José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.
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martes, 22 de abril de 2014

EL NUEVO SANTO JUAN PABLO II Y LA DIOCESIS DE ACAPULCO.




EL NUEVO SANTO JUAN PABLO II Y LA DIOCESIS DE ACAPULCO
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.


El próximo domingo 27 de Abril de 2014, en la Plaza de San Pedro, en El Vaticano, tendrá lugar una de las ceremonias más emotivas de los últimos tiempos. Cuando el Santo Padre Francisco proclame Santo, a dos de sus  antecesores en la Sede de San Pedro, a los bien recordados Juan XXIII y Juan Pablo II, durante la celebración del Domingo "De la Divina Misericordia".
Y es imprescindible recorrer los momentos más importantes de nuestra Diócesis de Acapulco, que tuvieron lugar bajo el pontificado de este gran Papa. Ya que al ser cabeza de la Iglesia Una, Santa , Católica y Apostólica, el Papa tiene una solicitud (=ciudado, atención, vigilancia) por todo el pueblo de Dios, y por cada una de las diócesis en el mundo entero.
Juan Pablo II Magno tuvo grandes muestras de afecto para con nuestra diócesis de Acapulco, y por eso lo recordaremos, invocando al Señor de la Divina Misericordia, devoción de la que el Papa Juan Pablo II fue el principal apóstol y promotor universal, y en cuya fiesta él murió, aquél 2 de Abril de 2005.
El 16 de octubre de 1978, luego de un nuevo Cónclave a la muerte del Papa de la Sonrisa Juan Pablo I, el Cardenal polaco Karol Jósef Wojtyla es elegido como el sucesor de San Pedro, rompiendo con la tradición de más de 400 años de elegir Papas de origen italiano. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre de Juan Pablo II.
Mientras estas cosas sucedían en el corazón de la cristiandad, en Acapulco ejercía el episcopado el bien recordado Monseñor Rafael Bello Ruiz, como segundo Obispo de Acapulco.
Rafael Bello Ruiz, fue preconizado Obispo Titular de Segia y Auxiliar de Monseñor José Pilar Quezada Valdés, por su Santidad Pablo VI, el 12 de febrero de 1974. La Ordenación Episcopal, tuvo lugar el 25 de marzo de 1974, Fiesta de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, en la explanada de la Parroquia de Cristo Rey, en el Fraccionamiento Magallanes, donde hoy se construye la nueva Catedral. La Ordenación la realizó el Delegado Apostólico en México Monseñor Mario Pio Gaspari.
Una vez ordenado Obispo, laboró codo con codo con Monseñor Quezada Valdés. Le aligeró, sobre todo, la carga de la Visita Pastoral en las tres regiones de la Diócesis: Costa Chica, Costa Grande y el Municipio de Acapulco. Compromisos que se dificultaban al Obispo Diocesano, los sacaba adelante el Auxiliar.
Paral 15 de Agosto de 1978, Monseñor Rafael Bello Ruiz, acompañado por todos sus sacerdotes y un gran número de fieles, preside un Solemne Pontifical para celebrar el fallecimiento del Santo Padre Paulo VI, en la Catedral de Nuestra Señora de la soledad de Acapulco. Y lo mismo hará, pero ahora un Tedeum, cuando es elegido como Papa Juan Pablo II.
Bajo el Pontificado de Juan Pablo II, Monseñor Rafael Bello Ruiz, siendo Obispo de Acapulco, se encontró innumerables ocasiones con nuestro querido Papa, y se apoyaron más fuertemente. A nivel nacional, Monseñor Bello, dentro de la CEM, fue: Presidente de la Comisión de Migración y Turismo durante un sexenio; y por dos trienios ha tenido la Asesoría de la Renovación Carismática en el Espíritu Santo.
Cuando el Papa Juan Pablo II realiza su primera Visita Apostólica a México, para participar en la Conferencia del Episcopado Latinoamericano en la Ciudad de Puebla, en Enero de 1979, Monseñor Rafael Bello y un importante grupo de sacerdotes y laicos de la Diócesis participaron activamente, y estuvieron en los momentos más importantes de dicha visita. Posteriormente, pusieron en práctica el estudio y ejecución de la líneas pastorales emanadas de ese documento continental en nuestra diócesis.
Juan Pablo II, mostrando especial deferencia a Monseñor Bello, lo nombró como Administrador Apostólico de Chilapa y Ciudad Altamirano. En su primera Visita ad limina apostolorum, el Papa Juan Pablo II le indicó la atención prioritaria a sus sacerdotes, lo que trató de cumplir. Monseñor Bello recordaba con especial aprecio, que en esa Visita ad límina llevó como regalo a Juan Pablo II una sencilla pero muy bella cajita de olinalá, conteniendo tres monedas de plata, cada una con las fechas más significativas ara el Papa, la fecha de su nacimiento, la fecha de su ordenación como Obispo y la fecha de su elección como Papa; y Juan Pablo II al abrir maravillado la singular cajita le dijo en tono de broma a Monseñor Bello: “Eres un Obispo riquillo”.
Juan Pablo II le señaló a Monseñor Bello como líneas pastorales: Acrecentar el numero de seminaristas, sacerdotes, religiosas y en general numerosos agentes evangelizadores para la atención de mas de dos millones de católicos y hacer un frente común a los diversos grupos religiosos, que pululan a lo largo y a lo ancho de la Arquidiócesis de Acapulco, han sido los retos que consumieron su fructífero ministerio episcopal.
El 20 de Agosto de 1982 es nombrado Administrador apostólico de la Diócesis de Chilapa, a la muerte de Monseñor Fidel Cortés Pérez.
1983 fue un año rico en acontecimientos eclesiales para la diócesis de Acapulco, especialmente en Enero, se celebró el XXV aniversario de la erección canónica de la Diócesis. Y en febrero, el Papa Juan Pablo II, como signo de especial amor a nuestra costa guerrerense, Acapulco era elevada al rango de Arzobispado y su Obispo, Monseñor Rafael, a Metropolitano. La dedicación de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad tuvo lugar el 25 de marzo; y del Templo Parroquial de San Antonio de Padua en la Colonia Hogar Moderno en junio.
Monseñor Rafael Bello Se trasladó al Vaticano en el mes de Junio para recibir el Palio Arzobispal en la Capilla Clementina, de manos del Cardenal protonotario apostólico.
Y el 29 de Junio de 1983, en el zócalo de frente a la Catedral, tuvo lugar una solemne ceremonia en la que el Delegado Apostólico en México, Monseñor Girolamo Prigione ejecutó la Bula Pontificia “Quo Maius”, con la que quedaba erigida la nueva provincia eclesiástica, cuyas sufragáneas eran las diócesis de Chilapa, Lázaro Cárdenas, Ciudad Altamirano y Tlapa. El Nuncio Apostólico estuvo acompañado por los obispos de la región, y muchos más de diversos puntos de la república. Monseñor Bello quedaba así investido de nuevo Arzobispo de Acapulco. Y el grande Papa Juan Pablo II quedaba así en el área segura, del corazón insomne de sus hijos acapulqueños.
¡Juan Pablo II te quiere todo el mundo!

El Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés, Primer Obispo de Acapulco, en la recepción del Papa Juan Pablo II en su primera visita, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.



martes, 10 de marzo de 2009

PARROQUIAS DE ACAPULCO 50 AÑOS

LA DIOCESIS DE ACAPULCO EN EL AÑO 1959.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

En el marco del Jubileo de Oro de nuestra Diócesis de Acapulco, siguen en paralelo los aniversarios de las primeras parroquias creadas por el Siervo de Dios Monseñor José Pilar Quezada Valdés:
Ø San Nicolás de Tolentino, reconociendo como Patrona al Inmaculado Corazón de María, en Cuajinicuilapa (14 de Mayo de 1959); teniendo como primer Párroco al Presbítero José Lluvias Castro, nombrado como tal el mismo día, y a quien dio Posesión el Señor Cura y Vicario Foráneo de Ometepec Don Justino Figueroa y Velasco.
Ø San Juan Bautista, reconociendo como Patrona a Nuestra Señora de Fátima, en Huajintepec (2 de Junio de 1959); teniendo como primer Párroco al Presbítero Francisco Dávila Gil, MP. Y a quien dio posesión el Señor Cura y Vicario Foráneo de Ometepec Don Justino Figueroa y Velasco.
Ø Divina Providencia, en el Barrio de Dominguillo; teniendo como primer Párroco al Presbítero Moisés Carmona Rivera, nombrado Párroco Amovible el 1 de Abril de 1959, pero que ya con anterioridad habitaba la sede, con título de Párroco de Nuestra Señora del Carmen.
Ø San Cristóbal, en la Colonia Progreso; teniendo como primer Párroco al Presbítero Jesús Jiménez Abarca, nombrado Párroco Amovible el 1 de Abril y confirmado el 10 de Abril de 1959; pero que servía ya en ese lugar con título de Capellán desde el 7 de Abril de 1956. Y ese mismo día es nombrado su colaborador como Vicario Cooperador el Presbítero Rodolfo García Díaz.
Ø Nuestro Señor del Perdón, en la Colonia Garita de Juárez; teniendo como primer Párroco al Presbítero Ángel Martínez Galeana, nombrado Párroco Amovible el 10 de Abril de 1959.
Ø Sagrado Corazón de Jesús, en el Fraccionamiento Costa Azul; teniendo como primer Párroco al Presbítero Juvenal Porcayo Uribe, quien fue nombrado como tal el 10 de Abril de 1959, y cofirmado el día 12.
Estas últimas parroquias, todas en la Ciudad de Acapulco, creadas con decreto del 10 de Agosto de 1959, comenzarán a celebrar su Jubileo de Oro en el mes de Abril, en la Pascua, como signo de resurrección de una Iglesia que nace en la Ciudad y Puerto de Acapulco.
Recordemos que hasta entonces, la ciudad de Acapulco sólo contaba con dos Parroquias, Nuestra Señora de la Soledad, creada en 1555; y Nuestra Señora del Carmen, recién creada el 20 de Septiembre de 1948.
Ø Junto con todas estas parroquias, también fue creada la Vicaría Fija de San Juan Bautista, en el poblado de Copala (1 de Octubre de 1959). Nombrándose como Vicario Fijo al Presbítero Jorge Parra Martínez, quien ostenta el título, pero sin duda sólo de manera formal, pues a la sazón era Párroco de Nuestra Señora de la Soledad y Vicario General de la Diócesis.

Todo inicio fue difícil, sobre todo para una naciente Diócesis, carente de lo más elemental, y en una ciudad que se está recreando a sí misma como es Acapulco, que se encontraba en ese momento en pleno despliegue de su potencial turístico, con el inevitable aumento de la población que la hará crecer como la conocemos hoy.

