José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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martes, 22 de junio de 2010

SAN MARGARITO FLORES GARCIA. 6. APANGO Y TULIMAN: PASION Y MUERTE DE UN SANTO TAXQUEÑO.

SAN MARGARITO FLORES GARCÍA (1899-1927).
Tomado y adaptado de: “Notas eclesiásticas del Estado de Guerrero”, pp. 281-336, de Román Juan Guadarrama Gómez, Tipografías Editoriales, México, 1992.

6. APANGO Y TULIMAN: PASION Y MUERTE DE UN SANTO TAXQUEÑO.

A fines del mes de Octubre, el Padre Margarito, regreso al Estado de Guerrero, haciendo a pie su recorrido hasta la ciudad de Chilapa, a la cual llego el día 3 de Noviembre.
Ahí, el Señor Canónigo Gabino Acevedo, Pío Vicario Capitular de la Diócesis le confirió el nombramiento de Vicario Sustituto de la Parroquia de Atenango del Río. Atenango “donde para el agua”, a la orilla del pueblo pasa el río Nexpa, por el cual llega el agregado. Una de las noticias de este 
pueblo, la encontramos en la Relación del Arzobispado de México que dice:
… “Atenango del Río.- San Juan Bautista - cabecera. Está en la real corona, a tres lenguas del dicho pueblo de Comala, hacia el sur. Tiene un gobernador, dos regidores, un mayordomo, un escribano, dos alguaciles. En las estancias y en la cabecera hay tres principales, tiene ocho estancias y tributarios setenta y uno, casados, cuatro muchachos, diez viudas y cinco muchachas.”
Fechada el 2 de noviembre de 1569 por el Bachiller Rodrigo de Rivera. Vicario del pueblo de Huitzuco.
Los Archivos Parroquiales datan desde el año de 1769 siendo su primer Párroco el Presbítero Francisco Herrera.
Cerca de este lugar, en un paraje denominado Temalac, el 5 de noviembre de 1815 fue hecho prisionero el Padre José María Morelos y Pavón. Algunos de sus acompañantes, fueron fusilados y el pueblo de Atenango les dio sepultura en el centro del actual Panteón Municipal.
Al formarse la federación, el pueblo perteneció al Estado de México y erigiéndose la entidad guerrerense, formo parte del Distrito de Álvarez y actualmente pertenece al Distrito de Hidalgo.
Hasta el 15 de agosto de 1927 había sido Párroco del Templo de San Juan Bautista, el Presbítero Procopio I. Lara.

El 10 de Noviembre, el Padre Margarito salió de Chilapa rumbo a Zitlala, cuyo camino se hacía en tres horas a lomo de bestia, de ahí partió al poblada de Tulimán, al cual llego al anochecer.
El padre, se dirigió a la casa de la Señora Emilia Peralta, encargada de la Capilla de San Agustín, situada al noreste de la plaza, quien le sirvió una sencilla cena y le dio asilo.
Al día siguiente, el Padre Flores, pidió a la Señora Peralta, que le consiguiera un guía para poder llegar a Atenango, ya que él desconocía la ruta.
Se requirió la ayuda del Comisario, Señor Cruz Pineda quien le proporcionó al Propio de la Comisaría, llamado Pedro ya quien todos conocían como el “saca”, natural de Tlacozotitlán.
Antes de salir, el Padre realizo algunos Sacramentales, partiendo a medio día y llegando a Atenango, cerca de las seis de la tarde.
El Padre y el guía se dirigieron a la casa del señor Anacleto Giles, donde rápidamente entró el Padre, con toda confianza ya que ahí vivía el joven Fabián, hijo del señor Giles, quien había sido su alumno y compañero en el Seminario de Chilapa.
Entrando de este modo, ya que en la esquina continua, se encontraba un grupo de federales, que de inmediato y llenos de curiosidad indagaron con el “saca” su procedencia, reservándose el guía la personalidad del Padre, quien al salir del corredor lo tomaron preso.
Sabiendo el señor Giles la identidad del Padre Flores, y puesto que ocupaba el cargo de Juez del Registro civil, pidió la ayuda del señor Presidente 
Municipal Silvano Sánchez, quien con otras personas intercedieron por los prisioneros, a los que se le consideraban espías de la gente de Liro Figueroa, que por la mañana les había ocasionado fuertes bajas en la barranca de Tequixijapa.
Registrando las cosas del Padre, encontraron su sotana, su Brevario y menesteres personales, por lo que el interrogatorio del lugarteniente del Coronel Rosendo Manzo, fue más cruel y despiadado.
Manzo se encontraba reposando la resaca, y cuando le fue dado el parte de estos hechos, enfurecido hizo comparecer al sacerdote a quien acusó de estar sublevando a los indígenas de la región contra el Gobierno.
Para confirmar la versión del “saca” y previendo que el pueblo de “Atenango” se amotinara, Manzo ordenó salir en la madrugada de dicha población a Tulimán, donde sospechaba que ahí se gestaba un levantamiento y que el Comisario estaba involucrado.
Sin misericordia, los soldados despojaron al Padre Margarito de sus ropas, amarrándole las manos de las que dependía una soga que portaba un jinete atada a su silla, y así, descalzo y al trote del caballo, salió la partida por la calle Heroico Colegio Militar del pueblo de Atenango, que contempló en silencio y a escondidas de este hecho.
Cinco horas recorrieron por ese camino de abundantes yecapixtles, que hicieron sangrar los pies del Padre, que sin alimento alguno y lleno de sed, recorría a paso veloz para no ser arrastrado por la fuerza del animal, escuchando el florido lenguaje procofílico de los genízaros.
En estas condiciones atravesaron la cañada de Tequicuilco, lo escabroso de las tierras de Tecolotempa, y el lodoso paraje de Xolonga, llegando a Tuliman, al medio día.
Para esto la avanzada, había arribado una hora antes y Rosendo Manzo, se refrescaba en la hamaca de la tienda de la Señora Emilia Peralta, de donde ordenó la comparecencia del Comisario para oír su declaración.
Observando que los hombres laboraban en la terminación de sus pizcas, otro fabricaban sus alfarerías, que la pobreza de aquella gente que vivía en sus casas de barro con otates, techadas con palma de zoyate y que la mayoría no entendía el castellano, por lo que éstos no podían estar conspirando contra el Gobierno, sobre todo por el miedo que causaba su presencia en aquel pueblecillo, carente de las más elementales formas de civilización.
La jauría de perros, anuncio que los prisioneros llegaban a la plaza, conduciendo al Padre al corredor de la casa de la Familia Quiñones, situada al norte de la Capilla de San Agustín, mientras que el “saca” fue llevado ante Manzo, quien le dió la libertad.
En el corredor, el Padre Margarito permanecía inmóvil sin decir ninguna palabra, sin que pronunciara el más leve quejido, ahí alzando los pies de donde emanaban gruesas gotas de sangre que formaron un charquillo, ante la mirada curiosa de las mujeres y niños que compadecidos, sin poder hacer nada, eran testigos del cruento cuadro.
Los ancianos acudieron ante Manzo, para abogar por el Padre y saber la situación del Comisario, ofreciéndo
le dinero, maíz y animales, pero el Coronel a media cuerda, no entendía ni lo que decían, llamando a uno de sus oficiales le dio instrucciones de que cerraran el asunto.
A la una de la tarde, de aquel Sábado 12 de Noviembre de 1927, sin juicio alguno, se le condujo al Padre Margarito Flores García, a la parte de atrás de la Capilla, donde pidió permiso para hacer de rodillas sus oraciones.
Puesto de pie, con gran valentía se negó a ser vendado y con los brazos en cruz y alzando su mirada del cielo, recibió la descarga que lo privó de la vida.

¡Oc yoquimitique padrecito!

Su cadáver, permaneció tirado en ese sitio hasta las seis de la tarde, en que dos soldados lo llevaron arrastrando de los pies al Panteón, donde casi a flor de tierra lo tiraron en una cepa en la parte norte, de la mitad del terreno.
Al día siguiente, los federales salieron de Tulimán rumbo a Huitzuco, llevándose con ellos al Comisario Cruz Pineda, al cual asesinaron antes de llegar al pueblo de Tlapala.
A los pocos días Don Germán Flores y doña Merced Ortiz García, recibieron la noticia de la trágica muerte de su hijo, que embargó de temor y tristeza a la familia.
En la época del temporal del año de 1928 la sequía se manifestó en el poblado Tulimán, fue entonces cuando los señores Nieves, Juan y Cirilio Chávez, Marcelino y Rafael Jiménez, Calixto Navarrete y Emigdio Ortiz, dispusieron darle la cristiana sepultura al cadáver del Padre Margarito Flores, que tenía alrededor de ocho meses de estar enterrado en el Panteón.
Se trasladaron a Atenango del Río, donde adquirieron lo necesario para estos casos.
A su retorno se encaminara al Panteón de Tulimán, y con gran cuidado removieron la tierra a escasos 80 centímetros, encontraron el cuerpo incorrupto, emanando sangre fresca, como lo afirman varios testimonios.
Sacaron el cadáver, lo envolvieron en mantas y lo colocaron en una caja de madera, la cual llevaron en hombros hasta la Capilla de San Agustín de Hipona, donde fue inhumado en el Presbítero.
Al terminar esta jornada, comenzó a llover fuertemente, regularizándose el temporal en el pueblo y sus contornos.
En el año de 1945 Tulimán, pertenecía al Municipio de Tepecoacuilco, donde los hermanos del Padre Margarito Flores, Luis y Jesús tramitaron la exhumación de los restos, previa consulta con las autoridades eclesiásticas de la Diócesis, en coordinación con el Párroco de Santa Prisca de Taxco, Don José Merced Corrales Mendoza y el Párroco de San Juan Bautista de Atenango del Río, Don José Ocampo Madrid.
El martes 8 de Enero de 1946, por la tarde, en la Capilla de Tulimán se comenzaron los trabajos para exhumar los restos que fueron colocados en una urna de madera.
Con fervor, los lugareños velaron los restos y al día siguiente los señores Luis y Jesús Flores, Francisco Torres Moreno, Isidro Mejía Olivares y Ernesto M. Olmedo; transportaron la urna en un automóvil, marca Packard a la ciudad de Taxco.

