José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
Mostrando entradas con la etiqueta Cuarto Arzobispo Acapulco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuarto Arzobispo Acapulco. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de mayo de 2024

"ERES BIENVENIDO, PARA QUE TE HAGAS COMPAÑERO DEL DOLOR Y LA ESPERANZA". Pbro. José Jesús Mendoza Zaragoza al nuevo Arzobispo de Acapulco



Palabras de bienvenida a don Leopoldo González González.
28 de agosto de 2017 – Colonia Emiliano Zapara

    Muy querido Padre Arzobispo Leopoldo:

    En representación de mis hermanos sacerdotes de esta Iglesia de Acapulco, me es grato saludarte y decirte que eres bienvenido a esta Iglesia que peregrina en las costas del estado de Guerrero. Reconocemos el valor y el significado del ministerio que el Papa Francisco te ha confiado para que acompañes a este pueblo que ahora te acoge con mucha esperanza.

    Estás llegando a una de las ciudades más violentas del mundo y a una de sus colonias más emblemáticas por sus carencias y por sus dolencias. Llegas a un pueblo que está atravesado por sufrimientos generados por la violencia y la pobreza extrema, amenazado en su dignidad y en su futuro. No es mi interés exponer pesimismos ni ser profeta de calamidades. Solo pretendo ser honesto con nuestra realidad que duele mucho y que desencadena múltiples tragedias familiares y comunitarias. Eres bienvenido para que te hagas compañero solidario en nuestro camino de dolor y de esperanza.

    Sí, quiero decirte que todavía mantenemos el tesoro de la esperanza entre nosotros, pues aún no nos lo han podido robar. Hay que  reconocer que como ciudad estamos aturdidos por este largo tiempo que no se acaba. Desde hace una década la muerte se ha adueñado de nuestras calles, pero hay algo que nos dice que este no es nuestro destino. Quiero recordar las palabras de san Pablo que ayudan a describir el estado de ánimo de esta ciudad: ‘Por todas partes nos aprietan, pero no nos aplastan; andamos con graves preocupaciones, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no aniquilados; siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también en nuestro cuerpo se manifieste la vida de Jesús’ (2 Cor 4, 8-10).

    Los sacerdotes de esta Iglesia local, que acompañamos a este pueblo bendito que el Señor nos ha confiado, somos testigos de tanta atrocidad, pero también somos testigos de que la esperanza no está muerta. El ministerio que ejercitamos en medio de este pueblo, entre otras tareas pastorales contempla, precisamente, el fortalecimiento de la esperanza de nuestras comunidades cristianas. Y la esperanza es decisiva para que no matemos el futuro con la resignación ante el Mal expresado en la violencia que nos agobia en todos los rincones de esta ciudad y de nuestro estado de Guerrero.

    No olvido las palabras que el Papa Francisco dirigió en Morelia a sacerdotes y consagrados: ‘¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al presbiterado, al episcopado, que tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

    Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. ¿Y qué le vas a hacer?, la vida es así. Una resignación que nos paraliza y nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar. Nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar.

    Padre Leopoldo, acompáñanos en este camino de esperanza, confírmanos en la esperanza, a los sacerdotes y a todo este pueblo que vive tentado por la maldita resignación. No dejes que nos resignemos a las violencias ni que abandonemos a quienes han sido sus víctimas. Por eso te doy la bienvenida, porque el Señor te ha ungido con su Espíritu para que nos anuncies buenas noticias y nuestras esperanzas estén a la altura de las crudas circunstancias que aún nos esperan.

    Doy gracias a Dios porque estás con nosotros. Te adoptamos como nuestro pastor y te pido que nos adoptes como tu pueblo. Camina con nosotros, camina con los sufrientes y fortalece las conciencias y las voces para gritar la esperanza y para que nunca se apague. Porque la esperanza es nuestra compañera de lucha y es nuestra victoria.

    Bienvenido, Padre Leopoldo.    

Pbro. Jesús Mendoza Zaragoza

UN NUEVO ARZOBISPO PARA LA CIUDAD MAS VIOLENTA. Pbro. José Jesús Mendoza Zaragoza. Diario El Sur.




Un nuevo arzobispo para la ciudad más violenta

Jesús Mendoza Zaragoza
 Publicado en el diario El Sur
Agosto 28, 2017

    Hoy llega a Acapulco, procedente de Tapachula, Chiapas, el nuevo arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González. Su arribo está previsto para las 5 de la tarde en el corazón de la colonia Emiliano Zapata, donde tendrá lugar su recepción oficial a esta ciudad y a la Arquidiócesis que tiene su sede en la misma. Precisamente esa colonia tan emblemática de esta ciudad será el primer escenario que don Leopoldo vea a su llegada. Una colonia con múltiples rezagos en servicios públicos, con un gran número de negocios cerrados por la delincuencia, con altos índices de violencia, donde habitan miles de familias en situación de pobreza alimentaria, será la puerta de entrada a esta ciudad turística, para que el nuevo arzobispo dé sus primeros pasos en su nueva misión pastoral.