jueves, 19 de febrero de 2009

50 AÑOS DE LA DIOCESIS DE ACAPULCO

50 AÑOS DE LA DIOCESIS DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

En este Año 2009, tiene lugar los cincuenta años de la Diócesis de Acapulco, como acontecimiento celebrativo que debe tenerse en cuenta, si profesamos una fe que mira a la historia como espacio donde Dios se revela, actuando a favor de su pueblo santo que es la Iglesia.
Pero la historia de la evangelización en Acapulco no comienza con la Diócesis. Sino que ella es el culmen de un proceso que inició ya hace más de quinientos años.
Es el caso de los 450 Años que cumplió la comunidad parroquial de Acapulco en 2005, tomando como base un dato que nos aporta el investigador y perito en historia por la Universidad de Cambridge PETER GERHARD en su obra editada por primera vez en 1972; traducida y editada posteriormente por primera vez al español en 1986 por la Universidad Nacional Autónoma de México llamada: Geografía Histórica de la Nueva España, 1519-1821; quien nos aporta el dato –sin indicar en qué se basa- de que: “Santos Reyes de Acapulco se convirtió en Parroquia secular del Arzobispado de México hacia 1555, con jurisdicción eclesiástica sobre el puerto, Coyuca, Acamalutla y Citlaltomagua. Otro sacerdote nombrado por el Obispo de Tlaxcala, vivía en Xocutla para 1553 y visitaba los pueblos vecinos. El Río Papagayo era frontera parroquial y diocesana. Para 1611 el curato de Xocutla había trasladado su sede a Santiago Ayutla, en la vecina jurisdicción de Igualapa (q. v.), dejando un vicario en San Pedro Cacahuatepec. San Miguel Coyuca se había trasformado para 1720 en una parroquia secular separada, igual que Cacahuatepec algunos años después. Había un monasterio franciscano perteneciente a la provincia de Michoacán, sin funciones parroquiales” (p. 40).
Este dato, en el contexto del trabajo de Peter Gerhard, bastante serio, se constituye en el mejor trabajo en su tipo hasta el momento. Un servidor ha tenido la oportunidad de confrontar la bibliografía que él consultó y que posteriormente obsequió a la Biblioteca del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en Ciudad Universitaria, D. F.
Ciertamente, los primeros nombramientos de Párroco, como el ejemplo del que se da con fecha 1 de Octubre de 1566, cuando el Arzobispo de México Fray Alonso de Montúfar, nombra “al Reverendo Bachiller Alonso Hernández de Sigura, Cura y Vicario de los pueblos de Anacuilco, Citaltomagua, Acapulco, Tezcacicitlaia, Acamalutla, Coyuca, Acapulzalzopostle y sus subjetos... y como Vicario al Padre Francisco Sánchez Moreno. El nombramiento, firmado y sellado por Fray Alonso de Montúfar, Arzobispo de México, y su secretario Diego Maldonado; aparece transcrito en la obra: Descripción del Arzobispado de México hecha en 1570 y otros documentos, impreso en México por José Joaquín Terrazas e Hijas en 1897. Este documento habla de una jurisdicción parroquial amplia, dado que se trata en aquél entonces de aldeas con poca población, sin especificarse la Sede Parroquial.
Esperamos compartir con todos ustedes materiales para una historia de la Iglesia en nuestra micro región, que nos permitan retomar un papel más conciente. La Iglesia en Acapulco no llegó ayer por la tarde, sino que hunde sus raíces en cuatrocientos cincuenta años de presencia, que han dado frutos insignes de santidad, como es el caso de uno de sus preclaros hijos, el Beato Mártir acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel.
Como antecedentes debo decir, que los trabajos históricos clásicos que conocemos, muchos de ellos manejan datos muy generales, carecen de una fundamentación seria, como es el trabajo de archivos, que no estuvieron a su alcance, la mayoría de los autores que conocemos solo hacen descansar sus afirmaciones en su propia fama, en la repetición de datos anteriores sin confrontarlos críticamente, de cualquier manera nos servirán como materia prima, para no cometer el mismo error. A demás, la gran mayoría de ellos son fruto de una cultura anticatólica, a-religiosa, y es de esperarse que en las clásicas historias de Acapulco y su región no aparezca la Iglesia Católica, como si esto fuera posible, siendo que la Iglesia determinó por siglos el desarrollo de las costumbres y de las instituciones de los pueblos costeños, con esta actitud, los autores clásicos que conocemos empobrecen sus trabajos resultando poco científicos e inexactos. Para terminar, invito a todos los que quieran enriquecer este esfuerzo de investigación histórica sobre la Iglesia en Acapulco, se comuniquen con un servidor para coordinar trabajos multidiciplinares que puedan aportarnos una visión más amplia de nuestra realidad social y eclesial.

viernes, 16 de enero de 2009

DIOCESIS DE ACAPULCO 50 AÑOS (1959-2009) 2

QUE HAGAMOS MAS REAL EL HECHO DE DESCUBRIR QUE EL MISMO JESUS QUE ESTA EN LA EUCARISTIA, ESTA EN LOS POBRES:
Entrevista al Padre José Jesús Mendoza Zaragoza.

Por Lizeth Basilio

En las vísperas de la celebración de las Bodas de Oro de la Diócesis de Acapulco, les presentamos la quinta y última entrega de una serie de entrevistas con agentes de pastoral que nos ayudan a conocer más de esta Iglesia Particular. La siguiente es una entrevista con el Padre Jesús Mendoza –párroco del Templo de San Nicolás de Bari, y director de la Pastoral Social en la diócesis-, quien nos ayuda a conocer el papel que desempeña la Pastoral Social en la Iglesia y en la sociedad, además de los proyectos que se están emprendiendo para beneficio de la población que habita en las tres regiones del Estado de Guerrero que comprende la diócesis: Acapulco, Costa Grande y Costa Chica.

1. Padre, en la Iglesia hay tres pastorales fundamentales: la Pastoral Profética, la Pastoral Litúrgica, y la Pastoral Social, generalmente conocemos un poco más de lo que pasa en las pastorales profética y litúrgica, pero la social es también parte importante ¿Qué significa la Pastoral Social para la Iglesia?
P. Jesús: Poco a poco hemos ido comprendiendo cómo la caridad es una vía fundamental para la evangelización, que así como evangelizamos con la palabra, con los signos litúrgicos, también con la caridad. Así que entendemos que la Pastoral Social es una dimensión fundamental de la evangelización: anunciamos el Evangelio con signos solidarios, con gestos de misericordia, con acciones de justicia, todo eso también es evangelizador, por eso estamos en un proceso en el cual la Iglesia diocesana está integrando este aspecto en el gran proyecto de evangelización, de evangelizar a través de las acciones de misericordia y de el trabajo por la justicia, creo que este es un avance importante que estamos realizando.

