José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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lunes, 4 de marzo de 2013

11 DE MARZO DE 2013: DOSCIENTOS AÑOS DEL BANDO GUADALUPANO DE OMETEPEC.




11 DE MARZO DE 2013: DOSCIENTOS AÑOS DEL
BANDO GUADALUPANO DE OMETEPEC.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

            El próximo Lunes 11 de Marzo, se cumplen 200 años de la Proclamación del Bando Guadalupano, hecha por el Generalísimo Don José María Morelos, en Ometepec, Gro. Documento que es, de alguna manera, expresión de la devoción guadalupana de Morelos en su máxima expresión, ya que es donde manifiesta su sentir, su identificación de la Patria y de la Patrona de México, Y SI DUDA, de allí surge la consolidación del guadalupanismo en la Costa del Mar del Sur o de Acapulco.
“Por los singulares, especiales e innumerables favores que le debemos a Guadalupe, patrona, defensora y distinguida emperatriz de este reino, estamos obligados a tributarle todo culto y adoración, manifestando nuestro reconocimiento, nuestra devoción y confianza; y siendo su protección en la actual guerra tan visible que nadie puede disputarla a nuestra nación, debe ser visiblemente honrada y reconocida por todo americano”. Con estas palabras iniciaba el documento. Y en seguida mandaba: “que en todos los pueblos del reino, se continúe la devoción de celebrar una misa el día 12 de cada mes, en honra y gloria de la Santísima Virgen de Guadalupe”. Igualmente: “los vecinos de los pueblos deberán exponer la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casas sobre un lienzo decente, y cuando no tengan imagen colgarán el lienzo mientras la solicitan de donde las hay, añadiendo arder las luces que según sus facultades y ardiente devoción les proporcione”.
Y declara categóricamente: “…indevoto y traidor a la nación al individuo que, reconvenido por tercera vez, no usare de la cucarda nacional o no diere culto a la Santísima Virgen, pudiendo”.
¿De dónde surge este ardiente fervor en MORELOS? ¡De los recios rasgos de su personalidad como sacerdote, y por la atención a los fieles y a su ministerio! El mejor biógrafo del Padre Morelos, es sin duda otro sacerdote: Don Carlos Herrejón Peredo, quien nos ayuda a comprender la talla moral de Morelos.
            Morelos creció n un medio campesino y artesanal. Sus parientes de Zindurio eran pequeños arrendatarios o, tal vez muy pequeños propietarios, sujetos a los altibajos de los temporales y del mercado, gente a la vez endurecida y suavizada en el trabajo del surco y en la sencillez campirana, de ricas tradiciones y de pocos dineros. Manuel emigró a la inmediata ciudad y se hizo carpintero. Y qué decir del ambiente familiar cultivado por su Madre Juana María Guadalupe Pérez Pavón. Las pretensiones de su Madre eran que su hijo José María accediera al mundo de las letras y de las sotanas. José María leyó y releyó el catecismo de Ripalda.
También practicó otra tarea, la arriería, ocupación que le dilató enormemente los horizontes. De tal, manera de tiempo en tiempo retornaba a Valladolid, pero de paso a la ciudad de México; conoció decenas de pueblos, algunas villas y ciudades. Probablemente así llegó hasta el puerto de Acapulco. Fue asimilando el espíritu del buen comerciante: la prudencia calculadora, el trato con la gente, la atención prevenida para lograr la ganancia y evitar ser engañado, la constante disponibilidad, la versatilidad para adaptarse a mil diferentes situaciones, y desde luego, el desarrollo de la capacidad de comunicación, el dominio del lenguaje popular. Y en el caso particular de un arriero comerciante, la fortaleza para arrostrar penalidades de malos caminos y la habilidad para resolver múltiples problemas desde cinchar bien los burros hasta pasar un torrente. Ahí, en los caminos de Nueva España, creció su ingenio y su sabiduría de la vida. Desde que Morelos era diácono y maestro de retórica en Uruapan destacó en el ministerio de la palabra; e incluso en la insurgencia no raras veces sus discursos y manifiestos traslucen el verbo del profeta cristiano, como es el caso del Bando Guadalupano de Ometepec.
El precepto de socorrer a los pobres debió resonar en Morelos: "Soy un hombre miserable más que todos y mi carácter es servir al hombre de bien, levantar al caído, pagar por el que no tiene con qué, y favorecer cuanto pende de mis arbitrios al que lo necesita, sea quien fuere". La caridad de Morelos no se encerraba en su parroquia ni en su familia. De modo especial era solidario con sus hermanos en el sacerdocio. Cuando alguno de las parroquias circunvecinas enfermaba, ahí estaba Morelos para atenderlo. Estas palabras pesaban sobre el cura tierracalenteño, cuando a deshora y en tiempos de sol abrasador o de tormentas tropicales debía ir a rancherías distantes para decir una misa o auxiliar un enfermo. Y no había excusa.
Y esta práctica llena de fe, se iluminaba en el Cura Morelos con dos devociones: el Cristo de Carácuaro, sobre el que escribió una novena; y la Virgen de Guadalupe, a la cual cada mes dedicaba función especial. Cuando pudo extender tal devoción siendo general insurgente, lo hizo mediante el bando de Ometepec. Este era el calibre del Cura Morelos.
Invitamos a todos nuestros lectores, a que no permitan que pase desapercibida la efemérides, leyendo el Bando Guadalupano de Ometepec, íntegro, reflexionándolo, y acudiendo a Misa este 11 de Marzo en gloria y honor de María Santísima de Guadalupe, y en Memoria del Cura Don José María Morelos.
¡Viva la Virgen de Guadalupe, Patrona de nuestra libertad!

lunes, 5 de marzo de 2012

VIRGEN DE GUADALUPE: 200 AÑOS RECONOCIDA EN GUERRERO COMO "PATRONA DE NUESTRA LIBERTAD"


HACIA LOS 200 AÑOS DEL RECONOCIMIENTO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE COMO “PATRONA DE NUESTRA LIBERTAD” EN EL ESTADO DE GUERRERO.
Juan Carlos Flores Rivas Pbro.
 