    Es muy seguro que ya tenga en su mente una idea de lo que esta ciudad representa, en términos de riesgos y de vulnerabilidad. Ha sido enviado a ella para cumplir con tareas específicas, de acuerdo con su investidura pastoral en la Iglesia católica. Y desde ahora puede esperar, como ya lo asumimos los acapulqueños, que se convierta en víctima de cualquier delito violento y, además, esperar que le siga la impunidad, como se acostumbra en estos lares.

    La investidura episcopal de don Leopoldo implica necesariamente un liderazgo de carácter espiritual y pastoral, que puede tener también sus implicaciones sociales y políticas. De ahí la importancia de este nuevo avecindado en nuestra ciudad. Por el hecho de vivir de hoy en adelante en esta violenta ciudad, pesa sobre él una gran responsabilidad, a la que tendrá que responder con sabiduría pastoral.

    Entrar a Acapulco por la colonia Zapata, puede convertirse en un gesto simbólico que hable de su empeño por entrar al mundo de los desprotegidos y abandonados de Acapulco y de Guerreo, puesto que las estrategias de seguridad tan cacareadas por las autoridades, privilegian la zona turística y, aún así, no logran convertirla en lugar seguro. Ningún sitio de esta ciudad es seguro. Don Leopoldo está invitado a caminar con los pobres, con las víctimas de las violencias, con los perjudicados por las políticas públicas, con los “descartados” según el vocabulario del papa Francisco. Este inmenso segmento de la sociedad tendría que ser el privilegiado por la acción pastoral del nuevo arzobispo, si quiere ejercitar su liderazgo pastoral con un sentido de largo alcance.

    En este sombrío mundo de dolor, el pastor que llega de Tapachula puede hacer presente todas las energías del Evangelio para alimentar las esperanzas en amplios segmentos de la población ya desesperanzada. Y también para consolar y fortalecer a tantas familias que viven con un dolor indescriptible proveniente de las múltiples formas de violencia. Le hará bien escuchar, escuchar y escuchar las mil historias que las familias y los pueblos tienen que contarle para que tenga una idea precisa del mundo al que llega.

    Y desde ese mundo adolorido pero esperanzado, don Leopoldo estará en condiciones de escuchar también a todos los sectores de la sociedad civil, que desarrollan liderazgos importantes en la trama de esta ciudad: universitarios, profesionistas, empresarios, trabajadores, medios y demás. Nadie puede entender lo que está sucediendo en Acapulco sin escuchar a los demás. Y nadie puede hacer algo eficaz sin tomar en cuenta a los otros. Acapulco es un desafío para todos, entre los cuales, al arzobispo te toca hacer su parte. En una sociedad tan dispersa como la nuestra, el diálogo tiene una gran importancia, pero un diálogo horizontal en el que todos se escuchan unos a los otros. La Iglesia católica, como parte de la sociedad civil, debe dar su aporte específico para afrontar la violencia crónica que esta ciudad sufre. Hasta ahora ha intentado algunos caminos pero aún no atina a apostar institucionalmente por la paz y por las víctimas.

    En este contexto, el nuevo arzobispo podrá tener mejores condiciones para su necesario diálogo con las autoridades civiles. Desde la sociedad y, sobre todo, desde las víctimas, puede tener una interlocución con autoridades locales, estatales y federales, que son las que toman las decisiones que afectan o benefician a la sociedad. La voz del arzobispo no sustituiría la voz de la sociedad ni la voz de las víctimas. Tendría que ser una voz que las acompañe y les permita ser escuchadas ante autoridades que no están acostumbradas a escuchar.

    Sin ser pesimista, Acapulco tendrá violencia por muchos años más, mientras no se toquen las causas profundas que la generan. Causas estructurales y también comunitarias, causas locales y regionales, causas sociales y económicas, causas políticas y culturales. Este hecho constituye un gran desafío para todos los acapulqueños, al que este nuevo vecino puede sumarse aportando su propio liderazgo.

    Bienvenido don Leopoldo a estas tierras tan llenas de dolor y tan necesitadas de esperanzas para no dejarse vencer por la barbarie. Bienvenido a la colonia Zapata, bienvenido a Acapulco, bienvenido a Guerrero.