2. ¿Cuáles han sido las tendencias en la evolución de la Pastoral Social?
P. Jesús: Desde que comenzó la diócesis hemos tenido una Pastoral Social, y su rostro ha ido evolucionando, siempre hemos tenido en las parroquias acciones que tienen que ver con la misericordia, por ejemplo, con los enfermos, con los más pobres. Siempre ha habido acciones que tienen que ver con la asistencia, es decir, estar cercanos apoyando espiritual y materialmente a las personas que tienen situaciones de emergencia, creo que en gran parte de la vida de la diócesis se ha manejado una Pastoral Social en este ámbito de la asistencia social. Quizá se han dado algunos casos de asistencialismo, que más que ayudar perjudican, afortunadamente el Magisterio de la Iglesia nos ha ido ubicando, sobre todo el Concilio Vaticano II nos abrió el horizonte de cómo la Iglesia tiene que colaborar para el desarrollo de los pueblos. Se concretó con la Conferencia de Medellín en 1968, donde se estableció que la Iglesia tiene que involucrarse en el desarrollo de los pueblos de América Latina, sobre todo acompañando los procesos populares desde los pobres. Y así ha ido evolucionando la Iglesia, de tal forma que con los años hemos ido comprendiendo, en el conjunto de la Iglesia en México, que la Pastoral Social tiene que desplegarse con una amplitud de posibilidades: una es la de la asistencia porque siempre hay situaciones de emergencia que se tienen que atender, pero donde más se ha desarrollado la fuerza de la Pastoral Social es en el campo de la promoción humana, esto significa que la Pastoral Social tiene que promover que la gente, sobre todo los pobres, sean los sujetos de su propio desarrollo, y que con su esfuerzo, con su lucha, pasen de condiciones menos humanas a condiciones más humanas. Entonces, la acción pastoral se va desplegando más en esta perspectiva de promover la dignidad de las personas a través de acciones solidarias, y creo que en eso estamos ahorita.

Hay otras posibilidades, por ejemplo, otro de los horizontes de la Pastoral Social es lo que se refiere al cambio de estructuras. La Iglesia tiene que inducir también cambio de las estructuras, si hay estructuras de pecado, estructuras sociales, económicas y políticas injustas, tienen que ser transformadas, y la acción pastoral tiene que orientarse también a ello.

Y después de todo, el gran horizonte de la Pastoral Social es precisamente la experiencia fraterna, es decir, la solidaridad en la cual comprendamos todos que somos hermanos y que es necesario desplegar sentimientos y actitudes solidarias para crear condiciones más humanas de vida.

Creo que estas son las posibilidades que se han ido desplegando en la evolución de la Pastoral Social en México y también en Acapulco.

3. Hablando de estructuras de pecado, para llegar a su transformación se necesitaría desarrollar la conciencia de bautizados, ¿no? Porque sabemos que hay bautizados en los ámbitos de la política, en la economía, en los medios de comunicación, en los juzgados, en las empresas, y en todas partes, pero no actuamos como tal, entonces hace falta el acercamiento a la Palabra de Dios…
P. Jesús: Ciertamente la Pastoral Social tiene que nacer del Evangelio, no puede nacer de otra parte. El Evangelio que es acogido como una propuesta de vida, que nos lleve a involucrarnos también a favor de la fraternidad, de la paz y de la justicia, de tal forma que cada bautizado llegue a caer en la cuenta de que está llamado a vivir como hijo de Dios y, como consecuencia, como hermano de todos, y por lo mismo a pugnar por relaciones fraternas con todas las personas, y a trabajar por condiciones de vida dignas para todos los seres humanos. Desde el bautismo surge la misión de trabajar por el Reino de Dios, de manera que se manifieste en las relaciones sociales, económicas y políticas. Cada bautizado debe comprender que tiene una misión en medio del mundo: transformarlo con la gracia del Evangelio.

4. Padre, en los últimos cuatro años, en los que le ha tocado conducir los trabajos de la Pastoral Social en la diócesis ¿Cuáles han sido algunas de las acciones que han desarrollado?
P. Jesús: Ahorita la estrategia fundamental que tenemos es la formación de los equipos parroquiales, la intención es que cada parroquia pueda desarrollar su Pastoral Social a partir de sus propias condiciones reales, y entonces capacitar a los equipos, por ejemplo, este año tenemos organizado un curso de Doctrina Social de la Iglesia para todos los equipos de las parroquias de la diócesis, de manera que cada parroquia pueda discernir cuál va a ser su contribución a transformar lo social, a evangelizar lo social desde su vida pastoral.

Hemos desarrollado algunas líneas de trabajo, una de ellas ha sido la vivienda, aquí en Acapulco realizamos un proyecto para veinticinco familias. Ahorita estamos con un proyecto de cincuenta viviendas para una comunidad mixteca llamada Arroyo Cumiapa, de la Parroquia de Cuanacaxtitlán.

Otra de las líneas de acción es la atención a emergencias. Estamos preparados para atender emergencias en caso de desastres naturales producidos por terremotos o por huracanes. Se trata de una red a nivel eclesial que tendría en sus manos toda una estrategia de atención en caso de desastres, que también tiene que incluir la prevención.

Otra área que desarrollamos es la de Justicia y Paz, en concreto hemos estado acompañando el proceso de los pueblos que están afectados por el conflicto de la presa de La Parota. Hemos estado acompañándolos en procesos de reconciliación entre los pueblos y entre las familias. No sabemos en qué termine esto, pero ahí estamos porque creemos que tenemos que ser factor de reconciliación, de justicia y de paz.

También tenemos la tarea de apoyar al Centro de Rehabilitación para Enfermos Mentales “Cristo de la Misericordia”. La diócesis lo ha asumido como algo propio y quiere que este centro sea una expresión de una Iglesia que se ocupa de los últimos, y que lo hace sencillamente porque es su responsabilidad, su misión: manifestar la misericordia de Cristo hacia los más desprotegidos, como son los enfermos mentales.

Trabajamos aspectos de ecología como el asunto del cuidado de la creación. Hay proyectos en las parroquias que van en la línea de educar para cuidar los recursos naturales, para evitar que el medio ambiente se contamine, son proyectos de reciclaje de plásticos, etcétera.

Y otra línea de trabajo es el de la participación ciudadana, es decir, que cada bautizado comprenda que es un ciudadano que tiene que participar con la riqueza de su fe en los ámbitos públicos, y que tiene que involucrarse en proyectos concretos en los municipios, en las localidades, para mejorar las condiciones de vida de los pueblos.