         El año 2013, precisamente el mes de Septiembre, traerá para nuestro Estado de Guerrero, una conmemoración muy especial. Y ya el Congreso de nuestro Estado prepara diversas actividades para conmemorar los 200 años de la Proclamación del histórico Documento “Sentimientos de la Nación”. Con el pretendido “laicismo” anticatólico, que permea muchos ambientes gubernamentales, se preparan fastos en los que se descontextualiza el acontecimiento, vaciándolo de su verdadero significado histórico-teológico.
         “Es nuestro deber, si de alguno” –decía el Padre de la Historia Eclesiástica, Eusebio de Cesarea-, retomar las efemérides, recordándole a todos, que antes que nada, el documento está imbuido de la mentalidad y cultura católica, y por lo tanto del Evangelio, imprescindible para comprenderlo cabalmente Y que éste tiene su origen en el hecho de que Don José María Morelos, antes que Generalísimo, era sacerdote, católico, y profundamente guadalupano, y en ese documento proclama a la Santísima Virgen de Guadalupe como PATRONA DE NUESTRA LIBERTAD. Aporte de nuestra región guerrerense, a la devoción guadalupana, que hace del nuestro Estado de Guerrero: EL CORAZON GUADALUPANO DE NUESTRA PATRIA MEXICANA.
         Don José María Morelos está en el origen del acendrado guadalupanismo de nuestro Estado de Guerrero, como lo hemos analizado ampliamente en nuestro blog http://ephemeridesacapulcanae.blogspot.com, y ahora por lo oportuno de la fecha, sólo recordaremos a todos el célebre documento que antecede a los Sentimientos de la Nación, proclamadod en nuestra Costa Chica:
BANDO GUADALUPANO DEL GENERALISIMO DON JOSE MARIA MORELOS. OMETEPEC 11.Marzo.1813. Tomado del portal http://guadalupe.luxdomini.com/guadalupe_guadalupanismo1.htm
"Don José María Morelos, Capitán General de los Ejércitos Americanos y Vocal de la Suprema Junta Nacional Gubernativa del Reino, etc., etc.
Por los singulares, especiales e innumerables favores que debemos a María Santísima en su milagrosa imagen de Guadalupe, patrona, defensora y distinguida emperatriz de este reino, estamos obligados a tributarle todo culto y adoración, manifestando nuestro reconocimiento, nuestra devoción y confianza; y siendo su protección en la actual guerra tan visible que nadie puede disputarla a nuestra nación, debe ser visiblemente honrada y reconocida por todo americano.
Por tanto, mando que en todos los pueblos del reino, especialmente los del Sud de esta América Septentrional, se continúe la devoción de celebrar una misa el día 12 de cada mes, en honra y gloria de la Santísima Virgen de Guadalupe, y en todos los pueblos en que no hubiere cofradía o devoto que exhiba la limosna, se sacará ésta de las cajas nacionales; y en las divisiones de nuestro ejército será obligación de los capellanes sin percepción de limosna y en donde hubiere muchos capellanes le tocará al que entrare de semana.
En el mismo día 12 de cada mes deberán los vecinos de los pueblos exponer la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casas sobre un lienzo decente, y cuando no tengan imagen colgarán el lienzo mientras la solicitan de donde las hay, añadiendo arder las luces que según sus facultades y ardiente devoción les proporcione.
Y por cuanto no todos se pueden manifestar de este modo, deberá todo hombre generalmente de diez años arriba, traer en el sombrero la cucarda de los colores nacionales, esto es, de azul y blanco, y una divisa de listón, cinta, lienzo o papel, en que declarará ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su culto, y al mismo tiempo defensor de la religión y su patria contra las naciones extranjeras que pretenden oprimir a la nuestra, como lo son a la presente la nación española y la francesa.
Y para que esta disposición obligatoria tenga su debido cumplimiento, mando a todos los jueces militares y políticos, ruego y encargo a todos los prelados eclesiásticos, cuiden y celen con todas sus fuerzas, a fin de que los súbditos logren tan santos fines, reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que, reconvenido por tercera vez, no usare de la cucarda nacional o no diere culto a la Santísima Virgen, pudiendo.
Y para que llegue la noticia a todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en las provincias de Teipan, Oajaca y siguientes del reino.
Dado en el Cuartel General de Ometepec, a los once días de marzo de 1813.- José María Morelos.-
Por mandato de Su Excelencia, José Lucas Marín, Prosecretario" (Ibid. Tomo I, p. 154)
Una fotografía del bando fue publicada por el p. Mariano Cuevas en el Álbum Histórico Guadalupano del IV Centenario, y también he tenido ocasión de verlo en cuadro, en la Biblioteca Teológica Boturini, es decir, la Biblioteca de la Basílica de Guadalupe, en la sala de lectura.

jueves, 9 de septiembre de 2010

LA IMPOSIBILIDAD MORAL DEL FUSILAMIENTO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE EN ACAPULCO.


LA IMPOSIBILIDAD MORAL DEL FUSILAMIENTO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE EN ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas


En el contexto de la proximidad de las Fiestas por el Bicentenario del Grito de Independencia, en Acapulco, queremos entrar al debate ahora sobre un punto importante. En diversos artículos hemos presentado con la finalidad de mostrar puntualmente la originalidad del aporte de nuestra Costa Grande y Costa Chica, de la Ciudad y Puerto de Acapulco, así como de todo nuestro Estado de Guerrero, en el fortalecimiento y consolidación de la devoción guadalupana, en todos los niveles de las comunidades, que nos constituyen, al Estado de Guerrero, como el "Corazón Guadalupano de nuestra Patria Mexicana", corazón del que surgen los más originales y vibrantes Sentimientos de la Nación.
En diversas ocasiones, y en varios ambientes, se ha presentado un supuesto episodio titulado: “Fusilaron a la Virgen de Guadalupe en Acapulco”. Con lujo de detalles, reproducen un relato tomado casi seguramente de reproducciones periodísticas, que algunos atribuyen como origen a Luz Guadalupe Joseph, en el libro “El viejo Acapulco” (sin editorial, sin fecha). 
Relato según el cual, en el ambiente de la lucha de Independencia, alrededor de el 15 de Febrero de 1813, tuvo lugar el FUSILAMIENTO de una Imagen de la Virgen de Guadalupe, “con el beneplácito gachupín”, y por ser –Guadalupe- “generalísima de las tropas insurgentes”, todo esto bajo el mando del Capitán Antonio Elorriega, en la plaza del Fuerte de San Diego, en el contexto de un juicio sumario de guerra. Posteriormente, la contraparte, en Coyuca, fusilaría a la “Española” (¿?), etc. etc.
Por principio de cuentas, debemos decir que el solo planteamiento de este relato es fabuloso (de fábula, increíble). Porque da por hecho un acontecimiento impensable para la sola mentalidad religiosa en extremo de ese siglo, impensable de atacar lo religioso. Así y las imágenes estuvieran involucradas en bandos opuestos. Dar por hecho el suceso, daría por dar por cierto la existencia de una postura insostenible en la mentalidad de la época: la iconoclastia, es decir, el rechazo a las imágenes –postura típicamente protestante-. O su sentimiento correlativo: el anticlericalismo. O todavía más, un ingente “antiguadalupanismo”, a todas luces, imposible.