“¡ABBA! PADRE”. LA DIVISA EPISCOPAL DE MONSEÑOR LEOPOLDO GONZALEZ GONZALEZ, ARZOBISPO DE ACAPULCO.




“¡ABBA! PADRE”. LA DIVISA EPISCOPAL DEL NUEVO ARZOBISPO DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

Normalmente, las divisas o lemas que figuran en los escudos son indicadores de un ideal, de un programa de vida, de una virtud exigible a quien lo ostenta en su blasón.

El Primer Obispo de Acapulco, el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés, tuvo como divisa: “In ómnibus Christus” (en todas las cosas Cristo”); el segundo Obispo, que fue elevado a Primer Arzobispo, Monseñor Rafael Bello Ruiz, tuvo como divisa: “Evangelizare pauperibus” (evangelización a los pobres); el tercer Obispo y segundo Arzobispo, Monseñor Felipe Aguirre Franco, tuvo como lema: Evagelizar; y el cuarto Obispo y tercer Arzobispo, Monseñor Carlos Garfias Merlos, tuvo como lema: “Cristo es nuestra paz”.

Monseñor Leopoldo González fue elegido y ordenado Obispo en el año 1999, dentro del trienio de preparación para la celebración del Gran Jubileo del Año 2000, en el que el gran Papa San Juan Pablo II dispuso que ese año fuera designado como Año del Padre. Es por eso que, retomando esta disposición de la Divina Providencia, Monseñor Leopoldo asumió como lema episcopal: “¡Abbá!, Padre”.

La disposición de su escudo episcopal fue encargada a un condiscípulo suyo, el Presbítero Miguel Agüero, de feliz memoria. El escudo quiere expresar la inefable presencia del Padre (la palabra “Abbá, Padre” en lo alto del escudo), en Jesús (la cruz al centro del escudo), el don del Espíritu Santo (el haz de luz que atraviesa el escudo). La presencia de María, de pie junto a la cruz, representada en la advocación de Nuestra Señora de la Salud, Patrona de su diócesis de origen, Morelia. Su lema episcopal, Abbá, quiere expresar la confianza en el Padre, que es el origen de la misión, y quien la posibilita. La misión no es otra cosa, sino enseñar a las personas el amor que el Padre les tiene para que ellas también pronuncien este Santo Nombre y lo alaben.



Fue en el nuevo Testamento, donde Nuestro Señor Jesucristo, manifiesta claramente su relación filial, expresando el nombre de “Abba”. En su lengua materna, el arameo, es la palabra que un niño pequeño usa, y es expresión de una grande confianza. Es cercana a nuestra exclamación: “Papá”. Con esta palabra expresaba su oración, sea en los momentos de grande alegría: “Gracias de doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra” (Lc 10, 21), sea en los de profundo sufrimiento: “Padre, todo es posible para Ti. Aparta de mí este cáliz de amargura. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tu” (Mc 14, 36). Y así también enseño a sus discípulos, a quienes elige como hermanos desde el momento mismo en que, siendo el Hijo del Padre, aceptó hacerse hombre como uno de nosotros. Cuando oren diga: “Padre Nuestro que estás en los cielos” (Mt 6, 9).

La Iglesia, aparece como sacramento del Padre, cuando en la última Cena, Jesús pone en las manos del Padre aquellos deseos que lo movían a entregarse a la muerte por amor a todos los seres humanos, a quienes Él había escogido por hermanos: “Padre santo, protege en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como Tú y Yo somos uno” (Jn 17, 11). El cariño de un Padre que mira por la unidad de su familia ha de inspirar todos nuestros esfuerzos de unidad, somos hijos haciéndonos hermanos.

El mundo necesita el amor compasivo del Padre día tras día y en todos los tiempos. La realidad tan llena de dolor que vivimos en nuestra arquidiócesis nos urge. La Iglesia está llamada a servir, en todos los campos que necesitan de salvación, haciendo presente el amor infinito del Padre. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y cuantos sufren, son a la vez los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (GS 1).