Algunos proyectos son a mediano y otros a largo plazo. Lo que se busca es que las comunidades parroquiales reconozcan su responsabilidad social de ayudar a dignificar a las personas y a que los pueblos tengan un desarrollo integral.

5. En el caso del Centro de Rehabilitación “Cristo de la Misericordia”, según tengo conocimiento, es el único que hay en todo el Estado de Guerrero, entonces la necesidad de este centro es grande porque son muchos los enfermos mentales y todos irían allí porque no hay otro más…
P. Jesús: Sí, ahorita estamos con la tarea de conformar un equipo responsable. Ha estado una familia al frente, desde hace dieciocho años que se formó, y lo ha hecho muy bien, ha puesto todo lo que ha podido. Creemos que en esta etapa tenemos que ampliar el horizonte de la responsabilidad, es decir, que haya un equipo grande que asuma la responsabilidad del conjunto del Centro “Cristo de la Misericordia”. Estamos por elaborar un plan estratégico para posicionarlo como un centro que tenga un servicio profesional, de calidad y desde luego al alcance de todos, sobre todo de los más desprotegidos. Y que por otra parte, podamos contar con recursos para sostenerlo en buenas condiciones. Lo más valioso es que los agentes de pastoral, de todas las comunidades parroquiales de esta Iglesia diocesana, lo miremos como un lugar privilegiado para desarrollar la práctica de la misericordia, aprender a ser misericordiosos con los más abandonados, y creo que esto se va logrando porque ya muchas de nuestras parroquias lo visitan, lo van reconociendo como algo suyo, y van colaborando.

6. Mencionó entre las líneas de acción la promoción de la participación ciudadana, creo que eso será de gran interés para los laicos porque hace mucha falta la formación en este sentido, es necesario que se despierte más la conciencia para hacer frente a los diversos problemas que padecemos en nuestra sociedad, de los cuales constantemente nos quejamos pero ante los cuales casi no actuamos porque no estamos formados para participar activamente en los ámbitos desde donde se determinan las soluciones ¿qué es lo que se tiene planeado para esta promoción?
P. Jesús: Creo que ha llegado el tiempo de los ciudadanos, es decir, que los ciudadanos comprendan que la solución a los graves problemas sociales está también en sus manos, que en la medida en que pongan sus manos a trabajar, es posible abatir muchos rezagos y mejorar las condiciones de vida de las comunidades, pero tienen que ser ciudadanos organizados, ciudadanos responsables como sujetos sociales, que tengan la capacidad para analizar los problemas y para organizar proyectos que solucionen esos problemas. Para esto vamos a realizar talleres. De hecho, hay parroquias que desde hace tiempo han tenido impacto social, las hay en Acapulco y en la Costa Chica que han tenido acciones significativas, que tocan el aspecto social y que implican la participación ciudadana. Creo que se van a ir despuntando en las parroquias procesos, a través de los cuales, los laicos organizados vayan tocando los problemas sociales y poniendo su parte para buscar soluciones.

7. La celebración del Jubileo Diocesano nos mueve a reflexionar sobre el caminar y lo que se vislumbra para el futuro ¿Qué se espera de la Pastoral Social?
P. Jesús: Creo que se va integrando la Pastoral Social, ya hay un sentir más general en agentes de pastoral, en sacerdotes, en laicos, en religiosas, de esta necesaria integración de la caridad que tiene que proyectarse en la transformación de la sociedad, en el trabajo por la justicia, por la paz, por la reconciliación, que tiene que vincularse estrechamente con la fe, con la liturgia, con la catequesis, y creo que estamos en ese proceso. Un signo que me parece muy valioso es que en la nueva Catedral de Cristo Rey está proyectado un espacio para la Pastoral Social, de forma que la Pastoral Social está bajo el amparo del obispo, en su catedral, y en ese sentido, que la caridad tenga su fuente allí en el origen mismo de la Iglesia, en la vida litúrgica y en la palabra de Dios.
Yo veo una buena perspectiva hacia el futuro, que con los cincuenta años de la diócesis estemos celebrando que le estamos dando su lugar a la caridad organizada para atender a los grandes sufrimientos que vive la gente, sobre todo los más pobres; y que hagamos más real el hecho de descubrir que el mismo Jesús que está en la Eucaristía, está en los pobres. Darles a los pobres el lugar que les corresponde en la Iglesia, como sujetos de evangelización y también como sujetos de su propio desarrollo.

8. Una pregunta muy personal, para usted como sacerdote ¿Qué significa llegar a los 50 años de la Diócesis de Acapulco?
P. Jesús: Me ha tocado una buena parte de esta historia porque unos cuarenta años he estado involucrado, treinta años como sacerdote y los otros como seminarista, entonces me tocó ver a la diócesis no desde su nacimiento pero sí los años que siguieron, y me agrada mucho tener la oportunidad de ver esto, que hace cuarenta años no lo imaginaba, el hecho de mirar a esta Iglesia que, con todas sus debilidades y sus sombras, que provienen de su condición humana, tiene la gracia de Dios, y el Señor ha ido edificando esta Iglesia con el poder del Espíritu Santo.
Y en esta Iglesia aprecio mucho el vigor del laicado, creo sinceramente que el laicado le ha dado a esta Iglesia un rostro joven, un rostro dinámico y los pastores nos sentimos acicateados por este laicado para desarrollar nuestra misión, y qué bueno que tengamos laicos con iniciativa, con sentido crítico, laicos que impulsen, que nos animen, que nos empujen, incluso, para anunciar el Evangelio de todas las formas posibles.

Es una buena oportunidad para agradecer al Señor la riqueza que significa tener esta Iglesia a sus cincuenta años.