Frente a este relato fantástico, oponemos un relato de patético humanismo en medio del fragor de la batalla con motivo del cerco del fuerte de San Diego en ese mismo 1813 -año que se pretende ubicar el pretendido “fusilamiento”-, y que nos trasmite el historiador por excelencia de Acapulco Tomás Oteyza en su libro: “Acapulco, ciudad de las naos de oriente y de las sirenas modernas” (Ed. Diana, 1970):
“Pero en medio del dolor, se imponían sesgos de humanidad: “Casi todos los días había una tregua, cuando el sacerdote llegaba al Castillo para ayudar a bien morir y administrar los últimos sacramentos a las víctimas de aquella lucha sin cuartel, víctimas inocentes la mayoría. Las avanzadas insurgentes suspendían sus movimientos bélicos, santiguándose reverentes ante al paso del Santo Viático (la Eucaristía) que era llevado en aquel entonces al toque de campanillas por las calles a veces a pie y otras en carreta. Eran aquellos momentos de expectación aún en aquella lucha sin cuartel, por el respeto que guardaban unos y otros a la Religión Católica que profesaban”... igualmente: “Cuando sacaban los cadáveres por el puente levadizo para enterrarlos en la fosa que circunda a la ciudadela, precedidos por la cruz alzada de la parroquia, seguidos por el sacerdote que rezaba los salmos del “miserere” pidiendo a Dios clemencia por el difunto”... Ese era el verdadero sentimiento religioso de la época, ¡ni remotamente pensar en la posibilidad de “fusilar” una imagen religiosa!, así fuera utilizada por el bando enemigo. Cabe recordar que una mentira, ni a fuerza de ser repetida una y otra vez se convertirá nunca en una verdad absoluta. El supuesto fusilamiento de la Virgen de Guadalupe, pues, carece de sustento moral e histórico posible.
Podemos preguntarnos: ¿Desde cuando es guadalupano el corazón de esta raza de bronce, del pueblo guerrerense? Ciertamente, el Guadalupanismo particularmente presente en la región hoy conocida como Estado de Guerrero, se consolida con las ordenanzas y las campañas en la región del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón –Siervo de la Nación-, en el contexto de la Independencia. Pero remonta sus orígenes documentados a mediados del Siglo XVII, y para muestra unos botones:
Primer dato relevante para la historia de Acapulco, es el paso de una preciosa Imagen de Santa María de Guadalupe por el Puerto, noticia recogida por la “Historia de la aparición de la Santísima Virgen María de Guadalupe en México desde el año de MDXXXI al de MDCCXCV”. Tomo II, por un sacerdote de la Compañía de Jesús… localizada en Internet en el sitio de la Biblioteca Cervantes. La nota dice: El Padre Florencia nos describe la solemnidad con que fue introducida en el Perú la Imagen de la Virgen de los mexicanos. “El Excelentísimo Señor Conde de Alva de Liste, Don Luis Enrique de Guzmán, uno de los virreyes que ha tenido México señaladamente devoto de la Milagrosa Imagen del Santuario de Guadalupe, cuando partió al virreinato de Lima por los años de 1655, lo primero que sacó de México, como presea de mayor aprecio y devoción, fue la Imagen de Guadalupe, la cual embarcó en Acapulco con solemnidad de Salva Real, como a quien encomendó el buen suceso de su viaje y todos los aciertos de su gobierno. Y con su piadoso ejemplo introdujo en Lima y todo el Perú, la noticia y devoción de tan milagrosa Imagen”.. 
Ese paso feliz de Santa María de Guadalupe por el puerto de Acapulco y su salida a Perú por la Bahía de Santa Lucía, iluminó estas tierras surianas y se constituye en el primer testimonio guadalupano acapulqueño.
Otro dato más, que no debemos olvidar es, que el tercer Evangelista Guadalupano: Don Luis Becerra Tanco, era de la región guerrerense, originario del Real de Minas de Taxco. Y en 1666 escribirá su obra: Origen milagroso del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, conocida más tarde con el título de “Felicidad de México”.
Otro más, en el volumen titulado: “Voces de la clerecía novohispana”. Documentos y reflexiones sobre el México Colonial. Editado por la Universidad Nacional Autónoma de México, y coordinado por Leticia Pérez Puente y Rodolfo Aguirre Salvador, en 2009; aparece un interesante expediente, comentado por Gabriela Oropeza Tena (pp. 259-290). En él se da cuenta de un Proceso Eclesiástico de la Audiencia Arzobispal de México, presentado en 1684, con una denuncia criminal por la representación teatral del Nican Mopohua, contra el Bachiller Juan de Rivera, Cura de Tepecoacuilco (hoy Estado de Guerrero). Hechos sucedidos en el pueblo de Tuspan, de su Partido (Parroquia). Este proceso da fe, de la acendrada devoción que ya existía en 1684 en la región del hoy Estado de Guerrero a la Virgen de Guadalupe, al grado de que al Señor Cura se le hizo fácil realizar una comedia con los indios -¡en el altar mayor! de un templo filial!- representando las apariciones de la Virgen a Juan Diego. Lo que motiva la denuncia es, que al realizarse esta representación, así sea muy piadosa, en área consagrada –como lo es el altar-, quien denuncia el hecho da por supuesto que el altar quedó profanado. Sabemos por el comentario presentado por Gabriela Oropeza, que el proceso no alcanzó su objetivo y que el Cura Rivera salió bien librado del mismo.

BANDO GUADALUPANO DEL GENERALISIMO DON JOSE MARIA MORELOS EN OMETEPEC.


BANDO GUADALUPANO DEL GENERALISIMO DON JOSE MARIA MORELOS EN OMETEPEC.



La devoción guadalupana de Morelos tiene su máxima expresión en un bando, donde manifiesta su sentir, su identificación de la Patria y de la Patrona de México, Y SI DUDA, de allí surge la consolidación del guadalupanismo en la Costa del MAr del Sur o de Acapulco.


"Don José María Morelos, Capitán General de los Ejércitos Americanos y Vocal de la Suprema Junta Nacional Gubernativa del Reino, etc., etc.


Por los singulares, especiales e innumerables favores que debemos a María Santísima en su milagrosa imagen de Guadalupe, patrona, defensora y distinguida emperatriz de este reino, estamos obligados a tributarle todo culto y adoración, manifestando nuestro reconocimiento, nuestra devoción y confianza; y siendo su protección en la actual guerra tan visible que nadie puede disputarla a nuestra nación, debe ser visiblemente honrada y reconocida por todo americano.


Por tanto, mando que en todos los pueblos del reino, especialmente los del Sud de esta América Septentrional, se continúe la devoción de celebrar una misa el día 12 de cada mes, en honra y gloria de la Santísima Virgen de Guadalupe, y en todos los pueblos en que no hubiere cofradía o devoto que exhiba la limosna, se sacará ésta de las cajas nacionales; y en las divisiones de nuestro ejército será obligación de los capellanes sin percepción de limosna y en donde hubiere muchos capellanes le tocará al que entrare de semana.


En el mismo día 12 de cada mes deberán los vecinos de los pueblos exponer la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casas sobre un lienzo decente, y cuando no tengan imagen colgarán el lienzo mientras la solicitan de donde las hay, añadiendo arder las luces que según sus facultades y ardiente devoción les proporcione.


Y por cuanto no todos se pueden manifestar de este modo, deberá todo hombre generalmente de diez años arriba, traer en el sombrero la cucarda de los colores nacionales, esto es, de azul y blanco, y una divisa de listón, cinta, lienzo o papel, en que declarará ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su culto, y al mismo tiempo defensor de la religión y su patria contra las naciones extranjeras que pretenden oprimir a la nuestra, como lo son a la presente la nación española y la francesa.


Y para que esta disposición obligatoria tenga su debido cumplimiento, mando a todos los jueces militares y políticos, ruego y encargo a todos los prelados eclesiásticos, cuiden y celen con todas sus fuerzas, a fin de que los súbditos logren tan santos fines, reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que, reconvenido por tercera vez, no usare de la cucarda nacional o no diere culto a la Santísima Virgen, pudiendo.


Y para que llegue la noticia a todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en las provincias de Teipan, Oajaca y siguientes del reino.


Dado en el Cuartel General de Ometepec, a los once días de marzo de 1813.- José María Morelos.-


Por mandato de Su Excelencia, José Lucas Marín, Prosecretario" (Ibid. Tomo I, p. 154)


Una fotografía del bando fue publicada por el p. Mariano Cuevas en el Álbum Histórico Guadalupano del IV Centenario, y también he tenido ocasión de verlo en cuadro, en la Biblioteca Teológica Boturini, es decir, la Biblioteca de la Basílica de Guadalupe, en la sala de lectura.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

MACEHUALTZINTLI ITOCA IUAN DIEGO

MACEHUALTZINTLI ITOCA IUAN DIEGO (UN POBRE, DIGNO, DE NOMBRE JUAN DIEGO).
Pbro. Juan Carlos Flores Rivas

