José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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lunes, 31 de agosto de 2020

HACIA TODOS LOS VIENTOS: ANACLETO GONZALEZ FLORES.



HACIA TODOS LOS VIENTOS.

“…Nos parece que basta rezar, que basta practicar muchos actos de piedad y que basta la vida del templo, para contrarrestar toda la inmensa conjuración de los enemigos de Dios.
Y les hemos dejado a ella la escuela, la prensa, el libro, la cátedra en todos los establecimientos de enseñanza, les hemos dejado todas las rutas de la vida pública y no han encontrado una oposición seria y fuerte por los caminos por donde han llevado la bandera de la guerra contra Dios.
Y han logrado arrebatarnos a la niñez, a la juventud, a las multitudes, a todas las fuerzas de la sociedad con rarísimas excepciones. Nos han arrebatado todas esas fuerzas, porque claro está que con nuestra acción recluida dentro de los templos y las casas, no hemos podido defender, no hemos podido amurallar el alma de las masas, de los jóvenes, de los viejos ni de los niños.
Y tenemos necesidad urgentísima de que nuestros baluartes se alcen dentro y fuera de las Iglesias y de los hogares, para que cada corazón, cada alma, nos encuentre en plena vía publica para conservar los principios que hemos sembrado en lo íntimo de las conciencias, dentro del santuario del hogar y del templo.
Y si la guerra contra Dios se ha enconado furiosamente en la calle y en todas las vías públicas, y las paredes de nuestras iglesias han tenido que recibir recios golpes, ha sido, fundamentalmente, porque la acción de los católicos se ha limitado a hacerse sentir dentro de los templos y de las casas.
Y urge que en lo sucesivo, cada católico rectifique radicalmente su vida en este punto y tenga entendido que hay que ser soldado de Dios en todas partes: iglesias, escuelas, hogar; pero sobre todo allí donde se libran las ardientes batallas contra el mal.
Porque si continuamos como hasta ahora, entregados al éxtasis en nuestras casas e iglesias y no procuramos luchar también afuera, el próximo cataclismo nos dejará a los cuatro vientos y tendremos que sentarnos, como el célebre Mario a llorar sobre las ruinas de nuestros hogares, por no haber querido combatir en todas las vías y en todos los caminos por donde galopan los corceles del ejercito del mal.
Procuremos hallarnos en todas partes con el casco de los cruzados.
Dentro y fuera de los templos, alcemos la bandera de Dios y combatamos sin tregua, con las banderas desplegadas a todos los vientos.”

Fuente:
Alcalá, F. (2009). La fuerza de la Palabra de Anacleto González Flores.
Tepatitlán, Jalisco: Consejo de Cronistas de Tepatitlán, Jalisco.
Guardia Nacional Cristera sede Tijuana.


jueves, 20 de diciembre de 2018

"¡MEXICO CATOLICO, DESPIERTA DE TU LETARGO!" Discurso del Beato Anacleto González Flores, mártir.





Luis Enrique Lara
"¡MÉXICO CATÓLICO, DESPIERTA DE TU LETARGO!"
(Discurso del beato Anacleto González Flores, mártir.)
Muchos católicos desconocen la gravedad del momento y sobre todo las causas del desastre, ignoran cómo los tres grandes enemigos , el Protestantismo, la Masonería y la Revolución, trabajan de manera incansable y con un programa de acción alarmante y bien organizado.
Estos tres enemigos están venciendo al Catolicismo en todos los frentes, a todas horas y en todas la formas posibles. Combaten en las calles, en las plazas, en la prensa, en los talleres, en las fábricas, en los hogares. Trátase de una batalla generalizada, tienen desenvainada su espada y desplegados sus batallones en todas partes. Esto es un hecho. Cristo no reina en la vía pública, en las escuelas, en el parlamento, en los libros, en las universidades, en la vida pública y social de la Patria. Quien reina allí es el demonio. En todos aquellos ambientes se respira el hálito de Satanás.
Y nosotros, ¿qué hacemos? Nos hemos contentado con rezar, ir a la iglesia, practicar algunos actos de piedad, como si ello bastase «para contrarrestar toda la inmensa conjuración de los enemigos de Dios». Les hemos dejado a ellos todo lo demás, la calle, la prensa, la cátedra en los diversos niveles de la enseñanza. En ninguno de esos lugares han encontrado una oposición seria. Y si algunas veces hemos actuado, lo hemos hecho tan pobremente, tan raquíticamente, que puede decirse que no hemos combatido. Hemos cantado en las iglesias pero no le hemos cantado a Dios en la escuela, en la plaza, en el parlamento, arrinconando a Cristo por miedo al ambiente.
Reducir el Catolicismo a plegaria secreta, a queja medrosa, a temblor y espanto ante los poderes públicos «cuando éstos matan el alma nacional y atasajan en plena vía la Patria, no es solamente cobardía y desorientación disculpable, es un crimen histórico religioso, público y social, que merece todas las execraciones».
.... Las almas sufren de empequeñecimiento y de anemia espiritual. Nos hemos convertido en mendigos, afirma, renunciando a ser dueños de nuestros destinos. Se nos ha desalojado de todas partes, y todo lo hemos abandonado.
Hasta ahora casi todos los católicos no hemos hecho otra cosa que pedirle a Dios que Él haga, que Él obre, que Él realice, que haga algo o todo por la suerte de la Iglesia en nuestra Patria. Y por eso nos hemos limitado a rezar, esperando que Dios obre. Y todo ello bajo la máscara de una presunta «prudencia». Necesitamos la imprudencia de la osadía cristiana.
Los católicos de México, han vivido aislados, sin solidaridad, sin cohesión firme y estable. Ello alienta al enemigo al punto de que hasta el más infeliz policía se cree autorizado para abofetear a un católico, sabiendo que los demás se encogerán de hombros. Más aún, no son pocos los católicos que se atreven a llamar imprudente al que sabe afirmar sus derechos en presencia de sus perseguidores. Es necesario que esta situación de aislamiento, de alejamiento, de dispersión nacional, termine de una vez por todas, y que a la mayor brevedad se piense ya de una manera seria en que seamos todos los católicos de nuestra Patria no un montón de partículas sin unión, sino un cuerpo inmenso que tenga un solo programa, una sola cabeza, un solo pensamiento, una sola bandera de organización para hacerles frente a los perseguidores.