HOMILÍA del Arzobispo de Acapulco en la Misa exequial del Presbítero Ivan Añorve Jaimes.
Templo Parroquial de la Sagrada Familia
Las Vigas, Municipio de San Marcos, Gro.
Martes 6 de Febrero de 2018
Memoria de San Pablo Miki y compañeros Mártires del Japón
+ La muerte siempre nos golpea. Cuanto más cercana nos es la persona
que muere, el vacío, la tristeza, el dolor que sentimos es más grande.
Una muerte repentina nos desconcierta, nos hace más difícil aceptar que
realmente ha sucedido lo que ha pasado. Un asesinato nos golpea todavía
más fuerte. En este momento, las palabras de Job en su dolor surgen
también desde muy dentro de nosotros: “Yo sé que mi defensor está vivo y
que al final me levantará… yo mismo lo veré y no otro, mis propios ojos
lo contemplarán. Esta es la firme esperanza que tengo”.
+ La
base de esta esperanza se encuentra en el misterio más hondo de nuestra
fe, en aquello que es el cimiento donde se finca el modo como buscamos
vivir cada día porque estamos ciertos que así caminamos hacia la vida en
plenitud. El cimiento de nuestra fe, que hoy venimos a contemplar, es
el misterio pascual de Cristo Jesús. Porque nos ama con el amor más
grande, murió por nosotros en la cruz; resucitó para nunca más volver a
morir y cada día está a nuestro lado; resucitó como el primero, como la
primicia de la humanidad.
= Porque nos ama con el amor más
grande, murió por nosotros. Así pagó la deuda de justicia que contraemos
con nuestros pecados. El pecado no es una simple falta. Rompe el orden
de justicia, causa mal y muchos pecados causan un grande mal. Esa deuda
el Señor Jesús quiso pagarla por nosotros y a todos nos ofrece su
perdón. Todos somos pecadores. Todos hemos de sentir necesidad de la
misericordia de Dios y acercarnos recibirla: por eso al inicio de la
Eucaristía nos confesamos pecadores: Yo confieso que he pecado… Hoy con
mucha confianza pedimos a Dios nuestro Padre, por intercesión de Cristo
Jesús, nuestro Redentor, perdone las faltas y pecados del P. Iván
= Resucitó para nunca más volver a morir y cada día está a nuestro
lado. Esto es la ascensión del Señor al cielo: no lo vemos porque ha
vuelto al Padre, de donde vino a mostrarnos la misericordia divina; ya
no está sujeto al tiempo y al espacio, como nosotros que estamos aquí
ahora y ya al rato no estaremos. Por esto el Señor Jesús puede cumplir a
cada uno su promesa de estar a nuestro lado todos los días hasta el fin
del mundo, hasta el fin de nuestros días. Cuando algún ser querido
parte de entre nosotros de forma repentina, nos duele no haber podido
estar con él, nos duele su soledad. Ciertamente Jesús estuvo con él, y
estuvo para darle eso que solo Él puede darnos en esos momentos: su
palabra que nos llama y nos permite responderle con nuestro amor y
abrazarnos a Él. El Señor Jesús estuvo con el P. Iván en esos momentos
tan terribles que vivió. Señor Jesús, nos hace paz, que Tú estuviste con
él.
= Resucitó como el primero, como la primicia de la
humanidad: “Cristo resucitó y resucitó como la primicia de los muertos”.
Con su resurrección nos abrió un camino que va más allá de la muerte.
Hoy miramos al P. Iván en la presencia del Señor. Su muerte no ha sido
una destrucción. Por esto pedimos a Dios por él, lo encomendamos a su
misericordia.
+ Nuestra presencia es también una expresión de
gratitud a Dios Padre por el ministerio sacerdotal del P. Iván. A través
de él quiso hacer visible la presencia de Cristo Jesús en medio de
nosotros: así no solo escuchamos de sus labios la Palabra de Dios, sino
que hablando en persona de Jesús celebró la Eucaristía y nos dijo: “Esto
es mi cuerpo…”; celebró el sacramento de la reconciliación y hablando
en persona de Jesús, nos dijo: “queda en paz, tus pecados quedan
perdonados”. Nuestra gratitud también al P. Iván por ayudarnos a vivir
dejando reinar a Dios en nosotros. Nos invitó y quiso enseñar a todos a
llamar “Padre nuestro” a Dios, para reconocernos hermanos y no solo
respetar la dignidad de los demás, no hacerles lo que no queramos que
nos hagan. La fraternidad, el tratar al otro como hermano, es mucho más
que el valioso y fundamental reconocimiento de la igual dignidad del
otro, cosa que manda la justicia. La fraternidad es el cuidado que el
más grande, el más fuerte, el mayor, tiene hacia el más pequeño, débil o
necesitado. Esta es la semilla del Reino que el P. Iván buscó sembrar
en nuestros corazones. Dejémosla fructificar. Un objetivo en el que
estaba empeñado en estos días era ayudar a las personas a aprender a
leer y escribir. Era una esperanza que tenía en su mente de pastor. Esta
luz se haga realidad y en ella recordemos al P. Iván. Seamos artesanos
de la paz: que de nuestra persona surjan sentimientos, pensamientos y
gestos de paz cada día. Ninguno de nosotros una amenaza para los demás.
Mirando lo acontecido todos hemos de escuchar el llamado del Señor, Rey
de la Paz, a poner más empeño en construir y fortalecer las condiciones
de paz y seguridad en nuestra sociedad. La justicia ha sido violentada y
necesita ser restaurada. La justicia es una virtud, una virtud solo
puede brotar de raíz buena: por ello la justicia no puede surgir del
odio o del rencor. Del odio o del rencor surge el desquite o la
revancha, pero no la justicia. Por esto, el Padre Iván haciéndonos
escuchar la Palabra de Jesús nos invitaba a no guardar odio ni rencor.
Como Jesús nos predicó el perdón ante las ofensas. El perdón no es
impunidad, sino la búsqueda de la justicia como un bien. Que quien ha
actuado injustamente, tenga la oportunidad de recapacitar, arrepentirse y
reorientar su vida para readaptarse, es decir, para volver a ser en
medio de las personas el gran bien que Dios hizo de cada uno. El Padre
Iván quiso que nuestro actuar se pareciera cada vez más al de Jesús, que
pasó la vida haciendo el bien. Así quede en nosotros la persona y el
ministerio del P. Iván.
Dale, Señor, el descanso eterno. Luzca para él la luz eterna.
Descanse en Paz. Así sea.
En Dios, nuestro Padre
+ Leopoldo González González
Arzobispo de Acapulco