El jueves 10 de enero, se celebraron las Solemnes Honras Fúnebres en el Templo de Santa Prisca y San Sebastián, en la que estuvieron presentes los padres del sacerdote sacrificado, don Germán Flores Viveros y doña Merced Ortiz García.
Terminado el acto eucarístico, la urna fue conducida a la Capilla del Cristo de la Preciosa Sangre del Barrio de Ojeda, donde fue depositada en un nicho, donde aun permanece. Ahí una lapida reza:

“A la memoria
Del Presbítero Don Margarito Flores. Fusilado el 12 de noviembre de 1927.
A la edad de 28 años en Tulimán.
Sus familiares dedican esta placa
Con admiración, cariño y veneración.
Taxco, Gro. 22 de febrero de 1946.”

Y en Tulimán una humilde cruz de madera grabada nos recuerda:

“Aquí falleció
El señor Cura Margarito Flores G.
El 12 de noviembre de 1927.
Pide un sudario.”

SAN MARGARITO FLORES GARCIA. 5. EL MINISTERIO DE UN SANTO TAXQUEÑO: CHILAPA, CHILPANCINGO, TECALPULCO Y CIUDAD DE MEXICO.

SAN MARGARITO FLORES GARCÍA (1899-1927).
 Tomado y adaptado de: “Notas eclesiásticas del Estado de Guerrero”, pp. 281-336, de Román Juan Guadarrama Gómez, Tipografías Editoriales, México, 1992.

5. EL MINISTERIO DE UN SANTO TAXQUEÑO: CHILAPA, CHILPANCINGO, TECALPULCO Y CIUDAD DE MEXICO. El 30 de marzo de 1924 MARGARITO FLORES GARCIA recibió el Orden del Diaconado, y el Sábado 5 de abril, en la Capilla del Seminario de Chilapa fue Consagrado Sacerdote por el Excelentísimo Señor Obispo José Guadalupe Ortiz López. El 20 de Abril, Domingo de Pascua, a las 8 de la mañana, en la Parroquia de Santa Prisca y San Sebastián de Taxco, el Padre Margarito Flores celebró su Canta Misa en que estuvieron presentes sus padres, hermanos, familiares, amigos y feligreses. Terminada la ceremonia el Señor Cura Febronio Jaimes pronuncio un elocuente fervorín, siguiendo el Besamanos y los parabienes al Padre Margarito. Culminado con este acto, los familiares del Padre ofrecieron una sencilla comida en su casa del Barrio de Ojeda. El Padre Margarito, regreso al Seminario de Chilapa del cual era Maestro, no obstante de que desde el 1° de Mayo se le había conferido el nombramiento de Vicario Cooperador de la Parroquia de Santa María de la Asunción de Chilpancingo, cargo que desempeño hasta el mes de agosto. Chilpancingo, “lugar de avispas”, población que surgió al establecerse el comercio con el Oriente en el año de 1571, al formarse la venta que albergaba a los comerciantes y viajeros, ya que constituía la octava jornada, desde la capital de la Nueva España al puerto y la sexta de Acapulco a la Ciudad de México. 
Siendo su Majestad Felipe II,y Virrey don Luis de Velasco, se fundó como pueblo por la Cédula Real del 1° de Noviembre de 1591 perteneciendo al Reino y a la Provincia de México. Recibió su fundo legal el 1° de diciembre de 1636 por el Marqués Don López Díaz de Arizmendi y sus títulos de Pueblo y Congregación, el 4 de agosto de 1643 por el Virrey Don García de Sarmiento y Sotomayor. Sus territorios fueron regulados el 2 de enero de 1710 por el Virrey Don Francisco Fernández de la Cueva y su Titulación Real fue firmada el 6 de octubre por su Majestad Felipe V. Desde el 15 de febrero de 1910 el Padre Margarito Escobar Ríos, se encargó de la Parroquia de Chilpancingo. Así desde agosto de 1924 en la capital del Estado, había dos Padres Margaritos, el grande y el chiquito como los distinguió desde ese entonces la grey. Al igual que sus nombres, los sacerdotes tenían en común algunas afinidades tales como la escultura y pintura que también realizaban sus sobrinos del Padre Escobar: Arnulfo, Felipe, Albertano, Lorenza, Delfina, Guadalupe y Prudencia, que residían en el Curato, situado en la esquina de Abasolo y Allende. El Padre Margarito Flores fue siempre muy dinámico y obediente, el Padre Escobar lo encomendó la atención y visita de las capillas de la Parroquia que él, lleno de vigor y siempre presto a la petición de los fieles les servía con paciencia, teniendo que recorrer a pie o en bestia los caminos, según el caso, haciendo caso omiso al estado del tiempo y redoblando sus actividades en las temporadas de mayor acercamiento a los Sacramentos de la Confesión y Eucaristía. En el aspecto educativo fundó un colegio católico en Chichihualco e impartió clases de francés en el Colegio Wallace de Chilpancingo, reanimó los Centros de Catequesis de los barrios de San Mateo, San Antonio, San Francisco, de la Parroquia de la Asunción y de las rancherías. En sus ratos libres siempre estaba leyendo, rezando su Breviario, preparando sus homilías. Sus actos litúrgicos los hacía lleno de fervor y contemplación, el rezo del Santo Rosario lo meditaba de rodillas y buen lapso pasaba en constante oración frente al Santísimo Sacramento. Tenía como lecho unos tablones y su almohada eran unos trozos de cartón, acostumbraba flagelarse y traer cilicio. El 2 de marzo de 1925 en el Panteón Municipal de Chilpancingo fue fusilado el General Antonio Hernández, al cual asistió espiritualmente el Padre Margarito Flores, que conmovido, presenció el hecho. Al General Hernández, se le condeno por haber incendiado el Palacio Municipal de Chilapa, en el mes de enero, liberando a los presos y asesinando al señor Antonio Cadena
, del que se sospechaba haber envenenado a la señora Eucaria Apresa, siendo capturado por la gente del General Pafnuncio Mendoza. La principal ocupación del Padre Margarito Escobar, fue la de terminar la construcción del templo de la Asunción y la juventud del Padre Margarito Flores, se prestaba para hacer viajes de Iguala, donde en la estación ferroviaria se recibía el material para la fabricación del Templo, el cual el Padre Flores, embarcaba y remitía a Chilpancingo. Aprovechando estas ocasiones para visitar a su familia en Taxco. Los preparados etílicos que hacia el Padre Margarito Escobar, tenían fama en la región y la sociedad elitista de esa época los prefería en sus reuniones, por lo que el Padre Escobar, era invitado a todos estos ágapes, llevando a su Vicario, que habitualmente sacaba de esas reuniones algún material para el Templo. El Padre Flores, tenia una visión social amplia y su preocupación ministerial, fue la educativa y la ayuda a los desposeídos, por lo que con las Asociaciones piadosas solía organizar kermeses y tómbolas en el Jardín Cuéllar, tertulias en el Jardín Bravo, contando con el apoyo de don Adalberto Catalán, Joaquín Salgado, Cirilo V. Garzón, Jesús Leyva, Ramón Carreto, Zacarías López y con la juvenil participación de la señorita Virginia López, hija del señor Gobernador, quien invitaba a las esposas de los funcionarios a estar presentes en estas actividades que amenizaba la Banda de Música del Gobierno del Estado. El 1° de agosto de 1926 se suspendieron los cultos en el Templo Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, refugiándose el Padre Margarito Flores en las rancherías de la Parroquia, donde se presentaba a celebrar sacramentos y obtuvo para la escuela de Chichihualco su inscripción bajo el nombre de “Nicolás Bravo” por medio del señor Enrique Sosa, como consta en el oficio N° 2, 738 de fecha 1° de octubre, firmando por el Director de Educación en el Estado de Guerrero, Profesor Felipe de Jesús Espinoza. En Chilpancingo, el Padre Margarito Flores, vivió recluido junto con el señor Cura Margarito Escobar, en la casa del señor Tiburcio Vega, situada en donde se encuentra el jardín de niños Genoveva Alarcón de Abarca. En aquel tiempo la casa, tenía su entrada principal por la calle Ignacio Ramírez y por la calle de Juan Ruiz de Alarcón, había un portón por donde las madrugadas solía salir el Padre Margarito Flores, a llevar el Viático a los necesitados. En diciembre, como pudo, en medio de los peligros que representaba su condición de Sacerdote, el Padre Flores llego a Taxco, con sus familiares, que llenos de zozobra le cuidaban para que no lo vieran. Dedicándose el Padre Margarito a pintar algunos cuadros, y donde esculpió una imagen de un Niño Dios que se encuentra actualmente en el templo de Axixintla. En una ocasión, el Padre Margarito contempló desde la ventana de su cuarto, el paso del destacamento militar, que bajaba de la calle de Tlalchichilpa y sus familiares se asustaron por lo que le aconsejaron que se refugiara en otra parte, escogiendo el Padre Margarito la Capilla de San Celso, que se encuentra en la panteón de la localidad, donde discretamente le llevaba alimentos. En el año de 1927 se le encomendó verbalmente la Parroquia de Tecalpulco. Tecalpulco “Texcalera de Pulque” pueblo prehispánico de origen matlalcinga, formó parte del Señorío de Zumpanhuacán, hoy Estado de México en plena dominación española y se resistió a la conversión cristiana, que llevaron a cabo en esa región los jesuitas desde el año 1572. No así los de Tecalpulco, que aceptaron las enseñanzas de los misioneros, por lo que los nativos de Zumpanhuacán los condenaron a morir. 
Enterándose los de Tecalpulco de los planes de sus congéneres, emigraron al sur, para buscar un sitio para su pueblo. A los pocos días de su peregrinar se instalaron en el cerro alto, al poniente de la hacienda de San Juan bautista, donde los naturales del poblado de Taxco el Viejo les rentaron el terreno a cambio de algunos trabajos y tributos. Posteriormente, los topiles de Taxco les suplicaron a los de Tecalpulco, que se pasaran a un lado del camino de Atzala, petición que les fue concedida, formándose el actual poblado. Los ancianos escogieron un solar donde había un frondoso tepehuaje, para construir su Templo. Principiando la veneración de la imagen de Padre Jesús, cuyos fieles se multiplicaron, concurriendo en gran numero en sus funciones del Primer Viernes de Cuaresma y el 6 de agosto. Donde lo peregrinos adquirían las artesanías de hoja de lata y sus dulces de semilla de calabaza, iniciandose su feria. En el año de 1860 el Templo se incendió, nunca se supo si fue a propósito o accidente, debido a que ese año se suscito el primer conflicto religioso en México. La señora Victoria Pérez Pita, afirma “que su abuelo Jesús Pérez, en el mencionado, siniestro salvó la escultura del Nazareno”. El pueblo reparó nuevamente el Templo, que se encuentra a la siniestra del actual, emprendiéndose la construcción de este último en el año de 1869. Desde el año 1890 es Sede Parroquial, sufragánea de Taxco, siendo su primer Cura el Presbítero Antonio de Jesús Burgos. En la época del movimiento armado de 1910 la población fue saqueada y despojada de sus víveres por las ordas zapatistas, padeciendo el hambre en el año de 1915. Con el poco maíz que quedo en sus trojes, hacían sus tortillas en silencio, comiendo espigas, chupil, hongos, corazón de bonete, verdolagas y quintoniles, así lograron sobrevivir hasta el año de 1917 en que la cosecha fue buena, logrando también la terminación del Templo. Hasta julio de 1926 fue Párroco de ese lugar el Presbítero Ramón Flores Rizo. El Padre Margarito Flores García se encargó de este Templo, los meses de Enero y Febrero. Viendo que las tropas se acercaban con motivo de la confluencia de fieles para la celebración del Primer Viernes de Cuaresma, el Miércoles de Ceniza se encaminó a pie rumbo a Taxco, padeciendo hambre y sed, ya que lo seguían y lo buscaban los federales. Por varios días deambuló por el cerro del Atache, La Cantera y El Sombrero, cercanos al poblado de Taxco. Cuando creyó pertinente se acercó y llegó a su hogar en Ojeda, donde sus padres miraron su condición desfigurada por la faena, lo cual los puso muy tristes. Presto, don Germán Flores y sus hermanos Jesús y Luis, consiguieron el dinero razonable para que el padre Margarito, se trasladara a la Ciudad de México, donde se hospedo en la casa de doña Natalia Calvillo, situada en la tercera calle de Hortensia N° 47, cerca de la Villa de Guadalupe. Adaptándose al ambiente capitalino, el Padre Margarito asistió a la Academia Nacional de Bellas Artes, mezclándose con los integrantes de la Liga de la Defensa Nacional Religiosa. Siendo aprehendido por la policía y recluido en la Inspección General, al conocer su situación los ligeros se comunicaron con algunos conocidos del Padre Flores, trascendiendo la noticia hasta Chilpancingo, donde la señorita Virginia López intercedió a favor de padre, por medio de la esposa del General Roberto Cruz, quien era jefe de esa corporación, quedando libre a los pocos días.