Me pidieron elaborar un artículo que en principio me pareció imposible, pero poco a poco fui entendiendo en parte la pretensión: San Juan Diego y los Derechos humanos.
Recordando la gran polémica provocada antaño por “aquél Señor Abad”… resulta que a cada paso se hablaba de Juan Diego, pero no como Cuautlatoatzin –el histórico- sino como SIMBOLO –de la fe-. Y esa terminología no dejaba de ser útil, pero también era encubridora. Juan Diego es símbolo de un pueblo que recupera la dignidad “echada por tierra”, como futo de ese histórico “encontronazo de dos culturas”. Pero que no se nos olvide que Juan Diego también es Cuatlatoatzin –histórico, real, no inventado-.
Y es que resulta que Juan Diego se ve sometido, ya desde el momento redaccional del Nican Mopohua, a un sometimiento atroz. Y es que muchas “mentes ilustradas”, obsesionadas como el mismo Zumárraga, en una lógica implacable, por la “aparición”, por el “milagro”, somos incapaces de atender, descubrir, la señal de María –la flor y el canto (xòchitl in cuicatl)- y del indígena: la verdad del indígena y la verdad de María.
Juan Diego, el pobre, se nos ha vuelto un problema no sólo social, sino sobre todo un problema de fe. Pretensión absurda de “aceptar” a Marìa, sin aceptar al pobre Cuautlatoa (como asesinar al hijo en la presencia de la Madre). Veneramos la imagen guadalupana, y nos olvidamos del ayate, que es la simbólica personificación del indígena Juan Diego. Afirmamos la maternidad divina y espiritual de María, pero mantenemos y justificamos estructuras sociales contra la fraternidad. Si los criados del obispo no lograron arrebatar al indio las flores de su ayate –la verdad de su mensaje, su propia identidad- nosotros lo hemos logrado: lo entronizamos en nuestros altares y dejamos de lado su mensaje.
Se nos impone volver al mensaje fundacional: el NICAN MOPOHUA. Leerlo y releerlo, memorizarlo incluso, repropiárnoslo, como lo hicieron en sus inicios los indígenas, haciendo de él “evangelio aplicado a México". Como lo hicieron posteriormente los criollos novohispanos mexicanos, impulsando desde la experiencia y bajo el manto guadalupano la verdadera –tal vez ideal- experiencia de libertad, formulada como Independencia, de la que ahora pretendemos un bicentenario sin incluir a la Iglesia que estuvo presente de todo a todo en todo el proceso independentista. Y como, lo sigue haciendo la Iglesia Latinoamericana, que ve en Juan Diego un modelo de laico, válido para nuestro tiempo: en busca de la Palabra de Dios y de los sacramentos, en obediencia a “nuestros sacerdotes que son imágenes de Nuestro Señor” (NM 21), en contemplación del cielo –xochitlalpan-, que “hace realidad la voluntad y la palabra de la Señora del Cielo” (NM 28), privilegiando la atención al enfermo, al que sufre (NM 60-62), evangelizador de todas las estructuras pastorales, incluso al Obispo! (NM 107).
¡ Que Dios nos haga a todos como San Juan Diego !
EN ACAPULCO: ¡TODOS SOMOS JUAN DIEGO!
PORQUE SANTA MARIA DE GUADALUPE: ¡ES REINA DE LOS MARES!

jueves, 3 de diciembre de 2009

UN GUERRERENSE, EL TERCER EVANGELISTA GUADALUPANO: LUIS BECERRA TANCO.

LUIS BECERRA TANCO: LA TEOLOGIA NOVOHISPANA EN EL TERCER EVANGELISTA GUADALUPANO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

1. LUIS BECERRA TANCO (1603-1672).

a. IMPORTANCIA. Criollo nativo del real de minas de Taxco, tiene un sitio fundamental en el desarrollo del guadalupanismo novohispano del siglo XVII. Es calificado por De la Maza como el tercero de lo evangelistas guadalupanos, después de Miguel Sánchez y Luis Lasso de la Vega. Es el primero, entre otras cosas: que intenta dar una explicación de la impresión de la Imagen guadalupana en el ayate; que explica que el rostro moreno de Guadalupe es una predilección por el pueblo de México; y que sostiene que la Virgen no pronunció el nombre Guadalupe.
Sacerdote. Perito en lenguas indígenas, historiador, matemático y, aunque brevísimo tiempo, catedrático de astrología en la Real y Pontificia Universidad de México. Adquirió renombre duradero cuando en 1666, al tiempo de realizarse las famosas Informaciones jurídicas para solicitar a la Santa Sede fiesta y oficio propios para la Virgen de Guadalupe, publicó por separado el testimonio que había rendido ante los jueces de esa pesquisa, bajo título de Origen milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Una segunda edición corregida y aumentada, vio la luz póstumamente en 1675 con el nombre de Felicidad de México en el principio y origen que tuvo el santuario de la Virgen María Nuestra Señora de Guadalupe.

b. DATOS PERSONALES. El mismo se presenta en sus escritos, diciendo que desde niño entendió y habló con propiedad la lengua mexicana, por haberse criado entre los mexicanos antiguos fuera de México, y perfeccionó el conocimiento de los antiguos caracteres y escrituras con que historiaron los indios.
En su juventud fue señalado como lector de lengua mexicana en la universidad, examinador sinodal de dicha lengua en el arzobispado y ministro de doctrina por treinta y dos años, con título de cura de diversos partidos.
Por su amistad con Fernando de Alva, pudo tener en sus manos el cuaderno o relación escrita de Antonio Valeriano.
Su biógrafo contemporáneo, el bachiller López de Avilés, dice que era perito en lengua hebrea y griego, consumado en la latina, conocedor de la italiana, la francesa y portuguesa. Muy versado en el otomí y un Cicerón en la mexicana, buen poeta y gran retórico. Dedicó mucho tiempo al estudio de la física, la química, las matemáticas y la astronomía.
Ingresó en el Oratorio de San Felipe Neri de México en Mayo de 1639. Murió en la ciudad de México a la edad de 67 años, el 1 de junio de 1672.

c. SU APORTACION AL PROCESO DE 1666. Los jueces de las Informaciones, cuando supieron que Becerra Tanco tenía preparado un opúsculo para impresión, le requirieron, según derecho, para que presentara lo que tenia escrito y lo jurase como testigo, y así lo hizo el 27 de Marzo de 1666. Se encuentran en las Informaciones, con el título Papel que presentó el Lic. Luis Becerra Tanco, desde la página 138 a la página 167.
Sostiene su testimonio en:
Ø Dos naturales, tio y sobrino.
Ø Al arzobispo don Juan de Zumárraga.
Ø el Lic. Pedro Ruíz Alarcón, Capellán del Colegio de los niños de San Juan de Letrán en México, quien falleció de ochenta y seis años.
Ø El Lic. Gaspar de Praves, presbítero secular, cura beneficiado del partido de San Mateo Texcaliacac, de Tenango y de Taxco, quien conoció la tradición de Valeriano.

2. SU OBRA. Origen milagroso del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, editado en 1666. Y su reedición póstuma en 1675 con el título: Felicidad de México en el principio y origen que tuvo el santuario de la Virgen María Nuestra Señora de Guadalupe.

a. CARACTERISTICAS GENERALES. Después de la densas obras exegéticas de Miguel Sánchez de 1648 y de Luis Lasso de 1649, el libro de Becerra Tanco destacó inmediatamente por ser un relato ágil y sintético de las apariciones, por su defensa de la historicidad de las mismas a partir de los testimonios de la tradición indígena, y por su intento de dar una explicación científica, al menos dentro de los términos de su época, a algunas de las características de la imagen.

b. HAN ESCRITO SOBRE BECERRA TANCO COMO AUTOR GUADALUPANO, A NUESTRO ALCANCE EN BIBLIOTECAS:
> Jesús García Gutiérrez, Apuntamientos críticos para una bibliografía de historiadores guadalupanos., Zacatecas, edición del Boletín Eclesiástico de la Diócesis, 1939. pp. 24-36.
> Francisco de la Maza, El guadalupanismo mexicano, México, Fondo de Cultura Económica/Secretaría de Educación Pública, 1984, p. 81-90.
> David A. Brading, La Virgen de Guadalupe. Imagen y tradición, México, Taurus, 2002, pp. 148-158.
> Martha Reta Hernández, “Felicidad de México. Lo maravilloso cristiano en la leyenda guadalupana”, en Nelly Sigaut (coord.,), Guadalupe, arte y liturgia. La sillería de coro de la Colegiata, Zamora, El Colegio de Michoacán/Museo de la Basílica de Guadalupe, 2006, v. 2, pp. 380-407. Esta exposición incluye un anexo con una descripción de todas las ediciones del texto de Becerra Tanco desde 1666 hasta el presente.
> Martha Reta Hernández, Espacio simbólico y funcional: el coro de la Colegiata de Guadalupe y las reubicaciones de su sillería (1749-1990), tesis de licenciatura en Historia, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2007, pp. 83-107.