DIOCESIS DE ACAPULCO 50 AÑOS (1959-2009) 1

NUESTRA DIOCESIS ESTA MARCADA POR LA DIVINA PROVIDENCIA: Entrevista al Padre Juan Carlos Flores, Publicada por el Semanario Mar Adentro 18-ene.2009

Por Lizeth Basilio

En las vísperas de la celebración de las Bodas de Oro de la Diócesis de Acapulco, les presentamos la cuarta entrega de una serie de cinco entrevistas con agentes de pastoral que nos ayudan a conocer más de esta Iglesia Particular. La siguiente es una entrevista con el Padre Juan Carlos Flores –vicario parroquial en el Templo de San Felipe de Jesús, y Canciller de la Mitra en esta diócesis-, quien nos explica cómo se llega a la creación de la Diócesis de Acapulco y nos da a conocer algunos frutos de la evangelización.

1. Padre ¿Qué elementos determinan que hay que crear una nueva diócesis?
P. JCF: El derecho de la Iglesia especifica que debe existir una porción del Pueblo de Dios, esto se refiere a una población más o menos compacta, unificada por una misma cultura, una región bien constituida, con un cierto número de fieles, no está determinado el número pero debe ser suficiente como para el gobierno pastoral, y sobretodo, presbiterio constituido de manera estable, que pueda responder orgánicamente a las necesidades de esa región específica. Una diócesis no es otra cosa sino una porción del Pueblo de Dios, una región bien constituida, que es puesta bajo el cuidado pastoral de un obispo. Cuando se considera que una región ya puede sustentar estos elementos, entonces se procede a la creación de una diócesis.

2. ¿Quién determina la creación de la diócesis, es el Papa o quiénes colaboran y a través de qué documentos queda establecido?
P. JCF: El Papa tiene diversos mecanismos para este tipo de organizaciones, en cada país, en cada región hay comisiones de obispos que se encargan de hacer el estudio de las distintas regiones y sus necesidades, y las posibilidades de crear nuevas diócesis. En cada Conferencia Episcopal hay una sección encargada de estos límites diocesanos y la creación de nuevos organismos diocesanos, de manera que el Papa recibe los informes que estos organismos le presentan y, por otra parte, hay otros organismos que así como el caso de los límites de creación de nuevas diócesis, también se encargan de tener actualizadas las ternas para quienes pueden ejercer el ministerio de obispos en una región. De estos estudios que las comisiones locales le presentan al Papa, el Papa junto con sus asesores en la Curia Romana toma las decisiones oportunas para el caso. De manera que se van realizando consultas en diversos niveles hasta llegar a la ejecución de una decisión de este tipo, de la creación de una nueva administración diocesana. Y esto se expresa a través de un documento público que se llama Bula Pontificia, el Papa, desde hace siglos, de una manera formal con determinados protocolos ya establecidos por el Derecho Canónico y reconocidos incluso por el Derecho Internacional, promulga con un documento escrito en latín, a mano, y debidamente sellado con una bula, de ahí el nombre del documento, que quiere decir una bola de plomo, en donde el Papa imprime su sello, que comúnmente es su anillo episcopal, y con estas características el documento se da a conocer y se proclama en una ceremonia pública que se llama Erección Canónica de una Diócesis.

Y ese mismo procedimiento se realiza para el nombramiento de un obispo, al obispo también se le hace entrega de un documento público que es un nombramiento, una Bula con todas estas características reconocidas por el Derecho, y se dan a conocer públicamente.

Hay un momento dentro de la ceremonia litúrgica en donde los sacerdotes, en el caso de una diócesis, que van a quedar constituidos como una Curia Diocesana dan a mostrar ese documento que es la Bula de la Creación de una Diócesis. Y en el caso de la ordenación de un obispo, cuando es recibido en su Toma de Posesión, quien ejerce como Canciller de la Curia Diocesana, en el caso de que ya esté constituida la diócesis, da a conocer el documento con el cual se nombra a un obispo. Estos documentos son llamados tradicionalmente por las dos primeras palabras con las que inician en la lengua latina, así es como se llega al nombramiento de estos documentos, Bulas Pontificias.

3. Hablando ya de la historia de la Diócesis de Acapulco ¿Cuáles son los antecedentes que llevan a la erección de la diócesis en 1959?
P. JCF: Para el caso concreto de la historia de la Diócesis de Acapulco, los antecedentes se remontan hasta principios del siglo XIX. Hemos localizado en el Archivo General de la Nación un expediente mediante el cual ya se realizaban consultas para la creación de un obispado que lleva el título de “Acapulco” o de “La Costa del Mar del Sur”, esto a principios de mil ochocientos, las consulta se va a terminar hasta 1821, estamos hablando ya de pleno proceso de la Independencia Nacional, con todo lo que eso significa de revolución armada, de quiebra de las instituciones civiles, y este proceso de consulta para la creación del Obispado de Acapulco o provincia del Mar del Sur, privilegió más bien a la diócesis actual de Chilapa, que fue constituida a mediados de ese siglo. Esto nos dice que ya desde aquellos siglos originales, Acapulco ha sido visto como una sede metropolitana importante, aunque no se puedo realizar en esos siglos porque realmente el puerto de Acapulco era un vecindario, por más títulos pomposos que ha tenido en su haber, pero ya era visto como un lugar estratégico desde entonces. La creación de la diócesis solamente se va a poder llevar a cabo hasta 1959, después de una serie de consultas que para entonces realiza el Delegado Apostólico, Monseñor Luigi de Raymondi. Se dice que Monseñor Luigi de Raymondi vino a realizar visitas pastorales con motivo de un desastre natural, un terremoto que sucedió en la Costa Chica en la década de los cincuenta; entonces él llegó a la conclusión de que ya eran los tiempos oportunos para la creación de un obispado que tuviera como sede la ciudad y puerto de Acapulco, que para aquél entonces venía creciendo con mucha fuerza, ya se tenía una clara visión de su importancia turística, los gobernantes, incluso nacionales, veían con buenos ojos el proyecto de crear un puerto importante en esta ciudad, y a esto se une el deseo del Delegado Apostólico de que ya eran los tiempos para crear un obispado.

Como sede, Acapulco es céntrico, estratégicamente, toda la región costera del Estado de Guerrero que originalmente constituía la Diócesis de Acapulco. En ese contexto, se escogió como obispo a Monseñor José Pilar Quezada Valdés, un hombre muy sencillo que supo tratar la mentalidad costeña con mucha humildad, con mucha atención, y a quien le debemos que se hayan echado las bases de esta diócesis.