¡De nuevo el Padre nos dará la vida! ¡Finamente, Acapulco entra en la era de Francisco! El deseo de los laicos y del presbiterio de Acapulco, fue expresado proféticamente ante el actual Nuncio Apostólico en México Monseñor Franco Coppola, por el Señor Cura de Nuestra Señora de Guadalupe en el Kilómetro Treinta, José Jesús Mendoza Zaragoza: Que pronto sea nombrado un nuevo Arzobispo en el perfil que propone el Papa Francisco, “con olor a ovejas”, es decir, que efectivamente se preocupe por los pobres”.


viernes, 17 de mayo de 2024

“Soy el Padre Leopoldo González, Obispo de Tapachula”…




“Soy el Padre Leopoldo González, Obispo de Tapachula”…
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         Una entrevista realizada por Juan de Dios García Davish, de la agencia de noticias Quadratin, con fecha 5 de agosto de 2012, y que puede verse en el canal de videos You Tube (OBISPO DE TAPACHULA, LEOPOLDO GONZALEZ EXHORTA A COMBATIR DENGUE EN CHIAPAS https://www.youtube.com/watch?v=u_O_5mSp72Y), sin duda, retrata de cuerpo entero a nuestro nuevo Arzobispo.
         De pie, rodeado de periodistas, se dirige con sencillez a los medios diciendo: “Queridos radioescuchas, Dios quiera que se encuentren todos bien de salud. Soy el Padre Leopoldo González, Obispo de Tapachula”…
         Estos gestos tan simples, han hecho de Monseñor Leopoldo González, un signo palpable del amor misericordioso del Padre, tan necesario en esa frontera sur de nuestra Patria Mexicana.
El analista eclesial Guillermo Gazanini Espinoza, en su blog sursum corda (http://blogs.periodistadigital.com/sursumcorda.php/2017/07/01/denuncia-y-profecia-los-gestos-del-nuevo) se refiere a estos gesto de Monseñor Leopoldo González, de denuncia y profecía.
El obispo de Tapachula apoyó las movilizaciones pacíficas en defensa del matrimonio y de la familia; a lo anterior, se le reconoce como uno de los prelados de la Iglesia mexicana en oponerse al gasolinazo de enero pasado vaticinado las afectaciones que impactarían a los más pobres ante los actos vandálicos de sectores de la población que desestabilizaron la paz de Tapachula: “No se necesita ser un adivino ni un especialista en asuntos públicos para mirar la gravedad del riesgo. Por ello me hago eco de la exhortación que como Conferencia del Episcopado Mexicano hemos expresado a las autoridades civiles… esta medida afecta a todo nuestro país especialmente a los más pobres… no es correcto imponer leyes sin tomar en cuenta la realidad y el sentir que vive la gente, sobre todo de los más desamparados”.
EN FAVOR DE LOS MIGRANTES. La región del Soconusco es paso de migrantes centroamericanos por el país hacia los Estados Unidos. En enero de 2015, los obispos de las tres diócesis en el Estado de Chiapas (Arquidiócesis de Tuxtla Gutiérrez y las diócesis de Tapachula y San Cristóbal de las Casas) lanzaron un enérgico llamado para acabar con las conductas que propician la indiferencia y drama de los migrantes centroamericanos, pidieron perdón por no haber tratado a los migrantes como personas. Tapachula ha promovido activamente la fundación de las casas de los migrantes conducidas, particularmente, por los misioneros scalabrinianos.
La Diócesis de Tapachula Chiapas, le entra a apoyar a migrantes. El 3 de Septiembre de 2015, abrió en la ciudad fronteriza de Chiapas un centro de atención para migrantes y refugiados, para brindarles ayuda humanitaria, jurídica, sicológica y acompañamiento. Monseñor Leopoldo inauguró el espacio explicando que es un deber atender a los migrantes que tocan las puertas de la Iglesia. En el acto inaugural acompañaron al obispo los defensores de migrantes Flor de María Rigoni, Heyman Vázquez y Olga Sánchez; así como funcionarios locales. (http://www.noticias.imparcialchiapas.com/2015/09/iglesia-abre-refugio-para-migrantes-en.html)
EN DEFENSA DE LA FAMILIA. El 24 de septiembre de 2016, el Obispo de Tapachula, encabeza procesión por la familia. Señaló que el matrimonio entre el varón y una mujer, como una expresión de fe. Acompañado por sus sacerdotes y unos seis mil fieles, encabezó la procesión y eucaristía por la familia. La movilización partió del parque bicentenario de Tapachula y recorrido las principales calles de la ciudad, integrada por familias completas vestidas de blanco en señal de paz. La iglesia católica, ha querido expresarse públicamente el regalo que Dios, ha hecho en la familia, dado en el matrimonio entre el varón y una mujer, como una expresión de fe.
Le espera como padre Arzobispo de Acapulco, ser signo y profecía en una realidad compleja y castigada por la violencia. Drogas, secuestros, extorsiones, levantones son el horror cotidiano del puerto de Acapulco, señalada entre las ciudades más violenta de México; acompañamiento a las víctimas del delito y la promoción de las escuelas por la paz para la recomposición social; pastoral de la misericordia en una tierra que anhela la paz.