c. ANALISIS DE LA OBRA: Siguiendo la segunda versión de la obra que presenta Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda. Testimonios históricos guadalupanos. Fondo de Cultura Economica, México, 1999. pp. 310-333.
La obra se presenta con las siguientes divisiones, no numeradas, los subrayados aparecen como títulos en la edición que seguimos:
Ø Prólogo póstumo: ubica su obra en el contexto de las Informaciones de 1666. Da a conocer que no se encontraron en archivos del juzgado y gobierno eclesiástico escritos auténticos. Y que su único objetivo es salvar del olvido la tradición, y el incremento del culto. Acude a su memoria de adolescente, cuando leyó y registró pinturas y caracteres de los indios mexicanos, que registraron a su vez la tradición del milagro. pp. 310-312.
Ø Tradición del milagro: Por Becerra Tanco sabemos: que Juan diego casó con María Lucía. Que era originario de Cuautitlán, pero avecindado en Tolpetlac. Transmite con bastante fidelidad el texto que conocemos como Nican mopohua, excepto que los diálogos que en aquél se presentan, no los redacta como tales, sino en tercera persona. pp. 312-313.
Ø Primera aparición: 9 de diciembre, sábado muy de mañana. La Virgen habla a Juan Diego en lengua mexicana. En lo demás, como conocemos. pp. 313-314.
Ø Segunda aparición: Mismo sábado por la tarde. Becerra Tanco discurre sobre la lógica residencia de Juan Diego en Tolpetlac; trasmite el dato de que, al momento, Juan Diego se encuentra casado. En la segunda parte de este texto, ya es domingo 10 de diciembre y se da la segunda visita de Juan Diego al Obispo, después de la cual se da el incidente de que es seguido por los criados. pp. 314-316.
Ø Tercera aparición: La primera parte del texto se desarrolla el lunes 11 de diciembre. Tiene lugar el episodio de la enfermad de tío Juan Bernardino; la fiebre que los indios llaman Cocoliztli. La segunda parte del texto, tiene lugar el martes 12 de diciembre con el intento de evitar el encuentro con la Virgen. Becerra Tanco ubica el rodeo de Juan Diego en un camino que bordea el cerrillo y que pasa por una fuente de agua aluminosa. Se sucede la entrega de la señal. pp. 317-319.
Ø Aparición de la imagen: El mismo martes 12 de diciembre. Tiene lugar la visita decisiva de Juan Diego al Obispo con el desenlace que conocemos. Becerra Tanco da la noticia de que ese día el Obispo retiene en su casa a Juan Diego, agasajándolo, para al día siguiente, con él, acude a reconocer el lugar de las apariciones. El texto termina con la petición de Juan Diego de que se le permita ir a ver a su tío. pp. 319-320.
Ø Quinta a parición: Miércoles 13 de diciembre. Se da el episodio del reencuentro de Juan Diego con su tío Juan Bernardino, y cómo éste último confirma la aparición de la Virgen, la describe, y da a conocer cómo quiere ser llamada: Guadalupe.
El conocimiento del suceso provoca un número tal de gente que quiere conocer de cerca la imagen, al grado de que pronto es trasladada del oratorio privado del Obispo a la iglesia mayor. Becerra Tanco aclara que la precisión, brevedad y fidelidad del relato, concuerda con la forma con la que los naturales cuerdos e historiadores de aquél siglo escribían.
En seguida aclara el misterio del nombre Guadalupe, que no corresponde a la manera de hablar indígena, y explica que se debió sin duda a la costumbre española de deformar los nombres impronunciables que a su paso iban encontrando. De modo que Becerra Tanco infiere que la Señora debió decir: Tequatlapeuh, que significa la que tuvo origen de la cumbre de las peñas. O en su lugar: Tequantlaxopeuh, que significa la que ahuyentó o apartó a los que nos comían. Y sostiene lo anterior en base a que la lengua mexicana no conciente la pronunciación de la g ni de la d. pp. 320-322.
Ø Anotaciones que deben suponerse para la prueba de la tradición: Becerra Tanco hace despliegue de sus conocimientos matemáticos-calendáricos, al contextualizar el momento de las apariciones en relación con la corrección del calendario eclesiástico llamado gregoriano, de modo que las apariciones son 51 años antes de dicha corrección.
Gobernaba la Iglesia el Papa Clemente VII, y a España Carlos V. Tres años antes de la erección canónica de Zumárraga como metropolitano.
Gobernaba la ciudad de México la Real Audiencia al mando de su presidente don Sebastián Ramírez de Fuenleal.
Todos estos antecedentes, sirven a Becerra Tanco para explicar porqué no se encuentran documentos referentes en los archivos eclesiásticos, pues se perdieron fácilmente.
Igualmente Becerra Tanco explaya sus conocimientos de las antigüedades mexicanas, al ubicar las apariciones en el calendario mexica, en el año 590 de la fundación de México Tenochtitlan. pp. 322-323.
Ø Pruébase la tradición: En este capitulo Becerra Tanco hace gala de su conocimiento de las tradiciones orales indígenas.
Los indígenas conservaban su historia, leyes, autos jurídicos y tradiciones de sus mayores: a) por pinturas: en papel grueso, muy semejante al papel de estraza; o en pieles curtidas a manera de pergaminos. El año, que seguía el ciclo lunar, se componía de 18 meses, de veinte días cada uno; un total de 365 días. b) y por medio de cantares en verso, que acompañaban al sonar de teponaztles o tlapanhuehuetl. Y estas dos fuentes sirvieron a Fray Juan de Torquemada para la elaboración de su Monarquía indiana.
En seguida da noticia de la fundación y funcionamiento del Colegio de Tlatelolco, su calidad, y la de sus egresados, entre los cuales Fernando de Alva, heredero de los señores de Tezcoco.
El mismo Becerra Tanco afirma haber escuchado cantares que relataban las apariciones, en el Tepeyac, durante las fiestas de Guadalupe.
También testimonia que en el Tepeyac se daba culto a la diosa Tonanzin, también llamada Toci, y que con su aparición, Guadalupe destierra esa idolatría.
En este punto Becerra Tanco despliega sus conocimientos bíblicos y teológicos, al sostener que, Guadalupe, al aparecérsele a Juan Diego, está reproduciendo en actuar divino, que “no acredita el milagro con la autoridad de las personas, sino con la evidencia de los sucesos” y esto lo afirma Jesucristo cuando alaba a los sencillos e ignorantes en el Evangelio (que cita de memoria en latín, pero no indica la cita); y lo mismo afirma San Pablo en la Primera Carta a los Corintios: Dios elige a los despreciados del mundo, a los que no son, para destruir a los que son. Como hizo al escoger a los apóstoles.
En esta parte, Becerra Tanco comienza a hacer un recuento de las virtudes heroicas de Juan Diego, con lo cual se testimonia su fama de santidad: candidez de ánimo y pureza de conciencia; la prudencia con la que una y otra vez soporta la actitud del Obispo y sus colaboradores. Así como el fervor, cuidado y vigilancia con que asistió todo el resto de su vida, en obsequio y cuidado de la imagen bendita y el cuidado de su templo. La Señora lo ama, y sólo por su medio se cumplirá su voluntad.
Copara la visión del indio con la experiencia de los pastores en Belén (música celestial, suceso en la madrugada, la disposición a caminar presuroso).
También describe la circunstancia y cualidad del ayate, así como los detalles admirables de la pintura y lo vivo de los colores. pp. 323-328.
Ø > Testificación: En esta parte reproduce el nombre y la calidad de los testigos sobre los que basa su crédito a la tradición guadalupana, a saber: Dos naturales, (1) el Lic. Pedro Ruíz Alarcón, Capellán del Colegio de los niños de San Juan de Letrán en México, quien falleció de ochenta y seis años; (2) El Lic. Gaspar de Praves, presbítero secular, cura beneficiado del partido de San Mateo Texcaliacac, de Tenango y de Taxco, quien conoció la tradición de Valeriano; (3) El Lic. Don Pedro Ponce de León, Cura beneficiado de Tzunpahuacán, quien falleció con más de 86 años; (4) Gerónimo de León, quien murió con más de 85 años; (5) Francisco de Mercado, intérprete del juzgado de la Cancillería;
En esta parte, Becerra Tanco vuelve al recuento de las virtudes heroicas, ahora de la practicada por Juan Diego y su esposa María Lucía: castidad.
Junto a esto, pasa a describir la pobreza de fray Toribio de Benavente, así llamado “Motolinia”.
Presenta entonces una serie de deducciones en torno a Juan Diego: el año de su fallecimiento 1548, a la edad de 74 años; y en atención a esto, determina que nació en 1474; que debió tener 48 años al momento de su bautismo en 1524. Murió María Lucía dos años después de las apariciones en 1534. Falleció Juan Bernardino en 1544, de 84 años, y junto con Juan Diego, ambos fueron enterrados en la ermita, ambos fueron consolados en el momento de sus muertes, por la Santísima Virgen.
Becerra Tanco termina ensalzando la virtud de Juan Diego en el cumplimiento de la cristiana obligación de auxiliar a su tío en peligro de muerte, antes incluso de cumplir con Nuestra Señora.
Ø Conclusión y recopilación de todo: Termina Becerra Tanco con magnifica apología de la gloriosa aparición de Guadalupe, que acompaña de una mínima, pero útil cronología:
*1519 llega Cortés a San Juan de Ulúa
*Para los indios, terminaba un ciclo según sus calendarios.
*1521 rendición de la ciudad de México el 13 de agosto.
*1524 llegan los franciscanos.
*1528 llega Zumárraga en calidad de obispo y protector de indios.
*1532 vuelve Zumárraga a España para ser consagrado obispo.
*1548 murió Zumárraga, por 20 años Obispo de México.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:

-AA VV. Enciclopedia Guadalupana. Vol. I. México, 1995.
-NOGUEZ, Xavier. Documentos guadalupanos. Fondo de Cultura Económica, México, 1995.
-De la Torre, Ernesto-Navarro de Anda, Ramiro. Testimonios históricos guadalupanos. Fondo de Cultura Económica, México, 1999.

FUENTES ELECTRONICAS:

-http://interlupe.com
-http://histora.fcs.ucr.ac.cr/articulos/2008/especial2008/articulos/nuevas
-http://www.analisisdoctrinal.com/bin/archivescgi?ld=3104
--Iván Escamilla González, La felicidad de México, de Luis Becerra Tanco, en la biblioteca del Instituto de Investigaciones históricas, en http://www.iih.unam.mx/publicaciones/revistas/boletín/pdf/bol.82/bol.8204.pdf

LA TRADICION GUADALUPANA EN EL ESTADO DE GUERRERO.

TRADICION GUADALUPANA EN EL ESTADO DE GUERRERO
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

Podemos preguntarnos: ¿Desde cuando es guadalupano el corazón de esta raza de bronce, del pueblo guerrerense?
Ya que la fe nace la de predicación de la palabra, sino no hay quien predique, ¿quién creerá? Y es un hecho que este pueblo costeño y guerrense en general es profundamente guadalupano. Sabemos también que el Acontecimiento guadalupano, ha quedado marcado desde sus origenes por su reacción constestaria: el antiguadalupanismo, o el antiaparicionismo, que en el Estado de Guerrero no ha encontrado seguidores resueltos.
Ciertamente, el Guadalupanismo -particularmente presente en la región hoy conocida como Estado de Guerrero-, se consolida con las ordenanzas y las campañas en la región del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón –Siervo de la Nación-, en el contexto de la Independencia. Don José María Morelos debe ser tenido como “Apóstol guadalupano del Estado de Guerrero”.
Pero la tradición guadalupana remonta sus orígenes documentados a mediados del Siglo XVII:

Primer dato relevante para la historia de Acapulco, es el paso de una preciosa Imagen de Santa María de Guadalupe por el Puerto: “El Excelentísimo Señor Conde de Alva de Liste, Don Luis Enrique de Guzmán, uno de los virreyes que ha tenido México señaladamente devoto de la Milagrosa Imagen del Santuario de Guadalupe, cuando partió al virreinato de Lima por los años de 1655, lo primero que sacó de México, como presea de mayor aprecio y devoción, fue la Imagen de Guadalupe, la cual embarcó en Acapulco con solemnidad de Salva Real”.
Segundo dato relevante, que no debemos olvidar es, que el tercer Evangelista Guadalupano: Don Luis Becerra Tanco, era guerrerense, originario del Real de Minas de Taxco. Y en 1666 escribirá su obra: Origen milagroso del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, conocida más tarde con el título de “Felicidad de México”.
Otro más, un interesante expediente, da cuenta de un Proceso Eclesiástico de la Audiencia Arzobispal de México, presentado en 1684, con una denuncia criminal por la representación teatral del Nican Mopohua, contra el Bachiller Juan de Rivera, Cura de Tepecoacuilco (hoy Estado de Guerrero). Hechos sucedidos en el pueblo de Tuspan, de su Partido (Parroquia). Este proceso da fe, de la acendrada devoción que ya existía en 1684 en la región del hoy Estado de Guerrero a la Virgen de Guadalupe.

COSTA GRANDE: PROVINCIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE.

El 16 de marzo de 1811 las tropas al mando del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón se apoderan de Tecpan –hoy de Galeana-, frustrados los intentos de apoderarse de Acapulco por una traición. Morelos se concentra en Tecpan, población que elevó al rango de Ciudad cabecera de Provincia, donde se hacen los primeros intentos de organizar un gobierno en las zonas dominadas por sus ejércitos. Hacia el 18 de Abril decreta el establecimiento de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan… La Suprema Junta Nacional Americana adoptó en su sello, bajo el águila mexicana, la mención, con la iniciales en latín (NFTON=Non Fecit Taliter Omni Nationi), de que la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación. Los símbolos fundadores de nuestra nacionalidad quedaban hermanados. Toda persona, a manera de identidad, a la pregunta: “¿Quién vive?”, debería responder entonces: “La América”, “La Virgen de Guadalupe”.

COSTA CHICA GUADALUPANA

El 11 de Marzo de 1813, la Proclama de Ometepec, del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, Capitán General de los ejércitos Americanos...: “Por los singulares, especiales e innumerables favores que debemos a María Santísima, en su milagrosa imagen de Guadalupe… mando que en todos los pueblos de este reyno, especialmente del sud de esta América septentrional, se continúe de celebrar una misa el día 12 de cada mes en honra y gloria de la Santísima Virgen de Guadalupe… deberán los vecinos de los pueblos exponer la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casa sobre un lienzo decente… deverá todo hombre generalmente de diez años arriba traer en el sombrero la cucarda de los colores nacionales, esto es, de azul y blanco, una divisa de listón, lienzo o papel, en que declara ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su culto… reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que reconvenido por tercera vez, no usare la cucarda nacional o no diere culto a la Santísima Virgen, pudiendo”.

EL ESTADO DE GUERRERO, CORAZON GUADALUPANO DE LA NACION MEXICANA.