Esos son los elementos que fueron determinando la creación de la diócesis. Sobre todo, una característica que ha tenido la evangelización en nuestra costa de Guerrero y en todo el Estado de Guerrero es que el clero es local, ese es un logro muy importante que habla de una inserción de la Iglesia, habla de una evangelización que ha tocado las fibras más sensibles de la población, sus hijos. Podemos, de alguna manera, enorgullecernos de esto, porque hay algunas diócesis, incluso actualmente, que están llenas de clero que pertenece a otros estados de la República, esto no es malo, pero tampoco es deseable porque una Iglesia muestra su madurez cuando de la misma localidad van surgiendo sus propios pastores. Es un hecho que la gente local va a atender y a comprender mejor las necesidades de su misma región.

En la Diócesis de Acapulco tenemos también el orgullo de que el segundo obispo ya fue de la localidad, como fue el caso de Monseñor Rafael Bello Ruíz, de feliz memoria. Pocas diócesis pueden contar con esa gloria entre sus filas, de ordinario, cuando se crea una diócesis el obispo viene de fuera, como fue el caso de Monseñor José Pilar Quezada, pero muy pronto, en la segunda generación ya tuvimos un obispo local, y esto habla de una Iglesia pujante, una Iglesia que cuenta con un clero local característico, muy bueno, y esto es uno de los rasgos de todo el Estado de Guerrero. La Diócesis de Chilapa, de alguna manera, ha dado sus frutos en cuanto a la evangelización y por eso es que tenemos estas características del clero local.

4. Una vez que se funda la Diócesis de Acapulco, también se crea un seminario. Antes, en el seminario de Chilapa se fueron formando sacerdotes, que eran de la región, y que pudieron quedarse aquí en Acapulco, ya como diócesis, para ser parte del presbiterio. Pero entonces, después se crea el Seminario del Buen Pastor. Contar con un seminario es muy importante para una diócesis…
P. JCF: Sí, los seminarios son parte fundamental de la estructura diocesana, con un seminario la Iglesia está asegurándose su futuro, las nuevas generaciones de pastores. El Derecho indica que toda diócesis debe tener un seminario propio, solamente en algunas épocas en donde no se pudo crear o sostener la estructura del seminario ya creado, existieron las experiencias de seminarios regionales o interdiocesanos, de hecho, yo soy fruto de una experiencia de ese tipo cuando en Acapulco no se podía tener un Seminario Mayor por la falta de personal capacitado para atenderlo, entonces fuimos enviados a otro seminario, pero lo ideal es que cada diócesis pueda tener su propio seminario para que de la misma localidad vayan surgiendo los pastores que la Iglesia necesita, como una muestra de su propia madurez. En el caso de la Diócesis de Chilapa, por ejemplo, el seminario crece junto con la diócesis. En el caso de Acapulco, el Seminario Menor, que es la primera etapa de toda la formación, crece junto con la diócesis, y la segunda etapa que es el Seminario Mayor, ya es más reciente. La historia nos dice que el seminario ha sido calificado como la “Niña de los ojos del Obispo”, y con esa frase se nos da a entender la importancia que tiene, es el corazón de la diócesis, del seminario depende que una diócesis siga asegurando su futuro con sangre nueva que va oxigenando el organismo eclesial que es la Iglesia diocesana.


5. Como usted decía, es la evangelización la que hace que surjan nuevos sacerdotes y se recojan muchos frutos. En nuestra región se dio una evangelización muy profunda en los tiempos anteriores a la creación de la Diócesis de Acapulco, que nos regaló inclusive un santo…
P. JCF: Exactamente, la evangelización no comienza con el creación de la diócesis, esta más bien viene a coronar todo un proceso que es la evangelización. Para el caso de costa guerrerense, la evangelización comienza con la llegada de los españoles, ya desde 1521 se tiene la noticia de la llegada de los españoles a esta región cuando descubren, por ejemplo, la bahía de Acapulco que recibe el nombre de Santa Lucía. Comienzan a llegar los misioneros, en primer lugar los franciscanos, después los agustinos en toda la Costa Grande, para la Costa Chica tenemos la influencia de los dominicos. Todos ellos, aunque no se plantaron de manera estable en nuestra región porque era una región de paso, era una región muy pobre que no tenía elementos para sustentar comunidades religiosas, sin embargo, el trabajo de la evangelización es una semilla que ha dado sus frutos en esta tierra fértil. Ya desde los orígenes, como se ha mencionado, tenemos un santo, el beato Bartolomé Días-Laurel, quien nació en el Barrio del Pozo de la Nación en Acapulco, que con toda su ingenuidad y frescura ingresó a la Orden Franciscana, y alcanzó la gloria del martirio en Nagazaki, Japón en 1627. Esto habla de una Iglesia que ya está señalada por la Divina Providencia, el Papa Pío IX, que beatificó a Bartolomé Dias-Laurel, llega a calificar este proceso de beatificación de marcado por la Divina Providencia, así lo dice en uno de los documentos con los cuales va a proceder a la beatificación de Bartolomé. De manera que eso lo podemos aplicar a toda nuestra diócesis, nuestra diócesis está marcada por la Divina Providencia, Dios ha querido que en esta tierra fértil surjan santos, de esta tierra fértil surjan sacerdotes, de esta tierra fértil surjan religiosas porque tenemos muchas que han salido de esta región, y sobretodo laicos comprometidos que cada vez más vienen con mucho empuje dinamizando la evangelización en la Iglesia.

La evangelización entonces ya tiene quinientos años, eso lo celebramos junto con el quinto centenario de la evangelización en México, y gracias a esa evangelización, que aunque no fue muy continuada, muy estable, pero ha dado frutos bastante buenos, ahora con la creación de la Diócesis de Acapulco las estructuras se van consolidando, se van fortaleciendo y vemos los frutos de la evangelización de una manera más palpable, con un rostro más local, con un rostro más vivo, y eso es lo que estamos celebrando con los 50 años.