lunes, 21 de junio de 2010

SAN MARGARITO FLORES GARCIA. 4 ESTAMPAS DEL SEMINARIO DE UN SANTO TAXQUEÑO.

SAN MARGARITO FLORES GARCÍA (1899-1927).
 Tomado y adaptado de: “Notas eclesiásticas del Estado de Guerrero”, pp. 281-336, de Román Juan Guadarrama Gómez, Tipografías Editoriales, México, 1992.

4. ESTAMPAS DEL SEMINARIO DE UN SANTO TAXQUEÑO. A continuación se transcriben algunos textos escritos que nos ponen en el ambiente seminarístico que vivió San Margarito, el primero y el último, cartas escritas por él mismo. “Estimado Emilio: Tiempo ha, que en tus anteriores cartas me muestras el deseo ardiente que tienes de conocer, al menos por medio de una minuciosa narración el interior del Sagrado recinto que habitamos, y no esperas sino una ocasión favorable, que felizmente hoy se me presenta , para cumplir tu deseo y hacerte una pintura aunque imperfecta de lo que hoy es este Seminario, en el cual tanto te interesas. Nuestra mencionada casa ocupa una gran extensión, tiene tres grandes patios, uno de los cuales ocupan exclusivamente los mayoristas y está hermoseado por muchas y variadas plantas, que nos prodigan aromáticas flores; en este mismo patio crecen frondosas limas y naranjos que apenas se ensayan en darnos sus frutos; en columnas que sostienen el techo de los corredores se levantan airosos los jardines, cubiertos de flores blancas, que impregnan el aire de una suavísimo olor y dan un realce a estas columnas vistiéndolas y envolviéndolas completamente con los tiernos bejuquillos que se van alargando más y más hasta formar con las otras guías una arco gracioso. En este patio se levanta majestuosa una habitación con su techo de palma, pero con todo muy aseada; sus paredes blancas hacen contraste con las ventanas, pintadas de un color verde que la adornan, y con las frescas plantas que crecen a sus pies, al lado de ésta casita y al frente de la portada se encuentra una fuente redonda que suministra agua necesaria para las flores. Este patio, que está separado del nuestro por una pieza que ocupamos para dormitorio, y que esta comunicado por dos pasadizos. El otro patio no tiene muchas flores, porque nos sirve en los juegos para los cuales se necesita extenso lugar, está rodeado de un vestíbulo. Frente al dormitorio que separa al Seminario Menor y al Mayor, está la Capilla, la Casa de Dios, donde vamos a meditar y a pedir en dulces coloquios, lo que nos es necesario. En esta parte se encuentran los salones de clases, el estudio, el refectorio y los baños, como decíamos, en este patio no hay flores. Solo se encuentra una campana que señala y pregona con su voz sus órdenes. En el tercer patio, se encuentran las conejeras y palomares; cultivándose algunos vegetales y platanales; tienen también sus fuentes que refrescan con sus aguas. En esta morada gozamos de una vida sosegada y activa, al mismo tiempo, porque aquí no hay pereza o si la hay no se deja deslumbrar. Ruego a Dios que te conserve”. Margarito Flores. Marzo 25 de 1917 “Recordando, soñando, añorando en pretérito lejano, lugares, escenas, episodios y personas de nuestro amado Seminario. Primer cuadro.- En la Capilla. Es una Fiesta de San Juan Eudes -estoy en la puerta de la Sacristía- mirando profundamente emocionado mil cosas… En el fondo, artístico altar de madera estilo ojival cuajado de flores y de luces… En el centro, una linda, bella y diminuta imagen de la Inmaculada Concepción; es nada menos que la idolatrada Patrona de nuestro Seminario, que con sus ojitos de Divino encanto ha visto desfilar generaciones de jóvenes seminaristas en toda una centuria… Al lado de la Epístola y colgado de la pared, un grande y sugestivo cuadro de la Morenita del Tepeyac. Al lado del Evangelio, una lámpara votiva que está diciendo: “Joven seminarista, en este Sagrario hay un Divino prisionerito que te ama y te llama”… Veo el augusto desarrollo litúrgico de una Misa Solemne de tres ministros y cuyo Preste es el Padre Rector del Seminario, Carlos Le Petit… Veo, bajo elegante dosel, un Obispo que, en vajilla de oro con su maravillosa elocuencia sagrada, presenta el manjar de la Palabra Divina… Es el Excelentísimo Señor Don Francisco Campos y Ángeles… Veo en sus sitiales a los RR. PP. Eudistas… El Seminario Mayor, teólogos y filósofos, formando un coro dividido en dos grupos frente a frente, que con viriles voces cantan salmodiando… Veo al Reverendo Padre Chappoteau que erguido en el centro de la Capilla, y con magistral donosura marca el compás y dirige el litúrgico canto gregoriano y luego es relevado por sus dignos discípulos Ángel López Arellano, Agustín M. Díaz y Manuel Herrera, que con juvenil gallardía siguen cantando y marcando el compás. Todas las bancas de la Capilla ocupadas por el Seminario Menor que rigurosamente uniformados de sotana, banda azul, roquete y bonete, cantando con emocionante y edificante fervor. O témpora, o mores… Segundo cuadro refectorio.-Primera visión- banquete motivado por la Fiesta de San Juan Eudes. Me parece ver el cuadro de la Última Cena en Jerusalén: Sobre un entarimado una larga mesa de manteles de lujo, muchos cubiertos, vasos, jarrones con hermosas y perfumantes flores y algunas botellitas de champagne… En el centro se destaca la egregia figura del Excelentísimo Señor Campos y Ángeles… Y qué ilustres comensales van circundando la mesa… Todos los Reverendos Padres catedráticos Eudistas: el Muy Ilustre Señor Canónigo Arcedio Don Rodrigo Herrera; los acompañantes del Señor Obispo, los Padres Abraham Flores y Manuel Maldonado… Suave el aroma… Siguen dos largas mesas de seminaristas… La primera de chiquitines… Averiguadores que parecen periquitos… Alcanzo a distinguir como protagonista a un chiquitín que tiene ojos de águila y cuerpo de palillo, pero que lleva en su pecho un racimito de medallas… Parece un Porfirio Díaz en miniatura… Es panchito Silva… Siguen mesas de latinistas, retóricos, filósofos, y teólogos. Cerca de la puerta del costado se nota una “palomilla”, parecen rebeldes sin causa… Enfoco la mirada… Es un “canijo” grupito, borracho de júbilo, nada menos que un Eliseo Reina, un Sidronio García, un Santacruz Vázquez, Elías Arroyo, Raguer Rodríguez, Chema Altamirano, Andrés Dávila…Y cuando iba a faltar en ese conjunto el Padre Chilo… Segunda visión.- Refectorio en días feriados: veo el salón lleno, todo el Seminario está allí, pero un silencio sepulcral… Solo se oye el grato ruido de los tenedores, cucharas, platos y la lectura del que está en el Púlpito… Está leyendo Elías Arroyo y, equivocándose o de propósito, en vez de decir el latin “cáritas bonitas benignitas”… Dijo en castellano “caritas bonitas benignitas”… Ciclón de risas y carcajadas en todo el salón… Timbrazo inmediato del Padre Rector que grita “Fíjese, hijo… fíjese, lea bien, repita”, y el lector asustado repite los mismos disparates y se repiten las carcajadas y hasta los Padres, incluso el Rector, sueltan la risa… O témpora, o mores… Tercer cuadro… Patio del Seminario Menor. Primera visión.- Veo a los alumnos formando dos partidos. Cada partido en formación y distancia… Se hace una provocación de guerra y comienza la lucha… Muchos prisioneros… Están jugando el juego llamado de “las barras”, sumamente divertido… Al medio día veo otra escena, dentro de un cuadro pintado con cal en el suelo está un muchacho flacucho, David Salgado, tiene un chicote agarrado por las dos puntas y luego sale brincando, cojeando y persiguiendo a todo mundo… Están en el juego del “Tío chicote”… Más tarde, cambiando de decoración, veo que de nuevo están todos los Seminaristas divididos en dos bandos contrarios... Están en un verdadero simulacro de guerra… ¡qué lluvia de balas (pelotas de cuero) rezumban por el aire… Valientes guerreros que amparados por invulnerables escudos de madera, se desplazan heroicos sobre sus contrarios… Están jugando a los escudos y se sienten héroes de la Primera Guerra Mundial… Estos bonitos y saludables juegos seguramente fueron importados de Francia por nuestros amados Padres Eudistas al Seminario de Chilapa… Segunda visión.