Y lo mismo podemos decir a nivel de nuestra región guerrerense, cuando en 1813, en la ciudad de Chilpancingo se instaló el Congreso de Anáhuac, reuniendo distintas voces para dar forma a una nación que fuese común a todos, y es proclamada María Santísima de Guadalupe, Patrona de nuestra libertad.
Además del acta formal de Independencia, Morelos escribe un documento titulado: Los sentimientos de la Nación, en el cual, en veintitrés puntos, sienta las bases para un proyecto de un país justo, con miras a la igualdad, sin esclavitud, equilibrio de poderes, soberanía, proscribe cualquier viso de tortura. En el punto diecinueve hace hincapié en lo siguiente: “Que en la misma legislación se establezca por ley constitucional la celebración del día doce de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual”.
Para 1884, el insigne guerrerense, nacido en Tixtla de origen humilde y padres indígenas, Ignacio Manuel Altamirano, escribe una deliciosa crónica: La Fiesta de Guadalupe, en la que declara: “Si hay una tradición verdaderamente antigua, nacional y universalmente aceptada en México, es la que se refiere a la aparición de la Virgen de Guadalupe (...) No hay nadie, ni entre los indios más montaraces, ni entre los mestizos más incultos y abyectos que ignore la aparición de la Virgen de Guadalupe... En ella están acordes no sólo todas las razas que habitan el suelo mexicano, sino lo que es más sorprendente aún todos los partidos que han ensangrentado el país, por espacio de medio siglo (...) En el último extremo, en los casos desesperados, el culto a la Virgen Mexicana es el único vínculo que los une. La profunda división social desaparece también, solamente ante los altares a la Virgen de Guadalupe. Allí son igualados todos, mestizos e indios, aristócratas y plebeyos, pobres y ricos, conservadores y liberales... Los autores fueron el obispo español Zumárraga y el indio Juan Diego que comulgaron juntos en el banquete social con motivo de la Aparición, y que se presentan en la imaginación popular, arrodillados ante la Virgen en la misma grada... En cada mexicano existe siempre una dosis más o menos grande de Juan Diego. (...) El día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual”.
Estos Sentimientos, son los que constituyen al Estado de Guerrero como el corazón guadalupano de la nación mexicana.

EN ACAPULCO, ¡TODOS SOMOS JUAN DIEGO!, PORQUE SANTA MARIA DE GUADALUPE, ¡ES REINA DE LOS MARES!

El guadalupanismo acapulqueño es una nota muy peculiar de nuestra costa guerrerense, admirado por nacionales y extranjeros, por su fuerte carga de color, música, y movilización popular en todos los niveles. Año con año, todas las generaciones de acapulqueños se vuelcan a las calles a cantar que: ¨la Guadalupana vino a este reino”. Y en las últimas décadas, cantamos que: “A Acapulco la Virgen le dijo, este mar elijo para ser mi altar”.
Ciertamente, en el origen del guadalupanismo acapulqueño se encuentra la férrea voluntad y fecunda devoción guadalupana del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, para quien la toma de Acapulco se convirtió en una obsesión, y finalmente se alcanzó el 12 de Abril de 1813. La suerte quedará echada con el Decreto que crea la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando el Generalísimo Morelos ordena: “la población del mismo puerto nombrada la Ciudad de los Reyes, pierda por ahora ese nombre”...
Desde entonces, la devoción guadalupana ha ido creciendo como una bola de nieve que arrastra todo a su paso; para 1884, la Virgen de Guadalupe aparece como titular de Ejido Nuevo (de la Parroquia de Dos Arroyos), en el Directorio de la Parroquia de Acapulco elaborado por el Señor Cura Don Pascual Apreza
La devoción guadalupana tendrá un momento culmen, en Diciembre de 1958, un mes antes de la llegada del Primer Obispo de Acapulco, el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés, y la ejecución de la Bula “Quo aptiori” de S. S. Pio XII, creándose la Diócesis de Acapulco. Para entonces (1958), tiene lugar la entrada triunfal en el Puerto de Acapulco de la escultura en bronce elaborada por el escultor Armando Quezada, y diseñada por el Arquitecto Héctor Mestre, de Santa María de Guadalupe Reina de los Mares, bendecida por el Delegado Apostólico en México Monseñor Luigi Raimondi.

jueves, 29 de noviembre de 2007

DESDE GUERRERO UNA HERMOSA MAÑANA 4

EL ESTADO DE GUERRERO,
CORAZON GUADALUPANO DE LA NACION MEXICANA.
Pbro. Juan Carlos Flores Rivas.

Ya hemos abordado en entregas anteriores, cómo nuestra Costa Guerrerense ha aportado originalidad a la devoción guadalupana, y que en el origen de la misma aparece reiteradamente el Generalísimo Don José María Morelos, y lo mismo podemos decir a nivel de nuestra región guerrerense, cuando en 1813, en la ciudad de Chilpancingo se instaló el Congreso de Anáhuac, reuniendo distintas voces para dar forma a una nación que fuese común a todos, y es proclamada María Santísima de Guadalupe, Patrona de nuestra libertad.
Además del acta formal de Independencia, Morelos escribe un documento titulado: Los sentimientos de la Nación, en el cual, en veintitrés puntos, sienta las bases para un proyecto de un país justo, con miras a la igualdad, sin esclavitud, equilibrio de poderes, soberanía, proscribe cualquier viso de tortura y solemniza el 16 de septiembre; sentimientos del más puro y original cristianismo que se encuentra en las raíces de nuestra cultura guadalupana y guerrerense.
En el punto diecinueve hace hincapié en lo siguiente: “Que en la misma legislación se establezca por ley constitucional la celebración del día doce de diciembre en todos los pueblos, dedicado a la patrona de nuestra libertad, María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual”.
Para 1884, el insigne guerrerense, nacido en Tixtla de origen humilde y padres indígenas, Ignacio Manuel Altamirano, escribe una deliciosa crónica: La Fiesta de Guadalupe, en la que declara: “Si hay una tradición verdaderamente antigua, nacional y universalmente aceptada en México, es la que se refiere a la aparición de la Virgen de Guadalupe (...) No hay nadie, ni entre los indios más montaraces, ni entre los mestizos más incultos y abyectos que ignore la aparición de la Virgen de Guadalupe... En ella están acordes no sólo todas las razas que habitan el suelo mexicano, sino lo que es más sorprendente aún todos los partidos que han ensangrentado el país, por espacio de medio siglo (...) En el último extremo, en los casos desesperados, el culto a la Virgen Mexicana es el único vínculo que los une. La profunda división social desaparece también, solamente ante los altares a la Virgen de Guadalupe. Allí son igualados todos, mestizos e indios, aristócratas y plebeyos, pobres y ricos, conservadores y liberales... Los autores fueron el obispo español Zumárraga y el indio Juan Diego que comulgaron juntos en el banquete social con motivo de la Aparición, y que se presentan en la imaginación popular, arrodillados ante la Virgen en la misma grada... En cada mexicano existe siempre una dosis más o menos grande de Juan Diego. (...) El día en que no se adore a la Virgen del Tepeyac en esta tierra, es seguro que habrá desaparecido no sólo la nacionalidad mexicana, sino hasta el recuerdo de los moradores del México actual”.
Estos Sentimientos, son los que constituyen al Estado de Guerrero como el corazón guadalupano de la nación mexicana.

DESDE GUERRERO UNA HERMOSA MAÑANA 3

COSTA GRANDE:
PROVINCIA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE.
Pbro. Juan Carlos flores Rivas.

Nos aproximamos cada ves más a las fiestas anuales en las que nuestra costa guerrerense celebra con regocijo las Apariciones de Santa María de Guadalupe al bienaventurado San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, feliz Acontecimiento Guadalupano, en el cual la costa guerrerense “en modo ninguno es menor entre todos los pueblos”, ya que ha tenido un lugar muy original en la devoción general Guadalupana en México.
El 16 de marzo de 1811 las tropas al mando del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón se apoderan de Tecpan –hoy de Galeana-, frustrados los intentos de apoderarse de Acapulco por una traición. Morelos se concentra en Tecpan, población que elevó al rango de Ciudad cabecera de Provincia, donde se hacen los primeros intentos de organizar un gobierno en las zonas dominadas por sus ejércitos. Hacia el 18 de Abril decreta el establecimiento de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe de Tecpan y la entrega de tierras a los pueblos. Marcándose con este hecho el despegue de la devoción Guadalupana en nuestra costa guerrerense, que se consolidará posteriormente con la Proclama de Ometepec del 11 de Marzo de 1813, que ya transcribimos en el artículo de la semana pasada en nuestro Mar Adentro con el título: Costa Chica Guadalupana. La Suprema Junta Nacional Americana adoptó en su sello, bajo el águila mexicana, la mención, con la iniciales en latín (NFTON=Non Fecit Taliter Omni Nationi), de que la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación. Los símbolos fundadores de nuestra nacionalidad quedaban hermanados. Toda persona, a manera de identidad, a la pregunta: “¿Quién vive?”, debería responder entonces: “La América”, “La Virgen de Guadalupe”.
Don José María Morelos y Pavón, creyente implacable, sacerdote de compañerismo solidario, genio militar y caudillo patriota, personalidad popular y gran sentido de justicia, de profunda religiosidad Guadalupana, sin duda alguna, se encuentra en el origen del entusiasmo Guadalupano de nuestra costa guerrerense, festivo, explosivo, lleno de entusiasmo y profundo.

