José Pilar Quezada Valdès -sentado a la izquierda- y Agustín Caloca Cortés -Sentado a la derecha- alumnos en el Seminario de Guadalajaraa
... "en la Iglesia conviven asnos, mulos y machos cabríos, algunos tan salvajes que se sienten deseos de matarlos, pero no es posible porque 'el Amo quiere recibirlos todos en buen estado'."
El Cura de Torcy a su colega de Ambricourt, en: "Diario de un Cura Rural", de Bernanos.

jueves, 26 de febrero de 2009

FRAY ALONSO DE MONTUFAR, FUNDADOR DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO

FRAY ALONSO DE MONTUFAR, FUNDADOR DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

Es propio de quien tiene potestad fundar una institución, y lo hace mediante la promulgación de un título que crea jurídicamente la misma. Es el caso de la Iglesia Católica, y corresponde a los Obispos en ella, la creación de las parroquias en cada caso. Para comprender el origen de la Parroquia de Acapulco cabe recordar que esta, en 1555 pertenecía al Arzobispado de México y que en su momento el Arzobispo legítimamente constituido era Fray Alonso de Montúfar, al que sin duda podemos llamar FUNDADOR DE LA PARROQUIA DE ACAPULCO.
Ciertamente la existencia del Real Patronato, daba a los reyes de España, una facultad concedida por los Sumos Pontífices, de otorgar consentimiento, sin el cual “no podía ser creada, erigida, instituida, fundada ni construida iglesia catedral ni parroquial, monasterio, hospital, iglesia votiva ni otro lugar pío ni religioso”. Y queda salvada la noticia de que fue Fray Juan Bautista Moya quien fundó la Parroquia de Acapulco, reconociendo las facultades extraordinarias concedidas a los religiosos por la Bula Omnímoda.
Pero ya Fray Juan de Zumárraga expresaba la alta conciencia que tiene un Obispo de su alta responsabilidad sobre toda la Iglesia: “Mas como el cuidado de las almas de esta ciudad y de toda nuestra diócesis pertenece principal y especialmente a nos y a nuestros futuros sucesores, como que, según la sentencia del apóstol, hemos de dar cuenta de ellas en el día del juicio”...
Y a todo esto ¿Quién era Fray Alonso de Montúfar? Como se sabe, el arzobispado de México fue erigido en 1546, pero las bulas llegaron a Zumárraga en mayo de 1548, a menos de un mes de su muerte, y hallándose enfermo. En la práctica, Montúfar fue el primer arzobispo. Por lo mismo, a él correspondió dar forma a la nueva provincia, compuesta por la Arquidiócesis de México y los mencionados obispados sufragáneos. Si hasta entonces se dependía de las disposiciones canónicas de la Arquidiócesis de Sevilla, se imponía ahora dar forma propia, constituir la nueva provincia de México. Aunque anciano, el arzobispo Alonso de Montúfar tenía un largo historial como hombre de mando, algo de lo que se enorgullecía ante el Consejo de Indias. Era pues la persona para poner orden y dar fundamento a la nueva provincia eclesiástica. Nacido hacia 1489 en Loja, Granada, de padres encomenderos, sabía lo que era vivir en tierra de conquista, del lado de los conquistadores. Parte de su carrera interna en la orden dominicana, a la que entró muy joven, la debió a la protección del arzobispo de Sevilla.
En 1558, en uno de los contados pasajes autobiográficos, Montúfar dice: "quarenta años estube en la orden de sancto Domingo, y los más dellos la governé”; al ser creado el Colegio de Santo Tomás, en 1517, aparece nombrado colegial fundador, circunstancia que le permitió estudiar artes y teología hasta alcanzar el magisterio en ambas. Desde 1524, cuando dejó el colegio sevillano, hasta su viaje a México, treinta años después, su vida transcurrió entre la docencia y diversos cargos en su orden, combinados con la tarea ocasional de calificador del Santo oficio.
Por otra parte, en la polémica que entonces dividía a los dominicos entre conventuales y misioneros, Montúfar era firme partidario de que los frailes “se recogieran en sus conventos” dejando todos los afanes de la doctrina a la jerarquía secular.
Era hombre autoritario e intransigente. Consideraba que, si le asistía la razón, los demás tenían obligación de obedecer sin réplica ni términos medios. Su intolerancia, unida a un temperamento irascible, lo llevaba a imponerse por la vía del castigo. De ahí su obsesión por rodearse de un aparato ostensible de poder, por "tener su autoridad". Si pedía la instauración del Santo oficio en México, era "para que toda esta tierra tiemble, y los prelados tengamos el favor y la ayuda que conviene". Y si bien el tribunal no ejercería jurisdicción sobre los indios, dada su minoría de edad, convenía que la hubiese, para "spantallos como a niños".
Habiendo tomado posesión de su sede en junio de 1554, ya en diciembre Montúfar escribía al rey que tenía convocados a “los perlados de toda esta Nueva España” y a los “perlados” de las órdenes a una reunión en México, el día de la Trinidad, a fin de tratar “el remedio mejor para el asiento de esta nueva Iglesia, y cómo haya mejor recaudo del que hay agora”.
Por lo demás, la personalidad del arzobispo se transparenta en el rigor con que los decretos ordenan castigar muchos delitos y, sin duda, en ese estilo de religiosidad que entendía al cristianismo más como una doctrina compulsiva encaminada a obligar a la observancia de los preceptos canónicos que como un acto de libertad evangélica.
Este carácter está en los orígenes de la fundación de la Iglesia de Acapulco. Aunque Fray Alonso de Montúfar nunca visitó el Puerto de Acapulco, en 1554 convocó a la celebración del Primer Concilio Provincial Mexicano, con la finalidad de asentar a la Iglesia secular en los nuevos territorios. Este Primer Concilio Provincial Mexicano finalmente fue celebrado en 1555 -coincidiendo con la fundación de la Parroquia de Acapulco-, fue sin lugar a dudas, uno de los acontecimientos centrales en la vida eclesiástica y política de la Nueva España del siglo XVI.
Más allá de los rasgos personales de Montúfar, los obispos mexicanos se adhirieron a la visión del cristianismo que, por esas mismas fechas, estaban aprobando los padres tridentinos: no retroceder ante los remedios “más fuertes y violentos”. Haciéndose eco de la parábola del hombre cuyos invitados no acudieron a la cena y el dueño desairado mandó a sus criados a “obligar a entrar” al banquete a cuantos pasaran por la calle (Lc.14,15-24), los prelados del primer concilio mexicano plantearon la conveniencia de ejercer “todo el rigor de derecho” contra los fieles que evadieran el cumplimiento de los mandatos eclesiásticos. En su opinión, “es mejor que compelidos se salven, que dejándolos en su libertad se condenen” (Const. IX). Por lo mismo, se excomulgaría a cuantos se negaran a la confesión y comunión pascual; además, sus nombres se colocarían ostensiblemente a la puerta de la iglesia. Y si pasado cierto tiempo permanecían renuentes, se invocaría “el brazo seglar” para encarcelarlos. Si transcurrido un año los presos no cumplían los preceptos por los que habían sido excomulgados, los clérigos beneficiados perderían la renta de sus beneficios, y los laicos, sus bienes. Cosas que sin duda se cumplieron en los orígenes de la Parroquia de Acapulco...

1 comentario:

Musiqa-arabiya dijo...

Me interesa el tema, ¿podría darme referencias de la información que acá se publica?

Gracias.