- Allá, junto al muro de la Capilla, se pasean en silencio y con los brazos cruzados, dos muchachos… Están castigados, no le dieron la clase de matemáticas al Padre Piriou... En la puerta de la Capilla están otros dos muchachos hincados y mirándose frente a frente… ¿Por qué? “Porque le dije que era el masculino de la cabra en grado superlativo…” “Nada más porque le dije que era hijo de su mamá”… En otro corredor veo recargado en un pilar medio triste un chamacón que parece tonto… Anda cargando, colgado de un pañuelón rojo, su brazo izquierdo que se lo quebró ¡diez veces!... En su pecho una medalla de premio… ¿Quién es ese?... Cuidado… Es el “manquito del Lepanto”, el amigo incondicional de todos, especialmente de Chema Altamirano y del padre Chilo y se llama Lidio Sánchez Vázquez… Cuarto cuadro.- Patio del Seminario Mayor.- Están todos en recreo “post prandium”, por el corredor de la Rectoría están paseándose los Padres Eudistas alineados en dos grupos… Sin darse las espaldas, unos caminan para adelante, otros para atrás… Van y vienen, ríen y platican, averiguan y a veces sueltan carcajadas jubilosas… En el espejo de sus rostros se refleja la bondad y la hermosura de sus almas… Quam bonum, et quam jucundum est habitare fratres… Benditos sean mil veces… En el otro corredor también se pasean de la misma forma, con el mismo espíritu que sus ilustres maestros, los teólogos y filósofos… La figura central es de un Padrecito delgado, de buena presentación, alegre, amable, inteligente, el protagonista de todas las comedias y sainetes es Constantino Arizmendi. Luego el rectilíneo Tomasito Herrera, y sigue la constelación... Ángel López Arellano, Pedro Bustos, Nicolás Arzate, Agustín M. Díaz, Cutberto Vargas, etc… Otros seminaristas saboreando el cigarrillo a la sombra de un verde níspero… Otros sentados en el pretil jugando ajedrez… Veo entrar a dos fotógrafos solicitando una panorámica de maestros y alumnos. Son Don Potrasio Salmerón y su hijo Chema… Oigo y esto es más interesante, sonidos musicales, suaves melodías… Es otro conjunto de seminaristas que están formando una orquesta… Veo al maestro Fidel Pineda explicando… A Hesiquio Calvo con Andresito Ocampo enamorados de la viola… Nacho Rodríguez, Pascual Nogueda, etcétera, pero destaca un Padre morenito… ¡cómo toca el violín!... Es el alma de la orquesta del Seminario bautizada con el nombre de “Laus peremnis”, es Egidio Martínez. Quinto cuadro.- Salón del piano.-Veo el salón pletórico de nerviosísimos muchachos… En el fondo sobre una tarima, una mesa con mantón rojo afelpado y un timbre y libros… Todo el personal docente en sus situales y en el centro la imponente figura del Excelentísimo Señor Campos y Ángeles… El severo jurado se instaló… Y empieza el Padre Rector la lectura de las calificaciones… Unos seminaristas esperan con ansia su nombre… Presienten un premio, otros sudan frio, tienen miedo… Presienten la vergüenza de una mala calificación… Hay algunas malas calificaciones, pero muchísimas buenas… Cuántos premios, medallas, diplomas… ¿Qué pasa?, ¿Quién es ese ambicioso?... Pues nada menos que “niño prodigio”, es el omnisciente del Seminario, para el no hay discriminación de materias: es latinaste, matemático, retórico, poeta, orador, filósofo, teólogo, músico, compositor, pianista… ¡Válgame Dios!... Es Rodrigo Valle… Si este muchacho hubiera ido a Roma se acarrea para Chilapa todas las borlas del Pio Latino…” Alpoyeca, Gro., octubre de 1967 El Párroco Isidro González Villegas (Tomado de las páginas 10 y 11 de la Revista Catedral del mes de Enero de 1968). “El rostro es el espejo del alma; y que rostros más afables, mas bondadosos los de nuestros Padres, sus palabras y su trato nos hacen olvidar nuestro natural huraño; los sentimos verdaderos Padres y empezamos a intimar. Curiosos nos vemos colocando a sus piezas: a nuestros ojos azorados aparecen instrumentos de carpintería, de fotografía, de cacería, etc, vistas de Europa, chucherías, en fin, que nos interesan y hasta instruyen. Nos cuentan, nos enseñan, sin el menor egoísmo… Luego vienen los juegos movidos e interesantes. Cada día los lazos se estrechan más y más; y así vamos tomando afición al estudio, a la piedad, al orden, poco a poco y sin sentirlo. De desordenados cabritos ya parecemos dóciles borreguitos. El reglamento duro, si se le compara con el que hemos dejado, sin lesionar nuestro orgullo, nos va cambiando. Entre los que han cobrado el milagro se destaca la figura grande de nuestro Padre Carlos Le Petit. Pleno de juventud (33 años), de estatura regular, complexión fuerte y robusta, respiraba salud y energía; de rostro afable, mirada dulce, voz armoniosa, modales finos, en una palabra atrayente, pero austero y apegado a la regla y por lo tanto el más indicado para llevar la dirección y realizar lo que realizó y no es de extrañar que como gigante saltara los montes escalando alturas; Chilapa, Colombia y la misma cumbre de la Congregación. Lo que realizó, qué obra de su ejemplo y virtud, de su amor a la regla, sin alardes de superioridad, sino con toda dulzura y caridad, y, sobre todo, con gran humildad. Todos sus actos estaban calcados sobre la regla y marcados por un espíritu sacerdotal. Él era el más fiel intérprete y eficaz ejecutor del reglamento. Controlando así los espíritus, fácil le era llevar a grandes alturas a los suyos. Así lo comprendió desde luego el gran Prelado que amante de sus derechos y autoridad, no dudó en entregar el régimen completo del Seminario en sus manos, exigiendo en cambio de materia bruta, pero rica, dignos sacerdotes. Y lo consiguió. Para el sacerdote la piedad es todo: “Pietas ad omnis utilis est”, y el orden social y religioso. ¡Era de ver cómo celebraba la Santa Misa, cómo rezaba el Breviario y sus demás oraciones! ¡Qué apego a los más pequeños detalles de la Liturgia, sin exageraciones ni ridiculeces! ¡Cómo trataba al Prelado y personas de dignidad y a sus compañeros que lo respetaban querían, según se veía, y con qué modo sabía hablarnos, atraernos, hasta reprender, sin durezas ni arrugas! Y claro que eso mismo nos enseñaba y exigía. Los sacristanes andábamos de puntitas respecto a la limpieza de los útiles del Culto; cómo temíamos aquellas palabritas: “Hijo, lave bien las vinajeras… Sacuda bien el altar, los reclinatorios, las bancas…” Cuando daba la clase general de Rúbricas acostumbraba denunciar las faltas cometidas en la semana, y eso era para nosotros el día del Juicio. Y en la explicación del Reglamento al Mayor, entraban en detalles muy pequeños: “No se digan así… Esas palabras dejan tristes… Venérense”, decía. Y no debía faltar un botón, sobraban los lamparones en la sotana, los rasgones… Pero todo con una finura muy terrible. En las calificaciones mensuales era lo más terrible oír de sus labios la menor alusión y comentario a los siete; hubiéramos deseado los refugios antiaéreos… Al sólo ver su rostro privado de la sonrisa habitual. Y no porque usara palabras descompuestas. Pero si tan apegado era al Reglamento, lo eran todos sus puntos; y el Reglamento tiene sus oasis de esparcimiento y alegría sana, pues dicen que no hay gente más alegre que los Santos. Y ese aflojar de la tensión nerviosa que traen las tareas diarias es muy necesario; por eso los juegos, los paseos, las fiestas familiares, patricistas o religiosas, todo estaba previsto para el día, la semana, el mes… ¡y qué fiestas! ¡Si de sólo recordarlas se hace agua la boca! ¡Que bello desorden! Cómo se estremecían los cristales, y aun las paredes al nombre de las “barras”, “los escudos”, “el cazador”… Nadie se acordaba de las tareas y largas lecciones del Padre Piriou, sudorosos y entusiastas nos entregábamos de lleno al juego. Antes, el que se arrinconaba mientras los demás jugaban era un Santito; con los Padres Eudistas era otra cosa… Una vez, por no empezar