DESDE GUERRERO UNA HERMOSA MAÑANA 2

EN ACAPULCO, ¡TODOS SOMOS JUAN DIEGO!,
PORQUE SANTA MARIA DE GUADALUPE,
¡ES REINA DE LOS MARES!
P. Juan Carlos Flores Rivas

El guadalupanismo acapulqueño es una nota muy peculiar de nuestra costa guerrerense, admirado por nacionales y extranjeros, por su fuerte carga de color, música, y movilización popular en todos los niveles. Año con año, todas las generaciones de acapulqueños se vuelcan a las calles a cantar que: ¨la Guadalupana vino a este reino”. Y en las últimas décadas, cantamos que: “A Acapulco la Virgen le dijo, este mar elijo para ser mi altar”.
Ciertamente, en el origen del guadalupanismo acapulqueño se encuentra la férrea voluntad y fecunda devoción guadalupana del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, para quien la toma de Acapulco se convirtió en una obsesión, y finalmente se alcanzó el 12 de Abril de 1813. Esta entrada en Acapulco estuvo antecedida por la proclamación de Tecpan como: Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe el 16 de Marzo de 1811; y por la Proclama de Ometepec del 11 de Marzo de 1813, que consolidaron y propagaron con anterioridad en la Costa Grande y la Costa Chica la devoción guadalupana. Acapulco nunca dejó de presentar resistencia, por el hecho de que estaba tomada por los realistas, quienes habían proclamado a la Virgen de la Soledad como Generala de sus tropas y Patrona del Puerto, en el Fuerte de San Diego, el 8 de Diciembre de 1812, en contraposición a los insurgentes, y provocando el declive inevitable de los Santos Reyes Magos, titulares originales de la Parroquia de Acapulco, hasta entonces, como hemos explicado ampliamente cuando abordamos la historia de la mencionada Parroquia en nuestro Semanario Mar Adentro, con motivos de sus 450 años de fundación en el 2005. Devoción que está muy lejos del arraigo que muestra la fe guadalupana, comprensible desde el punto de vista de la historia de las ideas, pues es el pueblo llano, la gente común, la que impone las devociones, y no los decretos, ni las voluntades de déspotas ilustrados de cualquier tiempo. La suerte quedará echada con el Decreto que crea la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando el Generalísimo Morelos ordena: “la población del mismo puerto nombrada la Ciudad de los Reyes, pierda por ahora ese nombre”...
Desde entonces, la devoción guadalupana ha ido creciendo como una bola de nieve que arrastra todo a su paso; para 1884, la Virgen de Guadalupe aparece como titular de Ejido Nuevo (de la Parroquia de Dos Arroyos), en el Directorio de la Parroquia de Acapulco elaborado por el Señor Cura Don Pascual Apreza; y la devoción guadalupana tuvo un momento culmen, en Diciembre de 1958, un mes antes de la llegada del Primer Obispo de Acapulco, el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés, y la ejecución de la Bula “Quo aptiori” de S. S. Pio XII, creándose la Diócesis de Acapulco. Para entonces (1958), tiene lugar la entrada triunfal en el Puerto de Acapulco de la escultura en bronce elaborada por el escultor Armando Quezada, y diseñada por el Arquitecto Héctor Mestre, de Santa María de Guadalupe Reina de los Mares, que realizó un recorrido apoteósico desde la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe en México, donde fue bendecida por el Delegado Apostólico en México Monseñor Luigi Raimondi el 5 de diciembre de 1958, para después recorrer en medio del júbilo desbordante de los fieles: Cuernavaca, Iguala, Chilpancingo, y finalmente Acapulco, donde fue recibida por el pueblo el 10 de Diciembre de 1958, en La Garita, de donde fue trasladada a la Parroquia de la Soledad, para ser velada. El 12 de Diciembre, trasladada en barco hasta el punto denominado Islote de la Yerbabuena, frente a la Isla de la Roqueta, fue proclamada, Reina de los Mares, y sumergida y colocada en un pedestal desde donde bendice a todos los acapulqueños.

martes, 27 de noviembre de 2007

DESDE GUERRERO UNA HERMOSA MAÑANA.

COSTA CHICA GUADALUPANA.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Nos acercamos ya al 476 Aniversario de las apariciones de la gloriosa siempre Virgen Santa María de Guadalupe, al bienaventurado indio San Juan Diego Cuauhtlatoatzin y recordamos que nuestra Costa Guerrerense ha tenido un papel original relevante en cuanto a la devoción Guadalupana.
Basta recordar, por ejemplo, que el 11 de Marzo de 1813, la Proclama de Ometepec, del Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, Capitán General de los ejércitos Americanos...: “Por los singulares, especiales e innumerables favores que debemos a María Santísima, en su milagrosa imagen de Guadalupe; patrona, defensora y distinguida Emperatriz de este reyno, estamos obligados a tributarle todo culto y adoración, manifestando nuestro reconocimiento, nuestra devoción y confianza, y siendo su protección... tan visible que nadie puede disputarla a nuestra nación, debe ser visiblemente honrada y reconocida por todo americano. Por tanto, mando que en todos los pueblos de este reyno, especialmente del sud de esta América septentrional, se continúe de celebrar una misa el día 12 de cada mes en honra y gloria de la Santísima Virgen de Guadalupe, y en todos los pueblos donde no hubiere cofradía o devoto que exhiva la limosna, se sacará ésta de las caxas nacionales: y en las divisiones de nuestro Exército será obligación de los capellanes sin percepción de limosna... En el mismo día doce de cada mes deberán los vecinos de los pueblos exponer la Santísima Imagen de Guadalupe en las puertas o balcones de sus casa sobre un lienzo decente, u cuando no tengan imagen colgarán el lienzo mientras las solicitan de donde las hay, añadiendo arder las luces que según sus facultades y ardiente devoción les proporcione. Y por cuanto no todos pueden manifestar de este modo, deverá todo hombre generalmente de diez años arriba traer en el sombrero la cucarda de los colores nacionales, esto es, de azul y blanco, una divisa de listón, lienzo o papel, en que declara ser devoto de la Santísima Imagen de Guadalupe, soldado y defensor de su culto, y al mismo tiempo defensor de la religión y su patria contra las naciones extranjeras que pretenden oprimir a la nuestra. Y para que esta disposición obligatoria tenga su debido cumplimiento, mando a todos los jueces militares y políticos, ruego a todos los prelados eclesiásticos cuiden y celen con todas sus fuerzas, a fin de que todos sus súbditos logren tan santos fines, reservando declarar por indevoto y traidor a la nación al individuo que reconvenido por tercera vez, no usare la cucarda nacional o no diere culto a la Santísima Virgen, pudiendo. Y para que llegue a todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en las provincias de Teipan, Oaxaca y siguientes del reyno. Dado en el cuartel general de Ometepec a los once días de marzo de mil ochocientos trece. José María Morelos”.
Esta Proclama, es sin duda, el origen de la arraigada devoción en la Costa Guerrerense a Nuestra dulce y santa Madre, Inanzin Guadalupe.