6. Padre, usted conoce el caminar de la diócesis desde hace unos quince años ¿Qué rumbo observa que está tomando esta Iglesia?
P. JCF: Bueno, la Diócesis va a la consolidación de todas las estructuras pastorales, por una parte, por ejemplo, los sacerdotes han ido adquiriendo especializaciones muy importantes en cada una de las materias teológicas y filosóficas, han ido a prepararse a Roma, a España, en la misma Universidad Pontificia de México, y esto habla ya de equipos cada vez más competentes para la formación en todos los niveles. Y luego, en el caso de los laicos, se ve el empuje que están adquiriendo, la conciencia a través de los institutos de formación, la experiencia en los diversos niveles de Iglesia porque han ido participando en actividades a nivel nacional e internacional, y esto nos dice que hay un proceso que se va consolidando cada vez más en la evangelización. Vemos con mucha esperanza el futuro de la Iglesia en Acapulco, de manera que esperamos que muy pronto se vayan dando frutos cada vez mejores y que la evangelización vaya tocando la fibra más sensible de la sociedad acapulqueña y de toda la costa guerrerense.

7. ¿Qué significa para usted llegar a los 50 años de la Diócesis de Acapulco?
P. JCF: Significa un momento de gracia porque yo recibí la ordenación sacerdotal también en un aniversario de la diócesis, en el 35 aniversario, de manera que estar ahora en las Bodas de Oro significa que somos parte de una gran experiencia espiritual. Al Papa Juan Pablo II le gustaba comparar la historia con un río, el gran río de la salvación que se va aumentando con los afluentes que va encontrando a su paso, de manera que se vuelve un torrente imparable y que va transformando todo lo que encuentra a su alrededor.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Hacia los 50 años de la Diócesis de Acapulco





HACIA LOS 50 AÑOS DE LA DIOCESIS DE ACAPULCO
Juan Carlos Flores Rivas Pbro. Lic.

      En el año 2009 tendrá lugar una importante efemérides para la Iglesia en Acapulco, como acontecimientos celebrativos que deben tenerse en cuenta, si profesamos una fe que mira a la historia como espacio donde Dios se revela, actuando a favor de su pueblo santo que es la Iglesia.

     Es el caso de los 50 Años que cumplirá la comunidad diocesana de Acapulco.

     Pero la Iglesia católica no llegó a Acapulco en aquél entonces. Tomando como base un dato que nos aporta el investigador y perito en historia por la Universidad de Cambridge PETER GERHARD en su obra editada por primera vez en 1972; traducida y editada posteriormente por primera vez al español en 1986 por la Universidad Nacional Autónoma de México llamada: Geografía Histórica de la Nueva España, 1519-1821; quien nos aporta el dato de que: “Santos Reyes de Acapulco se convirtió en Parroquia secular del Arzobispado de México hacia 1555, con jurisdicción eclesiástica sobre el puerto, Coyuca, Acamalutla y Citlaltomagua.

     Otro sacerdote nombrado por el Obispo de Tlaxcala, vivía en Xocutla para 1553 y visitaba los pueblos vecinos. El Río Papagayo era frontera parroquial y diocesana. Para 1611 el curato de Xocutla había trasladado su sede a Santiago Ayutla, en la vecina jurisdicción de Igualapa (q. v.), dejando un vicario en San Pedro Cacahuatepec.

     San Miguel Coyuca se había trasformado para 1720 en una parroquia secular separada, igual que Cacahuatepec algunos años después.

     Había en Acapulco un monasterio franciscano perteneciente a la provincia de Michoacán, sin funciones parroquiales” (p. 40). Este dato, que más adelante iremos matizando, puesto que es una afirmación general, no aporta documentación ninguna, cosa que lamentamos, pues el trabajo de Peter Gerhard es bastante serio y se constituye en el mejor trabajo en su tipo hasta el momento. Un servidor ha tenido la oportunidad de confrontar la bibliografía por él aportada en su obra, y que posteriormente obsequió a la Biblioteca del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en Ciudad Universitaria.

       De cualquier manera, uno de los retos que nos proponemos es plantear es la recuperación de la memoria del pueblo cristiano, de manera que se dé espacio a la reflexión y a la oración, así como al intercambio cultural e histórico en torno al papel de la Iglesia Católica en esta porción del pueblo de Dios que peregrina en la costa guerrerense.

         En particular este año esperamos compartir con todos ustedes materiales para una historia de la Iglesia en nuestra micro región, que nos permitan retomar un papel más consciente. 

        La Iglesia en Acapulco no llegó ayer por la tarde, sino que hunde sus raíces en cuatrocientos cincuenta años de presencia, que han dado frutos insignes de santidad, como es el caso de uno de sus preclaros hijos, el Beato Mártir acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel.

         Como antecedentes debo decir, que los trabajos históricos clásicos que conocemos, muchos de ellos manejan datos muy generales, carecen de una fundamentación seria, como es el trabajo de archivos, que no estuvieron a su alcance, la mayoría de los autores que conocemos solo hacen descansar sus afirmaciones en su propia fama, en la repetición de datos anteriores sin confrontarlos críticamente, de cualquier manera nos servirán como materia prima, para no cometer el mismo error.

         A demás, la gran mayoría de estos trabajos, adolecen de una cultura anticatólica, arreligiosa, y es de esperarse que en las clásicas historias de Acapulco y su región no aparezca la Iglesia Católica, como si esto fuera posible, siendo que la Iglesia determinó por siglos el desarrollo de las costumbres y de las instituciones de los pueblos costeños, con esta actitud, los autores clásicos que conocemos empobrecen sus trabajos resultando poco científicos e inexactos.

         Para terminar, invito a todos los que quieran enriquecer este esfuerzo de investigación histórica sobre la Iglesia en Acapulco, se comuniquen con un servidor para coordinar trabajos multidisciplinares que puedan aportarnos una visión más amplia de nuestra realidad social y eclesial (floresrivasjc@yahoo.com.mx).