a jugar dada la señal por el Padre eudistas era otra cosa…Una vez, por no empezar a jugar dada la señal por el Padre Ayoul, tuvimos que ir al “muro”, ese terrible “muro”, el Padre Tomás Herrera y yo. Los jueves, domingos y días de fiesta, eran los paseos fuera de la ciudad, o juegos en el camposanto, y nos enseñaron a recorrer enormes distancias, cerros altos, barrancos profundos… El Calvario, Cerro Grande, Las Pilas, Atempa con su río, El Soyatal, Tecoatl, Paraíso,etcétera. Y los jóvenes de la ciudad nos veían con envidia, y hasta nos seguían en los paseos y en los juegos. En las giras mensuales ya íbamos más lejos: las grutas de Pantitlán, Titzquitzin, Santa Catarina, Atzacoalaya con sus huertas, Acatlán, La cumbre, en plena selva, caminábamos hasta diez horas de seguido, pero llenos de contento, pues no nos faltaban las provisiones de boca, provistas por el Ecónomo, y a veces por buenas gentes que nos regalaban, cuando pasábamos por sus estancias. Pero lo más interesante era el paseo anual, de la Semana de Pascua, a Colotlipa y su río azul…” …¿Y qué decir de las fiestas familiares? Derroche de alegría, de arte y entusiasmo; la capillita lucía sus mejores galas, se arreglaba el comedor, los corredores… y todos tomaban parte en los adornos y organización de las fiestas. Las veladas eran de los más ambicionado por el pueblo; eran verdaderos torneos culturales en los que los artistas improvisados se lucían, bajo la hábil dirección del Padre Chappotteau. En dos palabras basta decir que estas fiestas nos unían más, nos hacían más alegres, más cumplidos, más cultos. Al recordarlas ahora a través de los años, todavía dejan en el alma, como las flores disecadas, un perfume que embriaga y sublima. Cuando se considera que la actuación de nuestros Padres se realizó durante la Revolución y durante la guerra Europea, resalta mejor su obra. Aunque la forma antirreligiosa afecto más al norte, donde la Revolución hizo desaparecer los Seminarios Eudistas de Saltillo y Jalapa, no dejo de proporcionar aquí también trastornos y sinsabores molestos para la marcha del Seminario. Pero ni la Revolución, ni el mal tiempo, ni nadie, lograba impedir el cumplimiento exacto del Reglamento…” … “Pero todo tiene su fin, llego el día en que ni la Revolución ni nuestra pobreza, ni el cansancio, ni los mismos Decretos del Gobierno de Carranza contra los sacerdotes extranjeros, sino las necesidades que habían creado la guerra europea hicieron que el Padre General ordenara la concentración de sus Padres, dejándonos otra vez huérfanos, aunque ya encaminados, con el terreno preparado y aptos para continuar la obra de nuestros maestros”… … “En resumen, aún hoy, después de tantos años perduran muy vivos los frutos espirituales y culturales de la siembra hecha por los Eudistas en el Seminario de Chilapa, en el corto espacio de siete años. Aquellos sabios y santos sacerdotes, que bajo la dirección de su muy digno jefe fueron sembrando en medio del llanto, pueden, desde sus tumbas, contemplarnos a sus hijos llevando a nuestros manípulos de rica miel, llenos de alegría. Las enseñas de San Juan Eudes, inculcadas por sus dignos hijos se han hecho tradición e incrustado en nuestras costumbres y cultura, y se conservarán junto con la memoria de esos paladines, como hasta la fecha, fresca, no solo en el seminario, sino en la sociedad que tuvo la dicha de conocerlos y tratarlos. ¡Felices aquellos varones que, como el padre Le Petit, ven caer su cuerpo bajo la loza del sepulcro, pero después de haber dejado un recuerdo que vivirá y se bendecirá de generación en generación.” Presbítero Cutberto Vargas (páginas tomadas de la revista Catedral, pags. 28, 29 y 30 del 20 de septiembre de 1953). “A eso de las siete de la mañana, salía el Seminario de su apacible asilo y se encaminaba con rumbo a Colotlipa, pueblo situado al sur de Chilapa. El tiempo, nos aguardaba un feliz paseo, el sol parecía tomar parte de nuestro regocijo, enviándonos sus rayos benéficos con más abundancia. En todos los semblantes se reflejaba la alegría y el contento que todos abrigaban en su corazón. Los ánimos se encontraban verdaderamente entusiasmados; y cuando hubimos salido de la ciudad fue aquello una algarabía verdadera, unos corrían y trepaban por los cerros sin reparar en que estaban demasiados y pendientes y su entusiasmo parecía desafiar el cansancio y la fatiga, otros gritaban o silbaban, los de más allá cantaban, muchos platicaban y otros hacían algo. Así, caminamos, sin que el entusiasmo disminuyera, hasta un pueblecito llamado Santa Catarina, habitado por gentes pobres y humildes, pero bondadosas, que luego que advirtieron nuestra llegada echaron a vuelo las campanas; cuyo sonido repercutía y se perdía en sus contornos; después de un corto descanso en este pueblo, continuamos con nuestra marcha, aunque ya no con el mismo ardor, porque parecía que el sol antes tan suave y el quebrado camino nos había quitado algo de nuestras bríos. Algo fatigados llegamos a otro pueblito llamado San Ángel. Allí nos detuvimos a comer para después reanudar nuestra marcha que fue menos penosa, después de haber satisfecho nuestro apetito; caminando por lomas y barrancas escabrosas, pero pintorescas. Serian las cinco de la tarde cuando se nos presento a la vista el deseado pueblo de Colotlipa. La entrada a este pueblo fue de lo más agradable, los músicos se esmeraban para tocar las mejores piezas y todos nosotros en pos de nuestros profesores y Padres seguimos a las familias que habían salido a nuestro encuentro, y que en forma de Procesión, con ramos y palmas iban por delante. Y mientras unos reían de contento otros quizá pensaban en la semejanza de este recibimiento con el que hicieron los habitantes de Jerusalén a Nuestro Señor. Al sur de esta villa se encuentra el famoso río Azul, que parece haber robado al cielo su hermoso color”. “Después de haber pasado unos días tan contentos, en medio de las caricias de todo un pueblo que mostraba con eso su amor y respeto a los ministros futuros de la Iglesia.” Margarito Flores García Abril 12 de 1918 Así transcurría el tiempo en el Seminario en el que Margarito Flores se forjaba y en el cual desempeñaba también el oficio de peluquero. Con la remuneración que le daban por medio del servidor del Seminario Don Vicente Hernández, compraba rebozos a Don Otilio Lara. En octubre de 1918 Margarito terminó su curso de retórica, retornando a Taxco, un poco melancólico ya que los Padres Eudistas partirían a Francia. Estando en casa, le entregó a Luis y Jesús, los rebozos que había reunido para que los vendieran, mientras él, disfrutaba de sus vacaciones ayudando al Párroco de Santa Prisca, Donaciano Meza y a Don Germán en la peluquería, en sus ratos libres caminaba por los cerros del Huixteco y del Atache, y en su casa se dedicaba a la pintura, disfrutando de la platica jocosa de su abuelita “Papilita”. Mientras que su señora madre bordaba silenciosamente escuchando a los dos parlanchines que reían a carcajadas, mientas que Paula y Marciana se dedicaban a las labores cotidianas. En el año de 1919 retorno a Chilapa, para continuar sus estudios filosóficos, el 26 de octubre recibió las Ordenes de Ostiario Lectorado, Exorcistado y Acolitado. En noviembre asistió a las Canta Misas de los Padre Pedro Bustos Martínez y Constantino Arizmendi Figueroa, celebradas en Huaxtelica y Pilcaya, Gro. y a su retorno a Taxco, preparo con el Padre Adrián N. Cervantes la pastorela de la Navidad. Durante su formación religiosa recibió la ayuda financiera de sus padrinos Marcial Quinto, Florencio y Magdalena Ramírez. En el año de 1920 termino con sus estudios filosóficos, principiando la disciplina de la teología en 1921 recibiendo el Orden del Subdiácono en la Santa Iglesia Catedral de Chilapa, el 30 de octubre, de manos del Excelentísimo Señor Obispo Francisco Campos y Ángeles. En 1923 curso su último viaje de teología y fue Profesor del Seminario menor.

