaradas de la infame ambición y estupidez humana. 

A todos esos individuos que tomaron el camino del reposo eterno, les rendimos este, sábado, 14 de febrero del 2009, nuestro respeto y un póstumo pero muy sentido homenaje.

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FUENTES:

  • “La Tribuna Illustrata”, Abonamenti.- Semanario publicado en Roma, Italia. Año 1909.
  • Bo Wright.- Entrevista de 1975.
  • “En el viejo Acapulco”, obra de Luz de Guadalupe Joseph Zetina.- Editada por Populibros La Prensa.- México, 1992.
  • “Acapulco” Monografía anecdótica contemporánea.- Por Rosendo Pintos Lacunza.- México, 1961.- Tercera edición.
  • Libro de Sesiones de Cabildo de Acapulco correspondiente al año 1909
  • Libro de defunciones del año 1909.- Dirección del Registro Civil de Acapulco.
  • Apellidos de Puerto Real.- http://puertorealgen.blogspot.com/2007/12/apellido-medrano-rama-de-el-salvador.html por Manuel Alegre Ramos.
Entrevista telefónica con Manuel Alegre Ramos

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