SAN MARGARITO FLORES GARCIA. 3. FORMACION SEMINARISTICA DE UN SANTO TAXQUEÑO.

SAN MARGARITO FLORES GARCÍA (1899-1927).
 Tomado y adaptado de: “Notas eclesiásticas del Estado de Guerrero”, pp. 281-336, de Román Juan Guadarrama Gómez, Tipografías Editoriales, México, 1992.

3. LA FORMACION SEMINARISTICA DE UN SANTO TAXQUEÑO. Con grandes sacrificios don Germán Flores, reunió algo de dinero y algunos amigos le obsequiaron algunos objetos. La víspera de su partida, su jocosa abuelita “Papilita”, lo llevó hasta el atrio de la capilla de Ojeda, donde le dio los consejos usuales y le entrego un paliacate de morralla, para que con esos centavitos se comprara dulces cuando sintiera lo amargo de la vida. La noche de ese día, las campanas doblaron a duelo, había fallecido el padre Melesio Quezada. La madrugada del 6 de Enero, fría y cálida de ilusiones para Margarito, se despidió en medio de las lágrimas de su abuelita, de su señora madre y sus hermanos; don Germán y Margarito bajaron hasta la plaza Borda, en el Templo de Santa Prisca el Padre Melesio era velado, el luto y la tristeza se impregnaba en los callejones envueltos en un nimbo blanco como de seda
, como queriendo ocultar las masacres que en los últimos tres años habían sucedido, mientras que un esquilón sonaba a intervalos. Las tenues luces del alba, cobijaron las siete colinas del día de Epifanía, en el que Margarito con unos arrieros se puso en camino, por aquellas ondulantes brechas de herradura a la ciudad de Iguala, distante seis horas, ante el temor de ser asaltado por las gavillas. De Iguala, Margarito partió en un automóvil de servicio a la capital del Estado, recorrido que en ese tiempo se hacía en cuatro horas, teniendo que pasar el río Balsas en chalán. Al llegar a Chilpancingo, se dirigió a la Casa Cural, donde le dio alojo al Padre Escobar. Reunidos en ese lugar varios aspirantes y seminaristas, se creyó pertinente enviarlos a Chilapa el 10 de Enero, jornada en bestia que duraba aproximadamente doce horas. Al día siguiente, 11 de Enero de 1915, se inscribía oficialmente en el Seminario de Chilapa. Algunos compañeros contemporáneos de Margarito Flores: Cutberto Vargas
Cristino Nájera Ángel López Arellano
Aarón M. Flores Constantino Arizmendi
Canuto Nogueda R. Egidio Martínez Vargas
Pascual Nogueda R. Tomas Herrera Galvéz
Rodrigo Valle Manuel Herrera
Rodrigo Orozco C. Pedro Bustos Martínez
Ausencio Téllez A. Sidonio García
Lidio Sánchez Rubén Mora Gutiérrez
Miguel R. Miranda Rafael M. Altamirano
José Ibáñez José Gutiérrez
Eliseo Reina Cándido Contreras
Santacruz Vázquez Francisco Jaimes
Elías Arroyo Agustín M. Díaz Pacheco
Isidro González V. Porfirio Gómez Ayerdi
José M. Altamirano Hilario Aragón
Andrés Ávila Eleuterio Salgado
Félix Estrada Vicente M. Cuevas
Mariano Miranda Andrés Ocampo
Fidel Pineda Ignacio Rodríguez
Roque Hernández Ramón Carreto
Marcial Soto Noriega Fabián Giles
Juan B. Gómez Ayerdi Salvador Espino
Francisco J. Santos Cirilo Medina
Susano R. Díaz Antíoco Esquivel
Sinegio R. Moctezuma Antonio Sandoval
Alberto Moreno Rendón Antonio Giles
J. Merced Cruz Arnulfo M. Pineda
Armando Salazar En Enero de 1916 Chilapa se encontraba en poder de los zapatistas, a fines de ese mes la plaza fue recuperada por el coronel Rafael del Castillo Calderón, que desinteresadamente prestó ayuda a los Padres Eudistas franceses, que dirigían el Seminario, para que éstos no fueran molestados. En abril las fuerzas de Amador Acevedo se acercaron a pedir la plaza de Chilapa creyendo que estaba desguarnecida, pero su sorpresa fue grande cuando por el rumbo de la Villita salió la tropa del Coronel Castillo, corriendo los alzados en desbandada por el rumbo de Acatlán, siendo perseguidos hasta Zitlala, donde lograron la captura de Felipe Guerrero y varios de sus secuaces, los cuales fueron pasados por las armas. Como venganza de esta acción, los zapatistas Heliodoro Castillo, Encarnación Díaz, Pedro Saavedra, Pablo y Pedro Cabañas, Cenobio Mendoza y Jesús Navarro, unieron a su gente para tomar la plaza de Chilapa, atacándola el día 11, ésta fue defendida estoicamente por los federales. Por la noche salió ésta gente del pueblo, retirándose por el Distrito de Álvarez, el ejercito realizo varias incursiones por éste, logrando la captura de Encarnación Díaz, que de inmediato fue fusilado por órdenes del Coronel Fulgencio Aguirre. La ejecución de Encarnación Díaz, indignó a sus camaradas los cuales atacaron Chilapa el día 23, y cuando ya se encontraba por sucumbir, llegaron los refuerzos comandados por el Mayor Luis Vargas logrando la retirada de los zapatistas y quedando Chilapa, bajo el control del c
oronel Pedro H. Ramírez. Margarito Flores, tenía en ese entonces 16 años, durante sus dos primeros cursos se había distinguido con las mejores calificaciones y por su voz, tan ronca y fuerte le llamaron “el Terrible”. El domingo 20 de Agosto de 1916 el Excelentísimo Señor Obispo Don Francisco Campos y Ángeles, en la Capilla del Seminario de Chilapa, le confirió a Margarito Flores, la Tonsura. Costumbre de los feligreses de Taxco, fue ir a recibir con música y flores a los seminaristas, cuando venían de vacaciones y desde la barranca de Huiyatengo, estas manifestaciones se acrecentaban llenas de júbilo hasta el Templo Parroquial, donde el Canónigo Rodríguez, celebraba un solemne Te Deum.

sábado, 19 de junio de 2010

SAN MARGARITO FLORES GARCIA. 2. LA INFANCIA DE UN SANTO TAXQUEÑO.

SAN MARGARITO FLORES GARCIA.
Tomado y adaptado de: "Notas eclesiásticas del Estado de Guerrero". De: Román Juan Guadarrama Gómez. pp. 280-336. Tipografías Editoriales, México, 1992.

2. LA INFANCIA DE UN SANTO TAXQUEÑO. Por su quebrantada salud, fue llevada a la pila bautismal en el templo de Santa Prisca, el domingo 5 de marzo, donde el Párroco Don Antonio Hernández Rodríguez, lo ungió con óleo y crisma, imponiéndole el 
nombre de JOSE FLORENCIO VICTOR, mientras que las aguas bautismales bañaban su cabeza, fungiendo como padrinos los hermanos Florencio y Magdalena Ramírez. Este Señor Cura, sería después Obispo de Tabasco, y tendría como Secretario al también Santo David Uribe Velasco. A los pocos días de esta celebración, el 18 de mayo, falleció Francisco, víctima del cólera y Don Germán y Doña Merced temieron que el recién nacido tuviera la misma suerte, por lo desnutrido que estaba. Pero Doña Paula Viveros, se postró varios días frente al Sagrario del Templo de Santa Prisca, para encomendar al niño Santa Margarita de Cortona, que en el Santoral se festeja el 22 de Febrero, fecha en que nació José Florencio Víctor. Paulatinamente la salud del bebé fue recuperándose notablemente, por lo que su abuela le llamó MARGARITO, nombre con el que se le conoció desde entonces. El Sacramento de la Confirmación debió recibirlo dentro de las Visitas Pastorales a Taxco del Excelentísimo Señor Ramón Ibarra y González, Obispo de Chilapa, celebrada del 11 al 21 de Mayo de 1901, o en la que realizo el Excelentísimo Señor Homobono Anaya del 4 al 9 de Diciembre de 1903. En las cuales no se pudo constatar su registro, por la confusión de los nombres con los que fue bautizado y después fue llamado. Margarito, en su niñez, siempre fue un niño enclenque que padeció de la plaga de la viruela negra que se propagó por el distrito de Alarcón, por la falta de higiene y la pobreza de la gente. Desde pequeño, ayudó con ahínco a las labores cotidianas de la casa y atendía con esmero a sus hermanos pequeños Luis y Jesús, asistiendo a la escuela del Maestro Panchito, quien también impartía el catecismo. Mal alimentado, pero con una inteligencia preclara, aprendió rápidamente a leer y a escribir, sobresaliendo en aritmética y artes manuales. En el año de 1907 Margarito, ocurrió en la Escuela Oficial Mixta de Taxco, que se encontraba en la casona que ocupa actualmente el Museo William Starling, siendo sus maestros Don Wenceslao Ramírez, Don José Jasso y Doña María de la Luz Embriz, de quienes recibió su dedicación y reconocimientos por su notable superación en todas las materias, y la admiración de sus compañeros por su comportamiento respetuoso. Su deseo de compartir lo que sabía con los demás, lo hizo que formara una escuela en el atrio de la Capilla de Ojeda, donde ilustraba con dibujos su clase y en sus ratos libres hacia papalotes para los niños de su barrio. Con todos estos menesteres, la necesidad lo obligo a trabajar de dependiente en la casa comercial “La gran señora” del señor Mateo Flores, situada en el Callejón de La Muerte, donde también recibió el estimulo de sus patrones y de sus empleados, por su dinamismo y agilidad en las cuentas. Por otra parte Margarito, nunca se metía con nadie y su bondad se reflejaba en sus actos, a pesar de que en su casa existía una pobreza relativa, se desprendía de unos cuantos daimes para ayudar a los mendigos. A Margarito, también le gustaba disfrutar de las fiestas, gozaba de las danzas y pastorelas de los barrios, ocurría a las capillas en las funciones de sus titulares, contemplaba con su familia los juegos pirotécnicos, le encantaban los títeres, las vistas y las carpas, bajaba los domingos a escuchar la música de la banda de la Prefectura, en el kiosco y en ocasiones acompañaba a su papá a las ferias de Tecalpulco y Paintla. Su mamá grande “Papilita” como la familia Flores García la conoció, fue la que inculcó en Margarito, el fervor constante al Santísimo Sacramento, y lo impregnó con sus pláticas nocturnas a la luz del candil, de cuentos, leyendas y de la vida de los Santos. En 1910 el Presidente Municipal Don Jesús O. Martínez mandó a demoler el Convento de San Bernardino y se celebraron en Taxco las pomposas Fiestas del Centenario, y al proclamarse el Plan de San Luis Potosí, contra la dictadura del General Porfirio Díaz, surgió en el Distrito de Alarcón el movimiento armado al mando de Francisco López. Por lo que el señor Jesús O. Martínez, se apresuró a organizar una fiesta popular el 1º de Diciembre para tranquilizar a la población que con zozobra comentaba las noticias del levantamiento. En 1911 los Figueroa de Huitzuco, se adhirieron a los planes del señor Madero y el 23 de marzo, en la madrugada estallaron dos bombas en el Barrio de la Veracruz, alarmando a los taxqueños, que rumoraban la presencia del bandolero Jesús Moran, de antecedentes no gratos para los caminos de la región y que había escapado de la cuerda de reos, que construyeron la carretera Iguala-Chilpancingo. Morán se dedicó a robar algunas rancherías de la comarca y esa madrugada, había intentado saquear las arcas del Cristo de la Veracruz. Por estas circunstancias el señor Sabino Morales, Presidente Municipal de Taxco, encomendando a los señores Bernardino Ramírez y Juan Gutiérrez Duplán, que organizaran la defensa civil de la población. Después de la toma de Iguala, sobrevino la llegada de Margarito Giles Bahena al poblado de Tecalpulco, donde se le unió Morán y su gente, los cuales enfilaron rumbo a Taxco, arribando a la altura del Barrio de Pedro Martín el 24 de abril, al medio día. Los habitantes se apresuraron a refugiarse en los templos, en el Curato, en las casas de Don David Muñoz y Luis Maldonado, los alzados penetraron a la ciudad, y comenzó el fuego, no obstante que eran muy pocos los guardias y voluntarios de la defensa civil que lucharon por la plaza. Al llegar la noche, estaba la situación bajo el poder de la gente de Giles Bahena. Los rebeldes acamparon en las plazuelas y al día siguiente, los presos fueron liberados, saquearon algunas casas y cometieron incalificables delitos. Giles y Morán, prosiguieron sus correrías por el rumbo de Pilcaya, dejando en Taxco a Joaquín Miranda, quien mando quemar la documentación de la Prefectura Política y la del Juzgado de Letras. El 22 de Agosto arribó a Taxco el destacamento al mando de Alejo Mastache, quien dispuso que su tropa se alojara en lo que hoy es el Hotel Meléndez, y el cateo de las casas en busca de armamento. En septiembre, abandonó la ciudad cuando se aproximaban la fuerzas gobiernistas del 29 Batallón de Caballería, comandado por el General Aureliano Blanquet, quien restauro el orden, dejando como jefe de la plaza al Capitán Francisco M. Yedra. Pero ni la renuncia del General Díaz a la Presidencia de la República, ni la exaltación de Madero al poder, calmaron a los pronunciados, quienes siguieron con las pugnas y conflictos, que afectaron la economía del país. Don Germán Flores, aprovechaba los días pacíficos para llevar su peluquería ambulante a la plaza principal, donde tenía como ayudante a Margarito y como “chícharo” a su hermano Luis, mientras que Jesús, ofrecía a la clientela cervezas de macate y garapiñas. Para esos días Paula, tenía un par de años, Marciana, recién había nacido, y su hermana María había contraído Matrimonio con el señor Lauro Hernández. En el año de 1912, los nativos de Taxco se organizaron para prevenir los ataques de los alzados, siendo preparados por le Cabo Gregorio Vicario y el señor Germán Martínez. El 15 de Mayo, Jesús H. Salgado y su gente entraron sigilosos por los barrios de Guadalupe y Ojeda, pero la defensa civil y el destacamento les hicieron el frente hasta el anochecer, en que un fuerte aguacero suspendió la refriega. Al amanecer del día siguiente, la reyerta se reanudó, y cuando los salgadistas tenían ganada la situación, apareció por el rumbo de Pedro Martin, el 28 Batallón del Cuerpo de Rurales al mando del General Gertrudis G. Sánchez, y por la Garita, las fuerzas gobiernistas del Coronel Eugenio De la Fuente, quienes se introdujeron por las callejuelas logrando la salida de los salgadistas, que despavoridos se retiraron por el cerro del Huixteco. Por la tarde la colocación de la población quedó al mando del Mayor Alfonso Magaña, que comandaba el 55 Batallón de la Guardia de los Rurales, y quien al saber el asesinato del señor Madero desconoció la autoridad del General Victoriano Huerta. Magaña desertó y la tropa exigió a los taxqueños su mantenimiento, percatado de esa actitud el Jefe de Operaciones en el Estado de Guerrero, General Antonio G. Olea, salió con su ejército a Taxco el 17 de Mayo, mandando a fusilar a sus cabecillas. El 23 de Julio en Iguala fue fusilado Ambrosio Figueroa, y las fuerzas gobiernistas que se encontraban en esa ciudad se trasladaron a Taxco, por lo que el vecindario estuvo en capilla toda la noche, esperando el ataque de los figueroístas. Por la madrugada del día siguiente las fuerzas federales comandas por los generales Antonio G. Olea y Juan Andrew Almazán, salieron de la colonial ciudad. En el año de 1914 el Gobierno del General Victoriano Huerta menguaba en la República, recurriéndose a la leva de varones para reforzar el ejercito. En Taxco el Prefecto Político del Distrito de Alarcón, Don Bernardino Ramírez, pactó con el jefe del destacamento que no se verificara esta acción en su jurisdicción y a cambio le ofrecía la rendición de los hermanos Rosalino, Félix y Herón Ramírez que se habían convertido en un peligro, los proscritos se presentaron y fueron amnistiados, salvándose así los hombres de esta medida. Pero a Taxco, le acechaba un peligro mayor, la presencia de los agraristas del vecino Estado de Morelos, sobre todo por las discrepancias entre Rómulo Figueroa y Emiliano Zapata Salazar. A pesar de todas estas zozobras, Margarito Flores, se dedicó con fervor y piedad a la adoración diaria al Santísimo Sacramento, con devoción ayudaba al Padre Francisco Rodríguez en la celebración de la Misa y cuando se podía recorría con el, las capillas de los poblados cercanos. A la toma de Chilpancingo por los zapatistas, Jesús H. Salgado, fue designado Gobernador del Estado, mandando a Taxco a Crispín Sámano, quien llegó el 12 de abril, al día siguiente saqueó las casas comerciales, quemando la tienda del señor Flores. Este incendio puso en peligro el Templo de Santa Prisca, quedando la plaza al mando de Francisco Castro y Pedro Saavedra. “Comenzaron a llegar grupos de rebeldes y o primero que hacían era buscar al Presidente Municipal para exigir dinero, comida, pastura y maíz para la caballada, que colocaban de un lado y otro de la calle. Entonces comenzaron a abrir las trojes de maíz, lazaban el ganado de quien fuera, y lo sac
rificaban para comer, a la gente le vendían a cinco centavos el kilo de carne y el cuero lo regalaban a los curtidores. El Hotel Meléndez era una caballeriza, las calles estaba llenas de basura, estiércol y maíz que cubrían los empedrados. Este derroche produjo muy pronto escasez de todo y comenzaron a derrocharse la nigüa, la sarna y otras infecciones. No había luz, la única planta estaba paralizada por falta de carbón, desapareció el tianguis de alrededor del zócalo y en su lugar solamente había hojarasca de encino con trementina y ocote para alumbrarse en la noche. Para la sarna encontraron un remedio, el bálsamo de sabino con limón, se aplicaba con una pluma. La nigüa era más difícil porque es una pulga pequeña que se introduce en la piel y produce una comezón muy fuerte , para extirparla se necesita una aguja para romper la piel alrededor de donde está la nigüa (para sacar la bolsa de liendres, pero queda un orificio que requiere de cal viva para evitar la reproducción de la nigüa). ¿Se imagina que dolor? Pero esta era la única forma de acabarla. También apareció el tifo por la gran cantidad de piojo blanco, pulgas, chinches que tenia la gente. No había con que atacarlo, solo contábamos con una hierba llamada clacuancayo, con agua de cocimiento de esa hierba bañaban al paciente, le daban a beber una parte del jugo y otra se la frotaban. Murió mucha gente, hubo casas que ce cerraron porque se murieron todos. En esa temporada se murió el sacerdote Melesio Quezada, un buen hombre que iba a donde lo llamaban y en sus viajes a los pueblos, les pedía que le pagaran con un poco de maíz. Tenía en el Curato mujeres que hacían tortillas y afuera se formaba la gente a quien daba una tortilla a cada uno hasta donde alcanzaba. En esos viajes se contagio y murió.” (Tomado del libro: 70 años en la Industria Embotelladora, de don Manuel Castrejón Gómez). Así llegó el año de 1915 en medio de la miseria y el hambre que asoló la región, ocasionando el deceso de cientos de personas por inanición. Pero todas estas vicisitudes no detuvieron a Margarito Flores, a emprender su camino a Chilapa, para ingresar en el Seminario.

SAN MARGARITO FLORES GARCIA. 1. ANTECEDENTES DE UN SANTO TAXQUEÑO.

SAN MARGARITO FLORES GARCIA (1899-1927).
Tomado y adaptado de: "Notas eclesiásticas del Estado de Guerrero", de Román Juan Guadarrama Gómez. pp. 281-336. Tipografías Editoriales, México, 1992.
1. ANTECEDENTES DE UN SANTO TAXQUEÑO.
A finales de 1864, dominaban la plaza taxqueña los liberales, y en el Barrio de Los Tiesos de Taxco, ocurrió un atentado sacrílego contra el Señor Cura Don Antonio Novelas, mientras conducía el Viático, por lo que dispuso que se cerrara la Capilla de ese lugar, donde se veneraba al Cristo de la Buena Muerte.
Esta Capilla, abandonada, se derrumbó en el año de 1888, por lo que Don Miguel Ojeda, se dio a la tarea de reconstruirla, siendo bendecida el siguiente año y su dedicación fue al Cristo de la Preciosa Sangre. Aplicándose desde entonces y con este motivo, el nombre de el Cristo de Ojeda, y ampliándosele el mismo nombre al Barrio, que desde entonces se llama el Barrio de Ojeda.
Fue en este Barrio de Ojeda, donde moró el matrimonio formado por el señor Germán Flores Viveros y la señora Merced Ortiz García. Don Germán, nació en el año de 1872, fue hijo del señor Alejo flores y de la señora Paula Viveros. Don Alejo desempeñaba el oficio de curtidería, enseñanza heredada de su padre don Lauro Flores, originario de Tlaxcala, que se quedó a radicar en Taxco, por motivos de la guerra de Independencia. Doña Merced, nació en el año de 1873, fue hija natural de Regina García, que quedo encinta, cuando trabajaba de doméstica en casa de la Familia Ortiz. Tiempo después del señor Lino Ortiz reconoció la paternidad de la niña.
Germán y Merced, contrajeron Matrimonio Eclesiástico el 30 de Junio de 1890 en la Parroquia de Santa Prisca. Sacramento que impartió el Señor Cura Don Lorenzo J. Rodríguez, siendo sus padrinos Trinidad Flores y María Isabel Labra, y sus testigos Pedro Rodríguez y Manuel Castrejón Tovar.
La familia Flores García vivió en el número 39 de la Calle de Ojeda. Ahí, procrearon a sus hijos: María, Ignacio, Francisco, Margarito, Luis, Jesús, Paula, y Marciana. El señor Germán Flores, ejercía el oficio de peluquero y la señora Merced se dedicaba a las labores del hogar. Con ellos vivía la madre de don Germán, Doña Paula Viveros, de profundísimas raíces cristianas, que supo inculcar en su hijo y en su nuera.
Su pobreza no impedía a esta familia organizar los festejos del Cristo de Ojeda, ni se amilanó con la muerte de su pequeño hijo Ignacio. Con resignación, unidad y oración, resistían los tiempos porfirianos, en el que el rico era el amo y el pobre el abismado.
Su casa, enclavada en las fradas del cerro del Atache se componía de dos piezas y de un corredor, de cimentación de adobe y techada de morrillos y tejas, circundada por un tecorral de piedras que marcaban su tlacolol, su troje, su humilde tejabán de palma donde preparaban sus alimentos, lugar que enmarcaba una vista majestuosa, sobre la colonial ciudad. En este sitio, nació el 22 de Febrero de 1899 un niño débil, frágil y enfermizo en medio de todas las carencias: MARGARITO FLORES GARCIA.

jueves, 8 de noviembre de 2007

12 de noviembre Memoria de San Margarito Flores García

MEMORIA DE SAN MARGARITO FLORES GARCIA
Por Juan Carlos Flores Rivas

Nació en Taxco de Alarcón, Gro., el 22 de febrero de 1899. De humilde condición, ingresó al seminario conciliar de Chilapa, mereciendo por su lucidez intelectual numerosos diplomas y menciones honoríficas.
Presbítero desde el 5 de abril de 1924, catedrático del seminario y poco después, ministro de la parroquia de Chilpancingo, Gro., se le recuerda serio sin ser adusto, atento y amable con todos, siempre dispuesto a servir con humildad y sacrificio.
Rotas las relaciones entre el Estado mexicano y la Iglesia católica, en 1926, fue trasladado a Tecalpulco, Gro. A poco de llegar, tuvo en las montañas en una travesía de muchas horas para salvar la vida. Pernoctando en el campo, sin probar alimento, llegó a la casa paterna en Taxco.
En los primeros días del 1927 se trasladó a la ciudad de México. En esa metrópoli se incorporó a las labores de la resistencia pacífica de los católicos y a perfeccionar sus aptitudes artísticas tomando un curso de pintura en la Academia de San Carlos. En junio de ese año fue recluido en los separos de la inspección general de policía, a cargo del general Roberto Cruz. Durante su estancia en ese lugar atendió espiritualmente a los detenidos.
En octubre regreso a Chilapa. La víspera de su partida ofrecido, durante la Misa, su vida y su sangre por México. En su diócesis lo hicieron Vicario sustituto de la parroquia de Atenango del Río, Gro. De inmediato dispuso su partida. Pernoctó la primera noche en Tulimán, Gro. Al día siguiente, el comisario de ese lugar, J. Cruz Pineda, le proporcionó un guía para que lo condijera a su destino. Apresado por un destacamento del ejército federal, un capitán de apellido Manzo, después de interrogarlo lo remitió a Tulimán. En el trayecto lo dejaron en ropa interior, descalzo, atado de las manos caminando a pie llego a Tulimán.
La mañana del 12 de noviembre de 1927 el capitán Manzo ordenó que a las once horas se ejecutara al reo. En el improvisado paredón oró en silencio; uno de los soldados le pidió perdón. El mártir contestó: “No sólo te perdono, también te bendigo”. En pie, viendo de frente a sus verdugos, se negó a que le vendaran los ojos, recibió la mortal descarga. El cadáver fue abandonado en ese lugar. En 1946, a instancias de la familia, los restos fueron trasladados a la capilla del Señor de Ojeda, en Taxco, donde reposan.
En Acapulco, se venera junto con San David Uribe Velasco, en una Capilla levantada en su memoria en el Barrio de los Tepetates, cerca del Zócalo de la ciudad.